Populismo y nacionalismo

Autores/as

  • Guy Hermet

Palabras clave:

globalización, ciudadanía

Resumen

En las condenas que caen sobre ellos, populismo y nacionalismo se mezclan hasta confundirse. Son el producto de las mismas desventuras del lenguaje y de las pasiones humanas, los mismos vergonzosos derivados de términos nobles -el pueblo y la nación- revestidos de un valor todavía positivo en lo que concierne al primero, y apenas manchado ahora de alguna sospecha en lo que se refiere al segundo. Además, por encima del vocabulario, uno y otro proceden sobre todo de la genealogía indisociable de sus significaciones primeras. A partir de finales del siglo XVIII, la nación y el pueblo han sido sinónimos para los fundadores de los regímenes representativos de los que han surgido las actuales democracias, y lo siguen siendo en la medida en que las dos nociones modernas de nacionalidad y de ciudadanía se vinculan al principio de soberanía popular. De ahí se sigue igualmente que el oprobio que pesa tanto sobre el populismo como sobre el nacionalismo se justifica respecto de las mismas manipulaciones del discurso político, incluso cuando ellas son de signo opuesto; las primeras, en efecto, apelan a una identidad nacional-popular ridiculizada por los profesionales de la democracia. Las segundas, al atribuir el pecado de populismo a cualquiera que ponga en duda la necesidad de reservar el monopolio del poder a esos mismos profesionales, en nombre del principio que dice que el pueblo, incapaz de gobernarse a sí mismo, no puede hacerlo sino a través de sus representantes elegidos y reelegidos hasta su último aliento.

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Publicado

1999-10-01

Número

Sección

Las ideas. Su política y su historia