Populismo y nacionalismo

Guy Hermet

Resumen



En las condenas que caen sobre ellos, populismo y nacionalismo se mezclan
hasta confundirse. Son el producto de las mismas desventuras del lenguaje y
de las pasiones humanas, los mismos vergonzosos derivados de términos nobles
-el pueblo y la nación- revestidos de un valor todavía positivo en lo que
concierne al primero, y apenas manchado ahora de alguna sospecha en lo que
se refiere al segundo. Además, por encima del vocabulario, uno y otro proceden
sobre todo de la genealogía indisociable de sus significaciones primeras.
A partir de finales del siglo XVIII, la nación y el pueblo han sido sinónimos
para los fundadores de los regímenes representativos de los que han surgido las
actuales democracias, y lo siguen siendo en la medida en que las dos nociones
modernas de nacionalidad y de ciudadanía se vinculan al principio de soberanía
popular. De ahí se sigue igualmente que el oprobio que pesa tanto sobre el
populismo como sobre el nacionalismo se justifica respecto de las mismas
manipulaciones del discurso político, incluso cuando ellas son de signo opuesto;
las primeras, en efecto, apelan a una identidad nacional-popular ridiculizada
por los profesionales de la democracia. Las segundas, al atribuir el pecado
de populismo a cualquiera que ponga en duda la necesidad de reservar el
monopolio del poder a esos mismos profesionales, en nombre del principio que
dice que el pueblo, incapaz de gobernarse a sí mismo, no puede hacerlo sino
a través de sus representantes elegidos y reelegidos hasta su último aliento.

Palabras clave


globalización; ciudadanía

Texto completo:

PDF

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


ISSN de la edición impresa: 1575-6823

ISSN digital: 2340-2199

Depósito legal: SE 235-2015

Estadisticas anuales