Este artículo aborda la defensa que E.K. Meyer hizo en 2008 del papel que la belleza y la estética pueden jugar en una agenda sostenible, en concreto, a través del diseño arquitectónico del paisaje. Meyer afirmaba la capacidad de la experiencia estética para tomar conciencia de cómo nuestras acciones afectan al medioambiente y actuar en consecuencia. Mi argumento quiere mostrar el sustento teórico que la estética del cuidado, con la que Y. Saito explora la capacidad transformadora de lo estético en la vida cotidiana, presta al planteamiento de Meyer y le permite responder a algunos de sus críticos.