María José Madrid Balanza
Ayuntamiento de Cartagena
San Miguel, 8, 30201 Cartagena, Murcia
mariajose.madrid@ayto-cartagena.es
0000-0002-2407-6603
Javier Gómez Marín
Universidad de Murcia
Santo Cristo, 1, 30001 Murcia
j.gomezmarin@um.es
0000-0002-8871-1725
(Responsable de correspondencia)
Fecha recepción: 26-02-2025 | Fecha aceptación: 26-08-2025
Resumen Los trabajos que entre los años 2002 y 2004 se desarrollaron en el PERI-CA4 de la ciudad de Cartagena, en el área conocida actualmente como “Barrio Universitario”, no sólo proporcionaron estructuras únicas en cuanto a extensión, conservación e información se refiere, sino que han permitido conocer en profundidad la evolución diacrónica del sector oriental de la antigua Carthago Nova desde su origen púnico hasta el periodo bizantino. En cualquier caso, el presente artículo se dedicará principalmente al estudio y en el análisis de los edificios de un barrio doméstico, con presencia de espacios de carácter industrial-artesanal, cuyo origen se encuentra comprendido entre la primera fase de ocupación romana, iniciada a finales del siglo III a.C., y los últimos compases de la tardorrepública, previo, por tanto, al periodo augusteo, momento en el que esta zona será objeto de una importante renovación edilicia que arrasará y amortizará gran parte de las estructuras precedentes. Se presentará igualmente la evolución de la arquitectura doméstica tardorrepublicana desde sus inicios, con una morfología sencilla y similar a la de las casas púnicas precedentes, hasta los primeros años del siglo I a.C., cuando muestran características y elementos arquitectónicos propiamente itálicos.
Palabras clave Barrio doméstico, área industrial-artesanal, domus, tardorrepública, Carthago Nova.
Abstract The archaeological work conducted between 2002 and 2004 at PERI-CA4, located in the present-day “Barrio Universitario” area of Cartagena, has yielded a series of unique structures notable for their scale, preservation, and informational value. These findings have enabled a comprehensive understanding of the diachronic evolution of the eastern sector of ancient Carthago Nova, from its Punic origins through to the Byzantine period. This article, however, focuses primarily on the study and analysis of buildings within a domestic neighborhood that included industrial and artisanal spaces. The origins of this area date to the initial phase of Roman occupation, which began in the late 3rd century BC, and extend through the final stages of the Late Republic, preceding the Augustan Age, a period marked by significant architectural renovation that led to the demolition and repurposing of many earlier structures. The article also examines the development of Late Republican domestic architecture, tracing its transformation from early forms with simple layouts reminiscent of Punic houses, to the early 1st century BC, when these dwellings began to exhibit distinctly Italic features and architectural elements.
Keywords Domestic neighbourhood, Industrial-artisan area, Domus, Late Republic, Carthago Nova.
Madrid Balanza, M.J. y Gómez Marín, J. (2025): “Los espacios domésticos y artesanales tardorrepublicanos del “Barrio Universitario” (PERI-C4A) de Cartagena”, Spal, 34.2, pp. 110-142. https://dx.doi.org/10.12795/spal.2025.i34.16
2. El barrio tardorrepublicano: primera fase de ocupación romana
2.1. Los espacios domésticos de la ladera media del cerro
3. El barrio tardorrepublicano: segunda mitad del siglo II – siglo I a.C.
3.1. Los edificios de carácter industrial-artesanal
3.2. Viviendas de carácter itálico: la domus de los delfines
Figura 2. Planimetría del PERI CA-4 con los diferentes restos tardorrepublicanos documentados.
Figura 3. Estructuras tardorrepublicanas documentadas en la Parcela 14 del PERI CA-4 de Cartagena.
Figura 8. Planimetría de la domus del telar (Madrid, 2004, p. 42, fig. 3).
Figura 9. Enseres domésticos recuperados en el espacio 1 de la domus del telar.
Figura 11. Conducción de agua elaborada con ánforas encajadas.
Figura 12. Vista superior del segundo horno de la Parcela 17 del PERI CA-4 de Cartagena.
Figura 13. Complejo alfarero de la Parcela 14 del PERI CA-4 de Cartagena.
Figura 15. Piletas documentadas en el espacio 8 del complejo alfarero.
Figura 16. Horno con parrilla documentado en el complejo alfarero de la Parcela 14.
Figura 18. Planta de la domus de los delfines.
Figura 19. Ornamentación teselada del impluvium del atrio (Madrid y Murcia, 2024, p. 148, fig. 9).
Figura 20. Vista general del espacio 2, identificado como un posible tablinum .
Al este de la actual ciudad de Cartagena (Murcia), en la ladera occidental del conocido como cerro de Despeñaperros, tuvo lugar entre los años 2002 y 2004 una serie de intervenciones arqueológicas de urgencia con motivo del desarrollo de un Plan Especial de Reforma Interior (PERI CA-4) (fig. 1). Estos trabajos pudieron constatar una abundante cantidad de estructuras y restos constructivos que permitieron analizar y documentar la evolución diacrónica de este sector de la ciudad desde los años anteriores a su fundación por parte del general cartaginés Asdrúbal, hasta su posterior utilización como necrópolis durante la ocupación bizantina (sobre la Cartagena púnica, romana y bizantina véase: Noguera, 2013; 2021; Ramallo et al., 2008; Ruiz Valderas, 2017). Si bien se encontraban amortizadas y muy arrasadas por las posteriores fases de ocupación, los trabajos de excavación evidenciaron diferentes estructuras de carácter doméstico y artesanal correspondientes al periodo púnico. Los restos exhumados apuntan a que esta área del asentamiento contaría en esta fase con una importante actividad de carácter artesanal e industrial. Fueron documentados hornos excavados en el sustrato rocoso y empleados en actividades metalúrgicas, posiblemente relacionados con los fragmentos de copela recuperados en las inmediaciones (Madrid, 2004, p. 36; Madrid y Murcia, 2024, p. 135). Junto a estas instalaciones hay que mencionar igualmente la presencia de espacios privados como la denominada Casa del Pebetero, delimitada al este por una calle que la separa de otro edificio de funcionalidad indeterminada. Estas estructuras se encontraban prácticamente encajadas en el sustrato geológico de la ladera, lo que evidencia su carácter ex nihilo (Madrid y Murcia, 2024, pp. 137-147). La gran mayoría de los restos correspondientes a la fase púnica de este sector apareció cubierta por estratos negruzcos con presencia de abundantes carbones en los que se recuperó una notable cantidad de fragmentos cerámicos fechados entre finales del siglo III e inicios del siglo II a.C., motivo por el que los podemos considerar como rellenos constructivos correspondientes a la primera fase de ocupación romana (Madrid, 2004, p. 38).
Figura 1. Planta de la ciudad de Carthago Nova y ubicación al este del PERI CA-4 (Madrid y Murcia, 2024, p. 136, fig. 1). ^
Al igual que sucede con los restos púnicos, las estructuras tardorrepublicanas, eje central de este trabajo, fueron igualmente arrasadas y dañadas por los edificios del periodo augusteo, producto de la etapa de esplendor que experimentó la ciudad desde la obtención del estatus de colonia, quizás en tiempos de Pompeyo Magno, hacia el 54 a.C. (Abascal, 2002; Noguera, 2002, p. 65). Al igual que sucede con el periodo púnico, nuestros conocimientos sobre la morfología de este barrio tardorrepublicano resultan muy parciales (fig. 2). Se ignora la distribución y ubicación de la mayoría de las calles que lo articularían, aunque se cuenta con algunas excepciones, como es el caso de un cardo, localizado en la Parcela 31, al oeste del PERI CA-4, que debió de seguir en uso durante el periodo augusteo y altoimperial. A pesar de que no se han conservado apenas restos de su enlosado de piedra caliza, sí se documentó la canalización principal que marca su existencia y trazado. Dicho elemento, dispuesto en dirección norte-sur y con sección en “U”, está construido con dos muros de 0.20-0.30 m de espesor apoyados en la roca natural. Ambos estaban conformados mediante piedras medianas y pequeñas trabadas con argamasa, quedando entre ellos un vano de 0.40-0.45 m de anchura. La excavación de las pocas losas de la calzada aún conservadas in situ permitió acceder a los diferentes rellenos constructivos depositados sobre la roca natural, donde se recuperaron restos de cerámica común, fragmentos de cerámica de barniz negro tipo A e ibéricas pintadas, lo que ofrece una cronología tardorrepublicana, posiblemente del siglo I a.C. Evidencias de calzada también se constataron rodeando por el este y el sur un complejo de carácter artesanal, localizado en la Parcela 14 del área de excavación, y que se analizará posteriormente. Sea como fuere, tanto el primer vial descrito, como la calle púnica previamente referida, siguieron siendo empleadas durante la fase altoimperial. La utilización de ambas calzadas durante este periodo sugiere que el viario augusteo y altoimperial fosilizó en gran medida las calles púnicas y tardorrepublicanas previas, cuya disposición y trazado ya estaban adaptados a la compleja orografía de la zona. Estas calles posiblemente fueron regularizadas y pavimentadas durante el periodo augusteo, al mismo tiempo que se les dotó de los correspondientes servicios urbanos.
Figura 2. Planimetría del PERI CA-4 con los diferentes restos tardorrepublicanos documentados. ^
La primera fase constructiva de esta zona bajo la ocupación de los nuevos pobladores itálicos de la ciudad se constata ya en la primera mitad del siglo II a.C., momento que, por otra parte, podemos asociar a un primer intento de organización del espacio urbano relacionado con varios muros de aterrazamiento adaptados a la orografía del terreno (Madrid, 2004, p. 38). En la Parcela 13 del PERI CA-4 se documentaron algunos paramentos levantados con hiladas irregulares de piedras de gran tamaño trabadas con argamasa que, adosados a uno de los muros de aterrazamiento previamente referidos, conformaban una estancia (Madrid, 2004, p. 38). Similares características tiene el conjunto de cuatro espacios localizado en la Parcela 14, amortizado por un edificio de carácter artesanal en la segunda mitad del siglo II a.C., tal como se verá posteriormente. Son estructuras dispuestas en forma aterrazada que pertenecieron a un complejo o edificio de función incierta y cuyos niveles de circulación no se conservan (fig. 3). Contemporáneo a estas estancias, presente en la misma parcela, es un conjunto de canalizaciones que probablemente nos indica la disposición de las calles durante este periodo. Tenemos, en primer lugar, una canalización dispuesta en dirección norte-sur excavada en el estrato natural. Su cobertura estaba constituida por losas de arenisca dispuestas de forma horizontal, lo que le confiere una anchura de unos 0.45-0.52 m, mientras que los muros que configuran el canal propiamente dicho son igualmente losas dispuestas sobre la roca de forma vertical, entre las que queda una luz de unos 0.27 m de anchura. La canalización, en su extremo meridional, forma un ángulo recto y vira hacia el suroeste. Este nuevo tramo se diferencia del previo en la medida en que la cubierta está conformada por piedras calizas de forma trapezoidal, mientras que sus paredes están realizadas mediante piedras bien escuadradas trabadas con barro, entre las que queda un espacio de 0.28-0.30 m. En el muro sur de esta última canalización se constató un vano cuadrangular, de 0.17 m de lado y ligeramente abocinado, del que surge un nuevo tramo que, al igual que la primera canalización, está realizado con piezas de arenisca, quedando una luz interior de unos 0.35 m. El fondo de esta canalización, al igual que todas las anteriores, es la misma roca natural regularizada. Todos estos elementos aparecieron colmatados por la tierra correspondiente a su fase de abandono, como consecuencia de la construcción de nuevas canalizaciones, las cuales eran, posiblemente, contemporáneas al complejo artesanal que amortizó los espacios arriba descritos y que se analizarán en el apartado siguiente.
Figura 3. Estructuras tardorrepublicanas documentadas en la Parcela 14 del PERI CA-4 de Cartagena. ^
En el sector C de la Parcela 18 también se documentaron algunos restos de estructuras correspondientes a una estancia de la que se conservaban los muros de cierre norte y oeste. Ambos paramentos, de unos 0.56 m de anchura y edificados mediante pequeños mampuestos trabados con barro, se encontraban enlazados por medio de una estructura de planta circular de aproximadamente 1.20 m de diámetro, realizada con mampostería también trabada con barro. Lo más relevante de esta estancia es el hallazgo, adosada perpendicularmente al muro norte, de una pequeña estructura de 1.20 m de longitud por 0.64 m de anchura máxima conservada, enmarcada por un pequeño murete realizado con piedras trabadas con barro. Interpretamos dicho elemento como un armario o tinajero en cuyo interior se recuperó un mortero y numerosos fragmentos de ánforas greco-itálicas Mañá Pascual A-4. Varios de los fragmentos correspondían al cuello y el borde, que se encontraban insertos en el pavimento, en posición invertida, para servir como soporte al pivote de otra de estas piezas de almacenamiento (Madrid, 2004, p. 46). Sobre el pavimento de barro de la estancia se documentó un nivel de abandono con presencia de restos de launa (loc. láguena) pertenecientes a la cubierta, así como carbones correspondientes, probablemente, a la descomposición de las vigas de madera del tejado.
Los restos de este periodo que presentan mejor estado de preservación quizás sean los documentados en el sector C de la Parcela 11, que posiblemente corresponden a una sencilla vivienda de la que fue posible documentar cinco estancias (fig. 4). Los muros que delimitan los diferentes espacios muestran una técnica constructiva similar, a base de zócalos de mampostería de piedras de diverso tamaño trabadas con barro, que sustentaban un alzado de adobes. Sin embargo, los muros de las dos estancias más orientales (1 y 2) muestran una anchura de entre 0.40 y 0.58 m, mientras que la de los paramentos de los espacios restantes oscila entre los 0.30 y 0.35 m. El espacio 1 se encontraba pavimentado con un sencillo suelo de tierra apisonada de color gris con presencia de abundantes cenizas, posiblemente relacionadas con un hogar ubicado en la zona central de la habitación. Al suroeste de la estancia se constató un basamento de planta circular, con un diámetro aproximado de 0.78 m y un eje central de 5.5 cm, realizado con piedras dispuestas horizontalmente. Dada la presencia de huellas circulares de uso, estimamos que este elemento pudo ser la base de un molino de mano en el que se aprecian las improntas del giro del eje central. Por último, en el ángulo norte de la estancia se documentó una oquedad de planta oval, de 0.52 por 0.40 m de lado y sección en “U”, interpretada como un posible agujero de poste relacionado con la sustentación de la cubierta. El espacio 2, al noreste, y pavimentado con tierra apisonada, cuenta con un vano de acceso abierto en el muro de cierre suroeste. Sin embargo, en un momento indeterminado, este paso fue cegado mediante la creación de un paramento de 1.20 m de longitud por 0.54 m de anchura, realizado con la misma técnica constructiva empleada en el resto de los paramentos (fig. 5).
Figura 4. Restos domésticos documentados en el Sector C de la Parcela 11 del PERI CA-4 de Cartagena (Madrid, 2004, p. 45, fig. 4). ^
Figura 5. Vista desde el sur de los espacios 1 y 2 documentados en el Sector C de la Parcela 11 del PERI CA-4 de Cartagena. ^
Desde el punto de vista constructivo, tal como se ha referido previamente, las estancias más occidentales (3, 4 y 5) muestran cierta similitud, en la medida en que sus paramentos son más delgados que los de los dos espacios orientales. A excepción de la estancia 4, pavimentada con un suelo de argamasa de color amarillento, los dos espacios restantes (3 y 5) muestran un sencillo suelo de barro. En el zócalo del muro que cierra el espacio 4 por el noreste se constató una laja de caliza colocada de forma transversal respecto a la dirección del muro. Dicho elemento posiblemente estuviera marcando el vano de comunicación con el espacio 3, al norte. Junto a la laja de caliza, y excavada en el pavimento de la estancia 3, se observa una oquedad cuadrangular asociada a una marca con forma de sector de círculo; parecen corresponder, respectivamente, al anclaje y huella dejadas por el giro de una puerta (fig. 6). Además de estas improntas, el pavimento del ámbito 3 también presenta un agujero de poste para sustentación de la cubierta, junto al tabique medianero que lo separa del espacio 4.
Figura 6. Vano de comunicación y marcas de una puerta entre las habitaciones 3 y 4 de la vivienda documentada en el Sector C de la Parcela 11 del PERI CA-4 de Cartagena. ^
En los distintos niveles de abandono constatados en las estancias se recuperaron restos de adobes, correspondientes a los alzados de los muros, y paquetes de arcillas que debieron de conformar las distintas cubiertas. En lo que respecta a los materiales cerámicos, se hallaron fragmentos de cerámica de barniz negro tipo A (Lamboglia 5, Lamboglia 33b), ánforas greco-itálicas junto a otras de producción ibicenca, cazuelas de tradición púnica e imitación de barniz negro, que proporciona una cronología para el abandono de este edificio de mediados del siglo II a.C. Esta cronología se repite en el resto de las estructuras y espacios documentados en esta área del PERI CA-4 correspondientes a este periodo. Podemos asumir, por lo tanto, que a mediados del siglo II a.C. se produjo un abandono generalizado de los edificios, coincidente con el inicio de una nueva fase edilicia que amortizó y anuló las estructuras anteriores.
Al norte del PERI CA-4, en la ladera media del cerro de Despeñaperros, se localiza la denominada Parcela 15. En ella se localizaron restos pertenecientes al área residencial tardorrepublicana cuyo origen puede encuadrarse en la primera mitad del siglo II a.C., con una ocupación que, en algunos casos, se prolongó hasta el segundo cuarto del siglo I a.C. (fig. 7). A pesar de que los restos son muy parciales, fue posible individualizar hasta nueve ambientes, correspondientes seguramente a diferentes edificios, dispuestos en cuatro estrechas terrazas. Son unidades domésticas de pequeñas dimensiones que fueron edificadas sucesivamente con un ligero retranqueo entre sí, lo que les aportaría una mejor estabilidad y unidad constructiva (Madrid y Murcia, 2024, p. 150). Pese a lo parcial de los restos, parece que las viviendas se caracterizan por su planta rectangular y por haber sido excavadas parcialmente en la roca natural. Sus muros están conformados por un zócalo de mampostería trabada con barro, aunque en ocasiones se emplea el propio sustrato geológico recortado y regularizado con piedras. Los zócalos sirven de base a un alzado de adobes que, a su vez, sustentaría una cubierta de launa.
Figura 7. Planta de las viviendas aterrazadas documentadas en la Parcela 15 del PERI CA-4 de Cartagena. ^
En el sector A de esta parcela se documentaron los restos de tres estancias, pavimentadas con tierra apisonada y articuladas en torno a un muro de aterrazamiento dispuesto en dirección noreste-suroeste. La estancia más oriental, cuyo extremo sur se encuentra encajado en el sustrato rocoso, presenta un muro de cierre de mampostería irregular trabada con barro, y una anchura que oscila entre los 0.58 y los 0.66 m, condicionada por su adaptación al recorte. Al sureste, la estancia se encuentra delimitada por una estructura de similares características y una anchura de 0.50-0.52 m, que podría actuar como cierre del inmueble. Es preciso señalar que la cara oriental del muro que cierra este espacio por el oeste mostraba un suave enlucido de argamasa blanca en el que se ha marcado un llamativo reticulado a base de rectángulos irregulares. Al oeste de este muro se localiza un ámbito aparentemente diáfano, que quizás estuvo compartimentado mediante un tabique del que únicamente se conserva las trazas de su fosa de expolio. El nivel de abandono permitió documentar el derrumbe del alzado de adobes del muro oriental, así como un nivel de arcilla (launa) depositado sobre el pavimento que sugiere la existencia de una posible cubierta plana de este material (Madrid y Murcia, 2024, pp. 150-151).
De entre todos los restos documentados en la Parcela 15, los exhumados en el sector B son posiblemente los más relevantes. Las estructuras aquí documentadas se disponen en dos terrazas con una diferencia de cota de unos 5 pies, por lo que pertenecerían posiblemente a dos edificios distintos. En la terraza superior, el paramento de cierre, en dirección este-oeste, se encuentra elaborado con mampostería dispuesta en hiladas alineadas, y presenta una anchura de unos 0.50-0.53 m. Asociado a su cara norte se localizó un pavimento de pequeños cantos y algunos fragmentos cerámicos trabados con barro. Este invade parte del muro, lo que podría indicar que aquí se abrió un vano. Las características del pavimento y su acentuada pendiente, cuya finalidad sería probablemente la de conducir la escorrentía hacia un punto determinado, sugiere que podría tratarse de un patio, que quizás ejerció como ámbito distribuidor de la vivienda. Sobre el pavimento previamente referido se constató un nivel de abandono fechado en un momento avanzado del siglo II a.C., donde aparecen cazuelas de cocina itálica, cerámica ibérica, ánforas y cerámica de barniz negro tipo A, mientras que al sur del muro se localizó un derrumbe de adobes dispuesto sobre la capa de arcilla de la cubierta (Madrid y Murcia, 2024, p. 151).
En la terraza inferior del sector B se documentaron dos estancias medianeras pertenecientes a una vivienda denominada domus del telar (fig. 8). Ambas se encontraban separadas por un paramento de unos 0.52-0.54 m de ancho, elaborado con mampostería trabada con barro y relleno interior, que apoyaba directamente sobre la roca natural, recortada y adaptada para esta función. Sobre el pavimento de la estancia 1, que es simplemente la roca natural regularizada con una capa de barro de color grisáceo, se documentó la impronta de un hogar de planta de tendencia circular de unos 0.40 m de diámetro, localizado en la zona central del ambiente (Noguera et al., 2021, p. 326). Sobre este pavimento se localizó un nivel de abandono con abundante launa, procedente, probablemente, del derrumbe de la cubierta, que cubría los restos de un mueble de madera, un posible armario, en el que se había guardado un buen número de enseres domésticos (fig. 9). Una vez abandonada la habitación, la madera quedó reducida a carbones, motivo por el que únicamente se recuperaron algunos de los clavos de hierro que ensamblaban el mueble, así como una pieza de hueso correspondiente a una de las bisagras. Lo más relevante fue la conservación de todos los recipientes caídos sobre el suelo y dispuestos unos sobre otros, lo que sugiere que este armario contaría con varios estantes. Entre los materiales se recuperaron cinco jarras completas, un cuenco de cerámica común, una tapadera de cocina, varias tabas de gran tamaño y una barra de plomo de sección cuadrada y unos 0.18 m de longitud. También se halló, en pie, un mortero con digitaciones sobre el borde, que contenía en su interior un ungüentario fusiforme, así como dos hombros de ánfora, cortados y dispuestos de forma invertida, de manera que, sobre uno de ellos, se dispuso una cazuela de cerámica común. A un metro de distancia del mueble se encontró el telar que da nombre a la vivienda, que ha perdido tanto el armazón de madera, como todo el entramado de hilos y cuerdas. Sí que fue posible recuperar sobre el suelo 20 de sus pondera, 14 de los cuales estaban elaborados en cerámica, mientras que los 6 restantes eran de plomo. Dispersos por el resto de la habitación también se hallaron varios fragmentos de un gran contenedor, una tapadera de cerámica de cocina, una jarra de cerámica común, así como una piedra de rambla muy pulida y plana que pudo servir para abatanar la lana antes de empezar a tejer, ya que además se encontraba a escasa distancia del telar. Todos estos elementos apuntan a que la estancia contaría con un carácter polifuncional.
Figura 8. Planimetría de la domus del telar (Madrid, 2004, p. 42, fig. 3). ^
Figura 9. Enseres domésticos recuperados en el espacio 1 de la domus del telar. ^
El espacio 2, adyacente, presenta un pavimento similar al del ambiente 1, consistente en una fina capa de barro de color grisáceo dispuesta sobre la roca regularizada. Esta habitación contaba con un depósito arqueológico y un nivel de abandono muy similar al anterior, con launa procedente, probablemente, del derrumbe de la cubierta y nódulos de adobe de los alzados. En dicho nivel también se recuperaron varios recipientes cerámicos completos como una tapadera de cocina, dos ánforas, un pequeño jarro, una jarra-botella dispuesta de forma vertical, y una olla de cocina. Todas estas piezas también se localizaron juntas, por lo que quizás estuvieron originalmente guardadas en un mueble, aunque carecemos de evidencias de este. Por último, es preciso señalar que, a pesar de no haber documentado indicios de un hogar, sí se recuperaron dispersos sobre el suelo algunos restos alimenticios como espinas de pez y caracoles pequeños.
Por último, en el sector C de la Parcela 15 se localizó un nuevo paramento que se encontraba alineado con las estructuras de cierre del resto de terrazas. Este presenta una anchura de unos 0.60-0.66 m, y estaba edificado mediante mampostería irregular trabada con barro. A este muro se asocian tres pavimentos, siendo el más reciente de tierra apisonada con partículas de cal, en el que se evidenció la impronta de un poste de madera. El pavimento inferior es igualmente de tierra apisonada, sobre el que se disponía un paquete de arcilla (launa) y adobes, que pudo estar en uso hasta finales del II a.C. El tercer pavimento, correspondiente a la fase inicial, es de arcilla y su datación se sitúa a inicios de la centuria, tal como sugieren los materiales recuperados entre los que encontramos fragmentos de cerámica de barniz negro tipo A (Lamboglia 27) y restos de ánforas del tipo “campamentos numantinos” (Madrid y Murcia, 2024, p. 152).
Tal como se ha indicado previamente, este periodo no sólo supuso la amortización de parte de las estructuras de la fase constructiva previa, sino que se tradujo en la edificación y construcción de numerosos espacios de carácter industrial-artesanal, así como de viviendas de diversa índole. Iniciamos el análisis de las estructuras edificadas en este periodo volviendo al sector C de la Parcela 11 dado que, sobre los restos de la vivienda previamente descrita, se edificaron una serie de estancias de las que apenas restan algunas cimentaciones (fig. 10). El mal estado que presentan se debe, principalmente, a que fueron arrasadas y amortizadas con motivo de la construcción de una domus en época augustea.
Figura 10. Estructuras fechadas en la segunda mitad del siglo II a.C. documentadas en el sector C de la Parcela 11 del PERI CA-4 de Cartagena. ^
Las citadas cimentaciones, conservadas de forma muy parcial, estaban realizadas con piedras de mediano tamaño trabadas con barro, que evidencian la presencia de al menos dos estancias. Uno de estos ámbitos contaba todavía con el pavimento de tierra apisonada de color gris, asociado a un horno con planta de tendencia circular, de unos 0.70 m de diámetro, cuyo perímetro está marcado por piedras de pequeño tamaño dispuestas de forma irregular. En su interior se recuperó un fragmento de hierro muy deformado, probablemente como resultado de las altas temperaturas soportadas durante el proceso de combustión. Al sur de estas estructuras, y cubierta por una canalización de época altoimperial, se documentó una conducción de agua realizada con varias ánforas encajadas unas en otras, entre las que se ha podido identificar un ánfora de producción ibicenca, tipo PE-17, fechada en torno al 160 a.C. (fig. 11). La pieza fue posiblemente reutilizada en la conducción, elemento que formaría parte del urbanismo asociado a las habitaciones descritas, aunque la ausencia de estratos que relacionen directamente estas estructuras nos hace ser cautos al plantear tal hipótesis.
Figura 11. Conducción de agua elaborada con ánforas encajadas. ^
Los restos arriba referidos también presentan una notable similitud con las estructuras domésticas documentadas en el sector B de la parcela 32, destinada al emplazamiento de la actual Casa del Estudiante de Cartagena. Se trata de una serie de estructuras correspondientes a cuatro espacios, delimitados por muros conformados por la roca natural recortada y regularizada con piedras medianas trabadas con argamasa y acabados al interior con varias capas superpuestas de enlucido blanco. En el espacio más occidental (1), dispuesto sobre el pavimento de barro apisonado con pequeños nódulos de cal, se identificó un hogar (Noguera et al., 2021, p. 326), cerca del que se disponía un reposadero. Medianera con esta estancia y comunicada con ella por medio de un vano, se encuentra la habitación 2, en la que se diferencian dos espacios cerrados por un pequeño murete perimetral. En su interior se identificaron restos de un hogar (Noguera et al., 2021, pp. 326-327), así como de un pequeño vasar destinado al almacenaje de víveres y agua. De igual modo, también se localizó la impronta de un poste de madera destinado a la sujeción de la cubierta plana de launa. Las restantes estancias 3 y 4, también medianeras entre sí, mostraban un deficiente estado de conservación, y no ofrecieron datos relevantes. Respecto a la cronología de estas estructuras, el depósito arqueológico asociado a ellas, en el que se recuperaron materiales tales como fragmentos de ánforas Dressel 1, determinó que su construcción podría fijarse hacia finales del siglo II o inicios del I a.C., con un abandono en torno al cambio de era, establecido a partir de los restos recuperados de terra sigillata itálica, cazuelas de engobe interno rojo pompeyano, fragmentos de lucerna y parte de una antefija antropomorfa.
Los trabajos desarrollados en la Parcela 17 del PERI CA-4 permitieron documentar dos hornos de grandes dimensiones asociados, posiblemente, a algún espacio o edificio de carácter artesanal. El primero de ellos consta de planta cuadrangular con pilar central, en el que se observa un buen número de reparaciones y enlucidos superpuestos. La cámara de calor está excavada en el estrato natural de margas, que actúa como suelo y como material refractario. A partir de los restos conservados estimamos que la estructura tendría unos 3.50 m de lado, y estaría conformada por muros de adobes dispuestos a soga y trabados con barro. El horno conserva igualmente tres pilares adosados a su muro norte, además del referido pilar central de sustentación para la parrilla. Todos estos elementos apoyan directamente sobre la roca natural recortada. El espacio libre entre los pilares laterales lo ocupan las toberas, de las que se han documentado dos, la primera de unos 0.40 m de anchura y revestida de barro, y una segunda de unos 0.30 m, que también conserva parte del revoque interior. En cuanto a las reparaciones antes comentadas, encontramos numerosas evidencias de las mismas en los pilares y, sobre todo, en la edificación de un segundo paramento adosado al muro norte de la cámara de calor, que modificó la planta del espacio, adoptando entonces una forma ligeramente trapezoidal. En lo que respecta al praefurnium y su corredor de acceso, se observa que el primero lo constituye un pequeño rebaje realizado en el terreno natural, con planta de tendencia oval. El corredor está igualmente excavado en el terreno natural y se configura en planta como un pasillo ligeramente abocinado, orientado hacia el noroeste, con unas dimensiones de entre 0.70-1.10 m de ancho y 1.80 m de longitud. La circulación de aire por este corredor está controlada con la colocación en la parte exterior de una piedra de forma irregular que ciega parte del acceso original. Tipológicamente, este horno se encuadra en el grupo 4 A de Fletcher (planta cuadrangular con pilar central) (Fletcher, 1965, p. 172) o II c (de doble corredor) de Cuomo di Caprio (1972), con paralelos en el área gerundense en época tardorrepublicana (Tremoleda, 1995).
El segundo de los hornos es tipológicamente muy similar al anterior. Cuenta con una planta prácticamente cuadrangular, de 3.12 y 3.06 m de lado, y está excavado en el estrato natural de margas, que actúa también como suelo (fig. 12). Los trabajos permitieron localizar dos pilares centrales destinados a la sustentación de la parrilla, que se situaría por encima de la estructura conservada, por lo que la cámara inferior tendría al menos un alzado de 1.90 m. Los muros de la cámara están construidos con adobes dispuestos a soga y trabados con barro, a los que se adosan las toberas y los pilares laterales que sirven de cimiento a los arcos de sustentación de la parrilla. Los pilares se distribuyen de forma simétrica, adosados a los muros noroeste y sureste del horno. Dispuestas entre los pilares se identificaron hasta 10 toberas, de dimensiones que oscilan entre los 0.28 por 0.32 m de lado, o los 0.28 por 0.60 m en el caso de las adosadas al muro nororiental. También este horno muestra evidencias de algunas modificaciones, donde la principal fue la edificación, en el interior de la cámara de calor, de un macizo de adobes de 1.20 m de longitud que une los dos pilares centrales. El corredor de acceso presenta una planta rectangular de 1.66 m de longitud por 0.90 m de anchura, reforzado en los laterales por un macizo de adobes que rellena el espacio entre los muros del pasillo y el recorte en la roca. Este pasillo cuenta con un pequeño engrosamiento en la zona de acceso que configura un espacio trapezoidal de 0.45 m de longitud por 1-1.20 m de anchura. Es posible que este espacio ligeramente más ancho correspondiera al praefurnium, ya que además se documentó un estrato de cenizas cubriendo la zona. Al igual que en el caso anterior, nos encontramos ante un horno de planta cuadrangular y doble corredor (tipo II c de Cuomo di Caprio), que podemos encuadrar en un primer momento en el tipo 4 A de Fletcher, y que, posteriormente, se verá transformado, adscribiéndose al tipo 4 B de la tipología de este mismo autor (1965).
Figura 12. Vista superior del segundo horno de la Parcela 17 del PERI CA-4 de Cartagena. ^
Los materiales recuperados en los niveles de abandono de ambos hornos corresponden mayoritariamente a cerámica común, grandes contenedores, algunos fragmentos de cocina itálica, cerámica de paredes finas y fragmentos de ungüentarios similares a la forma Oberaden 29, abundantes en época augustea. Junto a estos elementos se evidenció igualmente un ánfora Haltern 70, propia de contextos de mediados del siglo I a.C., aunque, según Molina (1997, p. 145), la mayor proporción de hallazgos se concentra en época augustea. También se recuperó un fragmento de cerámica de cocina local con pestaña interior para la tapadera que, en opinión de Pérez Ballester et al. (1995, p. 196) aparece en Cartagena en época augustea-altoimperial. Así pues, ante los materiales recuperados, estimamos que el abandono y la amortización de los hornos debió de producirse durante el periodo augusteo. En lo que respecta al tipo de producción a la que estuvieron destinados, la localización en su interior de fragmentos de cerámica común muy deformados parece indicar que pudieran estar destinados a ellas, aunque tampoco descartamos que pudiera servir para cocer material latericio. En cualquier caso, es muy posible que estos dos elementos estuvieran íntimamente relacionados con las estructuras exhumadas en la Parcela 14.
En esta parcela se documentó un conjunto de 11 espacios de un edificio que se ha interpretado como un posible complejo alfarero, que fue probablemente abandonado hacia el cambio de era (fig. 13). La cronología se establece principalmente a partir de los materiales recuperados en los niveles de abandono, donde encontramos fragmentos de terra sigillata sudgálica e itálica, cerámica de paredes finas, lucernas de tipología republicana decorada con cabezas de cisne y de volutas, cerámica de cocina (formas Vegas 14) y ánforas Dressel 1B y 1C. El edificio se encontraba articulado en dos terrazas, donde es posible diferenciar un nivel superior y otro inferior donde se emplazan las diferentes habitaciones. El muro de aterrazamiento presenta una orientación noroeste-sureste y una anchura irregular que oscila entre los 0.66 y los 0.96 m. Está realizado con mampuestos medianos y algunos pequeños, sobre todo en el núcleo del muro, todos trabados con barro y, en menor medida, argamasa. Dejando al margen este gran paramento, la mayoría de los muros que conforman este complejo son bastante regulares, con una anchura que oscila entre los 0.47 y los 0.54 m, y una técnica constructiva a base de mampostería de piedras medianas trabadas con barro.
Figura 13. Complejo alfarero de la Parcela 14 del PERI CA-4 de Cartagena. ^
En la terraza superior, dispuesta al este del muro de aterrazamiento, se localiza, en primer lugar, el espacio 1, pavimentado con un opus signinum que se extendía hasta adosarse a los muros, donde se dispuso una moldura de sección convexa. Al norte se documentó un pequeño escalón de arenisca que comunicaría esta estancia con el espacio 2, también pavimentado con opus signinum. Estos dos ámbitos, probablemente carentes de tejado, podrían ser algún tipo de porche sustentado mediante pilares conformados por sillares de arenisca, con los que ha sido posible relacionar algunas improntas; quizás pudieron estar destinados al secado de piezas (Madrid, 2004, p. 48). Desde la estancia 2, por medio de un vano abierto en su muro de cierre oeste, se accedía al espacio 3, de unos 4.14 m por 4.20 m, posiblemente, la estancia principal del complejo. Esta afirmación se basa en su pavimento de opus signinum ornamentado con teselas blancas. La decoración del pavimento gira en torno a un motivo central de 0.66 m de anchura, formado por cuatro esvásticas realizadas con teselas blancas y enlazadas dos a dos (fig. 14). Alrededor de este motivo se disponen 10 hileras de teselas blancas dispuestas de forma regular, con una distancia entre ellas de unos 10 cm. Las esvásticas son motivos decorativos frecuentemente empleados en la ornamentación de los pavimentos republicanos de opus signinum, formando parte de meandros u orlas dispuestas alrededor del emblema central (Mañas, 2019, pp. 151-152). No obstante, al igual que en el caso que nos ocupa, también encontramos pavimentos en los que las esvásticas constituían el motivo ornamental principal del tapiz central, como en el cubiculum de la domus de los capiteles dóricos de Morgantina (Sicilia), fechada entre el siglo III y el siglo I a.C. (Vassal, 2006, pp. 154, 214, fig. 1). Si bien no es posible asegurar la función principal de este espacio, podría tratarse de una sala de representación empleada por el dominus para las actividades comerciales propiamente dichas. Al sur de esta estancia se disponen dos estrechos espacios (9 y 10) de planta rectangular y alargada. Resulta igualmente complejo dilucidar el propósito de ambas salas, dado el alto nivel de arrasamiento que sufrieron, lo cual afectó a sus paramentos y a sus pavimentos, de los que no se han conservado evidencia alguna.
Figura 14. Pavimento de opus signinum tessellatum localizado en el espacio 3 del complejo alfarero de la Parcela 14. ^
Al sur y al oeste de esta terraza, excavada parcialmente en la roca natural, se extienden una serie de amplios espacios que es posible interpretar como la zona de taller propiamente dicha. La más meridional de estas estancias (8) presenta un pavimento de opus signinum y pudo estar destinada a la preparación de arcillas, algo que parece confirmarse por medio de la construcción de dos piletas en una fase constructiva posterior. Su estructura está realizada a base de piedras de mediano y pequeño tamaño trabadas con argamasa. Estaban enlucidas al interior y como pavimento emplearon el mismo suelo de opus signinum de la estancia (fig. 15). El ámbito 7, limítrofe al norte, se configura como un gran espacio, probablemente abierto, de planta ligeramente trapezoidal, destinado quizás al torneado de piezas que pasarían a través de un rebanco al contiguo espacio 5 (Madrid, 2004, pp. 48-49).
Figura 15. Piletas documentadas en el espacio 8 del complejo alfarero. ^
El espacio 6 y el referido ámbito 5 se disponían al oeste del muro de aterrazamiento antes descrito. Si bien el espacio 6 presenta pavimento de arcilla, éste correspondía a la última fase constructiva del edificio, ya que cubría a otro previo previo de adobe que se extiende también por la estancia 5 y bajo el tabique que las separa. Ello indica, por tanto, que en un principio ambos espacios constituían una única estancia destinada a la cocción de las piezas. Tal conclusión se basa en la documentación, al sur del espacio 5 y adosado al muro de aterrazamiento, de un horno de pequeñas dimensiones que todavía conservaba su parrilla sustentada por pilares monolíticos (fig. 16). La cámara inferior del horno, de planta cuadrangular y 1 m de lado aproximadamente, está parcialmente excavada en el terreno natural y emplea como suelo la propia roca regularizada. Se encuentra realizada con una estructura perimetral de adobes de unos 15 cm de anchura. Lo más relevante fue la recuperación en el interior del horno de cuatro exvotos del tipo anathema, que representan una pierna izquierda, muy bien modelada, y que cuentan con un orificio para poder ser colgados (fig. 17). Pese a su contexto romano, estos elementos ya eran frecuentemente empleados por las poblaciones autóctonas de la Península. Exvotos de carácter anatómico han sido documentados en santuarios ibéricos tales como el de Collado de los Jardines (Sta. Elena, Jaén) (Prados Torreira, 1991), en el santuario ibero-romano de Torreparedones (Castro del Río-Baena, Córdoba) (Morena, 1989, p. 45, láms. L, LI y LII) o en el de Nuestra Señora de la Luz (Santo Ángel, Murcia) (De Mergelina, 1926, p. 18). Contaban con un simbolismo claramente curativo y un carácter que podía ser propiciatorio, es decir, que perseguía la sanación de una extremidad, o votivo, al agradecer a la divinidad la recuperación experimentada. La localización de este tipo de exvotos es frecuente en espacios de carácter religioso y salutífero, pudiendo destacar el caso del santuario campestre de Ponte di Nona (Lazio) (Potter, 1989) o el exvoto de bronce con forma de pierna localizado en Tarazona, donde se documentó en 1980 un posible balneario sagrado dedicado a Silbis-Minerva (Beltrán Lloris y Paz Peralta, 2004, p. 102, fig. 45).
Figura 16. Horno con parrilla documentado en el complejo alfarero de la Parcela 14. ^
Figura 17. Exvotos del tipo anathema recuperados en el interior del horno del taller de producción alfarera (Fotos: Martínez Blaya). ^
El praefurnium del horno se encuentra excavado en el terreno natural, recubierto de adobes y muy endurecido a causa del calor. En planta es ligeramente abocinado, de forma que en la unión con la cámara de calor tiene unos 0.30 m de anchura, mientras que en el extremo opuesto su anchura oscila entre 0.60 y 0.70 m. En resumen, es posible que nos encontremos ante un horno destinado a la cocción de piezas de pequeñas dimensiones tales como ungüentarios, jarritas o exvotos como los localizados en el interior de la cámara. Tal afirmación entra en conflicto con la amplitud de las oquedades de la parrilla, problema que, no obstante, podría subsanarse por medio de un soporte sobre el que colocar las piezas. Hornos de similares características han sido documentados en la figlina de Lugdunum (Lyon, Francia), ya en funcionamiento desde los años 40 del siglo I de nuestra era, hasta su abandono acontecido, posiblemente, en algún momento entre los últimos años del siglo I d.C. y la primera mitad del II (Desbat et al., 2000, pp. 19-24, 32).
Quizá se trate de un taller dedicado a la producción alfarera relacionado con los grandes hornos documentados en la Parcela 17, previamente descritos, que fueron igualmente amortizados hacia finales del siglo I a.C. Si se tratara, por tanto, de una organización similar a la citada figlina lionesa, nuestro complejo habría podido estar destinado a los trabajos de torneado, preparación y secado de algunas piezas, así como a su comercialización, mientras que los hornos de la Parcela 17 se situarían en una zona más próxima al perímetro urbano, lo que facilitaría los trabajos de aprovisionamiento y alejaría los humos contaminantes que desprendía esta industria. Finalmente, es preciso señalar que este complejo se encontraba rodeado por el este y el sur por una calle en la que se sucedían varias canalizaciones. Tal como se ha referido anteriormente, este complejo amortiza los restos localizados en esta misma parcela ya descritos en el apartado 2. Las canalizaciones también amortizaron y anularon a sus homólogas fechadas en la primera mitad del siglo II a.C., también recogidas en el mismo apartado de este estudio.
Correspondiente a un periodo más reciente de este barrio doméstico es la vivienda documentada en el sector A de la Parcela 18, conocida como domus de los delfines (fig. 18). Se dispondría al pie de la ladera noroeste del cerro de Despeñaperros, y ocuparía, por lo tanto, una posición cercana al istmo de la ciudad. Esta vivienda, fechada entre finales del siglo II a.C. e inicios del siglo I a.C. (Madrid et al., 2017, p. 74), representa uno de los mejores exponentes documentados en la ciudad de cómo los elementos itálicos comenzaban a abrirse camino en la arquitectura doméstica. Los restos de la vivienda corresponden a tres estancias cuyas dimensiones totales se desconocen, debido, principalmente, a que se encontraba cubierta y amortizada por una unidad doméstica edificada durante el periodo augusteo-altoimperial.
Figura 18. Planta de la domus de los delfines. ^
Las tres estancias se encontraban conformadas por paramentos de entre 0.46 y 0.56 m de anchura, constituidos por zócalos de mampostería de piedra mediana trabada con argamasa, que sustentaban alzados de adobe cuya cara interior aparece enlucida con una capa de cal. De estos tres ámbitos destaca el número 1, un posible atrio. Tal identificación se basa principalmente en la presencia de un área rebajada entre 3 y 5 cm, que presenta una suave inclinación hacia el oeste. De igual modo, está pavimentada con opus signinum y enmarcada por una moldura convexa. Las características y el emplazamiento son las propias de un impluvium, elemento íntimamente ligado a los atrios domésticos (Dessales, 2013, p. 55), a partir del cual surge toda la decoración teselada del suelo de opus signinum que pavimenta la estancia (fig. 19). El impluvium aparece rodeado por dos líneas de teselas blancas que probablemente formen dos cuadrados cuyas dimensiones totales desconocemos. Un meandro de esvásticas y cuadrados con tesela blanca central rodean este motivo que finalmente queda enmarcado por otro recuadro a partir del cual surge una retícula de rombos inscrita en una doble línea paralela al impluvium. El espacio libre que rodea este motivo está decorado con una alfombra de teselas alineadas en hileras simples con un intervalo de 8 cm.
Figura 19. Ornamentación teselada del impluvium del atrio (Madrid y Murcia, 2024, p. 148, fig. 9). ^
Este tipo de motivos ornamentales teselados son muy habituales en los suelos de opus signinum tessellatum que pavimentaban las viviendas pertenecientes al periodo tardorrepublicano (Mañas, 2019, p. 152). Paralelos claros encontramos en otras viviendas tardorrepublicanas como la domus de Can Benet (Cabrera del Mar, Barcelona) (Pera et al., 2016, p. 193), la domus de la calle Don Juan de Aragón de Zaragoza (Galve, 1996, pp. 37-52), la domus de Likine de La Caridad (Caminreal, Teruel) (Vicente et al., 1991, pp. 102-107), o las casas documentadas en el yacimiento de Valdeherrera (Calatayud, Zaragoza) (Sáenz y Martín-Bueno, 2015, pp. 92-99). Por supuesto, esta ornamentación no se limita a las viviendas hispanorromanas, ya que ha sido igualmente constatada en casas como la domus del capitel dórico de Morgantina (Sicilia, Italia) (Tsakirgis, 1990, p. 427), la domus republicana A de Ostia (Italia) (Morricone, 1971, p. 14, tav. III, fig. 43) o la domus de Gavius Rufus (VII, 2, 16-17) de Pompeya (Italia) (Baldassarre, 1996, p. 536, fig. 8, 9).
Al sureste del atrio se dispone el espacio 2, del que solo fue posible exhumar unos 3 m2 aproximadamente. La zona de acceso entre ambas estancias se encontraba señalizada por un sembrado de teselas blancas y una moldura convexa en cuarto de círculo que quizás pudo servir de apoyo a un cierre a base de paneles de madera. Al igual que el referido atrio, la estancia contaba con un pavimento de opus signinum teselado ornamentado mediante un disco de 1.20 m de diámetro rodeado por una hilera de teselas y relleno por un entramado de rombos que convergen hacia el centro, donde acaban formando una estrella de ocho puntas. Este motivo central queda enmarcado en un meandro de esvásticas y cuadrados con tesela central, mientras que en las esquinas interiores existentes entre el disco y la orla que lo rodea, se representaron cuatro delfines blancos con una tesela negra que simula el ojo. Todo este conjunto queda a su vez inscrito en un cuadrado exterior de 2.40 m de lado (fig. 20).
Figura 20. Vista general del espacio 2, identificado como un posible tablinum. ^
Al igual que en el caso anterior, este tipo de medallones centrales ornamentales han sido ampliamente documentados en otras viviendas tardorrepublicanas y augusteas de Hispania como la domus del mosaico con inscripción xaire agathos daimon de Ampurias (L’Escala, Gerona) (Mar y Ruiz de Arbulo, 1993, pp. 63-64), la domus del mosaico de Lucentum (Tossal de Manises, Alicante) (Abad, 1989, p. 161; Olcina, 2009, pp. 111-112), la domus de los delfines de Celsa (Velilla del Ebro, Zaragoza) (Beltrán Lloris et al., 1984, p. 140; Domínguez, 1973), la domus del solar no. 34 de la calle Fluviá de Badalona (Barcelona) (Guitart et al., 1991, p. 44), y la domus bajo la iglesia de Santa María La Mayor, localizada en la misma Cartagena (Ramallo, 1985, p. 33). Fuera de la Península, en la ciudad de Pompeya, encontramos paralelos muy similares como el pavimento que ornamenta el impluvium del atrio de la domus de Lucrus Gaudium de Pompeya (VI, 14, 39), erigida en el siglo III a.C. (Baldassarre, 1994, p. 386, fig. 2, p. 393, fig. 5; Bruni, 2023, pp. 293-295). También encontramos otro pavimento similar en el posible triclinium de la domus del cestero (I, 14, 2), cuyo origen se estima a finales del siglo III o a inicios del siglo II a.C. (Blanc-Bijon, 2010, pp. 233-238; Cullin-Mingaud, 2010, fig. 170; Nappo, 2001, pp. 344-345). Sin embargo, el paralelo más relevante, dada su enorme semejanza, es el pavimento documentado en la domus di Madonna delle Grazie (fig. 21), fechada en el siglo III a.C. y localizado en el asentamiento de Interamnia Praetuttiorum (Teramo, Italia) (Di Vincenzo, 2012, p. 19, fig. 4; Mancini, 2011, p. 82; Mancini et al., 2024, pp. 96-97). Conviene apuntar que un pavimento similar al de esta domus también se localizó en el área de Lisciani, presente igualmente en el centro histórico de la ciudad de Teramo (Di Vincenzo, 2012, p. 19).
Figura 21. Pavimento de opus signinum tessellatum de la domus di Madonna delle Grazie de Teramo (Di Vincenzo, 2012, p. 23, fig. 1). ^
Si observamos detenidamente el pavimento que nos compete, es posible apreciar que se encuentra ligeramente descentrado. Los lados del cuadrado que inscribe todo el conjunto decorativo no son paralelos a los muros que conforman la estancia. Además, su ubicación dista unos 0.90 m de la pared este, mientras que sólo resta un espacio de entre 0.32 y 0.40 m respecto al muro sur. Ello podría quizás indicar que este pavimento pudo corresponder a una de las últimas reformas que experimentó la vivienda, tal como se observa en los enlucidos de los muros donde, en algunas zonas, se distinguen hasta cinco capas de argamasa superpuesta. Respecto a la decoración mural de la estancia, ignoramos las características de los programas pictóricos originales de la habitación, mientras que la última capa conservada presenta simplemente un enlucido blanco sobre una preparación en la que se ha realizado un espigado destinado, posiblemente, a facilitar la mejor adherencia de la pintura, aunque no podemos descartar que sean motivos decorativos de una ornamentación incisa.
Resulta complejo establecer la funcionalidad de la estancia dada la poca extensión exhumada y documentada de la vivienda. Teniendo en cuenta el pavimento que la ornamenta, podemos afirmar, con cierta seguridad, que se trataría de una estancia de representación, quizás un tablinum dispuesto en el eje axial de la vivienda junto al atrio y a una hipotética entrada principal localizada al noroeste. Sin embargo, si analizamos los paralelos de este tipo de medallones ornamentales en los pavimentos documentados en las ciudades campanas, podemos observar que eran empleados en los impluvia, en cubicula, en los espacios reservados para las mesas de los triclinia, y en otros ambientes de representación como los oeci (De Vos, 1984, pp. 162-163). De hecho, son pocos los tablina que hemos localizado ornamentados mediante este tipo de medallones, con notables excepciones como la domus sannitica (V. 1-2) de Herculano (Italia) (Clarke, 1991, pp. 85-93; Pagano, 2003, pp. 58-61). Ante la imposibilidad de poder servirnos de la decoración musiva de la estancia como elemento fiable a la hora de identificarla, quizás nuestra mejor baza para interpretarla como un tablinum sea el hecho de que se encontraba totalmente abierto al atrio. Ésta es una característica muy habitual de este tipo de espacios, los cuales se mantenían aislados del atrio generalmente por medio de elegantes cortinas (Gros, 2001, p. 40), y que ha sido ampliamente constatada en otras casas de atrio pompeyanas como la domus de Salustio (VI. 2, 4) (Pesando, 1997, pp. 183-190; Wallace-Hadrill, 1994, p. 51), o la domus del chirurgo (VI. 1, 9-10, 23) (Gros, 2001, p. 40, fig. 23), así como en viviendas peninsulares tales como las domus 1 y 2B de Ampurias (referido concretamente a la fase original de ambas viviendas) (Cortés, 2014, pp. 93-94; Santos, 1991, p. 23; 2012, p. 73).
El espacio 3 se dispone al este de la estancia 2 y, aunque no podemos asegurar su funcionalidad, constituye uno de los ámbitos más relevantes de esta vivienda debido principalmente a los restos de pinturas murales que lo debieron de ornamentar y que fueron recuperados en su nivel de derrumbe. Pese a la parcialidad de los fragmentos, su análisis permitió establecer que formaban parte de un bloque de aparejo isódomo en relieve y en color rojo, motivo por el que fueron identificados como pertenecientes al I estilo pompeyano (Fernández Díaz, 2008, p. 112). Si bien este detalle puede parecer de poca relevancia, debemos recordar que los restos de pintura correspondientes a este estilo decorativo y asociados a la arquitectura doméstica que han sido documentadas en la península ibérica son escasísimos (un reciente análisis sobre la presencia de este estilo ornamental en España puede ser consultado en Mostalac, 2022). Evidencias de este tipo de ornamentación han sido únicamente halladas en viviendas como la casa Agrícola de Contrebia Belaisca (Botorrita, Zaragoza) (Beltrán Martínez, 1991, p. 186; Guiral y Mostalac, 2011, p. 601; Mostalac, 1996, pp. 166, 170; Uribe, 2015, pp. 294-298), la domus localizada en el asentamiento de Segeda II (Durón de Belmonte de Gracián, Zaragoza) (Uribe, 2015, p. 365), las casas del yacimiento de Cabezo de Alcalá de Azaila (Teruel) (Beltrán Lloris, 2013, p. 238; Guiral y Mostalac, 2011, pp. 601-602), la domus de Likine del yacimiento de La Caridad (Vicente et al., 1991, p. 101) y las viviendas del yacimiento de Valdeherrera, previamente referido (Sáenz y Martín-Bueno, 2015, p. 94). Resulta preciso señalar el hallazgo, también en Cartagena, de fragmentos de pinturas del I estilo pompeyano en la Plaza del Hospital de la ciudad. No obstante, estos restos aparecieron caídos y mezclados en un nivel de relleno junto a otros materiales, por lo que ignoramos a qué edificio pudieron pertenecer (Fernández Díaz, 1999, pp. 260-262).
Tal como se ha indicado anteriormente, la casa fue objeto de diversas refacciones antes de su posterior abandono y amortización. La principal de dichas modificaciones fue la edificación de un paramento de adobes que cegaba el límite este del atrio. Adosado en perpendicular a este muro, y cubriendo el pavimento del atrio, también se construyó otro paramento en el que distinguimos una primera construcción a base de piedras trabadas con argamasa, de 0.34 m de anchura, posteriormente recrecido con barro, enlucido en ambas caras con argamasa blanca. Por último, estimamos que el abandono de la vivienda se produjo entre finales del siglo I a.C. y principios del siglo I de nuestra era, tal como sugieren los materiales recuperados en los niveles de abandono, entre los que podemos señalar varios fragmentos de ánforas de producción apula, cerámica de barniz negro tipo A y cerámica ibérica. En resumen, nos encontramos ante una domus de atrio toscano, dada la presencia de un impluvium y la ausencia de columnas, con una ornamentación consistente en pinturas murales del I estilo pompeyano y pavimentos de opus signinum tessellatum que reflejan claramente la influencia itálica en la ciudad.
El área arqueológica del PERI CA-4 de Cartagena constituye un excelente laboratorio en el que poder observar y analizar la evolución diacrónica del urbanismo, arquitectura y funcionalidad del sector oriental de la ciudad. Un área extensa y enormemente útil para comprender su urbanismo y poblamiento, donde la constatación de múltiples períodos históricos es extraordinaria ya que, aunque los datos arqueológicos son masivos en la ciudad, no siempre evidencian o corresponden a la diacronía y superposición de sus diferentes fases. La abundancia de los restos tardorrepublicanos representa un activo de gran valor, dada la abundante información que nos ofrece sobre un periodo hoy en día no lo suficientemente conocido. Si bien es cierto que los restos se encuentran en algunas ocasiones amortizados por las estructuras augusteas y altoimperiales, lo que dificulta en gran manera el poder identificar la función y finalidad de los edificios y sus ambientes, sí ha sido posible establecer e individualizar sus principales características.
Así pues, tras analizar detenidamente las estructuras tardorrepublicanas documentadas, podemos afirmar que los restos constructivos pertenecientes a la primera fase de ocupación propiamente romana corresponden, por lo general, a pequeñas estancias pavimentadas con tierra apisonada, a veces con finas capas exteriores de argamasa. Los espacios que constituyen los edificios están conformados por muros de mampostería y alzados de adobe, enlucidos en algunas ocasiones con cal o incluso launa. Son estructuras que, en el caso particular de las viviendas, se podrían considerar como herederas de las unidades domésticas púnicas de la fase precedente, caracterizadas por su planta rectangular y sus techumbres planas, con cubierta vegetal o de arcilla (launa), sustentadas mediante postes centrales o perimetrales. De igual modo, los espacios que las conforman son generalmente polifuncionales y no siempre resulta fácil constatar la existencia –o no– de un patio o espacio distribuidor (Madrid et al., 2017, pp. 69-71). Similares características constructivas presentan los espacios y edificios de carácter industrial-artesanal que convivieron con las casas dentro de este barrio tardorrepublicano. No obstante, tal como hemos podido ver previamente, su disposición posiblemente no resultó aleatoria, mostrando una ubicación premeditada que respondiera tanto a los requisitos de los artesanos y trabajadores como a la necesidad de evitar los posibles perjuicios propios de esta industria al resto de los habitantes del barrio.
En lo que respecta a la domus de los delfines, nos encontraríamos en presencia de una vivienda claramente itálica, dada su morfología y ornamentación. Una unidad doméstica correspondiente a un periodo en el que Carthago Nova había experimentado notables cambios a nivel urbanístico y morfológico como consecuencia de la influencia itálica. Una influencia cuyo origen podemos encontrar en la paulatina llegada de colonos itálicos que poco a poco se fueron instalando en la urbe desde finales del siglo III a.C., momento en el que la explotación de los recursos mineros y agropecuarios de su entorno favoreció el surgimiento de grandes flujos migratorios de libertos y siervos de ascendencia centro y suritálica (Noguera et al., 2024, p. 165). Cuando se analiza esta domus, se debe igualmente tener presente que nos encontramos ante un testigo material de un momento de inflexión dentro de la arquitectura doméstica de la ciudad. Un momento en el que las viviendas como la domus del telar, caracterizadas por su sencillez planimétrica, ornamental y constructiva, presencian el surgimiento, al tiempo que conviven, con las casas de corte itálico que, poco a poco, irán proliferando por toda la ciudad.
Cuando extrapolamos la información obtenida de la evolución diacrónica del PERI-CA4 con otras áreas arqueológicas de la ciudad, observamos ciertamente cómo se repite en gran medida un mismo (y por otra parte lógico) patrón. Las primeras viviendas erigidas durante la fase inicial de ocupación romana, entre finales del siglo III e inicios del siglo II a.C., contarán, tal como se ha referido, con una morfología sencilla y unas características propias de las casas púnicas precedentes, que se asemejan, en parte, a las viviendas de patio de carácter indígena empleadas por la población autóctona de la Península (Fernández García, 2017, pp. 45-46). Viviendas de tales características y similar cronología fueron exhumadas en otros puntos de la ciudad. Por ejemplo, en el actual cerro de la Concepción se documentó un conjunto de tres espacios parcialmente encajados en el sustrato rocoso natural que correspondían a una misma vivienda, que fue amortizada por la summa cavea oriental del teatro de la ciudad (Murcia et al., 2013, pp. 132-133; Ramallo et al., 2013, p. 32). Similares características también se constataron en otros espacios domésticos localizados en la zona, más concretamente bajo la denominada basílica occidental del teatro (Ramallo et al., 2013, p. 32).
Los espacios de carácter industrial-artesanal documentados en el PERI-CA4 nos recuerdan en gran medida al barrio artesanal excavado en la ladera noroccidental del cerro del Molinete, en el área conocida actualmente como la Morería. Aunque gran parte de las estructuras evidenciadas pertenecen principalmente al periodo augusteo-altoimperial, lo cierto es que las características de los restos tardorrepublicanos constatados sugieren que su función y finalidad no debió diferir mucho de la que posteriormente se desarrollaría (Egea et al., 2006, p. 50). Interesante es igualmente la ubicación de este barrio artesanal en los límites noroccidentales de la antigua ciudad, donde los perjuicios propios de los procesos industriales no afectarían al resto de la población, tal como hemos podido apreciar en menor medida en el PERI CA-4.
Contemporáneamente a la construcción de la domus de los delfines, observamos en Cartagena el surgimiento de otras viviendas con elementos puramente itálicos, como la referida domus bajo la iglesia de Santa María La Mayor (Gómez Marín, 2023, pp. 111-112), o la domus, algo más tardía, localizada en el solar n.o 1 de la calle Faquineto, fechada entre mediados y finales del siglo I a.C. y provista de un pavimento de opus signinum teselado (Vidal y Fuentes, 2007, p. 110). Estas unidades domésticas constituirán el punto de partida para la proliferación de otras viviendas provistas de características y elementos itálicos que jalonarán la ciudad durante los últimos compases del periodo tardorrepublicano, tales como la domus del pórtico, fechada en el último cuarto del siglo I a.C. (Gómez Marín, 2023, p. 112).
El periodo de renovación urbana experimentado por la ciudad desde mediados del siglo I a.C. va a suponer la destrucción y amortización de gran parte de estas viviendas tardorrepublicanas, tal como hemos podido ver en el PERI-CA4, con la edificación de un nuevo barrio doméstico augusteo, o con algunas de las unidades domésticas presentes en el cerro de la Concepción, amortizadas con motivo de la construcción del teatro. Se dio inicio así a una nueva etapa para Carthago Nova en la que morfológicamente “rompió” con su pasado republicano, al mismo tiempo que se construían grandes complejos públicos y espacios domésticos que la dotaron de una apariencia propia de las principales ciudades de la península itálica.
Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación “La arquitectura doméstica de Carthago Nova. Las viviendas púnico-romanas del Barrio Universitario: caracterización arqueológica e interpretación”, financiado por la Fundación Séneca y cuyo IP es J.M. Noguera Celdrán.
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