Resumen
En la primera Ciencia nueva (1725), Vico recurre a la metáfora del arquitecto y del artesano (fabbro) para esclarecer la relación entre la providencia divina y el libre arbitrio humano. Esta imagen, arraigada en una larga tradición filosófica, se introduce con el fin de trazar los límites dentro de los cuales operan los dos «principios» –no contradictorios y ambos imprescindibles– que rigen la evolución del mundo civil. Sin embargo, resulta evidente que los «fines particulares» que motivan la acción humana poseen una autonomía solo aparente, por hallarse subordinados a un «fin universal» preestablecido por la
providencia. En efecto, el arte arquitectónico ejemplifica un dominio de la forma que se distingue y se eleva sobre una competencia material –aquella que Aristóteles denominaba “poética” (ποιητικὴ τέχνη)– y que en Vico corresponde a la capacidad “manipulativa” del artesano. La desaparición de esta metáfora en las redacciones posteriores de la Ciencia nueva, donde la relación entre providencia y arbitrio humano se explica mediante el concepto de conato, testimonia una de las tensiones especulativas más decisivas que atraviesan el pensamiento viquiano.
