Reflexiones y cuestiones de un fenómeno económico en la antigüedad: el comercio del vino del noreste de la Tarraconensis

Perspectives and Considerations on an Ancient Economic Phenomenon: The Wine Trade of Northeastern Tarraconensis

Carlos Palacín Copado

Universidad de Barcelona

Montalegre 6

08001 Barcelona

palacin@ub.edu 0000-0001-7549-2167

Fecha recepción: 08-04-2025 | Fecha aceptación: 31-08-2025

Resumen Este estudio analiza el comercio de vino del noreste de la Hispania Citerior Tarraconensis durante el siglo I a.C. y el siglo I d.C., utilizando una base de datos exhaustiva que recopila y visualiza más de 14000 individuos anfóricos de más de 700 yacimientos. A partir de esta información, se examinan y visualizan las rutas comerciales, la expansión del comercio tarraconense y la adaptación de su producción a las demandas del Mediterráneo occidental y central. Se destaca el papel de nuevos tipos anfóricos, como la Pascual 1 y Dressel 3-2, en la logística y comercialización del vino. Además, se explora la naturaleza redistributiva de su comercio en diversos contextos y cómo este fenómeno económico pudo emerger de una necesidad social y económica histórica. Los resultados permiten comprender la reconfiguración de las redes comerciales y la resiliencia del sector vinícola ante los cambios económicos.

Palabras clave Vino tarraconense, comercio romano, economía vitivinícola, redistribución, evolución socioeconómica.

Abstract This study examines the wine trade of northeastern Hispania Citerior Tarraconensis during the 1st century BCE and the 1st century CE, using a comprehensive database that compiles and visualizes more than 14000 amphora remains from over 700 archaeological sites. Based on this dataset, it explores and maps trade routes, the expansion of Tarraconensis wine commerce, and the adaptation of its production to the demands of the western and central Mediterranean. Special attention is given to the role of new amphora types, such as Pascual 1 and Dressel 3-2, in the logistics and trade of wine. Furthermore, the study investigates the redistributive nature of this trade in different contexts and how this economic phenomenon may have arisen from a historically grounded social and economic imperatives. The results provide insights into the reconfiguration of trade networks and the resilience of the wine sector in the face of economic change.

Keywords Tarraconensis wine, Roman trade, viticulture economy, redistribution, socioeconomic evolution.

Palacín Copado, C. (2025): “Reflexiones y cuestiones de un fenómeno económico en la antigüedad: el comercio del vino del noreste de la Tarraconensis”, Spal, 34.2, pp. 143-175. https://dx.doi.org/10.12795/spal.2025.i34.17

Sumario

1. Introducción

2. La importancia de los antecedentes y los factores de origen

3. Una eclosión redistributiva

4. Breves reflexiones sobre los fundamentos del comercio tarraconense

5. Una hegemonía comercial sobre la Galia

6. Transformación y adaptación del viñedo del noreste de la Tarraconensis

7. Ánforas Dressel 3-2 y el giro comercial hacia las redes mediterráneas

8. ¿Una oportunidad histórica?

9. Conclusiones y valoraciones

Financiación

Bibliografía

Lista de figuras

Figura 1. Mapa de distribución de producciones cerámicas (ánforas ibéricas, cerámicas grises de la costa catalana, cerámica común ibérica y kalathoi sombrero de copa) fuera del ámbito peninsular. Mapa y datos editados por el autor.

Figura 2. Mapa de distribución de ánforas Dressel 1 citerior en el occidente romano: púrpura Dressel 1, negro dudosa o Greco-Itálica (Palacín, 2024a, p. 118, fig. 12).

Figura 3. Mapa de densidad y distribución de la Tarraconense 1 en el imperio romano. Mapa y datos editados por el autor.

Figura 4. Mapa de densidad y distribución de la Pascual 1 en el imperio romano (Palacín, 2024a, p. 274, fig. 44).

Figura 5. Mapa de densidad y distribución de Pascual 1 (superior) y Dressel 3-2 (inferior) en la Galia occidental y central (Palacín, 2024a, p. 633, figs. 158 y 159).

Figura 6. Mapa de densidad y distribución de las Pascual 1 y Dressel 3-2 en el Mediterráneo occidental y central (Palacín, 2024a, p. 374, fig. 56).

Figura 7. Mapa de densidad y distribución de la Dressel 3-2 en el imperio romano (Palacín, 2024a, p. 395, fig. 64).

Figura 8. Mapa de pecios con cargamento nortarraconense o que contienen al menos presencia anfórica nortarraconense. Tarraconense 1 – verde; Pascual 1 – rojo; Dressel 3 - naranja; Dressel 2 – amarillo; Dressel 2-4 – marrón; cargamento mixto tarraconense – violeta; cargamento secundario o testimonial tarraconense – gris; dudosos – cruz. Mapa editado por el autor con datos recogidos en el referente estudio (para consultar la selección con mayor detalle véase Palacín, 2024a, p. 329, fig. 51).

1. Introducción ^ 

Hace 36 años, Jordi Miró sentó las bases para el estudio del comercio vinario en el noreste de la Hispania Citerior Tarraconensis, revelando la intensificación de la producción de vino en la región catalana y el destino de los excedentes al comercio interprovincial durante el siglo I a.C. y I d.C. Este comercio, aunque variable en participación y cronología según las regiones, se correlacionó con el mercado imperial además de con algunos factores locales. Al final de su obra, J. Miró señaló la fragilidad de algunas hipótesis debido al conocimiento limitado sobre las infraestructuras económicas y comerciales de la región, como también al desconocimiento de las tipologías tarraconenses en algunos mercados de destino, subrayando la necesidad de futuras investigaciones para entender mejor este fenómeno (Miró, 1988, pp. 285-287).

Con posterioridad a 1988 no se ha realizado ningún estudio que trate a nivel global este particular fenómeno comercial. No obstante, algunos trabajos han avanzado respecto a la producción vinaria y anfórica local o al comercio del vino tarraconense en áreas específicas como la Galia, el limes germanicus, Britannia, la península ibérica, Italia o Cartago (para la evolución, retos y problemáticas de la bibliografía sobre el tema véase Palacín, 2024d). Los significativos avances efectuados en las últimas décadas en el conocimiento de la economía, sociedad y comercio global de la época hacen necesario actualizar y revisar los planteamientos de Miró, considerando la nueva información disponible.

Frente a esta problemática, el presente trabajo se sustenta en los resultados de una tesis doctoral recientemente defendida, fruto de un extenso e intenso vaciado de evidencias arqueológicas y teóricas que ha generado una base de datos que compila hasta 742 localidades con presencia de ánforas tarraconenses y un mínimo de 14213 individuos anfóricos (Palacín, 2024a). El vaciado se aleja de los clásicos sistemas de corpus epigráficos, priorizando los restos materiales documentados en una amplia bibliografía acumulada durante tres décadas y media por diversas academias europeas. Este proceso ha requerido una metodología y gestión de los datos exhaustiva que ha enfrentado diversos desafíos abordados y expuestos con claridad en la tesis (Palacín, 2022, pp. 223-228; Palacín, 2024a, pp. 26-34 y 864-885). Los resultados obtenidos, junto con sus visualizaciones, serán presentados, ilustrados y discutidos en las siguientes páginas.

2. La importancia de los antecedentes y los factores de origen ^ 

Para conocer el origen y naturaleza de este fenómeno hay que remontarse a los antecedentes económicos y sociales. Esto precisa alejarnos de buena parte de los análisis realizados hasta ahora, enmarcados en las primeras etapas de un fenómeno económico, hacia mediados del siglo I a.C. Cuando las ánforas de vino tarraconense, como la Tarraconense 1 y la Pascual 1, empezaban a alcanzar con fuerza los mercados galos, las motivaciones y bases del fenómeno ya se habían originado y empezaban a asentarse.

El conventus tarraconensis y su principal mercado de destino vinario, la Narbonensis occidental, presentan una historia de estrechas relaciones económicas y sociales desde la protohistoria. Desde los siglos VI y V a.C. ya se detecta en el Languedoc la importación de productos del noreste de la tarraconense (sobre la procedencia levantina de algunas de estas ánforas véase Gailledrat, 1997, pp. 181-183 y 281-283; Sanmartí, 2000, p. 317; Gailledrat, 2010, p. 494). Hacia los siglos V y III a.C. estos intercambios se intensifican, evidenciado a través de ánforas y vajillas, presentando los mayores índices de presencia por el Mediterráneo occidental hacia el siglo II a.C. La extensión por el sudeste de la Galia de elementos como la moneda y escritura ibéricas (Roman, 1983, pp. 149-171; Untermann, 1992; De Hoz, 1994, pp. 246-251; Gailledrat, 1997; Rancoule, 2003; Sinner y Ferrer, 2020, pp. 377-378) confirman el estrecho y longevo comercio y redes socioeconómicas de ambos territorios.

Se puede identificar el comercio de las cerámicas grises de la costa catalana y la cerámica común ibérica, pero también productos agroalimentarios a través de ánforas ibéricas y especialmente los kalathoi. La llegada de mercancías ibéricas al Languedoc parece relacionarse con el auge comercial de Emporion, que a lo largo del siglo II a.C. pasó a ser el principal puerto receptor de las mercancías provenientes de Italia (Sanmartí, 2000, p. 315; Sanchez, 2009, p. 457; Palacín, 2024a, pp. 83-84). La redistribución de estas mercancías benefició a la difusión de productos regionales. El alcance de esta redistribución no se limitó al Languedoc occidental, llegando de forma indirecta a otros mercados como el Languedoc oriental, Italia y el norte de África (fig. 1) (Peacock, 1986; Gailledrat, 1997, pp. 282-283; Py, 1994, pp. 207-265; Sanmartí, 2000, p. 317; Sanchez, 2009; Casini y Tizzoni, 2010, p. 170; Gailledrat, 2010, p. 429; Palacín, 2024a, pp. 73-82).

Figura 1. Mapa de distribución de producciones cerámicas (ánforas ibéricas, cerámicas grises de la costa catalana, cerámica común ibérica y kalathoi sombrero de copa) fuera del ámbito peninsular. Mapa y datos editados por el autor. ^ 

Dos eventos transformaron el mercado, generando una deriva comercial y algunos de los principales factores que dieron luz al fenómeno comercial del vino tarraconense: la fundación de Narbo Martius en el 118 a.C. y el auge del comercio desigual masivo del vino itálico en la Galia.

Narbo Martius contaba con una posición estratégica esencial, dentro de la creciente importancia política y económica de la Galia respecto a la república romana, que le otorgó progresivamente una mayor atención política y comercial que Emporion. Conformaba un nodo comercial en la confluencia de importantes corrientes marítimas mediterráneas y rutas terrestres que conectaban la costa mediterránea, la Galia central y el Atlántico de forma rápida y fácil a través del eje fluvial de los ríos Aude-Garona. Unas características que convirtieron a este puerto en uno de los principales mercados del Mediterráneo occidental.

Por otro lado, a finales del siglo II a.C. los mercados de buena parte de la Galia experimentaron un importante incremento del consumo del vino debido a factores tanto culturales como históricos. Las propuestas van desde la economía de bienes de prestigio y el potlatch (Tchernia, 1983, pp. 330-331; Tchernia 1986, p. 91), el vínculo entre el proceso de urbanización de los oppida y el consumo de alcohol (Tchernia, 1971, p. 80; Purcell, 1985, p. 15; Loughton, 2003, pp. 177-178; Loughton 2009, p. 102; Loughton 2014, p. 469) hasta la proliferación de fosas y pozos vinculados a rituales puede que funerarios o a divinidades ctónicas (Dietler, 1990, pp. 353-358 y 378-380; Poux, 1999, pp. 130-135).

Frente al aumento del consumo, y una aún muy escasa producción local, se generó una creciente demanda insatisfecha. Esto desencadenó un sistema de intercambios desiguales donde productores y comerciantes itálicos obtuvieron grandes beneficios, en especial mercancías de alto valor como esclavos y minerales. Este fenómeno económico se hace latente a través de los millones de ánforas de vino itálico, importadas a lo largo de la época tardorrepublicana, halladas a lo largo de los yacimientos ubicados en la Galia celta (Tchernia, 1986, pp. 85-86 y 100; Loughton 2003, p. 189; Olmer, 2003, p. 136; Olmer, 2011; Loughton y Alberghi, 2012; Benquet et al., 2013; Olmer et al., 2013; Loughton, 2014, p. 1). Una dinámica económica en la que se puede probar la participación de los viñedos del noreste tarraconense.

Paralelamente a estos sucesos, las nuevas condiciones socioeconómicas permitieron la expansión de una sólida viticultura local tarraconense que generó excedentes de vino rápidamente comercializado en los mercados locales. Pero la aparición de un fenómeno económico comercial, como el que caracterizó la costa central catalana durante la primera y segunda mitad del siglo I a.C., requirió múltiples factores. La fertilidad del territorio costero de la Hispania Citerior, especialmente en la Layetania, favoreció la adopción de un sistema vitivinícola hispano distinto al itálico, basado en viñas bajas de la variedad cocolobis (Varro. Rust. 1.8.5; Col. De Arb. 4.2; Plin. NH 14.3.13-14 y 14.4.29-31), lo que permitió una producción elevada, eficiente y de menor costo, generando excedentes y manteniendo precios competitivos (Tchernia, 1986, p. 187; Marzano, 2013, pp. 119-120). Aunque las referencias clásicas (Flor. Poet. 2. 8; Sil. 3. 369-370; Str. 3. 8) y modernas (Tchernia, 1987, pp. 329-330; Berni y Miró, 2013, p. 66; Miró y Járrega, 2019, p. 164) destacan esta fertilidad, V. Revilla ha cuestionado su valor, considerándolas un topos literario (Revilla 1995a, pp. 1-5; Revilla 1995b, p. 306; Revilla 2008, pp. 189 y 220; Revilla 2012, p. 81). En todo caso, las evidencias arqueológicas más tempranas son escasas y se centran en ánforas locales, prueba de una producción vitivinícola inicial en la costa catalana y de una comercialización aún limitada (Tremoleda, 2008; Castanyer et al., 2009, p. 57; Revilla, 2012, pp. 81-84; Álvarez Tortosa, 2023, pp. 57-76).

La urbanización temprana en el noreste de la Hispania Citerior a inicios del siglo I a.C., con la fundación de ciudades como Iluro y Baetulo, pudo incentivar el consumo y comercio del vino y de bienes manufacturados itálicos, influenciado por hábitos itálicos adoptados por la élite regional en proceso de romanización (Tremoleda y Castanyer, 2013, pp. 217-237; Olesti, 2016, p. 157; Palacín, 2024a, pp. 111-112). La cercanía de los viñedos a la costa y ciudades portuarias (Tchernia, 1971, p. 78; Álvarez Tortosa, 2023, pp. 79-101), combinada con una tradición naval local adaptada a sus costas que favorecía el uso de embarcaciones pequeñas y maniobrables, facilitó el transporte y exportación del vino (Brun, 2004, p. 264; Dell’Amico y Pallarés, 2007, p. 123; Izquierdo, 2009, p. 184; De Soto, 2013, p. 297; Palacín, 2024a, pp. 141-146). Factores regionales que, junto con las dinámicas del mercado, impulsaron el crecimiento de la economía vitivinícola local durante los dos siglos siguientes.

3. Una eclosión redistributiva ^ 

Hasta ahora, no se había considerado seriamente la participación del vino del noreste de Hispania Citerior en el comercio de finales de la república, como el abastecimiento de vino itálico a la Galia. Sin embargo, el vaciado de nuevas evidencias de Dressel 1 y Tarraconense 1 muestra que los vinos tarraconenses llegaron a la Galia antes o inmediatamente tras la conquista romana, extendiéndose también por la península ibérica y, en menor medida, alcanzando Italia y Germania, principalmente durante la primera mitad y el segundo tercio del siglo I a.C. (fig. 2).

Figura 2. Mapa de distribución de ánforas Dressel 1 citerior en el occidente romano: púrpura Dressel 1, negro dudosa o Greco-Itálica (Palacín, 2024a, p. 118, fig. 12). ^ 

La distribución de las ánforas tarraconenses de este primer periodo parece adaptarse a las rutas del comercio vinario itálico, sin destino específico hacia el Languedoc y el eje Aude-Garona, prefiriendo la vía del Ródano hacia los mercados interiores de la Galia. Con seguridad, no se trató de un comercio directo, la presencia de esta tipología en los yacimientos de destino como in itinere es escasa y muy secundaria. En los casos de pecios Cap Béar 3, Port Vendrés 9 o el Grand Bassin B siempre aparecen como carga secundaria acompañando cargamentos principales de ánforas Dressel 1 itálicas (Solier et al., 1981, p. 59; Castellvi et al., 2009, pp. 40-41; Sanchez, 2009, p. 267).

En términos generales, su participación en el escenario económico parece aprovecharse de las dinámicas del comercio vinario itálico. El vino nortarraconense entró en las redes comerciales al redistribuirse desde puertos del noreste de la Hispania Citerior como Tarraco o Emporiae, donde los porcentajes de ánforas itálicas de este periodo son elevados, entre el 61 y el 52% de las importaciones (Nolla, 1974, p. 188; Comas, 1987; Díaz García y Otiña, 2002, pp. 187-188; Aquilué et al., 2008; Gebellí, 2008, pp. 47, 51 y 60). Esta naturaleza comercial redistributiva continua y se incrementa en fases posteriores.

A mediados del siglo I a.C., dos eventos sociopolíticos y económicos impactaron significativamente los mercados del Mediterráneo occidental, contribuyendo al auge del comercio vitivinícola en el noreste tarraconense. La implementación de distribuciones gratuitas de cereal en Roma a partir del 58 a.C. y su institucionalización bajo Augusto, aumentaron la población plebeya urbana y su capacidad adquisitiva, incrementando la demanda de vino y otros productos (Hopkins, 1978, pp. 74 y 108; Tchernia, 1986, p. 183; Purcell, 1994, p. 664; Holleran, 2012, pp. 5-8; Palacín, 2024a, pp. 112 y 135-136). Este incremento de demanda redujo las exportaciones de vino itálico a otros mercados provinciales, quedando a partir de entonces estrechamente ligados al consumo urbano de Roma y el abastecimiento militar de zonas como el limes germanicus. A esto se sumó la confluencia de nuevos viñedos, galos, hispanos y orientales, que a mediados del siglo empezaron a desarrollarse con fuerza en las provincias.

Simultáneamente, las exportaciones de vino itálico hacia la Galia y otras regiones occidentales disminuyeron drásticamente en la segunda mitad del siglo I a.C. de posiciones cuasi monopolísticas hasta niveles marginales. Tras la hegemonía del ánfora Dressel 1A itálica, los posteriores tipos Dressel 1B, 1C y 2-4 nunca alcanzaron sus índices cuantitativos y porcentuales. Cada región se vio afectada y evolucionó de maneras diversas con características propias. En la Galia meridional y occidental las caídas de importaciones vinarias itálicas se vieron reemplazadas progresivamente por los vinos tarraconenses. En yacimientos como La Robine o La Mediathéque, en Narbona, se aprecian caídas del 80 al 25% a partir del 40 a.C. En la Toulosanne, en Toulouse, Auterive o Cornebarrieu, esta tendencia se repite, siendo tipos posteriores como la Dressel 1B tres veces inferior en número e incluso en algunos casos casi ausente. Hispania y Lusitania no quedaron al margen de estos efectos: Emporiae y Layetania experimentan una reducción significativa de la presencia de ánforas itálicas a favor de contenedores locales en pocas décadas (Cerdà et al., 1997; Alberghi, 2005, p. 409; Benquet y Gardes, 2008, p. 549; Marty, 2008; Loughton, 2009, pp. 99-101; Sanchez, 2009, pp. 249-250; Aquilué et al., 2010; Benquet, 2013, p. 156; Tremoleda y Castañer, 2013; Molina 2020, p. 66; Filipe, 2023; Palacín, 2024a, pp. 136-137 y 758-759).

Durante la segunda mitad del siglo I a.C. la producción y comercialización del vino tarraconense se adaptó progresivamente a un mercado cambiante. Las evidencias arqueológicas indican una expansión e intensificación de la viticultura en hinterlands urbanos y cuencas fluviales, especialmente Baetulo e Iluro (Tremoleda, 2008; Castanyer et al., 2009, p. 57; Revilla, 2012, pp. 81-84; Álvarez Tortosa, 2023, pp. 79-101). La organización de la producción, evidenciada por la epigrafía anfórica y la distribución de nuevos contenedores como el tipo Tarraconense 1, parece indicar la implantación en parte del territorio de un viñedo orientado a generar un excedente que permitiera obtener beneficios a través de su comercialización (fig. 3).

Figura 3. Mapa de densidad y distribución de la Tarraconense 1 en el imperio romano. Mapa y datos editados por el autor. ^ 

La limitada cronología como contenedor tarraconense predominante y su escasa presencia incluso en su momento de mayor expansión comercial, hacia la década del 30 a.C., señala el escaso impacto del tipo Tarraconense 1 en el Mediterráneo occidental. Hasta ahora se proponía una deriva comercial hacia la Galia oriental (Miró y Járrega, 2019, p. 166; González Cesteros et al., 2023, p. 170). No obstante, más allá de los individuos más tempranos, alrededor de mitad del siglo I a.C., la Tarraconense 1 no reprodujo el anterior patrón comercial de la Dressel 1 citerior.

Los hallazgos in itinere, como las concentraciones en puertos en Narbona o Lattes, señalan la principal ruta, como también el Languedoc como región de llegada de buena parte de estas exportaciones. Destacan dataciones de mediados y tercer cuarto de siglo, como La Médiathèque en Narbona o el puerto de Lattes, mientras que otras se prolongan al periodo augusteo (Sanchez, 2001, p. 208; Sanchez y Adroher, 2002, pp. 83, 94 y 101; Sanchez y Adroher, 2004, p. 335; Piqués et al., 2005, pp. 78-80; Sanchez, 2006; Sanchez, 2009, p. 132; Martínez Ferreras, 2013, p. 261; Maza y Silvino, 2013, p. 66-67; Pédoussaut, 2014, pp. 97-98; Sanchez 2015, p. 169; Bigot y Martínez Ferreras, 2017, p. 92; Rascalou y Martínez Ferreras, 2017, p. 75; Palacín, 2024a, p. 170). La presencia de la Tarraconense 1 se extiende con claridad por los yacimientos eje de los ríos Aude – Garona (Benquet, 2013; Loughton, 2014, p. 372; Benquet, 2018, p. 519; Benquet y Marty, 2020, p. 656; Palacín, 2024a, pp. 173-174).

El vino tarraconense parece alcanzar las redes atlánticas galas en dataciones tempranas del 60/50-30 a.C. a la altura del estuario de la Gironda, tal y como evidencian yacimientos tan relevantes como rue Dijeaux en Burdeos, Ma Maison y École Émile-Combes en Saintes, Périgueux y Coulon (Barraud et al., 1988; Berthault, 1989, p. 92; Berthault, 1998, pp. 451-452; Berthault, 2008; Landreau, 2012, p. 44; Landreau, 2015, pp. 368 y 380; Vernou y Hillairet, 2016, pp. 477-481). Desde el estuario pudo extenderse a zonas más alejadas como el valle del Loira, la Armórica e incluso Britannia. Las dataciones, no obstante, son controvertidas al aparecer en numerosos casos junto a tipos Pascual 1, cosa que podría rebajar su horquilla cronológica a periodos más tardíos como la década de los años 30 a.C. (Palacín, 2024a, pp. 178-179; Palacín, 2024b, pp. 505-506). En la Galia oriental hay poca presencia de la Tarraconense 1 y sus cronologías no parecen distar demasiado de las presentes en la parte occidental. En Auvernia, hacia la Galia Central, han aparecido concentraciones, aunque de presencia muy limitada.

La circulación del vino tarraconense aumenta respecto a la Dressel 1 en términos geográficos y cuantitativos en la cuenca occidental del Mediterráneo. La presencia de Tarraconense 1 supera la desembocadura del Ebro, alcanzando mercados más meridionales como Sagunto, Valentia, Cartago Nova e incluso Malaca, ya en la Bética, así como expandiéndose a lo largo del eje del Ebro, llegando a Lépida Celsa, Salduie y algunos yacimientos del interior de la Meseta (Palacín et al., 2022; Palacín, 2024a, pp. 180-182). En las Baleares aumenta su presencia, aunque con bajos porcentajes, no evidenciándose este mercado como un punto de escala hacia Italia. La llegada de estas ánforas a Italia parece deberse a un comercio de redistribución desde el Ródano, con hallazgos en Ventimiglia y el pecio de Capo Sagro, que explicarían su presencia en puertos como Ostia y Roma (Dell’Amico, 1992, p. 109; Cibecchini, 2014, p. 102; Cibecchini y L’Hour, 2015, p. 117-118; Cibecchini et al., 2018, p. 67-87; Palacín, 2024a, p. 183).

Aunque la Tarraconense 1 tuvo una dinámica comercial distinta a la Dressel 1 citerior, ambas coincidieron temporal y geográficamente en sus primeras fases de distribución, participando en un comercio de carácter redistributivo que aprovechaba las rutas ya consolidadas del vino hacia los mercados galos. Esta concurrencia queda reflejada en diversos hallazgos en la Galia oriental y central, como Bibracte (70-40 a.C.) o Sarliève y Gondole (80-50 a.C.) (Barral et al., 1998, p. 115; Loughton, 2014, pp. 228, 233 y 258; Loughton, 2016, p. 371; Palacín, 2024a, p. 174).

La Tarraconense 1 no constituyó la carga principal en los pecios, papel que correspondía a las ánforas ovoides béticas en pecios como el Illes Formigues y el Cala Bona 1, con las que compartían destinos y rutas (Martín Menéndez, 2008; López Mullor y Martín Menéndez, 2008b, p. 53; Quillon y Luaces, 2019, p. 300). En un contexto de creciente diversidad en las importaciones de vino en la Galia, es plausible que los productores del conventus tarraconensis adoptaran los entonces populares tipos ovoides (García Vargas et al., 2011, pp. 262-263; Miró y Járrega, 2019, p. 153; González Cesteros et al., 2023) para integrar sus excedentes en los cargamentos que alcanzaron, y se reconfiguraron, en puertos como Tarraco o Emporiae, en las rutas que comunicaban la Bética y los mercados de la Galia (Díaz García, 2019; Quillon y Luaces, 2019, p. 300; Mateo y Molina, 2019, p. 347; Palacín, 2024a, p. 166).

El contexto de la Tarraconense 1 es particular. Es claramente redistributivo, compartiendo cargamento de forma secundaria y encontrándose en porcentajes inferiores a las importaciones itálicas, no representando impacto alguno ni en su momento de mayor auge hacia el 30 a.C. Ejemplo de ello son los yacimientos de La Mediathèque (Narbona) donde representan el 10% mientras las itálicas retienen el 40% de las importaciones, el hábitat n.o 4 y cisterna del 5 chemin de La Planho (Viellle-Toulouse), con un máximo del 12-13%, o Les Chaumes (Gondole), en Auvernia, con el 4% (Sanchez, 2009, pp. 122-132; Benquet, 2013; Deberge et al., 2013, p. 209; Benquet, 2018, p. 519; Benquet y Marty, 2020, p. 656).

No obstante, la producción y difusión anfórica del noreste de la Citerior ya no es extraordinaria. Aparece un mayor número de centros con una organización productiva avanzada. Su comercialización está más extendida y relevante, acercándose progresivamente a las menguantes cifras itálicas en mercados occidentales e incluso atrayendo el interés de personajes foráneos del conventus.

4. Breves reflexiones sobre los fundamentos del comercio tarraconense ^ 

A medida que el flujo de vino procedente de Italia se redujo, los comerciantes y agentes de un nodo clave como Narbo probablemente dirigieron su atención hacia la costa catalana, una región con la que mantenían una larga tradición de intercambios y que ofrecía una economía vinícola en expansión. Aun así, el interés no tuvo por qué limitarse a galos e intermediarios. El desarrollo urbano tarraconense en las ciudades y la adopción de modos de consumo itálicos aumentaron la demanda de materias primas y bienes manufacturados de valor en el nuevo marco cultural. Esta demanda impulsó la importación de productos procedentes de diversos mercados mediterráneos como aceite, salazones, vajillas, piedras, metales preciosos, y posiblemente otros productos como telas y alimentos. Una llegada que se evidencia en el registro arqueológico local desde temprano y se mantuvo hasta el bajo imperio (Berni y Carreras, 2001, pp. 110-111 y 125-127; Berni y Carreras, 2009, pp. 46-47 y 55-62; Izquierdo, 2013, pp. 317-318; Carreras, 2021, pp. 63-65).

Decenas de pecios aparecidos en las rutas que protagonizaron este comercio indican un continuado tráfico de exportación vinaria que se forjó entre la costa septentrional de la Tarraconensis y otros mercados a partir de mediados del siglo I a.C. No obstante, se ha explorado poco la importancia de que las embarcaciones, fueran locales o foráneas, debieran transportar suficiente carga en su viaje de ida/vuelta para garantizar una navegación estable y segura.

Pocos pecios pueden considerarse como cargamentos de retorno. Generalmente contienen productos variados, como ánforas olearias y de salazones béticas, ánforas galas, vajillas y lingotes de cobre y estaño de posible origen bretón. Estos cargamentos heterogéneos sugieren un puerto de origen conectado con otros mercados del imperio, donde convergían diferentes rutas. Pecios como Culip IV, V y VIII ilustran esta diversidad de cargamentos (Nieto, 1986, pp. 86-99; Nieto et al., 1989, pp. 59-222; Rico, 2022, p. 145), a los que podría añadirse el de Illes Formigues II, aunque su origen y destino sigue siendo debatido (De Juan et al., 2020, p. 265). En este escenario, Narbo pudo cumplir un importante papel de redistribución de bienes hacia zonas como la Layetana. La disminución de la importancia de Emporiae como nodo comercial en favor de Narbo Martius probablemente limitó el acceso de la costa catalana a bienes importados directamente.

Se trató, por tanto, de un comercio que benefició a ambas partes. Por un lado, los comerciantes de Narbo obtenían un producto muy demandado a buen precio. Por otro, los viñedos de la Citerior obtenían ganancias por sus excedentes y las ciudades del noreste tarraconense accedían a materias primas y productos manufacturados de la Galia y del resto del Mediterráneo.

Llegados a este punto, es importante considerar las motivaciones detrás del crecimiento de los viñedos y las exportaciones de vino tarraconense. Más que en sacar partido a simples excedentes, según la economía vitivinícola se fue intensificando, el objetivo pudo estar más centrado en obtener recursos y bienes manufacturados utilizando el vino como moneda de cambio. La solución probablemente se encuentre en los cargamentos de los barcos de vuelta, cuyas evidencias arqueológicas, desafortunadamente, son insuficientes o han pasado desapercibidas hasta ahora.

5. Una hegemonía comercial sobre la Galia ^ 

El sector vitivinícola de la Tarraconensis experimentó un notable crecimiento entre el 30 a.C. y el 10 a.C., expandiéndose hasta las primeras décadas del siglo I d.C. Este proceso se refleja en el aumento de asentamientos vitivinícolas y alfares, con más de 100 yacimientos con evidencias de prensas y almacenaje en la costa catalana, como también el aumento de la cantidad y complejidad de sus producciones (Revilla, 1993; Revilla, 1995b; Juan Tresserras, 1998; Buxó, 2004; Castanyer et al., 2009, pp. 52 y 54; Beltrán de Heredia y Comas, 2009; Prevosti, 2009; Revilla, 2012, p. 88, f. 2; Tremoleda, 2015). Las figlinae costeras de este periodo ascienden a más de 80 en la costa catalana, especialmente en la Layetania, en los territorios de ciudades como Iluro, Baetulo, Barcino, el camp de Tarragona y algunas zonas de la Cataluña septentrional. No obstante, la aparición y desarrollo de la vitivinicultura no fue homogénea ni a nivel cronológico ni cuantitativo en todo el territorio (Miró, 1988, p. 12; Revilla, 1995a; Revilla, 1995b, pp. 310 y 314-315; Revilla, 2004, pp. 163-164 y 173; Tremoleda, 2008, p. 116, f. 2; Revilla, 2012, p. 85; Colom, 2021, p. 21, f. 4).

Aunque este periodo ha sido calificado en ocasiones como de “boom” o “éxito” a nivel comercial, si se observa la progresión que este fenómeno mantuvo hasta el último tercio del siglo, se puede apreciar que se trató de una fase de consolidación y gradual intensificación de unas dinámicas económicas ya existentes. El aumento de la productividad, comercio y consumo de vinos nortarraconenses se evidencia especialmente a nivel arqueológico por la presencia y distribución de ánforas del tipo Pascual 1, tanto dentro como fuera del conventus tarraconensis (fig. 4); un nuevo tipo de ánfora, originario de esta zona, aparentemente evolucionada de las Tarraconenses 1C y E (Colom, 2021, pp. 4-5 y 908; González Cesteros et al., 2023, pp. 173-175), cuyo cambio pudo estar motivado por razones prácticas y técnicas estrictamente vinculadas a su función en el transporte. La forma fusiforme de la Dressel 1 aún era referente y frecuente en las redes galas, por tanto, el tipo Pascual 1 pudo ser un ánfora que los mercados receptores pudieron gestionar más fácilmente en términos de transporte, almacenaje e incluso estimación fiscal.

Figura 4. Mapa de densidad y distribución de la Pascual 1 en el imperio romano (Palacín, 2024a, p. 274, fig. 44). ^ 

El comercio pasó de una constitución redistributiva a convertirse en un suministro a gran escala. Los primeros barcos con un cargamento importante de procedencia tarraconense aparecen hacia el 50-30 a.C., como el Cala Bona I con restos de Dressel 1 citerior y 80 individuos de Tarraconense 1 (Foerster, 1980; Miró, 1988, p. 125; Nieto y Raurich, 1998; Dell’Amico y Pallarés, 2007). Hasta la década de los años 30 a.C. el ánfora Pascual 1 concurrió en cargamentos heterogéneos junto a otras tipologías tarraconenses, aunque acaparando progresivamente mayor importancia. Ejemplos de este auge son los pecios Cap Béar 3, 50-25 a.C.: 162 Dressel 1B, 16 Dressel 12, 30 Pascual 1 y fragmentos de Tarraconense 1; Port Vendrés 4, 40-30 a.C.: 36 Dressel 1B, 31 Pascual 1, 22 Lamboglia 2, 1 Dressel 1A y 1C (Liou y Pomey, 1985, pp. 547-551; Colls, 1986; Liou, 1987, p. 274; Miró, 1988, p. 126; Nieto y Raurich, 1998, p. 121; Martínez Ferreras et al., 2015). Los primeros casos de cargamento completo de Pascual 1 pudieron ser el Aiguablava I, datado en el 40-30 a.C., y el Cap de Vol hacia el 30-20 a.C. (Foerster, 1980; Geli, 2020; Palacín, 2024a, p. 275).

En los mercados galos se documenta desde la conquista romana o en los años inmediatos a esta, concentrándose inicialmente en la zona costera, destacando yacimientos del Languedoc, como Les Baux-de-Provence, Narbona o Lattes, y alcanzando de forma más esporádica el interior de la Galia, con casos en Cornebarrieu, Les Chaumes, Châtillon-sur-Indre o Bibracte (Arcelin, 1981, pp. 121-122; Dedet y Salles, 1981, figs. 37.4-5 y 43; Desbat, 1987, p. 408; Ferdière y Villard, 1993; Paulnier y Luginbühl, 2004, pp. 239 y 272-273; Sanchez y Adroher, 2004, p. 335; Barthélémy-Sylvand, 2005, p. 146; Marty, 2008; Sanchez, 2009, pp. 132, 189, 286 y 290, f. 225; Sanchez, 2010, p. 11; Desbat, 2012; Riquier, 2012; Deberge et al., 2013, p. 209; Benquet y Marty, 2020, p. 656; Palacín, 2024a, p. 276; Palacín, 2024b, pp. 505-506).

Los datos de la Galia occidental muestran, en este mercado aparentemente distante, una temprana presencia y progresiva consolidación de las Pascual 1 alcanzando el Atlántico y redistribuyéndose por sus redes hacia el 60-30 a.C., apareciendo tempranamente en Burdeos, Mortagne-sur-Gironde, Coulon y Angers. Hacia el 40-30 a.C. está presente en importantes nodos comerciales como Orleans, Vienne o Lyon (Galliou, 1987; Barraud et al., 1988; Berthault, 1989, p. 92; Galliou, 1991; Berthault, 2008, pp. 619 y 621; Bouvet et al., 2009, pp. 181-182; Landreau, 2012, p. 44; Loughton, 2016, p. 372; Palacín, 2024a, p. 276; Palacín, 2024b, pp. 505-506).

La evidencia del tipo Pascual 1, y por tanto del comercio de vino tarraconense en este período, muestra una clara expansión cuantitativa y geográfica. Con todo, la exportación de vino tarraconense parece estar principalmente orientada a abastecer el puerto de Narbo. Esta tendencia comercial se refleja en la concentración exclusiva de naufragios con cargamentos homogéneos de Pascual 1 en la ruta hacia Narbo. Más allá del Languedoc, en las redes marítimas entre la Galia e Italia, aparece únicamente en pecios cuyos cargamentos heterogéneos, en productos y orígenes, indican una naturaleza redistributiva, probablemente procedentes de Narbo. La distribución terrestre confirma esta tendencia. En el reciente vaciado, el 72.3% de los individuos de Pascual 1 de todo el imperio han aparecido en las provincias galas.

El sorpasso al menguante comercio vinario itálico se materializó a partir del 30 a.C. (Sanchez, 2009, pp. 153-154; Sanchez, 2015, p. 169; Palacín, 2024a, pp. 447-448 y 453), dominando el mercado del consumo del vino en el sur y oeste de la Galia durante el último tercio del siglo I a.C. y primeras décadas del I d.C. Entre los años 20 a.C. – 20 d.C., se aprecia un notorio auge e intensificación del comercio de los vinos nortarraconenses a través de la Pascual 1, alcanzando su presencia más del 50% del total de importaciones anfóricas. Hay numerosos casos recogidos, siendo los centros más notorios comercialmente: Narbona, Blagnac, Burdeos, Barzan, Rezé, Angers, Vannes, Quimper o Rennes (Galliou, 1982; Galliou, 1987; Siraudeau, 1988, pp. 41-47; Galliou, 1991; Guitton y Thébaud, 2001, pp. 293-294; Mortreau, 2005, pp. 89 y 94; Sireix et al., 2007; Berthault, 2008, pp. 619 y 621; Bourdartchouk et al., 2008; Brunie, 2010, p. 526; Sanchez, 2011, pp. 350 y 357; Berthault, 2013, p. 123; Laubenheimer, 2015, p. 188; Sanchez, 2015, p. 168; Benquet y Marty, 2020, p. 665).

Parece tratarse de un fenómeno especialmente intenso, indicando algunos niveles arqueológicos la llegada de la mayoría de Pascual 1, cincuentenas o incluso cientos, en fases temporales muy breves. Numerosos yacimientos muestran este fenómeno, destacando en la Galia meridional y occidental los casos de Chapeau Rouge, en Burdeos, con 268 Pascual 1 y 4 Dressel 3-2, en la década del 10 d.C., representando el 84.7% de todas las importaciones tarraconenses halladas en el yacimiento; o Rennes, 133 Pascual 1 concentradas en los años 10/15 – 30 d.C. (Labaune et al., 1997; Berthault, 2009, p. 148). Autores como J. Siraudeau, S. Mauné o C. Barthélémy-Sylvand consideran que en algunas regiones la ratio de importación cantidad/tiempo fue mayor que en la fase itálica previa (Siraudeau, 1988, pp. 227-228; Mauné, 1997, pp. 469-470; Barthélémy-Sylvand, 2005, p. 146). Las evidencias de importaciones intensas se repiten en algunos yacimientos de la Galia oriental, septentrional e incluso en campamentos del limes (Desbat y Martin-Kilcher, 1989; Galliou, 1991; Laubenheimer y Humbert, 1992; Ehmig, 2010, p. 36; González Cesteros, 2014, p. 158; Laubenheimer, 2015, p. 186).

La preferencia por la corriente comercial hacia Narbo se confirma, por otro lado, con la presencia secundaria de las Pascual 1 en contextos de consumo en la Galia oriental o el Mediterráneo central. En Hispania, la Pascual 1 se concentró en el valle del Ebro, las Baleares y partes de la costa oriental, mientras que en Italia su aparición fue casi excepcional, probablemente debido a una redistribución desde nodos de la Galia Narbonensis o las Baleares (Palacín et al., 2022, pp. 85-89; Palacín, 2024a, pp. 728-729, 747-754, 763-764, 772-779; Palacín, 2024c, pp. 575-577).

Este patrón global sugiere una naturaleza comercial donde la mayoría de los contratos y acuerdos previos se establecían en gran medida con negotiatores de Narbona, locales e itálicos, quienes luego se encargarían del almacenamiento, redistribución y ventas desde la ciudad hacia mercados interiores, mayoritariamente y, en menor medida, a otros mercados mediterráneos. No se trataría de un fenómeno singular, asemejándose al sistema de distribución de otros puertos mediterráneos con puntos de ruptura de carga, como Arlés, Lyon u Ostia (Rico, 2022, p. 153).

La extensión de la Pascual 1 como contenedor vinario hegemónico en las redes comerciales nortarraconenses tuvo dos efectos clave. Por un lado, provocó la aparición de imitaciones en alfares de la Galia Narbonense, Aquitania, Galia Central e Ibiza (Marimon, 2005, pp. 206-207; Vernou y Berthault, 2005, pp. 376 y 387-388; Barthélémy-Sylvand et al., 2007; Ramon Torres, 2008, pp. 236-266; Marimon, 2010; Cribellier y Fourré, 2011, pp. 161-162; Dumasy et al., 2011, pp. 132 y 144; Saint-Raymond et al., 2021; González Cesteros et al., 2023, p. 171). Probablemente con la aspiración de poner en circulación excedentes vinarios locales junto a los cargamentos de Pascual 1 tarraconense que circulaban por sus redes comerciales (Marimon, 2005, pp. 206-207; Palacín, 2024a, pp. 411-417 y 751-752).

Por otro lado, la llegada masiva y rápida de vino tarraconense a la Galia meridional y occidental generó una abundante presencia material residual de estos contenedores en niveles tardíos, complicando la datación del fin de sus exportaciones (Palacín, 2024a, p. 279; Palacín, 2024b, p. 507). A partir del cambio de Era su presencia se rarifica rápidamente en mercados principales y secundarios, siendo progresivamente reemplazada por el tipo Dressel 3-2. No obstante, las exportaciones de Dressel 3-2 en la Galia no alcanzaron el mismo nivel de exportación, dificultando aún más definir el cierre de las exportaciones vinarias tarraconenses a la Galia (fig. 5).

Figura 5. Mapa de densidad y distribución de Pascual 1 (superior) y Dressel 3-2 (inferior) en la Galia occidental y central (Palacín, 2024a, p. 633, figs. 158 y 159). ^ 

6. Transformación y adaptación del viñedo del noreste de la Tarraconensis ^ 

Para comprender las transformaciones comerciales que comenzaron a gestarse en el cambio de Era, es importante considerar la influencia de las dinámicas políticas y socioeconómicas al final de la República y el comienzo del Principado. Estas dinámicas influyeron en la evolución de este fenómeno durante la primera y segunda mitad del siglo I d.C.

Un factor esencial fue el proceso de “emancipación económica” de algunas provincias respecto a su dependencia de Italia en productos de consumo, algunos de alta demanda y valor, como el vino (Tchernia, 1971, p. 81; Manacorda y Panella, 1993; Panella, 2001, pp. 178-179). Durante el principado de Octavio Augusto, la vitivinicultura de la Galia Narbonense se expandió, iniciando importantes viñedos, incluso en climas más hostiles con nuevas cepas y técnicas. Antes de mediados del siglo I d.C. los viñedos se extendieron por la Galia oriental, especialmente en las cercanías del estuario de Gironda y el valle del Loira, coincidiendo con la disminución en las importaciones de vino tarraconense, particularmente en regiones como Burdeos y Berry hacia mediados del siglo I d.C. Pocas décadas después, se iniciaron las imitaciones de ánforas Pascual 1, Dressel 2-4, Gauloise 4 y progresivamente nuevos tipos originales, indicando el inicio de una economía más comercial y autosuficiente en estas regiones. Algunas de estas imitaciones, especialmente de Pascual 1 y Dressel 2-4 en la región del Loira, se remontan al reinado de Tiberio (Barthélémy-Sylvand, 2008, p. 161; Cribellier y Fourré, 2011, p. 161; Dumasy et al., 2011, pp. 130-132 y 148).

En resumen, a lo largo de la primera mitad del siglo I d.C., las regiones que anteriormente importaban vino tarraconense se convirtieron en productoras y exportadoras, cubriendo la demanda local y reduciendo gradualmente la presencia del vino tarraconense, que terminó por desaparecer en la segunda mitad del I d.C. Otras regiones afectadas por el comercio vinario nortarraconense, como el Valle del Ebro, las Baleares o la costa oriental de la Tarraconensis, experimentaron fenómenos similares, pero en una cronología muy posterior y con efectos diferentes.

Por otro lado, en los últimos años de la república, el crecimiento demográfico en las ciudades itálicas impulsado por los repartos de grano, especialmente en Roma, generó un auge de la demanda de vino que causó constantes problemas de abastecimiento (Tchernia, 1971, pp. 79-80; Purcell, 1985, p. 15; Tchernia, 1986, pp. 183-200). La demanda continua provocó una ausencia de competencia comercial, incentivando la proliferación de viñedos locales de producciones prolíficas y económicas como la importación de vinos baratos. Esta relación entre el aumento de la urbanización/poblaciones urbanas con la expansión de los viñedos comunes y de abundantes está probada en otros periodos históricos (Dion, 1959, pp. 130-131 y 460-491).

La “democratización” del consumo de vino en Roma provocó un segundo efecto, llevando a las élites a buscar vinos más exclusivos para distinguirse socialmente. Durante el periodo julioclaudio, creció el interés por viñedos y vinos de alta calidad y prestigio (Purcell, 1985, pp. 5-6; Tchernia, 1986, p. 125; D’Arms, 1995; Tchernia, 1995, pp. 300-303; Komar, 2020, pp. 87-110; Palacín, 2024a, pp. 348-357). Esto se reflejó en el comercio de estos productos y en la literatura, apareciendo escritores especializados en vitivinicultura, nuevas técnicas de producción y consumo o las listas de vinos y viñedos de prestigio. Ejemplo de ello son los agrónomos Iulius Atticus y Iulius Graecinus o las referencias directas e indirectas a la variedad y calidades de vinos y modos de consumo en obras de autores como M. Tulio Cicerón, Estrabón, M. Valerio Marcial, D. Junio Juvenal, Luciano de Samosata, C. Plinio Cecilio Segundo o especialmente L. Junio Moderato Columela y C. Plinio Segundo. El consumo de vinos de prestigio, además, no se limitó exclusivamente a las élites, ya que sectores medios o modestos pudieron acceder ocasionalmente a estos productos en determinados contextos sociopolíticos o a través de formatos de capacidad reducida, aunque su circulación y apropiación seguía marcadamente condicionado por el estatus social (D’Arms, 1995, p. 312; La Penna, 1995, p. 274; Tchernia, 1997, p. 300; Palacín, 2024a, pp. 348-349).

En términos generales, este escenario de consumo acabó configurando un mercado vinario con una demanda de vino elevada y diversificada. Además, el contexto comercial de inicios del principado, con unas crecientes interrelaciones económicas provinciales, se vio facilitado por mejoras en los sistemas de comunicación terrestre y marítima, así como transformaciones de algunas formas de transporte de bienes (Palacín, 2024a, pp. 364-377).

El reciente estudio sugiere que la disminución de la dependencia de la Galia de las importaciones de vino tarraconense afectó negativamente al valor y la competitividad de estas en sus mercados, reduciendo su rentabilidad y haciendo más costosa la adquisición de bienes de consumo mediterráneos para los comerciantes del noreste de la Tarraconensis. Simultáneamente, los mercados del Mediterráneo central que experimentaron un aumento en la demanda de vino, especialmente en ciudades itálicas como Roma y Ostia, ofrecían una salida más estable para los vinos y una adquisición de bienes más directa y menos costosa al reducir la cadena de intermediarios que podían representar nodos comerciales como Narbo. Este cambio de enfoque hacia el Mediterráneo central fue gradual, representando una opción más rentable pero también más arriesgada para los productores y comerciantes del noreste de la Hispania Citerior Tarraconensis (Palacín, 2024a, pp. 390-393).

Hay numerosas evidencias que señalan la gran capacidad de adaptación, una vez más, de la economía vitivinícola a las transformaciones de las redes y la demanda de los mercados mediterráneos. Una evidencia es la progresiva adopción del tipo anfórico Dressel 3. Un popular tipo procedente de la isla de Cos, ligada al comercio vinario, adoptada por los productores itálicos y con una notoria presencia en los mercados y redes del centro-mediterráneo. Las producciones tarraconenses se iniciaron en el último tercio del siglo I a.C., aunque la progresiva substitución de la Pascual 1 no se aprecia con claridad, ni en pecios ni en mercados de destino, hasta las primeras décadas del I d.C.

La elección del tipo Dressel 3 pudo haber convertido, de nuevo, al vino tarraconense en una mercancía fácil de organizar en los procesos de almacenamiento, carga, cálculo de capacidades y pago de impuestos en las redes y puertos del Mediterráneo central, dirección hacia la que gravitaba buena parte de la demanda romana de vino. Además, este contenedor podría almacenarse e integrarse o combinarse sin dificultades con cargamentos de vino itálico, facilitando su redistribución hacia puertos y mercados mediterráneos secundarios. Esto incluiría redes y mercados continentales, como el eje del Ródano, junto a otras ánforas mediterráneas, dirección a los mercados interiores galos o al limes germanicus (Palacín, 2024a, p. 393). En consecuencia, la selección de la Dressel 3 pudo incrementar el potencial de adquisición y circulación de los vinos nortarraconenses, al convertirlo en un producto atractivo, fácilmente almacenable y redistribuible desde los principales nodos comerciales.

Paralelamente a estas transformaciones de la demanda, se aprecia una intensificación de la producción de vino y ánforas, y por tanto de las exportaciones, en algunas regiones determinadas, especialmente Barcino y su hinterland (López Mullor y Martín Menéndez, 2008a, pp. 701-705; López Mullor y Martín Menéndez, 2008b, pp. 64-75; Beltrán de Heredia, 2009; Carreras, 2009; Olesti, 2009; Carreras, 2013, pp. 340-346; Olesti, 2013; Berni, 2015; Carreras, 2015, pp. 65 y 75; Berni y Miró, 2020, pp. 130-131; Miró, 2020, pp. 214-215; Colom, 2021; González Cesteros et al., 2023, pp. 176-184). Aunque esto se refleja en fuentes literarias y la evidencia material de algunos alfares y pecios, contrasta con una menor presencia cuantitativa global de las Dressel 3 y 2 en comparación con la Pascual 1. Hasta ahora, fuera del conventus Tarraconensis, se han contabilizado 7262 ejemplares de Pascual 1 frente a 3464 de los tipos Dressel 3 y 2 (Palacín, 2024a, p. 864). Esta disparidad podría deberse a la concentración del aumento productivo en zonas determinadas como por una menor documentación de los tipos Dressel 3 y 2 en los yacimientos de destino, a diferencia de la más reconocible Pascual 1.

Otra evidencia de la adaptabilidad de la vitivinicultura tarraconense es la mayor variedad de vinos producidos durante este periodo. Por un lado, las conocidas referencias literarias a la alta calidad de los vinos de Tarraco, Lauro y Baleares, y otros de alta productividad, pero calidad mediocre, como los de Layetania (Flor. Poet. 2.8; Juv. 5.23; Mart. 1.26.9; 7.53.6; 13.118; Plin. NH. 14.71; Sil. 3.369-370). Por otro lado, se han documentado tituli picti sobre ánforas Dressel 3-2 que refieren a vinos con añejamientos de media de 4 años, con una procedencia explícita de Lauro o en ánforas procedentes de Tarraco. Algunos autores han vinculado la calidad del vino con zonas específicas, como los vinos de Tarraco y Lauro, mientras que Barcino y el área del Llobregat se asocian con los mediocres vinos layetanos (Berthault, 2008, p. 622; Berthault, 2009, p. 151; Berthault, 2013, p. 131; Berni, 2018, pp. 231-233; Miró, 2020, p. 228; González Cesteros et al., 2023, pp. 180-182). También, se han hallado elementos que podrían indicar el transporte de vinos más jóvenes o humildes, como tapones perforados y dolia.

Estas propuestas pueden resultar algo especulativas. El registro arqueológico muestra que la oferta de vinos de las diferentes regiones exportó tanto calidades genéricas como de prestigio, evidenciándose en Narbona, Roma o Cartago ánforas Dressel 3 y 2 con tituli picti de vinos añejados de 3 a 4 años, procedentes del Llobregat y Layetania (Liou, 1993, p. 135, PN9, fig. 3; Berni y Miró, 2020, n. 44-50 y tabl. 7; Palacín, 2024a, pp. 361-363, Anex. 3). Además, la proliferación de referencias escritas y materiales a diversos vinos no debe interpretarse como el inicio de producciones diversificadas para los viñedos tarraconenses. Existen evidencias de una dualidad de vinos de calidad y mediocres antes del cambio de Era, tanto de tapones perforados como de tituli picti sobre Pascual 1 que indican añejamientos de entre 3 y 5 años (Watier, 1988, pp. 41-44; Liou, 1993, PN6, f. 2; Berthault, 2008, p. 622; Palacín, 2024a, pp. 361-362, Anex. 3).

Conforme la demanda de los mercados evolucionó, los viñedos de la Tarraconensis aumentaron el margen de producción de los vinos jóvenes pudiendo abastecer la creciente demanda de vino humilde. Lo mismo ocurrió con los vinos añejados, con la diferencia de que, con la mayor sofisticación de la demanda, sus ánforas pasaron a “etiquetarse” de forma más frecuente con los respectivos tituli picti e incluso a señalar la denominación regional del viñedo.

A nivel global, la selección del contenedor, aumento de la producción o las indicaciones de las variedades de vino son evidencias que muestran una consciente adaptación y transformación de la producción y la exportación del vino por parte de los productores del noreste de la Tarraconensis a los constantes cambios del mercado y demanda de vino en las redes del Mediterráneo occidental y central. La distribución de las ánforas Dressel 3 y 2 tarraconenses aparecidas en cargamentos de barcos y destinos de consumo son, sin lugar a duda, la evidencia más importante a este respecto como se apreciará en el siguiente apartado (fig. 6).

Figura 6. Mapa de densidad y distribución de las Pascual 1 y Dressel 3-2 en el Mediterráneo occidental y central (Palacín, 2024a, p. 374, fig. 56). ^ 

7. Ánforas Dressel 3-2 y el giro comercial hacia las redes mediterráneas ^ 

El vaciado, visualización y análisis de las evidencias de ánforas Dressel 3-2 tarraconenses revela una menor presencia de vinos del noreste de Hispania Citerior en la Galia, en comparación con la Pascual 1. Una contracción comercial que coincide con una expansión significativa por los mercados del Mediterráneo occidental y central (fig. 7). Esta transformación comercial es evidente en las redes marítimas: donde antes los barcos transportaban exclusivamente ánforas Pascual 1 entre la costa catalana y Narbo, ahora llevan cargamentos de Dressel 3-2 por una variedad de rutas directas y destinos más amplios, incluyendo Italia, el levante y sur peninsular, Baleares y posiblemente África (Palacín, 2024a, pp. 373-375). Como resultado, se observa un aumento en el número de pecios con ánforas tarraconenses en contextos de comercio tanto directo como de redistribución.

Figura 7. Mapa de densidad y distribución de la Dressel 3-2 en el imperio romano (Palacín, 2024a, p. 395, fig. 64). ^ 

El auge comercial de esta fase es difícil de determinar debido a los variados mercados que la Dressel 3-2 abasteció, teniendo cada escenario comercial características y una evolución particular. El proceso de giro comercial hacia las Dressel 3-2 y las redes mediterráneas se acelera hacia el 15 d.C., momento en que la mayoría de los alfares del Llobregat se encuentran activos, estando en vías de consolidarse en mercados de Hispania e Italia y habiendo alcanzado mercados distantes como la Galia Lugdunensis o la Germania Superior e Inferior desde hacía ya tres décadas. Está ya presente para dataciones del 30-10 a.C. en Narbona, desde donde se distribuyó hacia Toulouse, Burdeos y Angers. Se documenta en Rezé, Lyon o Dangstetten (Germania Superior) desde fechas tan tempranas como el 15 a.C. Para el cambio de Era ya alcanzaba con frecuencia mercados itálicos (Ostia y Roma), el canal de la Mancha (Corseil, Avranches y Rouen) y su presencia se extendió más por el limes germanicus (Neuss, Haltern y Oberaden) (Carreras, 2013, p. 346; Carreras, 2015, p. 75; Palacín et al., 2022, pp. 83-89; Palacín, 2024a, pp. 394-395, 736-742, 748-751, 765-766 y 780-833).

En la primera y segunda década del siglo I d.C. ya se percibe un predominio de pecios con cargamento primario de Dressel 3, como el Dramont B en el 5 d.C. o el Planier 1, Chretienne H, Île Giraglia, Sud-Lavezzi 3 y el Perduto 1 datados en cronologías entre el 1 y el 20 a.C. (Corsi-Sciallano y Liou, 1985, pp. 60, 71-94, 108-118 y 130-147; Dell’Amico y Pallarés, 2007, pp. 61-64 y 75; Palacín, 2024a, Anex. 1). La atención sobre los pecios con cargamento primario, indicativos de un comercio directo entre los puertos hispanos e itálicos, ha atraído la atención de los estudios durante décadas, creando una visión sobre el comercio tarraconense muy simplificada, alejada de su compleja naturaleza. Respectivamente, con el reciente vaciado de datos, se ha constatado la presencia de Dressel 3-2 en el cargamento de numerosos pecios que realizaban comercio de redistribución en las costas galas e italianas más allá de los principales puertos. Sin contar los pecios de barcos cargueros de dolia que las propuestas de C. Rico introducen en esta categoría, se pueden identificar con seguridad 14-16 pecios de comercio redistributivo en las costas galas, 7 en las costas italianas y uno en la costa africana (fig. 8) (Rico, 2015, pp. 221-226; Palacín, 2024a, Anex. 3).

Figura 8. Mapa de pecios con cargamento nortarraconense o que contienen al menos presencia anfórica nortarraconense. Tarraconense 1 – verde; Pascual 1 – rojo; Dressel 3 - naranja; Dressel 2 – amarillo; Dressel 2-4 – marrón; cargamento mixto tarraconense – violeta; cargamento secundario o testimonial tarraconense – gris; dudosos – cruz. Mapa editado por el autor con datos recogidos en el referente estudio (para consultar la selección con mayor detalle véase Palacín, 2024a, p. 329, fig. 51). ^ 

Durante el principado de Tiberio, las ánforas Dressel 3-2 tarraconenses abundaron en los principales mercados del imperio, especialmente en Italia, África e Hispania, donde aumentaron las importaciones. Aun así, no todas las redes y destinos evolucionaron de la misma manera. Mercados como la Galia, el limes germanicus y Britannia dejaron de recibir importaciones de vinos tarraconenses con la misma intensidad, llegando a rarificarse su consumo. Mientras, en puertos comerciales como Ostia y Cartago las importaciones pasan de un 8-16% en época augustea al 13-20% del total de importaciones en el segundo cuarto del siglo I d.C., llegando en ocasiones a ser el principal origen del vino.

En época flavia, las importaciones en el Mediterráneo central parecen resentirse frente al ascenso de vinos de otras procedencias, especialmente el galo, con porcentajes entre el 2 y 9% en Ostia y Roma (Rizzo, 2015, pp. 215 y 230; Palacín, 2024a, pp. 395-396, 841 y 846-850). No se cuenta con yacimientos con restos significativos en la península ibérica, pero a partir de época flavia las importaciones y consumo de vino tarraconense también parecen resentirse frente a la emergencia de la vitivinicultura regional en mercados tan importantes para el vino nortarraconense de este periodo como el levante, el valle del Ebro o las Baleares (Mezquíriz, 1996; Marimon, 2005, pp. 208-209; Peña Cervantes, 2010; Hernández Prados, 2016, p. 248; Palacín et al., 2022, pp. 86-87; Palacín, 2024a, pp. 745 y 754).

El comercio de vino nortarraconense a través de ánforas no desaparece de forma repentina. Se recogen Dressel 2 tardías en contextos de mediados – segunda mitad del siglo I d.C., en la Galia occidental y septentrional e incluso campamentos militares en Britannia confirman la circulación esporádica y excepcional de estas ánforas por redes septentrionales durante el tercer cuarto del siglo I d.C. (Palacín, 2024a, pp. 396, 496-503, 623-628, 717 y 880). En Hispania, aun con la emergencia de la vitivinicultura regional, continuarán alcanzando el valle del Ebro, constatándose Dressel 3-2 evolucionadas hasta contextos del siglo III d.C. (Járrega y Otiña, 2008, pp. 281-286; Roig, 2016, pp. 207-211). En Ostia y Roma resisten con una tendencia a la baja hasta alrededor del 100 d.C.: en las Terme del Nuotatore, Ostia, las Dressel 3-2 tarraconenses llegan a representar el 5.6% del total anfórico y el 8% de las vinarias, cayendo posteriormente a nivel cuantitativo y de relevancia, considerándose restos residuales. Las importaciones continuaron en el siglo II d.C. a través de tipologías tardías como la Dressel 3-2 evolucionada o la Gauloise 4 tarraconense, pero con porcentajes que en Ostia caen al 0.9 – 0.2%, indicando una clara contracción comercial (Panella, 1989, pp. 174 f. 19, 175 f. 20 y 177 f. 21; Zevi et al., 2007; Rizzo, 2015, pp. 85, 199-200 y 416 tab. 27; Radaelli, 2019, p. 249).

8. ¿Una oportunidad histórica? ^ 

Estas últimas fases del comercio del noreste nortarraconense en el Mediterráneo Central son bastante representativas de su naturaleza comercial. Mientras en el limes germanicus o Britannia los casos de importaciones anfóricas tarraconenses posteriores al principado de Tiberio son contados, en Italia la competencia del vino galo y las producciones locales de algunos viñedos no eliminaron su comercialización. Esto pudo ser debido a la demanda vinaria de Roma, calificada en ocasiones como insaciable, y por la significativa capacidad de su mercado para redistribuir excedentes a través de sus amplias redes comerciales. Paralelamente, a finales del siglo I d.C. y a lo largo del II d.C., nuevas regiones como el levante peninsular o las Baleares aumentaron su presencia en estos circuitos (Piccardi y Nervi, 2013, pp. 372-373; Rizzo, 2015; Radaelli, 2019, p. 249; Palacín, 2024a, pp. 816-817 y 855). Esto evidencia que, aún con la concurrencia de múltiples importadores vinarios, en Italia no llegó a existir una saturación de la demanda y consumo del vino.

La reducción de evidencias materiales del comercio vinario tarraconense y la contracción de la vitivinicultura en el noreste de Hispania Citerior podrían explicarse por transformaciones sociales y económicas internas en la región. Aunque la producción de ánforas parece reducirse, la viticultura continuó y algunos centros productivos se ampliaron en los siglos posteriores (Miró, 1988, pp. 203-208 y 284; Revilla, 1995a, 54-56 y 151; Revilla, 1995b, pp. 307, 314 y 318; Revilla, 2004, pp. 189 y 196; Martín Oliveras et al., 2007, pp. 196-197 y 201-203; Carreras, 2009, pp. 11-15; Berni y Miró, 2013, p. 76; Busquets et al., 2013, p. 241; Olesti y Carreras, 2015, pp. 582-584; Oller, 2015, pp. 277-304; Tremoleda, 2015, p. 42; Peña Cervantes y Miró Alaix, 2017, pp. 14-16; Miró, 2020, pp. 206-210, 212 y 218; Colom, 2021, p. 688).

La escasez actual de material anfórico no implica necesariamente una reducción de los intercambios comerciales. Es posible que el vino y otros productos se exportaran mediante rutas o sistemas que no han dejado huella arqueológica identificable, como ocurre con los escasos vestigios del comercio de retorno que debió existir durante el periodo de mayor auge. Un caso ilustrativo es la ruta de exportación de ánforas Dressel 3-2, cuyos pecios sólo se documentan a partir de la desembocadura del Ródano, sin aparecer casos en la ruta costera utilizada por los barcos que transportaban Pascual 1 hacia Narbona. Esta ausencia podría indicar el empleo de rutas de alta mar, cuyas evidencias submarinas, al hallarse a mayor profundidad, quizás aún no han sido localizadas. Por otra banda, solo en estudios recientes realizados en Ostia y Roma se han identificado indicios del comercio vinario más tardío, lo que sugiere que otros restos pudieron haber pasado desapercibidos o haber sido mal interpretados en excavaciones y análisis anteriores.

Dos hechos parecen claros: existió un cierto continuismo de los viñedos del noreste de la Tarraconensis hasta el siglo XIX (Vilar, 1962a, p. 365; Vilar, 1962b, pp. 322-327; Tchernia, 1971, p. 78), siendo importantes para la economía local. Asimismo, las costas catalanas siguieron conectadas comercialmente a las redes y mercados del Mediterráneo durante el resto de la historia del imperio. Numerosas evidencias anfóricas de ciudades como Tarraco o Barcino muestran la llegada de productos manufacturados en diferentes partes del imperio (Berni, 1998; Berni y Carreras, 2001, pp. 110-111 y 125-127; Panella, 2001, p. 201; Berni y Carreras, 2009, pp. 45 y 55-62; Izquierdo, 2013, pp. 317-318; Terrado Ortuño, 2019, pp. 165-306; Carreras, 2021, pp. 63-65).

En este contexto, la propuesta de que el vino fuera un producto comercial oportunista toma fuerza. Mientras existió un escenario comercial con una gran demanda de vino insatisfecha, buena parte de la economía de regiones como la Layetania explotaron su elaboración para favorecer la balanza comercial. La producción y la orientación del comerció se adaptó a las características de un mercado en constante transformación. No obstante, cuando a lo largo del siglo I d.C. múltiples viñedos provinciales se desarrollaron y participaron comercialmente en las redes del imperio, es probable que la rentabilidad y ventajas del vino tarraconense se redujeran de forma drástica. Frente a esta situación, la producción y el comercio del vino tarraconense no desapareció, pero probablemente buena parte de la economía local de forma progresiva se fue adaptando, de nuevo, a la nueva realidad, apostando por otros productos o sistemas que favorecieran los intercambios.

9. Conclusiones y valoraciones ^ 

El significativo aumento del volumen de datos arqueológicos y epigráficos en los últimos años y la revisión de los publicados anteriormente ha permitido, a través de la constitución de una base de datos y sistemas de visualización, identificar la evolución del fenómeno comercial vinario en el noreste Tarraconesis, destacando su adaptabilidad y las complejas redes comerciales involucradas.

Primero, se ha revelado que el fenómeno económico del noreste de Hispania Citerior no se generó ex novo, contando con una tendencia histórica de intercambios regionales en el Mediterráneo occidental. No fue un fenómeno lineal ni homogéneo, reflejando el complejo y cambiante mercado de algunos bienes de consumo básico romanos a finales de la república e inicios del principado.

El comercio de vino del noreste tarraconense se revela como un fenómeno complejo y adaptativo; refleja una estrategia logística sofisticada y una respuesta versátil a las necesidades específicas de cada mercado de destino. Los productores y agentes económicos que participaron parecen ser conscientes de estos cambios, necesidades y demandas, desde sus orígenes redistributivos a mediados del siglo I a.C. a las exportaciones a gran escala hacia la Galia con las Pascual 1 o por las redes mediterráneas con las Dressel 3-2. No obstante, estas transformaciones se efectuaron de forma gradual y desigual dentro del territorio del noreste de la Hispania Citerior.

Serán necesarios futuros estudios que enfaticen y desarrollen un análisis de las diferentes sociedades y clases que componían el noreste de Hispania Citerior Tarraconensis. Pero, especialmente, se deberá prestar atención a los bienes importados que podrían haber constituido una parte significativa de los intereses y beneficios que este fenómeno pudo generar. En conclusión, el fenómeno comercial del vino de la Tarraconensis configuró un acontecimiento histórico como respuesta a una situación de mercado única, una oportunidad que los viñedos y comerciantes locales aprovecharon, explotando extensiva e intensivamente este sistema económico hasta que dejó de ser rentable para ellos.

Financiación ^ 

Este artículo se ha financiado a través de los siguientes proyectos: Ex Hispania in Imperium. Interdependencia provincial y dinámicas socioeconómicas de la producción y comercio de alimentos en el Alto Imperio (Programa Nacional de Promoción General del Conocimiento - Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. PID2021-123951NB-I00); Món antic: Conflicte, economies, societats (AGAUR. Departament de Recerca i Universitats de la Generalitat de Catalunya. 2021SGR00246).

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