Este artículo analiza el problema contemporáneo de la desconexión estética con el entorno. Partiendo de los conceptos de pertenencia y habitar, se examina cómo la mercantilización de los espacios urbanos y naturales, a través de fenómenos como la gentrificación y la mirada turística, debilitan nuestra relación estética con la cotidianidad. Frente a ello, se proponen soluciones basadas en la reconfiguración de los lugares y en prácticas cotidianas que promuevan el cuidado, la reciprocidad y la inclusión hacia formas sostenibles y comprometidas de habitar el mundo.