Las imágenes que representan crímenes de masas modelan poderosamente el imaginario social. Muy estudiadas en sus efectos, su modalidad (quién mira, qué relación existe entre la mirada y el crimen, cómo el espectador posterior afronta su impacto) ha sido menos investigado. El presente artículo analiza una de las imágenes de perpetrador emblemática del genocidio camboyano desde su producción hasta su “vida” posterior, que incluye: utilización en los archivos de los criminales, difusión “artística”, exposición en el museo-memorial de Tuol Sleng, apropiación para denuncia de los crímenes y legado postmemorístico por parte de la familia de la víctima.