César Parcero-Oubiña
Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT), CSIC
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15707 Santiago de Compostela
cesar.parcero-oubina@incipit.csic.es 0000-0003-3000-4232
(Responsable de correspondencia)
Samuel Nión-Álvarez
Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT), CSIC
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15707 Santiago de Compostela
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David González-Álvarez
Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT), CSIC
Edificio Fontán, Bl. 4, Cidade da Cultura, Monte Gaias s/n,
15707 Santiago de Compostela
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Fecha recepción: 22-01-2025 | Fecha aceptación: 26-02-2025
Resumen En las últimas dos décadas, la arqueología ha debatido intensamente acerca de las formas de organización social de las comunidades habitantes de los castros de la Edad del Hierro en el Noroeste ibérico. También se ha incrementado mucho el número de castros intervenidos, lo que ha producido mucha evidencia nueva. Sin embargo, la abrumadora mayoría de información disponible para este período y empleada en su lectura histórica procede únicamente del interior de los poblados castreños, lo que contrasta con la fragmentaria información existente fuera de ellos. Esa fragmentación y dispersión es un problema fundamental para hacer un dibujo nítido de la significación y relevancia de esos datos, y contribuye también a consolidar la idea de que son muy escasos y poco relevantes. En este trabajo nos proponemos aportar en esta dirección, recopilando el conjunto de evidencias actualmente disponibles, que incluyen, con niveles de certidumbre muy diversos, espacios de tipos diferentes: asentamientos, posibles lugares funerarios, espacios ceremoniales o sitios relacionados con actividades productivas. Además de sintetizar la evidencia existente, haremos algunas consideraciones interpretativas que ayuden a entender el posible alcance y relevancia de todo este conjunto de datos.
Palabras clave Edad del Hierro, Noroeste ibérico, castros, asentamientos abiertos, lugares funerarios, lugares ceremoniales, lugares productivos.
Abstract In the last two decades, archaeology has intensively debated the forms of social organisation of the communities inhabiting Iron Age hill forts in the Iberian Northwest. There has also been a large increase in the number of excavated sites, which has produced much new evidence. However, most of the information available for this period and used in its historical interpretation comes only from inside the hillfort settlements, which contrasts with the fragmentary information that exists outside them. Fragmentation and dispersion are fundamental problems for getting a clear picture of the significance and relevance of these data and contributes to consolidate the idea that they are very scarce and irrelevant. In this paper we propose to contribute to this, compiling the body of evidence currently available, which includes, with very different levels of certainty, different types of spaces: settlements, possible funerary sites, ceremonial spaces or sites related to productive activities. In addition to synthesising the existing evidence, we will make some interpretative considerations that will help to understand the relevance of this whole set of data.
Keywords Iron Age, Northwest Iberian Peninsula, Castros, Open Settlements, Funerary Sites, Ceremonial Sites, Productive Sites.
Parcero-Oubiña, C., Nión-Álvarez, S. y González-Álvarez, D. (2025): “Más allá de las murallas: recopilación de evidencias fuera de los castros de la Edad del Hierro en el Noroeste ibérico”, Spal, 34.1, pp. 106-133. https://dx.doi.org/10.12795/spal.2025.i34.05
2. El registro: condicionantes y decisiones
6. Lugares de actividad económica
Figura 4. Distribución de posibles lugares abiertos con evidencias de actividades económicas.
En las últimas dos décadas, la arqueología ha debatido intensamente acerca de las formas de organización social de las comunidades de la Edad del Hierro en el Noroeste ibérico. Se ha avanzado mucho en la caracterización de múltiples aspectos de las prácticas sociales de este momento (González-Ruibal, 2012; González García, 2017; Ferrer Albelda, 2019; Currás y Sastre, 2020; Parcero-Oubiña et al., 2020; Moore y González-Álvarez, 2021; Nión-Álvarez, 2023a). Estas propuestas se apoyan en cuerpos de datos cada vez más robustos gracias a la renovación metodológica propiciada por la extensión de las tecnologías geoespaciales y la arqueometría y el fortalecimiento de las conexiones de la arqueología con otras disciplinas (González-Álvarez et al., 2023). Del mismo modo, disponemos de datos cada vez más abundantes para todo el Noroeste ibérico, resultado de intervenciones conducidas por diferentes equipos de investigación, junto a actuaciones desarrolladas en el ámbito de la arqueología preventiva.
Sin embargo, la abrumadora mayoría de información disponible para este período procede únicamente del interior de los poblados castreños. El amplio y variado conocimiento acopiado en el interior de los poblados contrasta con la escasa y muy fragmentaria información existente fuera de ellos. La idea de que la Edad del Hierro supuso un momento de especial relevancia dentro de la larga historia de humanización de los paisajes en el noroeste es asumida de manera generalizada (Parcero-Oubiña, 2002; Tereso et al., 2016). Un argumento esencial para ello lo constituyen los registros paleoambientales y geoarqueológicos, que efectivamente ofrecen claras evidencias de ello (López-Merino, 2009; Martínez-Cortizas et al., 2009; Kaal et al., 2011; Silva-Sánchez et al., 2014). Sin embargo, resulta llamativo que la información disponible acerca de las formas concretas de esas modificaciones del paisaje sea todavía tan escasa. Durante mucho tiempo esto tuvo que ver, sin duda, con el interés casi exclusivo de la arqueología en el trabajo al interior de los poblados. Más adelante, a partir sobre todo de la década de 1990, se empezó a poner el foco en la necesidad de entender los poblados como parte de un paisaje humanizado más extenso (Parcero-Oubiña, 1995; Fernández-Posse y Sánchez-Palencia, 1998). Inicialmente, las limitaciones metodológicas y logísticas del trabajo arqueológico de aquellos años hicieron difícil desarrollar proyectos que explorasen con eficacia estas hipótesis. Poco a poco el panorama fue cambiando, y los seguimientos de grandes obras públicas lineales proporcionaron las primeras oportunidades para explorar, con una visión arqueológica, porciones amplias del territorio, más allá de los límites de los sitios identificados como tales (Cobas et al., 2000). El resultado de estas y otras acciones similares fue la documentación de evidencias de elementos artificiales en la periferia de varios castros, en su mayor parte relacionadas con actividades de producción agrícola (Parcero-Oubiña, 1998). Sin embargo, a partir de los datos recogidos en aquellos años y con aquellas metodologías de trabajo tampoco fue posible ir mucho más allá: en muchos otros casos la evidencia resultaba demasiado fragmentaria como para poder ser interpretada adecuadamente, debido a la propia naturaleza de los trabajos realizados y a la limitada capacidad de observación de los espacios más allá de las zonas estrictamente afectadas por las obras. En todo caso, y con los datos entonces disponibles, se asumió que la conservación de evidencias de la actividad humana fuera de los poblados no debería de haber sido especialmente relevante (Parcero-Oubiña, 2002).
En las últimas décadas la realización de nuevos trabajos arqueológicos y la progresiva incorporación de nuevas metodologías de prospección han venido a modificar el panorama y a situarnos en una posición bien distinta. Hoy contamos con evidencias de actividad humana en el paisaje, diferentes del modelo básico de poblados fortificados. No obstante, un problema fundamental para hacer un dibujo nítido de la significación y relevancia de los datos producidos en este tiempo es su fragmentación y dispersión. Hay un par de excepciones que constituyen aportes relevantes para empezar a sistematizar esta información. Cronológicamente la primera de ellas es el trabajo de Brais Currás, quien en la publicación resultante de su tesis doctoral (Currás, 2019) dedica una sección a recopilar los datos disponibles acerca de lugares de asentamiento abiertos. La segunda es el reciente trabajo de Samuel Nión (Nión-Álvarez, 2023b), quien hace lo propio con la evidencia existente acerca de espacios funerarios.
En este trabajo nos proponemos aportar en esta dirección, recopilando el conjunto de evidencias actualmente disponibles, que incluyen, como veremos, no solo espacios de asentamiento y funerarios. Además, haremos algunas consideraciones interpretativas que ayuden a entender el posible alcance y relevancia de todo este conjunto de datos.
El trabajo de recopilación que hemos realizado nos ha permitido identificar un total de 75 localizaciones en las que, con distintos grados de certidumbre (como luego veremos), se han identificado elementos del registro que no corresponden con el interior de algún espacio fortificado y son asociables a algún momento de la Edad del Hierro, o a los primeros momentos de la ocupación romana, cuando se asume que el castro sigue siendo el modelo dominante, casi único, de asentamiento. Éste ha sido el criterio esencial que manejamos para la selección de los lugares a incluir.
Aunque el grado de información existente para este conjunto de sitios es muy variable, la gran mayoría se conocen solo de manera muy fragmentaria, a partir de evidencias documentadas en superficie. Son pocos los que han sido sondeados o excavados, y menos todavía los que disponen de dataciones absolutas, por lo que en la mayoría de los casos su posible vinculación con la Edad del Hierro se basa en el reconocimiento formal o tipológico de materiales o arquitecturas propias de este momento. Esto introduce una importante incertidumbre, que es especialmente acusada para los momentos finales de la Edad del Hierro, debido a tres razones. La primera es la importante perduración de esas formas materiales entre los últimos siglos de la Edad del Hierro y las primeras décadas de dominio romano: documentar formas arquitectónicas o materiales de tradición indígena no supone necesariamente que un lugar sea anterior a la dominación romana, debido a la pervivencia formal de muchos de esos elementos, abundantemente descrita en la bibliografía (González Ruibal, 2003; Marín Suárez y González-Álvarez, 2011). La segunda causa de incertidumbre es la frecuente continuidad en el uso de los espacios durante esos mismos momentos. Como se ha documentado ampliamente en numerosos castros, existe una continuidad muy generalizada en este nivel; la abrumadora mayoría de poblados con ocupaciones del segundo hierro tiene también ocupaciones del primer siglo de la era, que se superponen a las anteriores y dificultan a menudo su caracterización y hasta su simple identificación. Documentar materiales o formas arquitectónicas romanas no supone necesariamente que un lugar haya sido creado en ese momento. En tercer lugar, muchos contextos arqueológicos son adscritos a momentos próximos al cambio de era a partir de dataciones radiocarbónicas. Sin embargo, la certidumbre de tales interpretaciones resulta problemática al considerar que, en muchas ocasiones, la desviación típica de los resultados y su calibración estadística proporciona dataciones que no pueden ser interpretadas con claridad como prerromanas o romanas. Estas tres fuentes de incertidumbre, que actúan en direcciones diversas, resultan especialmente acusadas en ausencia de datos crono-estratigráficos, lo que, como hemos dicho, es el caso para la gran mayoría de sitios recopilados.
Teniendo en cuenta estas cautelas, la distribución de los lugares documentados es la que se muestra en la figura 1 y en la tabla 1. A cada uno de ellos le hemos asignado la funcionalidad y cronología más probables, y hemos calificado esa asignación con un valor de probabilidad alta (seguro), media (probable) o baja (posible). La probabilidad en la adscripción cronológica se basa esencialmente en la existencia de materiales diagnósticos y/o de dataciones absolutas. La presencia/ausencia de estos indicadores se detalla también en la tabla. Para más detalles acerca de cada caso, remitimos a las publicaciones de referencia indicadas en la propia tabla.
Figura 1. Distribución de los lugares en los que se han identificado evidencias fuera de castros potencialmente adscribibles a algún momento de la Edad del Hierro. 1. A Coruña, Cidade Vella; 2. A Costa / A Hermida; 3. A Devesa do Rei; 4. A Lanzada; 5. Alobre; 6. Boudilhão; 7. Cabeceiras; 8. Castelo de Crestuma; 9. Castelo de Gaia; 10. Castro de Follente; 11. Castro de Mirás de Arriba; 12. Corte das Cabras; 13. Coto da Pena; 14. Coto de Guichar; 15. Coto do Castro de Viascon; 16. Fologoso Vello I; 17. Frijâo; 18. Guidoiro Areoso; 19. Illa de San Sadurniño; 20. Lousado; 21. Monte do Castro - Irís; 22. O Cepo; 23. O Peto; 24. Os Castros; 25. Os Formigueiros; 26. Os Pericos; 27. Outeiro do Castro; 28. Pedreiriña/Pedrouzo; 29. Pena Fita / Penas do Caldeiro; 30. Pena Redonda; 31. Picoto; 32. Quinta do Paço; 33. Río Barbanza; 34. Saa; 35. Santa Luzía; 36. Santa Marta de Lucenza ; 37. Santo Tomé de Nogueira; 38. Soutelo; 39. Taramancos; 40. Valdamio; 41. Xesteira das Palinas; 42. As Huertas; 43. Carbonera de Almoñu; 44. La Porida; 45. Las Vallinas; 46. Vega de Corao; 47. Veiga de Villanueva. ^
En las secciones siguientes presentamos y discutimos de manera más detallada este conjunto de datos, organizándolos en los siguientes bloques en función de la funcionalidad más probable: sitios habitacionales, funerarios, ceremoniales, lugares de actividad económica y sitios indeterminados. Aunque hemos valorado la posibilidad de incluir imágenes de algunos de estos sitios, la gran diversidad que incluyen y la necesidad de obtener permisos de reproducción nos ha disuadido de hacerlo. De nuevo, remitimos al lector/a a las publicaciones de referencia listadas.
Como mencionamos más arriba, Brais Currás incluyó en la publicación de su tesis en 2019 (Currás, 2019) una sección en la que recopilaba y discutía la evidencia conocida sobre posibles asentamientos abiertos. Su exhaustivo trabajo facilita nuestra labor ya que podemos remitir a él para una descripción de la mayor parte de los lugares recogidos en la figura 2. Entre ellos, hay varios que han sido excavados en mayor o menor extensión, y que muestran la existencia de espacios construidos que no difieren demasiado de los que se encuentran dentro de los castros de este período: viviendas circulares de mampostería (e.g. Boudilhão, Lousado, Quinta do Paço, Soutelo, etc.) (Brochado, 2004; Currás, 2019). En algún caso los espacios documentados son más amplios, como en Saa, donde se documentan dos unidades domésticas compuestas de varias construcciones cada una de ellas. No es infrecuente que las construcciones estén directamente amortizadas por viviendas posteriores, ya de época romana, como en Lousado (Currás, 2019), o bien reemplazadas por ocupaciones romanas en las inmediaciones, como en Quinta do Paço (González-Ruibal, 2006, p. 313).
Figura 2. Distribución de posibles asentamientos abiertos, indicando el grado de certidumbre sobre esta funcionalidad habitacional. ^
Desafortunadamente, ninguno de los sitios de este tipo cuenta con dataciones absolutas, por lo que los materiales son la única referencia cronológica, con los problemas que ya comentamos más arriba. Este problema es discutido, por ejemplo, para el amplio conjunto de sitios (27) documentados en el Vale do Ave, a través de prospección superficial. Aquí, como cabría esperar, se identificó una amplia cantidad de sitios abiertos de época romana, pero también un número apreciable de lugares donde es posible proponer una ocupación inicial prerromana: «Twenty-seven likely and potential Iron Age sites were discovered, twenty-four of which were sited on valley sides. The range of ceramics from these sites suggests that occupation at the vast majority continued into the Roman period, and at some into the later Roman phase» (Millet et al., 2000).
El sitio de Sto. Tomé de Nogueira es formalmente bastante diferente de los anteriores, ya que se compone esencialmente de estructuras negativas: «606 buratos de poste [...] 18 fosas [...] 5 estructuras de combustión [...] 3 silos [...] 8 estructuras habitacionais de materiais perecedeiros» (López García, 2008a; 2008b). Los materiales son muy abundantes, incluyen cerámica de tradición indígena y también materiales romanos, así como objetos metálicos entre los que destacan algunos muy poco frecuentes, como tres brazaletes de plata. Pero también es llamativa la enorme cantidad elementos de molienda (109), todos ellos de tipo plano o barquiforme. La proporción con las viviendas es llamativa y sugiere una función especializada del sitio en la producción y el procesado agrícolas. La abundancia de materiales romanos apunta a un uso en época tardía, aunque los materiales más diagnósticos sugieren unas fechas prerromanas. La ausencia de molinos circulares también resulta extraña en un espacio especializado en procesado agrícola de época romana. Desafortunadamente no existen tampoco dataciones absolutas del sitio, por lo que persiste la incertidumbre acerca de su secuencia cronológica.
Taramancos es un sitio de difícil caracterización, en especial en lo relativo a sus niveles más antiguos. Se han documentado distintas fases, constando las más antiguas de agujeros de poste y muros de estructuras circulares y rectangulares. Los materiales muestran una gran variedad, desde algunos que podrían remontarse a la Edad del Bronce hasta otros de la Edad del Hierro, época romana, Edad Media e incluso de cronologías más recientes (González Gómez de Agüero et al., 2015). La incertidumbre sobre la historia del sitio es aún muy elevada, pero en todo caso es un espacio ajeno a cualquier forma de fortificación, a pie de mar en la ría de Muros-Noia.
Además de los casos sintetizados por Currás, hay algunos otros lugares que podrían corresponderse con asentamientos abiertos. Río Barbanza es una pequeña ocupación localizada en la parte alta de la sierra del mismo nombre. Los niveles más claros son de época medieval, y se superponen a una ocupación anterior que fue inicialmente asignada a la Edad del Hierro (Barbeito Pose et al., 2015) y más tarde, tras la ampliación de los trabajos, propuesta como de época romana (Barbeito Pose et al., 2019). Los materiales son muy poco diagnósticos, y la única datación de este nivel (de un agujero de poste) ofrece un rango entre el s. II a.C. y el cambio de era.
Un sitio documentado más recientemente es la Illa de San Sadurniño (Cambados, Pontevedra). Este pequeño islote muy cercano a la costa es conocido por albergar los restos de una torre que se ha relacionado con la defensa de la ría de Arousa en época medieval, aunque también se sugiere que, más bien, habría pertenecido a un complejo señorial datable en época moderna. En 2021 se realizaron unos sondeos orientados en principio a clarificar ese origen medieval o moderno, pero en uno de ellos se identificó, bajo los restos de construcciones históricas, un probable hogar asociado a materiales que podrían ser castreños (Lago Mallo, 2022). Una datación reciente de maderas de ese hogar, merced a un convenio entre la Deputación Provincial de Pontevedra y el CSIC, confirma esa adscripción a inicios del Hierro II: D-AMS 053894: 2365 ± 20 BP, 500-391 cal BC 2σ (Otero Vilariño, 2024). En otro de los sondeos se identificó parte de una construcción redondeada, de aparejo bien diferente a las correspondientes a época moderna (Lago Mallo, 2022). Aunque fragmentarios, son indicios bastante sólidos que apuntan a un posible uso, quizá doméstico, de este espacio durante el Hierro II, un espacio que no conserva traza alguna de fortificación.
El caso de Las Vallinas resulta ilustrativo para considerar la ambigüedad de muchos de los datos arqueológicos referidos a estas posibles ocupaciones abiertas. Este sitio fue localizado en una zona agraria a 670 m de altitud en las faldas de la Sierra de la Sobia, en el valle de Teberga (Asturias), donde se identificaron, de forma casual, materiales arqueológicos en superficie que determinaron el estudio posterior del enclave mediante la excavación de sondeos (Fanjul Peraza, 2019; Fanjul Peraza et al., 2019). Este lugar está próximo al castro de La Garba, donde excavaciones puntuales señalaron su ocupación durante la Segunda Edad del Hierro (Fanjul Peraza et al., 2009). Los materiales recuperados en Las Vallinas incluyen cerámicas, fragmentos de molinos circulares de piedra, restos óseos de fauna, piezas metálicas y escorias de hierro. La tipología de algunas de esas piezas las sitúa en la Segunda Edad del Hierro, haciendo que sus excavadores los considerasen testimonios de una ocupación en abierto, una “granja” datada entre finales de la Edad del Hierro e inicios de la fase romana. Como prueba de ello, refieren la identificación de restos constructivos arruinados, que incluirían varas de avellano entretejidas y recubiertas con arcilla. Sin embargo, las descripciones son poco concretas y no se ofrecen fotografías ni planimetrías claras de tales evidencias; se refieren de forma imprecisa dataciones radiocarbónicas de las que no se aportan datos importantes para su contextualización (tipo de materiales analizados, siglas de laboratorio, desviaciones de dichas muestras, etc.). En definitiva, esta localización se corresponde, sin duda alguna, con un lugar de interés potencial para el objeto de este trabajo, aunque la aparente sobreinterpretación de las evidencias presentadas con no demasiado detalle introduce cautelas al respecto.
Finalmente, hay otros tres sitios que son ambiguos respecto a su carácter abierto, aunque es una posibilidad plausible. Pena Redonda es un sitio ubicado en una zona elevada donde se documentan evidencias abundantes de ocupación doméstica, características tanto de la Primera como de la Segunda Edad del Hierro. El sitio cuenta además con cuatro dataciones radiocarbónicas que confirman un amplio rango temporal de uso del sitio, entre los siglos VIII y I a.C. (González-Ruibal, 2005; González-Ruibal, 2007). El carácter abierto del sitio no es equivalente al de los lugares descritos en los párrafos anteriores: no es del todo descartable que hubiese tenido algún sistema defensivo parcial, pero, en todo caso, tampoco es comparable a cualquier castro típico. En este sentido, es relativamente similar a Os Pericos, un pequeño promontorio en la entrada de la ría de Arousa en el que se documentan materiales y arquitecturas propias de la Segunda Edad del Hierro, también con una datación absoluta coherente, pero sin claras evidencias de fortificación artificial (Vilaseco Vázquez y Fábregas Valcarce, 2008). Aquí los excavadores se debaten entre considerarlo un sitio abierto o mantener la posibilidad de que la erosión hubiese hecho desaparecer las defensas artificiales. En principio, se inclinan por la segunda posibilidad, apoyados en la existencia de un aterrazamiento al norte delimitado por grandes cantos rodados, que podría ser parte de un parapeto, pero la incertidumbre es elevada y tampoco descartan por completo que hubiese podido ser un espacio no fortificado. La Porida (Valdés, Asturias) es un pequeño recinto fortificado que se alza sobre el río Esva (González y Fernández-Valles, 1966; Villa Valdés, 1995), del que únicamente conocemos la aparición casual de objetos asignables a época prerromana y romana, como una reja de arado (Maya González, 1987, p. 62). Hace medio siglo unas obras permitieron identificar estructuras antiguas de planta circular en su ladera occidental, que no se observa quede delimitada por elementos defensivos. Los rasgos constructivos de dichas construcciones recuerdan a la arquitectura de la Edad del Hierro regional. Los incendios que azotaron esta zona en 2023 hicieron emerger evidencias de estructuras semejantes, que, probablemente, podrían vincularse con ocupaciones más allá del perímetro fortificado del asentamiento.
Como el propio B. Currás señala, la cronología de casi todos estos sitios remite, con mayor o menor certidumbre, a momentos finales del Hierro prerromano, los siglos II-I a.C., marcando un claro patrón que afianza la idea de que, a lo largo de la mayor parte del período, el castro habría sido la única forma de asentamiento existente en todo el cuadrante noroeste de la península. No obstante, la existencia de este amplio conjunto de evidencias de lugares abiertos a partir de ese momento sí introduce un interesante matiz, en la medida en la que disponemos ya no de unos pocos casos aislados sino de bastantes posibles ejemplos. Volveremos sobre las implicaciones de ello al final de este texto. Las excepciones a ello son precisamente los sitios donde el carácter abierto es menos seguro (Pena Redonda, Os Pericos y La Porida), siendo ejemplos en los que coindice la existencia de evidencias de una probable ocupación de largo recorrido temporal.
El reciente trabajo de Samuel Nión (Nión-Álvarez, 2023b) proporciona una síntesis actualizada de la evidencia existente sobre posibles lugares funerarios de la Edad del Hierro, a la que remitimos para una discusión detallada de cada uno de los casos. Respecto a ellos, aquí hemos excluido los localizados en el interior de castros (como por ejemplo el de Meirás). Siguiendo lo allí presentado, la mayor parte de los sitios se corresponderían con espacios de cremación, aunque con una variedad de prácticas a la hora de gestionar o depositar restos funerarios, mostrando un contexto heterogéneo y con escasos puntos en común. Nión propone dos formas esenciales de sitio.
Por un lado, los enterramientos estructurados, lugares en los que el acto funerario parece ser el hilo conductor, con independencia de que se combine con otro tipo de prácticas. Aunque no se han identificado grandes necrópolis (con la posible excepción de Xesteira das Palinas), en estos lugares se agruparían varios enterramientos, como en el caso de Coto da Pena, y el posible espacio de cremación estaría situado en el entorno inmediato. Los enterramientos consistirían en fosas, de morfología variable, pero todas ellas produciendo una invisibilización del entierro, como es común en la Europa Atlántica. Los lugares con estas características tienden a agruparse en el noroeste galaico (Coto da Pena, Xesteira das Palinas, Os Castros, Coto de Guichar o Pedreiriña/Pedrouzo), aunque el reducido número de casos dificulta hablar de una tendencia.
Por otro lado, del conjunto de sitios definidos como enterramientos puntuales, destacan Devesa do Rei y O Cepo. Ambos son lugares excavados y con dataciones, que han ofrecido espacios con abundancia de elementos entre los cuales se identifican sendas fosas que, por su componente estratigráfica, podrían corresponderse con enterramientos de cremación. Sin embargo, dados esos contextos más extensos, aquí hemos decidido incluir estos sitios dentro de otra categoría funcional, la de posibles lugares ceremoniales.
Figura 3. Distribución de posibles lugares funerarios y ceremoniales, indicando la certidumbre de su clasificación como tales. ^
Sobre la cronología de estos sitios, los dos que parecen tener unos materiales con cronología más clara, Os Castros y Xesteira das Palinas, se corresponderían con momentos iniciales de la Edad del Hierro, incluso quizá –en el segundo caso– dentro más bien del Bronce Final. Los demás parecen corresponderse con el segundo hierro, aunque solo de forma probable. Guidoiro (Mañana-Borrazás et al., 2020) es el único que cuenta con una datación, de una mandíbula humana, que remite a este momento, y es coherente con algunos materiales localizados, también del segundo hierro, aunque la relación de todo ello con estructuras funerarias concretas es difusa, y no es descartable que se tratase de actividades ritualizadas en los que la gestión de la muerte fuese una actividad secundaria.
Ésta es, por su propia naturaleza, quizá la categoría en la que resulta más incierto asignar un sentido claro a los sitios. En efecto, conocemos poco de las prácticas ceremoniales propias de la Edad del Hierro del Noroeste, pero hay un conjunto de sitios en los que la evidencia disponible parece descartar su uso como espacios de habitación o producción, lo que, a veces unido a su emplazamiento en el paisaje, sugiere un posible uso como espacios de prácticas ceremoniales.
El que se conoce desde más antiguo, aunque también con poco detalle, es Valdamio, del que existen sobre todo referencias indirectas y algún documento parcial (Concheiro Coello, 2009; Gago, 2011). Con una única fase de ocupación, del Hierro (ss. V-III a.C.), consta de varias viviendas de materiales perecederos y nueve fosas (Concheiro Coello, 2009), una de ellas (Fosa 7) con un ajuar con varias piezas características del mundo funerario del Bronce (González-Ruibal, 2006, p. 312). Para su excavador, «trátase dun asentamento peculiar, que non ten un sentido estritamente habitacional. Os castrexos da zona de Riós sabían que había unha foxa funeraria da Idade do Bronce e eles aproveitaron o espazo para realizar as súas prácticas rituais, ben de tipo funerario ou social» (A. Concheiro en Gago, 2011).
O Cepo es un lugar bastante similar a Valdamio: consta de estructuras de materiales perecederos, incluyendo varias fosas, y se sitúa en relación con un prominente afloramiento rocoso (Parga Castro et al., 2017). Su cronología remite también a momentos claramente prerromanos del Hierro II, en este caso reforzada por una datación radiocarbónica de un depósito inferior de una de las fosas: Beta-413080, cal BC 408-375. Hay muchos menos datos para el sitio de Picoto, donde se han documentado materiales de tradición indígena. Su ubicación en un entorno con «varios túmulos y petroglifos» lleva a B. Currás a proponer que «más que una granja aislada el sitio pueda ser una zona de frecuentación relacionada con algún tipo de función situada en el plano ritual» (Currás, 2019, p. 416).
El sitio de Frijão es un poco diferente, ya que aquí se ha documentado una significativa cantidad de materiales, incluyendo fragmentos de un caldero de bronce, colmatando una zanja. La tipología de los materiales sugiere que «esta estrutura foi colmatada entre os séculos IV e II a.C.» (Silva, 2013). La presencia de objetos poco frecuentes en contextos domésticos, junto con «um número considerável de recipientes cerâmicos designados por panelas de asa interior, também relacionadas com a preparação de alimentos, segundo Martins (1990), permite supor que estaríamos face a restos materiais de um banquete comunal» (Silva, 2013, p. 19).
Finalmente, Pena Fita/Penas do Caldeiro es un sitio probablemente ceremonial, pero claramente vinculado con momentos anteriores, de la Edad del Bronce (Vázquez-Liz et al., 2016), aunque la presencia de algunos fragmentos de cerámica del Hierro deja abierta la posibilidad de que hubiese sido también frecuentado en estos momentos (López Fernández, 2022). La existencia de grabados de cruces inscritas en círculos, que se han asociado a la Edad del Hierro, podría redundar en esta posibilidad (Santos-Estévez, 2003).
Una primera categoría de lugares de actividad económica la constituyen los espacios agrarios. A pesar de la relevancia de las actividades agropecuarias, seguimos sin conocer mucho acerca de las formas concretas de los espacios relacionados con ellas. Las características del paisaje del Noroeste dificultan mucho su reconocimiento en superficie, ya sea por las modificaciones ocurridas a lo largo del tiempo o, quizá más frecuentemente, por la continuidad en el uso de elementos del terrazgo, que son todavía perfectamente visibles en superficie y siguen teniendo un uso actual (o lo han tenido hasta hace poco tiempo) y que cabe conjeturar que, en muchas ocasiones, hayan tenido su origen en épocas mucho más antiguas. Algunos de los ejemplos que enseguida repasaremos ilustran esto, pero también hay ejemplos muy bien caracterizados de estructuras de cultivo actuales, como bancales, cuyo origen se remonta por ejemplo a época altomedieval (Ballesteros-Arias et al., 2006).
Esto ha hecho que la documentación de espacios agrarios para la Edad del Hierro en el Noroeste siga siendo infrecuente y motivada esencialmente por hallazgos no planificados, como los debidos al seguimiento de obras públicas. Los casos conocidos siguen siendo, hoy en día, los recogidos ya hace más de 25 años (Parcero-Oubiña, 1998). Sí ha habido otros espacios documentados de manera más sistemática, aunque todos se corresponden ya con cronologías y prácticas de época plenamente romana, por lo que no los consideramos aquí (Ruíz del Árbol, 2005; Sánchez-Palencia et al., 2018).
Figura 4. Distribución de posibles lugares abiertos con evidencias de actividades económicas. ^
El caso quizá más claro es el del castro de Follente (Caldas de Reis, Pontevedra), donde se identificaron los fundamentos de un bancal posteriormente fosilizado y reutilizado en épocas recientes. Aquí se registró un probable suelo de cultivo antiguo enterrado a más de un metro de profundidad y que se extiende a lo largo de unos 50 metros lineales. Este suelo de cultivo proporcionó numerosos restos de cerámica de la Edad del Hierro, muy rodada y fragmentada. El espacio de laboreo se completaría con una construcción accesoria y estaría posiblemente delimitado por un foso lineal de unos 5 metros de anchura y más de 2 de profundidad. No se dispone de fechas absolutas para este espacio, y su adscripción genérica a la Segunda Edad del Hierro se basa en los materiales localizados (López Sáez et al., 2009).
En las proximidades del castro de Mirás de Arriba (Ames, A Coruña) se documentó una secuencia estratigráfica amplia, que incluiría un posible espacio de asentamiento de la Edad del Bronce, cuyos restos están cubiertos por un suelo uniforme con materiales fragmentados y rodados de la Segunda Edad del Hierro, que se ha interpretado como un posible suelo de cultivo de esa época. En este caso se trataría de un espacio de cultivo abierto, en una zona llana y sin formas construidas asociadas (Parcero-Oubiña, 1998).
Un poco menos claro es el caso de Coto do Castro en Viascón (Cotobade, Pontevedra), donde se documentaron dos posibles aterrazamientos producidos de forma indirecta por efecto del laboreo continuado en un espacio anejo a este pequeño castro, cuya morfología sugiere una cronología de la Primera Edad del Hierro (Parcero-Oubiña, 1998).
En las inmediaciones del Castro do Salto (Cabanas, A Coruña) se documentaron pequeñas secciones de dos zanjas lineales de sección en V que, a falta de otras evidencias en la zona, se interpretaron como elementos de parcelación del espacio agrícola (Parcero-Oubiña, 1998).
Finalmente, en la aldea de Villanueva (Santo Adriano, Asturias) se reconocieron niveles datados a finales de la Edad del Hierro bajo un poblado medieval (Fernández Fernández, 2017, pp. 88-89; Fernández Mier y Fernández Fernández, 2019, p. 107). Se corresponden con posibles horizontes de ocupación con un nivel pedregoso con materia orgánica y carbones –según comunicación personal de Jesús Fernández Fernández, de la Universidad de Oviedo, director de la intervención arqueológica–, cuya cronología deriva de una datación DSH8374_C 2225±29 BP (Fernández Mier y Fernández Fernández, 2019, p. 109), que lo sitúa en la Segunda Edad del Hierro. El control arqueológico de obras lineales en una zona próxima permitió identificar estructuras de drenaje vinculadas al acondicionamiento de los espacios agrarios de la vega fluvial, cuya posición en la secuencia estratigráfica general sería análoga a las evidencias prerromanas referidas (Montes López, 2015, pp. 102-111). Para éstas no se dispone de dataciones absolutas, aunque se recuperaron algunos fragmentos cerámicos en relación con las estructuras de drenaje que resulta posible adscribir tipológicamente a la fase final de la Edad del Hierro (Montes López, 2015, p. 110).
Además de estas posibles evidencias de espacios agrarios (incluso contando con ellas), el registro del que se dispone acerca de otros espacios de producción económica es todavía escaso. El sitio mejor caracterizado es A Lanzada, un lugar con décadas de actuaciones arqueológicas más o menos discontinuas, que fue objeto de una intervención extensa en la primera década de los 2000. Esta intervención permitió obtener un panorama mucho más claro de la morfología del sitio, así como de la historia de su uso (Rodríguez Martínez et al., 2011; Rodríguez Martínez, 2014). Por un lado, parece confirmarse la ausencia de indicios de elementos defensivos, por lo que sería un lugar abierto. Una de las características más relevantes es su carácter de nodo principal en los circuitos de intercambio comercial con el Mediterráneo, quizá desde una fecha tan temprana como los siglos VI-V, y con más claridad del siglo IV en adelante.
Será este contacto fluido con el mundo mediterráneo (quizás el establecimiento en el yacimiento de individuos procedentes del sur de la península ibérica) el que acabe impulsando la creación de una factoría de salazón en el siglo II a.C. (a día de hoy la más antigua documentada en Galicia) y una vez que ésta entra en declive y es abandonada por la creación de grandes factorías ya bajo influencia romana (caso de Vigo por ejemplo), en A Lanzada se comienza a explotar la sal, construyéndose un pequeño asentamiento vinculado al control de dicha explotación, hablamos del período comprendido entre los siglos I al V d.C. (Rodríguez Martínez, 2014). Las 4 dataciones que han sido publicadas (Rodríguez Martínez et al., 2020), aunque sin especificar todavía los detalles de su procedencia concreta, son coherentes con esta secuencia propuesta, en particular para el origen de esa factoría de salazón.
La periferia del castro de Alobre (Vilagarcía de Arousa, Pontevedra) se está revelando en los últimos años como un espacio muy complejo y rico en evidencia arqueológica. El castro, situado en lo que hoy es un parque inmediato al centro urbano de Vilagarcía, es un espacio muy distorsionado por diferentes obras a lo largo del tiempo. El interior está afectado por extracciones de piedra amplias y profundas, y la periferia ha sido ocupada por el desarrollo urbano de la ciudad y, hacia el norte, por la expansión del puerto de Vilagarcía y por la construcción de obras asociadas a él. A lo largo del tiempo muchas de estas obras fueron evidenciando la presencia frecuente de materiales arqueológicos importados de diferentes cronologías, desde elementos púnicos a otros ya claramente romanos (Gil y Casal, 1916; Bouza Brey, 1957; Fariña Busto y Arias Vilas, 1980). González-Ruibal sugiere que el castro pudo haber funcionado como «centro redistribuidor de los materiales púnicos» (González-Ruibal, 2006, p. 505), «un punto de atraque secundario, en relación con A Lanzada» (González-Ruibal, 2006, p. 516), aunque el conocimiento del sitio hasta hace poco se basaba sobre todo en esos materiales dispersos y descontextualizados. Una intervención en 2016 en una terraza anexa a la croa del castro permitió documentar un espacio construido con una secuencia de «cinco momentos ocupacionales diferentes, abarcando una cronología que se extiende desde el siglo II a.C. hasta el siglo III d.C. No obstante, se documentaron materiales de mayor antigüedad en el basurero que ocupa gran parte de la zona central de la superficie excavada» (Rodríguez Martínez et al., 2020, p. 1419), aunque el espacio no deja de estar dentro del probable perímetro amurallado. Sin embargo, mucho más recientemente, en 2023-2024, una excavación en un solar a los pies del castro, previa a la construcción de un área comercial, ha permitido documentar parte de un complejo espacio en el que una factoría de salazón de época romana se superpone a niveles anteriores, donde el elemento más destacado es una puerta escalonada que habría dado acceso al mar, probablemente complementada por espacios de almacén y otras construcciones auxiliares. Los trabajos aún están pendientes de ampliación, y por ahora es pronto para esperar una publicación detallada, si bien las noticas en prensa son numerosas (p.e. https://www.diariodearousa.com/articulo/vilagarcia/bombazo-arqueologico-alobre-puerta-revela-castro-llegaba-nivel-mar-4737230). En cualquier caso, apuntan a un espacio intensamente construido a una distancia lineal no muy grande del probable límite exterior de sus murallas (unos 50 m), aunque sí a una cota mucho más baja (unos 25 m por debajo), claramente fuera del espacio habitacional.
Cerca de la desembocadura del Douro, frente a Porto, a los pies del cerro llamado Castelo de Gaia, varias intervenciones de salvamento han documentado en los últimos años un notable conjunto de evidencias de ocupación de larga duración (Carvalho, 2003; Silva, 2023), que se inician en el siglo IV a.C. (Ramos y Carvalho, 2020). Aunque es probable que en el cerro hubiese existido un poblado fortificado del Hierro, lo cierto es que no se han documentado evidencias concretas, solo materiales descontextualizados (Silva, 2020). El lugar sí es rodeado por una muralla defensiva en época romana, pero ésta se extiende por encima de niveles de ocupación con arquitectura propia del Hierro final. La arquitectura presenta unos rasgos particulares, «nomeadamente a existência de edifícios de adobe ou argila […] e o uso de cal ou caulino sobre o reboco dos paramentos exteriores e interiores, não só como função impermeabilizante como também estética» (Ramos y Carvalho, 2020, p. 73). Además de esto, los materiales de importación son extraordinariamente abundantes, sobre todo a partir del siglo II a.C., conformando uno de los conjuntos de ánforas más variados de toda la península ibérica (Carvalho, 2023). Todo ello parece apuntar al funcionamiento de este lugar como un nodo central del comercio a larga distancia, en una línea semejante a A Lanzada. En términos cronológicos, es importante destacar que todo este nivel aparece sellado, como comentamos, por un uso de época romana temprana, en concreto por un horreum que se ha asociado a un momento tan temprano como el período de las guerras cántabras (Ramos y Carvalho, 2020).
En el mismo Porto, el entorno del llamado Morro da Sé/Penaventosa ofrece un panorama aparentemente diferente. Aquí sí se han documentado restos de fortificaciones de posible cronología prerromana (Silva, 2010; 2018), y la frecuente evidencia de elementos del Hierro (con, también, abundancia de elementos importados) parece concentrarse en la parte alta del cerro (p.e. Marçal, 2018), donde presumiblemente habría existido un poblado fortificado, que sólo se extendería más allá del cerro ya en época romana (Silva, 2010).
Debajo del actual casco antiguo de A Coruña se han documentado, en el marco de varias intervenciones urbanas, evidencias que también se han asociado al funcionamiento del lugar como un nodo de intercambio comercial con el ámbito Mediterráneo (Nión-Álvarez et al., 2021), aunque la intensidad de ese intercambio no parece comparable a la de los dos sitios anteriores. Los contextos mejor conservados apuntan hacia la existencia de un espacio de intercambio y consumo de objetos, probablemente relacionado con una red de obtención de bienes de lujo (mayoritariamente vino) e interacciones culturales controlada desde el cercano Castro de Elviña. La cronología de los materiales disponibles apunta a los siglos II-I a.C.
El aprovechamiento de los recursos forestales emerge como una actividad necesariamente relevante durante la Edad del Hierro, al considerar el creciente impacto antrópico sobre el bosque observado en las secuencias paleoambientales, o el uso de combustibles y materiales constructivos leñosos que revelan los estudios antracológicos realizados en los poblados fortificados. Sin embargo, las evidencias directas de los aprovechamientos forestales al exterior de los castros son limitadas. El único ejemplo en esta línea es la carbonera de Almoñu (Ayande, Asturias), identificada en el talud de una carretera local en la zona de El Vaḷḷe Malcata o Vaḷḷemalcata. Su estudio desveló una estructura excavada en el terreno para producir carbón vegetal. Los abundantes restos vegetales recuperados en su interior, identificados como raíces de brezo, ofrecieron una datación con una horquilla cronológica extensa entre finales de la Segunda Edad del Hierro y comienzos de época romana (DSH5844: 1975±52 BP), derivada de la amplia desviación típica de la muestra (Menéndez Blanco et al., 2018, p. 257). Es sugerente su proximidad respecto al castro de San Chuis, con una amplia ocupación entre la Primera Edad del Hierro y la fase altoimperial romana (Villa Valdés, 2006; Jordá-Pardo et al., 2014). En sus excavaciones se registraron evidencias de producción metalúrgica prerromana (Marín Suárez et al., 2008; Jordá-Pardo et al., 2011), actividad para la cual sería necesario disponer de abundante carbón vegetal. De forma expresiva, los estudios antracológicos realizados en el castro muestran el empleo de madera de brezo como combustible en diferentes estadios de su ocupación (Badal García et al., 2012).
Otro tipo de sitios han sido relacionados con actividades de explotación metalúrgica, aunque en ambos casos hay márgenes de incertidumbre. El que cuenta con más información es O Peto, un espacio donde, en la periferia de un castro, los trabajos de evaluación de impacto de una autovía permitieron documentar un denso conjunto de zanjas sin aparente diseño o planificación (Aboal Fernández et al., 2003). Su asociación con restos de escorias de hierro llevó a proponer que se tratase de zanjas de extracción de mineral. Los materiales que cancelan estas zanjas y la datación de una capa de sellado de una de ellas apuntan a un tapado hacia los siglos II-I a.C.
Más incierto es el sitio de Outeiro do Castro (López Cuevillas y Taboada Chivite, 1946), también localizado a escasa distancia de un poblado fortificado, donde en los años 40 del siglo XX remociones de tierra de una empresa minera sacaron a la luz abundantes restos constructivos y materiales
destacando dous trisqueis en granito, varias pedras gravadas, un aramio e unha laminiña de ouro, seis fíbulas e varios alfinetes de bronce, varias doas de bronce-unha delas con incrustacións de fío de ouro– e algunhas moedas romanas - identificouse un bronce da época de Augusto–. Igualmente, aparecen vestixios de actividade mineira, con escouras de bronce, dous machados líticos pulimentados e algunhas outras ferramentas, tipo mazo ou pico. De ámbito doméstico, citar varios muíños de man circulares, fusaiolas, anacos de cerámica común e algún de sigillata (http://www.altalimia.org/; Rodríguez González, 2013).
Estos restos han permitido plantear que el lugar hubiese sido un espacio de actividad minera y/o de procesado metalúrgico, aunque la aparente complejidad de los elementos arquitectónicos apunta a un espacio más complejo que una simple explotación de mineral (González-Ruibal, 2006). La cronología sugerida por esos mismos materiales conduce a momentos finales de la Edad del Hierro e inicios del dominio romano.
Un último sitio puede ser referido dentro del grupo de posibles evidencias de actividades mineras, cuyo estudio es aún reciente, sin que dispongamos de informaciones detalladas publicadas. Se trata de As Huertas (Castropol, Asturias). Las características locacionales y la propia toponimia de la villa de Castropol, en la margen derecha de la Ría del Eo, a pocos kilómetros de su desembocadura, sirvieron para aventurar la posible existencia de un castro bajo este núcleo de origen medieval. Por ello, las actuaciones urbanísticas desarrolladas en la localidad conllevan la realización de controles arqueológicos. En el transcurso de un proyecto en la zona de As Huertas el arqueólogo Orlando Morán Fernández, a quien agradecemos el habernos facilitado la memoria técnica inédita de la intervención, documentó varios tramos de zanjas excavadas en la roca con trazados sinuosos y secciones diversas (en “V” y en “U”), que no parecen definir un recinto fortificado. En sus rellenos se recuperó un abundante elenco de materiales de la Segunda Edad del Hierro, tal y como refrendaron dataciones radiocarbónicas. A falta de publicaciones en detalle, cabe ser prudentes respecto a su interpretación, toda vez que su análisis ha suscitado un debate no exento de polémica en los medios de comunicación regionales. Las lecturas iniciales llaman la atención de su semejanza formal respecto a otros sitios arqueológicos como el ya referido complejo de O Peto (Aboal Fernández et al., 2003), a lo que se añade la existencia en As Huertas de mineralizaciones de hierro. Por ello, se podría considerar funcionalidades ligadas al aprovechamiento de recursos minerales. No obstante, el examen de estas evidencias hace sostener a otros investigadores que no se debería descartar aún su correspondencia con un lugar defensivo ocupado durante la Edad del Hierro (Villa Valdés, 2019, pp. 131-133).
Finalmente, hay un conjunto de sitios para los cuales el nivel de información disponible es todavía menor que en cualquiera de los anteriores, y para los que no es posible proponer una funcionalidad concreta, siquiera de forma hipotética. De hecho, en la mayor parte de los casos ni tan solo es posible afirmar con certeza que sean sitios de la Edad del Hierro; esencialmente consisten en la documentación de materiales en superficie o en referencias ciertamente vagas.
Figura 5. Distribución de sitios abiertos indeterminados. ^
Éste es el caso, por ejemplo, de Os Formigueiros, que aparece listado como sitio de la Edad del Hierro en la citada Catalogación do patrimonio cultural de Alta Limia, pero del que solo consta que «Os restos aparecidos son cinceis de cobre cunhas argolas nos lados, atopados dentro dun pucheiro, hoxe desaparecidos. Esta información foi facilitada polos propios veciños. Na prospección de 1993, non se detectou ningún resto arqueolóxico» (http://www.altalimia.org/). De la misma fuente procede la información sobre A Costa / A Hermida,
xacemento, de considerable extensión, xa que ocuparía todo o outeiro e a ladeira oeste, ata un regato que alí hai. Na prospección realizada no ano 91, en superficie apareceu cerámica romana. Segundo a bibliografía existente, Taboada Chivite, xa falaba do Castro da Ermida, e Colmenero, sinalaba a existencia de abondosos vestixios romanos na ladeira oeste deste outeiro. O xacemento mantívose ocupado ata época romana.
Algo parecido ocurre con Folgoso Vello I, un lugar vinculado al pastoreo en la sierra de Barbanza, incluido dentro de una categoría de sitios con «un marcado carácter espacial e diacrónico, xa que semella que son zonas de ocupación e reocupación continua ou secuencial ao longo do tempo» (Barbeito Pose et al., 2019, p. 4). En un primer momento se registra como sitio medieval (Barbeito Pose et al., 2015, p. 132) pero luego como de la Edad del Hierro (Barbeito Pose et al., 2019, p. 5), a partir de la obtención de una datación absoluta en un hogar, aunque la morfología del espacio parezca seguir siendo más propia de momentos medievales.
Sta. Luzía y Cabeceiras son dos yacimientos en los que, según recoge Currás, «C.A. Brochado de Almeida (Almeida, 2003: 308-309) indica que se localiza cerámica de tradición indígena» (Currás, 2019).
Algo diferente es el caso de Corte das Cabras, consistente en un área con una relativa abundancia de materiales de filiación prerromana de finales del Hierro y también romana. González-Ruibal (2006, p. 312) propone que el sitio pudiera tener dos fases de ocupación, a partir de esas diferencias en los materiales, y postula la posibilidad de que fuese un espacio de uso estacional relacionado con la ganadería. La falta de intervenciones en el lugar y de evidencias de elementos construidos impide corroborar esta posibilidad, o cualquier otra.
Un ejemplo semejante es el de los hallazgos de la vega de Corao (Cangues d’Onís, Asturias). En este lugar, las labores de seguimiento arqueológico paralelas a la construcción de la carretera AS-114 entre Cangues d’Onís y Panes permitieron reconocer evidencias materiales vinculables a la Edad del Hierro. El conjunto de materiales fue recuperado en una zona de vega del valle del río Güeña, en cuyas inmediaciones se documentaron ocupaciones al aire libre de cronología romana y altomedieval (Requejo Pagés y Gutiérrez González, 2009; Requejo Pagés y Álvarez Martínez, 2013, pp. 1660-1661). La colección de cerámicas atribuibles a la Edad del Hierro, a partir de su estudio tecno-tipológico y de su comparación con otros conjuntos del área oriental asturiana (Arias Cabal et al., 1986; Camino Mayor y Viniegra Pacheco, 1999), se habría depositado en este lugar por medio de arrastres provocados por avenidas fluviales, como señaló el estudio geoarqueológico del contexto (Requejo Pagés y Álvarez Martínez, 2013, p. 1663). Por ello, no resulta posible interpretar con claridad el tipo de actividades al que se vincularían estos materiales, quizá contextos de prácticas agrarias u ocupaciones al aire libre situados en zonas próximas ladera arriba.
Finalmente, cabe mencionar el sitio de Castelo de Crestuma, en la margen izquierda del Douro, aguas arriba de Porto. Un sitio con ocupación principalmente tardoantigua y medieval donde, en posiciones similares a las del cercano Castelo de Gaia, «no sopé noroeste da elevação», se recuperaron unos centenares de fragmentos cerámicos de la Edad del Hierro, sin asociación con estructuras conocidas, y que se sitúan por su tipología entre los siglos IV-III a.C. y el cambio de era (Silva et al., 2018). Los sondeos realizados en la parte alta del cerro no ofrecieron evidencias de ocupaciones tan antiguas. Se sugieren dos posibles escenarios: «ou a ocupação da Idade do Ferro se concentraria na encosta noroeste do Castelo, ou porventura ter-se-ão verificado mobilizações de sedimentos, para aterro, provenientes de outra localização próxima» (Silva et al., 2018, p. 337)
Como hemos visto, el conjunto de informaciones acerca de sitios no fortificados asociables a la Edad del Hierro del Noroeste es amplio y diverso, aunque también heterogéneo y, en general, bastante incierto respecto a cuestiones clave como las cronologías concretas o la funcionalidad de los espacios. Aun considerando la dificultad para asignar una funcionalidad cierta a una importante parte de los sitios aquí presentados, el abanico de actividades que pudieron contribuir a su formación es ciertamente variado, desde espacios de asentamiento y producción económica a posibles lugares ceremoniales o funerarios.
Buena parte de los yacimientos descritos, y especialmente aquellos para los que se dispone de una información cronológica más detallada, se sitúan en la Segunda Edad del Hierro, y de manera particular en las dos últimas centurias a.C. Esto se alinearía bien con el hecho generalmente asumido de que la Segunda Edad del Hierro habría supuesto un período de incremento demográfico y aumento de la presión humana sobre el paisaje, con una creciente artificialización que, indirectamente, se refleja también en los registros paleoambientales (p.e. Kaal et al., 2011). Esto habría acarreado la emergencia de nuevas formas de ocupación del paisaje, ligadas a nuevas formas de interacción social, como por ejemplo las que representarían los hubs de intercambio comercial en la costa (A Lanzada, A Coruña, Castelo de Gaia), que están entre los sitios mejor caracterizados de los que hemos revisado. Para otros tipos de actividades, como los espacios de producción agrícola o metalúrgica, los datos cronológicos son menos certeros y se basan casi siempre en la lectura tipológica de los materiales localizados. Esto dificulta afinar su cronología, más allá de adscripciones genéricas a la Segunda Edad del Hierro. Además, introduce incertidumbres derivadas de la posible existencia de períodos largos de uso, como es característico en las secuencias reconocidas al interior de los poblados de esta época. Todo ello deja abiertas cuestiones importantes en las que se deberá profundizar en el futuro, prioritariamente a través del estudio en detalle de casos concretos que resulten representativos de la diversidad observada de los enclaves recopilados en este trabajo.
En contrapartida, la evidencia relacionable con momentos de la Primera Edad del Hierro es mucho más escasa. Un repaso a la tabla 1 muestra cómo, además, parece limitarse a posibles espacios de carácter ceremonial o funerario, como Devesa do Rei, Os Castros o Xesteira das Palinas. Aunque, de nuevo, la incertidumbre asociada a muchos de los datos complica establecer patrones nítidos, esta tendencia, la ausencia de evidencias abundantes y claras de espacios productivos o domésticos para el Hierro inicial, parece alinearse bien con la idea comentada en el párrafo anterior de que habría sido solo a partir del Hierro II cuando el impacto humano sobre el paisaje empieza a materializarse de forma más clara y perdurable, reconocible arqueológicamente.
En efecto, a pesar de que el conjunto de evidencias es variado y diverso, casi todas ellas se concentran en espacios de valle, los mismos que constituyen el eje central del poblamiento a partir de la Segunda Edad del Hierro (Parcero-Oubiña et al., 2007). Esto no deja de tener un sentido, aunque refuerza el amplio desconocimiento del posible uso por parte de estas comunidades de los espacios de monte. Sólo los datos de la probable carbonera de Almoñu o el posible asentamiento de Río Barbanza nos remiten, por ahora, a un uso concreto de esos espacios, en los que el desarrollo de actividades de arqueología preventiva es menos frecuente, factor que podría ser explicativo de este aparente vacío, antes que asumir que estos espacios no fuesen objeto de aprovechamiento durante esa época.
Hay otra dimensión de los espacios construidos castreños que en este trabajo no hemos atendido, ya que estrictamente no es ajena a los perímetros fortificados de los castros, pero que conviene mencionar aquí porque también supone un redimensionamiento del alcance de la acción social sobre el paisaje en esta época. Nos referimos a la cada vez más frecuente documentación de complejos sistemas defensivos y de acceso a los poblados, que se extienden mucho más allá de los límites actualmente visibles en superficie y que modifican sustancialmente el alcance del trabajo de artificialización de los castros. Algunos ejemplos documentados en detalle en los últimos años son los de Bendoiro (Fernández Pintos, 2007; Parcero Oubiña et al., e.p.) o Doade (Trevín Pita, 2019), ambos en Lalín (Pontevedra). En torno a ellos se han identificado secuencias de hasta seis fosos consecutivos, con una escala de movimiento de tierras monumental. En otros casos, esta artificialización se manifiesta a través de caminos empedrados que conectan distintos sectores periféricos del hábitat fortificado, como en el Castro de Edreira, en Oleiros (A Coruña) (Prado Fernández, 2013) o que, incluso, se extienden más allá de la fortificación, como en Elviña (A Coruña) (Nión-Álvarez, 2025). Si hace unos años estos ejemplos podían considerarse excepcionales, el trabajo basado en detección remota que hemos emprendido en los últimos años, primero de forma exploratoria (Parcero-Oubiña, 2021) y después sistemática (Parcero-Oubiña et al., 2025), muestra que este tipo de entornos fuertemente monumentalizados habrían sido la norma en este momento, y nos obliga a reconsiderar las implicaciones sociales de todo ello.
Finalmente, la consideración conjunta de los datos que aquí hemos presentado muestra la importante contribución que la arqueología de gestión ha hecho, y puede seguir haciendo, para refinar o modificar nuestras perspectivas sobre los paisajes castreños del Noroeste, en la medida en la que una buena parte de este registro procede de intervenciones realizadas en ese tipo de contextos. Necesitamos seguir mejorando la comunicación entre las entidades de gestión y las de investigación para integrar estos datos en los debates actuales sobre los paisajes arqueológicos. No en vano, el componente relativamente azaroso y aleatorio que tienen estas intervenciones puede desafiar los marcos y modelos asumidos, y de ese modo encontrar cosas que no sabíamos que existían en lugares inopinados, ayudando a que la arqueología de los castros del Noroeste siga expandiéndose más allá de los límites de las murallas que tradicionalmente han encorsetado la propia investigación sobre este contexto histórico.
Tabla 1. Listado de sitios. El número de la primera columna corresponde a la numeración de la Figura 1. Claves de certidumbre: 1 alta (seguro), 2 media (probable), 3 baja (posible).
N |
Nombre |
Tipo |
Certeza tipo |
Cronología |
Certeza crono |
Excavado |
Materiales diagnósticos |
Dataciones |
Referencia principal |
1 |
A Coruña, Cidade Vella |
Actividad económica |
1 |
Siglos II-I BC |
1 |
Si |
Si |
No |
(Nión-Álvarez et al., 2021) |
2 |
A Costa / A Hermida |
Indeterminado |
Hierro II/Romano |
2 |
No |
Si |
No |
(Rodríguez González, 2013) |
|
3 |
A Devesa do Rei |
Funerario/Ceremonial |
1 |
Hierro I |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Aboal Fernández et al., 2005) |
4 |
A Lanzada |
Actividad económica |
1 |
Hierro II |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Rodríguez Martínez et al., 2011) |
5 |
Alobre |
Actividad económica |
1 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
Si |
- |
6 |
Boudilhão |
Habitacional |
1 |
Hierro |
2 |
Si |
Si |
No |
(Brochado, 2004) |
7 |
Cabeceiras |
Indeterminado |
Hierro II/Romano |
2 |
No |
Si |
No |
(Currás, 2019) |
|
8 |
Castelo de Crestuma |
Indeterminado |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
No |
(Silva et al., 2018) |
|
9 |
Castelo de Gaia |
Actividad económica |
1 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
No |
(Silva, 2020) |
10 |
Castro de Follente |
Actividad económica |
2 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
No |
(López Sáez et al., 2009) |
11 |
Castro de Mirás de Arriba |
Actividad económica |
2 |
Hierro II |
2 |
Si |
Si |
No |
(Parcero-Oubiña, 1998) |
12 |
Corte das Cabras |
Indeterminado |
Hierro II |
2 |
No |
Si |
No |
(González-Ruibal, 2006) |
|
13 |
Coto da Pena |
Funerario |
1 |
Siglos III-I BC |
2 |
Si |
Si |
No |
(Nión-Álvarez, 2023b) |
14 |
Coto de Guichar |
Funerario |
3 |
Hierro II |
2 |
No |
Si |
No |
(Nión-Álvarez, 2023b) |
15 |
Coto do Castro de Viascon |
Actividad económica |
2 |
Hierro I |
2 |
Si |
No |
No |
(Parcero-Oubiña, 1998) |
16 |
Folgoso Vello I |
Indeterminado |
Hierro |
3 |
No |
No |
No |
(Barbeito Pose et al., 2019) |
|
17 |
Frijâo |
Ceremonial |
2 |
Siglos IV-II BC |
1 |
Si |
Si |
No |
(Silva, 2013) |
18 |
Guidoiro Areoso |
Funerario |
3 |
Hierro II |
2 |
Si |
Si |
Si |
(Mañana-Borrazás et al., 2020) |
19 |
Illa de San Sadurniño |
Habitacional |
3 |
Hierro II |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Lago Mallo, 2022) |
20 |
Lousado |
Habitacional |
1 |
Hierro II/Romano |
2 |
Si |
Si |
No |
(Currás, 2019) |
21 |
Monte do Castro |
Actividad económica |
3 |
Hierro |
3 |
Si |
No |
No |
(Parcero-Oubiña, 1998) |
22 |
O Cepo |
Ceremonial |
1 |
Hierro I (V-IV BC) |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Parga Castro et al., 2017) |
23 |
O Peto |
Actividad económica |
2 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Aboal Fernández et al., 2003) |
24 |
Os Castros |
Funerario |
2 |
Hierro I (VIII-V BC) |
1 |
Si |
Si |
No |
(López Fernández, 2022) |
25 |
Os Formigueiros |
Indeterminado |
Indeterminado |
2 |
No |
Si |
No |
(Rodríguez González, 2013) |
|
26 |
Os Pericos |
Habitacional |
2 |
Hierro II |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Vilaseco Vázquez y Fábregas Valcarce, 2008) |
27 |
Outeiro do Castro |
Actividad económica |
2 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
No |
(López Cuevillas y Taboada Chivite, 1946) |
28 |
Pedreiriña/Pedrouzo |
Funerario |
3 |
Hierro II |
2 |
No |
Si |
No |
(Nión-Álvarez, 2023b) |
29 |
Pena Fita / Penas do Caldeiro |
Ceremonial |
1 |
Hierro I |
3 |
No |
No |
No |
(Vázquez-Liz et al., 2016) |
30 |
Pena Redonda |
Habitacional |
1 |
Hierro I e II |
1 |
Si |
Si |
Si |
(González Ruibal, 2007) |
31 |
Picoto |
Ceremonial |
3 |
Hierro |
3 |
No |
No |
No |
(Currás, 2019) |
32 |
Quinta do Paço |
Habitacional |
1 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
No |
(Brochado, 2004) |
33 |
Río Barbanza |
Habitacional |
1 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Barbeito Pose et al., 2019) |
34 |
Saa |
Habitacional |
1 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
No |
(Currás, 2019) |
35 |
Santa Luzía |
Indeterminado |
Hierro II/Romano |
2 |
No |
Si |
No |
(Currás, 2019) |
|
36 |
Santa Marta de Lucenza |
Habitacional |
3 |
Hierro I/II |
3 |
Si |
Si |
No |
(Rodríguez Colmenero, 1976) |
37 |
Santo Tomé de Nogueira |
Habitacional |
1 |
Hierro II |
1 |
Si |
Si |
No |
(López García, 2008b) |
38 |
Soutelo |
Habitacional |
3 |
Hierro II/Romano |
2 |
No |
Si |
No |
(Silva y Silva, 2007) |
39 |
Taramancos |
Habitacional |
3 |
Hierro |
2 |
Si |
Si |
No |
(González Gómez de Agüero et al., 2015) |
40 |
Valdamio |
Ceremonial |
1 |
Hierro II |
1 |
Si |
Si |
No |
(Concheiro Coello, 2009) |
41 |
Xesteira das Palinas |
Funerario |
1 |
Bronce Final/Hierro I |
1 |
Si |
Si |
No |
(Ramil González y Broz Rodríguez, 2021) |
42 |
As Huertas |
Actividad económica |
2 |
Hierro II |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Morán Fernández, 2019) |
43 |
Carbonera de Almoñu |
Actividad económica |
1 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
No |
Si |
(Menéndez Blanco et al., 2018) |
44 |
La Porida |
Habitacional |
2 |
Hierro II/Romano |
2 |
No |
Si |
No |
(Maya González, 1987) |
45 |
Las Vallinas |
Habitacional |
3 |
Hierro II/Romano |
1 |
Si |
Si |
Si |
(Fanjul Peraza et al., 2019) |
46 |
Vega de Corao |
Indeterminado |
Hierro II |
2 |
Si |
Si |
No |
(Requejo Pagés y Álvarez Martínez, 2013) |
|
47 |
Veiga de Villanueva |
Actividad económica |
2 |
Hierro II |
2 |
Si |
Si |
Si |
(Fernández Fernández, 2017) |
48 |
Vale do Ave (27 sitios) |
Habitacional |
2 |
Hierro II/Romano |
1 |
No |
Si |
No |
(Millet et al., 2000) |
Este trabajo ha sido realizado dentro del proyecto HINTERLAND (PID2021-122434NB-I00), financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/ y por FEDER “Una manera de hacer Europa”, a través de la Agencia Estatal de Investigación. El trabajo de S. Nión-Álvarez y D. González-Álvarez cuenta además con el soporte de los programas de Ayudas Juan de la Cierva (Ref. JDC2022-050335-I) financiada por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por la Unión Europea NextGenerationEU/PRTR, y Ramón y Cajal (Ref. RYC2021-034313-I) financiada por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por la Unión Europea NextGenerationEU/PRTR, respectivamente. Algunos de los datos empleados proceden de trabajos realizados en el marco del convenio Deputación de Pontevedra - CSIC “Programa de investigación en sitios e obxectos arqueolóxicos da provincia de Pontevedra”.
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