Jaume Noguera Guillén
IAUB, Universitat de Barcelona
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(Responsable de correspondencia)
Eduard Ble Gimeno
Universitat de Barcelona,
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Jordi López Vilar
Institut Català d’Arqueologia Clàssica,
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Pau Valdés Matías
Carrer de Pavia 51, 1-2, Barcelona 08028
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Fecha recepción: 09-12-2024 | Fecha aceptación: 24-02-2025
Resumen El análisis de la circulación monetaria en el Camp de Tarragona ha identificado una dispersión de monedas, principalmente hispano-cartaginesas, caracterizada por tener su centro y superior densidad en la ciudad ibérica de El Vilar (Valls), y por el control del territorio cosetano y de las comunicaciones entre la costa y el interior, pudiendo datarse en el 218 a.C. Las recientes excavaciones en El Vilar han constatado su destrucción violenta por parte de un ejército dotado de artillería de torsión, gracias a la documentación de proyectiles de balista entre los niveles de incendio y derrumbe de las casas. Estas dos evidencias se ponen en relación para proponer como hipótesis más probable que fueron las tropas de Aníbal Barca las autoras del asalto y destrucción de la ciudad. Finalmente, se discute la propuesta de una fortificación púnica en la acrópolis de Tarragona, anterior a la construcción de la muralla romana de inicios del siglo II a.C., y su posible relación con el control cartaginés del territorio cosetano a inicios de la Segunda Guerra Púnica.
Palabras clave Segunda Guerra Púnica, prospección arqueológica, numismática, artillería de torsión, Vilar de Valls, Tarraco, arquitectura militar.
Abstract The pattern of distribution of the coinage found in the region of Camp de Tarragona has pointed out a concentration, mostly of Hispanic-Carthaginian coins, centered in the urban center of El Vilar (Valls). This concentration points at the presence of the Punic Army in the area, controlling the Cosetan region and the communications between the coast and the inlands. This presence, according to the archaeological evidence, could be dated by 218 BC. The recent archaeological works conducted in the El Vilar, has attested the presence of ballistae projectiles between the levels of fire and collapse of the houses, highlighting the violent destruction suffered by the actions of an army employing torsion artillery. This evidence is connected, pointing at the assault and destruction of the city by Hannibal Barca troops. Finally, the proposal of a Punic fortress in the upper area of Tarragona, prior to the construction of the Roman wall at the beginning of the second century BC, is discussed, and its possible relationship with the Carthaginian control of the territory collected at the beginning of the Second Punic War.
Keywords Second Punic War, Archaeological Survey, Numismatics, Torsion Artillery, Vilar de Valls, Tarraco, Military Architecture.
Noguera Guillén, J., Ble Gimeno, E., López Vilar, J. y Valdés Matías, P. (2025): “El ejército cartaginés en la Cosetania: circulación monetaria y poliorcética durante la Segunda Guerra Púnica”, Spal, 34.1, pp. 201-230 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2025.i34.08
2. Los trabajos de prospección en el Camp de Tarragona
4. Análisis de la circulación monetaria
5. El armamento y equipamiento militares
6. El contexto histórico a partir de las nuevas evidencias arqueológicas
Figura 4. Unidades y divisores hispano-cartagineses de plata (cat. 24-30) y de bronce (cat. 31-45).
Tradicionalmente, el inicio de la Segunda Guerra Púnica se ha centrado en la marcha de Aníbal Barca a través de los Alpes y su llegada a la península itálica. Pero esta es una imagen sesgada de los primeros momentos del conflicto. Por las fuentes literarias sabemos que tras cruzar el río Ebro en el 218 a.C., los ejércitos de Aníbal combatieron duramente contra algunas comunidades ibéricas del nordeste, mientras eran apoyados por otras. Finalmente, Aníbal reprendió su camino hacia Italia a través de los Pirineos, dejando un contingente de tropas bajo el mando de Hannón, para asegurar la retaguardia y las comunicaciones. La presencia de tropas cartaginesas en este territorio fue muy breve, de pocos meses, pero en los últimos años diferentes proyectos de investigación han documentado restos arqueológicos que únicamente se pueden atribuir a la actividad de estos contingentes militares púnicos (Noguera et al., 2013; Noguera et al., 2020). Igualmente, otros proyectos centrados en el origen y desarrollo de los núcleos urbanos ibéricos del nordeste peninsular han identificado las consecuencias de la guerra sobre la población indígena, particularmente en la ciudad cosetana de El Vilar (Valls, Tarragona) y en la ciudad ilercavona del Castellet de Banyoles (Tivissa, Tarragona).
A partir de la localización del campamento escipiónico de Nova Classis en la desembocadura del río Ebro, en La Palma (L’Aldea, Tarragona), prospectado sistemáticamente entre 2006 y 2011 (Noguera, 2008; Noguera et al., 2015), y de la constatación de la presencia en este asentamiento militar de un número considerable de monedas hispano-cartaginesas, la investigación se ha centrado en la localización sistemática de estas monedas entre el río Ebro y los Pirineos, acuñadas por los cartagineses en la península ibérica.
Este numerario presenta unas características muy específicas que determinan su interés. En primer lugar, a pesar de que sus cecas todavía permanecen indeterminadas y las diferentes emisiones aún no han sido bien datadas (Villaronga, 1973; Ripollès, 2022a), no cabe duda de que fueron acuñadas en la península ibérica entre el 237 a.C., momento de la llegada de Amílcar Barca, y el fin de la presencia púnica en Iberia en el 206 a.C. En segundo lugar, el hallazgo de concentraciones significativas de estas monedas al norte del río Ebro sólo puede ser explicado por la presencia de tropas cartaginesas, de aliados o de mercenarios a sueldo, en un período breve y muy preciso, en concreto entre el paso del río Ebro por Aníbal en la primavera del 218 a.C., y la derrota de las tropas comandadas por Hannón en el verano del mismo año (Noguera et al., 2020, pp. 43-51). En función de la localización de estas monedas en el nordeste peninsular podemos destacar tres zonas (fig. 1).
Figura 1. Mapa del noreste peninsular con la dispersión de monedas hispano-cartaginesas con los topónimos mencionados en el texto. ^
Las concentraciones más importantes de moneda púnica se localizan en la costa y curiosamente se corresponden con la ubicación de los grandes campamentos de campaña romanos del período: el ya mencionado de Nova Classis y el situado junto a la ciudad griega de Emporion (Alfaro, 1991), con casi un centenar de piezas en cada uno. En el caso del campamento romano situado en Tarraco, su ausencia puede explicarse por la continuada ocupación hasta nuestros días. Estas monedas proceden del saqueo de los vencidos después de las sucesivas victorias romanas en la zona: Kissa/Cissis en el 218 a.C. (López Vilar y Noguera, 2015); la batalla naval de las bocas del Ebro en el 217 a.C.; o la batalla de Hibera, seguramente cerca de Traiguera - Intibili, en el 216 a.C. (Noguera, 2008, p. 36; Noguera et al., 2013).
La segunda zona de concentración se localiza en los territorios del interior, siguiendo el eje de los ríos Ebro y Segre, hasta el Prepirineo. En este caso lo interpretamos como indicios de la presencia de tropas púnicas. Sólo así podemos explicar por qué prácticamente sólo se localiza numerario cartaginés, siendo las monedas romanas republicanas inexistentes o absolutamente minoritarias. La concentración de monedas cartaginesas en el interior de Cataluña es coherente con el relato de las fuentes escritas, fundamentalmente Polibio y Livio, dado que ambos autores mencionan que las tropas de Aníbal atravesaron los territorios de una serie de pueblos íberos del interior, pero ninguno de la costa (Noguera et al., 2013, pp. 62-63). Es el caso del yacimiento de Les Aixalelles (Ascó, Tarragona), sin duda un campamento situado junto a un vado utilizado por el ejército púnico para cruzar el Ebro, y donde han sido recuperadas en prospección 25 monedas hispano-cartaginesas y una punta de flecha con arpón lateral, de tipo Macalón (Noguera et al., 2020, pp. 45-46). Igualmente, es el caso de la zona de la cuenca del Segre (Anglesola, Agramunt, Palau d’Anglesola, etc.) donde se han localizado concentraciones de decenas de monedas del mismo tipo (Noguera et al., 2013; Giral, 2015; Torres, 2019).
Por último, hemos documentado una tercera concentración de moneda hispano-cartaginesa, objeto de este artículo, situada en el Camp de Tarragona, a unos 20 km al norte de Cesse-Tarakon, con una especial densidad en torno a la ciudad cosetana de El Vilar (Valls). El conjunto analizado es producto de la prospección selectiva y sistemática de diversos yacimientos de este territorio, la mayoría inéditos, pero, sobre todo, del estudio de monedas procedentes de colecciones privadas (inventario en tabla 1, al final del trabajo, con su procedencia). Como veremos, las características de la dispersión de la moneda púnica, pero también de dracmas de Emporion y de óbolos de Massalia, permite plantear que estamos ante los restos materiales de un efímero dispositivo cartaginés de control del territorio, de sus comunicaciones y de los núcleos de población más importantes, en una zona de gran importancia estratégica para el control de la ruta entre la costa y los territorios del interior.
La zona norte del Camp de Tarragona es un nudo de comunicación entre el valle del Segre y la costa, que únicamente puede efectuarse por dos pasos obligados que flanquean la Sierra de Miramar, una estribación de la Cordillera Prelitoral: por el oeste el Estret de la Riba, y por el este el Coll de Cabra. Esta configuración orográfica determina que los ríos Francolí y Gaià, o los diversos barrancos o torrentes, tengan una clara orientación norte-sur, entre la Cordillera Prelitoral y la costa. Asimismo, muchas de las comunicaciones actuales (AP2, C14, TP-2311, etc.) presentan esta misma orientación y aprovechan estos dos pasos. Los dos núcleos principales de población en el siglo III a.C., El Vilar y Cesse-Tarakon, están separados por una distancia de 20 km en sentido norte-sur, siguiendo la cuenca del río Francolí. El primero controlaba el territorio interior y el acceso de los pasos de la Sierra de Miramar, mientras que el segundo dominaba la vía costera y el acceso marítimo (fig. 2).
Figura 2. Mapa del Camp de Tarragona con los lugares con presencia de monedas en circulación durante la Segunda Guerra Púnica mencionados y numerados en el texto: [1] El Vilar (Valls); [2] Coll de Cabra (Cabra del Camp); [3] Els Masos (La Secuita); [4] Mas de la Banyeta (La Secuita); [5] Mas de Cosme (El Catllar); [6] Mas de Gibert (La Secuita); [7] El Clot del Riuet (El Rourell); [8] La Vinya Closa (Aiguamúrcia); [9] Les Clues (Figuerola); [10] Puigdelfí (Perafort); [11] Els Calders (Vallmoll); [12] Masia del Gori (Vila-rodona); [13] Puigcabrer (La Riba); [14] Les Planes (Vila-rodona); [15] Camí de Bràfim (Puigpelat); [16] Bellavista (Nulles); [17] Pla d’Anguera (Sarral); [18] Masia del Sant Pare (La Secuita). ^
Los primeros trabajos de prospección en el marco de nuestro proyecto se desarrollaron entre 2013 y 2015 en torno a la ciudad de Valls. En total se prospectaron 26 ha situadas al este y norte del asentamiento ibérico de El Vilar [1], mientras que las zonas localizadas al sur y al oeste no se pudieron prospectar por estar ocupadas por el actual casco urbano de la población. El equipo de prospección estaba formado por seis personas equipadas con detectores de metales y aparatos de posicionamiento GPS para situar con precisión métrica todos los objetos cerámicos y metálicos. Cabe añadir que durante 2014 y 2015 alumnos del Grado de Arqueología de la UB realizaron prácticas de prospección arqueológica, aplicando diferentes métodos y técnicas: prospección pedestre, aérea, geofísica y con detectores de metales. Durante esta actividad se localizaron, mediante tomografía eléctrica, indicios de un foso que defendía el asentamiento ibérico de El Vilar por su extremo norte, certificado poco después mediante un sondeo arqueológico (Noguera et al., 2015). Se trata de una gran depresión artificial de unos 5 m de profundidad y unos 14 m de anchura, y que discurre en sentido este-oeste entre dos barrancos. En campañas de excavación posteriores se ha documentado una muralla de 8 m de anchura, situada a menos de un metro al sur del foso.
En cuanto a los resultados de la prospección electromagnética, cabe decir que estos se vieron comprometidos por la gran cantidad de residuos metálicos de todas las épocas en torno a la ciudad de Valls. Durante las distintas campañas de prospección se recuperaron 82 monedas, la mayoría de los siglos xvii y xviii, junto con abundantes proyectiles de plomo esféricos, cosa que nos permite plantear que en su mayor parte su dispersión es consecuencia de los numerosos asentamientos militares acantonados en la zona durante la Guerra dels Segadors y la Guerra de Sucesión (Güell, 2001; Albareda, 2007). Durante estos trabajos también se localizaron dos proyectiles de honda de plomo y una fíbula anular hispánica de bronce junto a dos monedas de bronce indígenas, en concreto una unidad de Sekisanos (ACIP 1868) de inicios del siglo I a.C. y una unidad de Iltirta (ACIP 1276), que algunos autores datan a finales del siglo III a.C. (MIB 67/43, Torregrosa, 2022). Sin embargo, la presencia de monedas del siglo III a.C. es más clara a partir del hallazgo de dos bronces sardo-púnicos, de dos óbolos de Massalia y de un sextante RRC 38/5. Estos materiales recuperados mediante prospección en Valls serán analizados con detalle más adelante, juntamente con las monedas y proyectiles de plomo procedentes de colecciones particulares.
Los trabajos de prospección se extendieron a otros lugares del territorio donde también teníamos noticias del hallazgo de monedas púnicas (fig. 2).
Es el caso de la zona de Coll de Cabra (Cabra del Camp) [2], donde en 2014 y 2017 prospectamos el angosto paso, especialmente un campo de 1.5 ha junto a la autopista AP2, con un excelente control del acceso natural y de la llanura del Alt Camp. No pudimos certificar arqueológicamente la presencia de monedas púnicas, pero sí contamos con documentación presente en las colecciones de la zona que nos informan sobre el hallazgo en este sitio de cinco monedas, en concreto un shekel (cat. 24) y tres monedas hispano-cartaginesas de 1/4 de shekel (cat. 27, 28 y 29), y una imitación gala de las dracmas emporitanas (cat. 10), monedas todas ellas acuñadas antes de la Segunda Guerra Púnica. No parecen ser las únicas que han aparecido en la zona, puesto que según información oral se habrían recuperado al menos una docena de monedas más, casi todas hispano-cartaginesas de plata y siempre en el mismo campo, lo que sugiere que estamos ante los restos de una ocultación monetaria.
En el yacimiento de Els Masos (La Secuita) [3] ya conocíamos el hallazgo previo de medio shekel hispano-cartaginés (cat. 26) y una semiuncia RRC 38/7 (cat. 63) (López Vilar, 2014, pp. 86-87), por lo que fue prospectado en abril de 2016, pero sin resultados positivos. Posteriormente hemos podido documentar, a 1 km al norte del anterior, el hallazgo de un óbolo de Massalia (cat. 21) en el Mas de la Banyeta (La Secuita) [4] y, también en la Secuita, en la Masia del Sant Pare [18], una unidad sículo-púnica (cat. 1).
Igualmente, a unos 2 km al sur, en el Mas de Cosme (El Catllar) [5] también teníamos noticia del hallazgo de 6 proyectiles de honda de plomo, una punta de flecha de bronce y un divisor de bronce hispano-cartaginés (cat. 45). La prospección realizada en 2015 en el marco del proyecto recuperó otras 6 glandes de plomo, otra punta de flecha de bronce y una fíbula anular hispánica.
A 2 km al suroeste se ubica el Mas de Gibert (La Secuita) [6], donde se localiza una villa romana. En superficie se ha recuperado una unidad hispano-cartaginesa, muy desgastada, y que, por tanto, podría haber estado en circulación un cierto tiempo (cat. 40).
Durante la campaña de 2016 se prospectó una superficie de 9 ha en la zona de El Clot del Riuet (El Rourell) [7], unos campos situados a 1.5 km al oeste del río Francolí, donde teníamos noticia del hallazgo de una unidad hispano-cartaginesa (cat. 42) y de dos divisores de bronce de Cartago (cat. 48 y 49). A pesar de que hemos podido documentar estas tres piezas, durante la prospección no se encontró ninguna otra moneda del período estudiado. En la misma campaña se prospectaron otras 7.5 ha en la partida de La Vinya Closa, en el sureste del monasterio cisterciense de Santes Creus (Aiguamúrcia) [8], donde anteriormente se había recuperado una unidad de bronce hispano-cartaginesa y una mitad cartaginesa (cat. 41 y 47), pero sin resultados positivos.
Otros lugares de la comarca donde se han descubierto piezas hispano-cartaginesas o monedas coetáneas de la Segunda Guerra Púnica, pero que no han sido prospectados en el marco de nuestro proyecto, son la partida de Les Clues (Figuerola del Camp) [9], donde apareció una unidad de bronce, muy erosionada, que podría ser sarda o cartaginesa (cat. 46); un divisor de bronce cartaginés (cat. 50) en Puigdelfí (Perafort) [10]; medio shekel hispano-cartaginés (cat. 23), que no hemos podido documentar, en la partida de Els Calders (Vallmoll) [11]; o un divisor hispano-cartaginés (cat. 44) cerca de la Masía del Gori (Vila-rodona) [12]. Por otra parte, en el poblado ibérico situado en la elevación del Puigcabrer (La Riba) [13], con un excelente control del Estret de la Riba, se encontró un óbolo de Massalia, un bronce hispano-cartaginés y dos dracmas de Emporion, una de las cuales (cat. 58) publicada (Crusafont, 2009, núm. 222; ACIP 202). Igualmente hay que mencionar lo que parece una segunda ocultación realizada en un momento de peligro, un tesoro, en la zona de Les Planes (Vila-rodona) [14] a 2 km al oeste de Aiguamúrcia. Estaba formado por un mínimo de once monedas de plata hispano-cartaginesas y varios fragmentos de objetos de plata recortados (¿hacksilver?). En el mismo campo también se halló una docena de glandes de plomo. Desgraciadamente, sólo hemos podido documentar uno de los shekels (cat. 25); el resto de monedas y fragmentos de plata parece haberse vendido y dispersado.
Finalmente, otros hallazgos datados en la Segunda Guerra Púnica son una dracma emporitana (cat. 12) en el Camí de Bràfim (Puigpelat) [15] (López Vilar y Noguera, 2022, p. 115, figs. 2, 14); una imitación gala de las dracmas de Emporion, de tipo Bridiers (cat. 9) y un óbolo de Massalia (cat. 22) en Bellavista (Nulles) [16] (López Vilar y Noguera, 2022, p. 118, figs. 3, 3); y un bronce hispano-cartaginés (cat. 43) en el Pla d’Anguera (Sarral) [17].
Seguidamente describiremos las monedas, numeradas en el catálogo en función de su cronología (figs. 3-5). El 60% de las 66 monedas del siglo III a.C. que hemos localizado, o que hemos podido estudiar directamente (un total de 40 piezas), son de origen púnico: 24 son hispano-cartaginesas, dos de Ebusus, 7 cartaginesas, dos sículo-púnicas y 5 sardo-púnicas, aunque en algún caso su deficiente estado de conservación podría variar su atribución a una u otra ceca púnica. El resto de monedas son 10 óbolos de Massalia, un bronce de Rhode, 7 unidades o divisores de plata de Emporion, una imitación ibérica, dos imitaciones galas de plata, una moneda de Akragas y 4 piezas de Roma. Aparte de estas monedas acuñadas en una fecha anterior a la Segunda Guerra Púnica, también queremos dejar constancia de la presencia, en estas colecciones, de 13 monedas ibéricas de los siglos II-I a.C., fundamentalmente recuperadas en los alrededores de pequeños asentamientos rurales de la misma cronología, identificados durante nuestras prospecciones.
Las dos monedas sículo-púnicas (cat. 1 y 2) son dos unidades con anverso Tanit a la izquierda y reverso caballo parado a la derecha con palmera (Alexandropoulos, 2000, p. 366), recuperadas en la Masia del Sant Pare y El Vilar, respectivamente.
Hemos identificado cinco bronces sardo-púnicos. En primer lugar, tres unidades halladas entorno a El Vilar con anverso Tanit a la izquierda y reverso cabeza de caballo a la derecha (cat. 3 a 5) de la primera mitad del siglo III a.C., y un probable divisor de la misma ceca, en mal estado y difícil de clasificar (cat. 6). Por último, un quinto bronce sardo-púnico (cat. 62), con Tanit a la izquierda en el anverso y toro parado con estrella de ocho puntas en el reverso; en principio una moneda acuñada en Cerdeña en torno el 216 a.C. (Mandatori, 2020; Valdés, 2022), aunque existen propuestas de una cronología de acuñación del 241-238 a.C. (Visonà, 2013; Manfredi, 2020, pp. 73-74).
En cuanto a las 7 monedas de Cartago, 6 de bronce y una de plata, se han localizado dos en los alrededores de El Vilar (cat. 52 y 53), otras dos en El Clot del Riuet (cat. 48 y 49), una en Puigdelfí (cat. 50) y una en la Vinya Closa (cat. 47), todas caracterizadas por presentar en el reverso un caballo parado a la derecha, con la cabeza girada a la izquierda. En cuanto a la moneda de plata, hallada en torno El Vilar, con anverso cabeza femenina a la izquierda y reverso caballo parado a la derecha, se trata de un fragmento que no permite una identificación precisa (cat. 51).
Entre el total de 24 monedas hispano-cartaginesas, hemos identificado 8 piezas de plata. Tres son monedas aisladas: un cuarto de shekel con reverso elefante a la derecha (cat. 30) en El Vilar; medio shekel con reverso caballo estante a la derecha (cat. 26) en Els Masos; y otro similar en Els Calders (cat. 23), que no hemos podido ver. El resto de piezas de plata se hallaron formando dos agrupaciones. El primer conjunto, de un mínimo de una docena de monedas, se localizó en el Coll de Cabra, como hemos comentado, entre las que hemos podido estudiar cinco piezas: tres monedas de cuarto de shekel (cat. 27 a 29), una de un shekel (cat. 24) y una imitación gala de las dracmas de Emporion. De la segunda concentración de un mínimo de 11 shekels en Les Planes sólo hemos podido estudiar una moneda, un shekel con reverso caballo estante a la derecha con la cabeza girada a la izquierda, con palmera detrás (cat. 25).
En cuanto a las 16 monedas hispano-cartaginesas de bronce, el tipo más abundante son las 8 unidades con cabeza de Tanit a la derecha y reverso cabeza de caballo a la derecha (ACIP 578-580), cinco de ellas localizadas en El Vilar (cat. 31 a 35). Las otras tres monedas de este tipo proceden de Mas de Gibert, la Vinya Closa y El Clot del Riuet (cat. 40 a 42).
En cuanto a los 7 divisores, en torno a El Vilar se han localizado cuatro: dos ACIP 582 (cat. 37 y 39), un ACIP 610 (cat. 38) y un ACIP 613 (cat. 36). Otros dos divisores ACIP 586 se hallaron en la Masia del Gori y en Mas de Cosme (cat. 44 y 45) y un segundo ACIP 613 en el Pla d’Anguera, ya en la comarca de la Conca de Barberà (cat. 43). Por último, cabe añadir un divisor de bronce púnico hallado en Les Clues (cat. 46), que por su mal estado de conservación no hemos podido clasificar, pero que podría ser hispano-cartaginés.
Finalmente, hemos localizado dos monedas de bronce de Ebusus en torno a El Vilar; la primera corresponde a ACIP 731 (cat. 61), con el característico dios Bes con martillo y serpiente, a la izquierda caduceo y a la derecha letra fenicia šin. En relación con estos bronces se ha propuesto una cronología de 200-125 a.C. (MIB 16/54, Ripollès 2022b), pero seguramente hay que retrotraer unos años su acuñación, como mínimo hasta inicios de la Segunda Guerra Púnica, a juzgar por los 13 ejemplares actualmente contabilizados en el campamento de Nova Classis, donde llegarían como consecuencia del expolio de las tropas cartaginesas derrotadas. La segunda moneda corresponde a ACIP 719 (cat. 60), con anverso Bes con maza y serpiente, y reverso toro embistiendo a la izquierda. Actualmente ya se propone una cronología de finales del siglo III a.C. (MIB 16/40), como constata su presencia en el campamento de Nova Classis.
Figura 3. Monedas sículo-púnicas (cat. 1-2); sardo-púnicas (cat. 3-6); Akragas (cat. 7); Emporion e imitaciones (cat. 8-10 y 12-13); Rhode (cat. 11); Massalia (cat. 14-22). ^
Las monedas de Massalia están representadas por 10 óbolos, 8 recuperados alrededor de El Vilar (cat. 14 a 20 y 59), otro en el Mas de la Banyeta (cat. 21), y un último ejemplar en Bellavista (cat. 22). Todos los ejemplares presentan en el anverso la cabeza de Apolo a la izquierda, y en el reverso rueda de cuatro radios con las letras MA. Dos de los ejemplares de El Vilar presentan perforaciones (cat. 14 y 17), lo que sugiere su reutilización como complemento de un collar o similar. La clasificación y estudio de estas monedas es compleja, sobre todo debido a la uniformidad de estilo y peso a lo largo de muchos años, por lo que presentan un abanico cronológico muy amplio, en todo caso dentro del período helenístico, entre el 336 y el 49 a.C. (Maurel, 2016). Ahora bien, creemos que todas son acuñaciones anteriores a la Segunda Guerra Púnica, con seguridad el óbolo cat. 59, que presenta la cabeza de Apolo con flequillo, sin patillas y con el pabellón auricular bien destacado, que podemos asociar con el tipo Maurel 372, acuñado entre 250-220 a.C. Igualmente, los tipos de anverso de los cat. 15 y 16, con nariz y mentón prominentes, se pueden relacionar con la tipología Maurel 355-366 del período 310-250 a.C. Por último, el cat. 22, a pesar del estado de conservación de la cabeza de Apolo, parece que presenta patillas en forma de rizo, una característica de los óbolos masaliotas del período 220-150 a.C. (Maurel, 2016, pp. 377-388).
Figura 4. Unidades y divisores hispano-cartagineses de plata (cat. 24-30) y de bronce (cat. 31-45). ^
En cuanto a las 7 monedas de Emporion acuñadas antes de la Segunda Guerra Púnica, cabe destacar el hallazgo en Valls de una dracma con anverso con cabeza de la diosa a la izquierda y reverso caballo parado a la derecha, con victoria encima (cat. 8), para la que se ha propuesto una fecha de acuñación aproximada, entre el 275-200 a.C. (MIB 2/07). Igualmente, de Valls es una sorprendente “dracma” de bronce (cat. 13) similar a ACIP 165, en anverso con cabeza de Aretusa a la derecha rodeada de tres delfines, y Pegaso con cabeza sin modificar a la derecha en el reverso, pero con la leyenda ΕΜΠΟΡΙΤΩ, sin la N final (López Vilar y Noguera, 2022, p. 114), quizás una falsificación de época que ha perdido el baño de plata. Hay que añadir una dracma acuñada entre 241 y 218 a.C. (cat. 12) procedente del Camí de Bràfim. En cuanto a las dracmas emporitanas con el reverso con la cabeza del Pegaso modificada y divisores afines, en principio datados entre 218-206 a.C., hemos localizado una dracma (cat. 54), un tritartemorion (cat. 55) y un tetartemorion que no hemos podido consultar (cat. 56) en El Vilar; y una dracma en la cima del Puigcabrer (cat. 58), en el Estret de la Riba.
Al respecto de otras monedas griegas encontradas en Valls, hemos localizado una unidad de bronce de Rhode (cat. 11) con cabeza femenina a la izquierda en el anverso y rosa vista por encima en el reverso (López Vilar y Noguera, 2022, p. 114). Su acuñación se data entre 270 y 225 a.C. (Campo, 2022, pp. 46-48). Su producción fue escasa, pero se ha documentado en contextos de la Segunda Guerra Púnica, como en Nova Classis, donde hay tres del mismo tipo.
Finalmente, también en torno a El Vilar citamos un bronce de Akragas, con cabeza de Zeus imberbe a la derecha en el anverso y dos águilas sujetando una liebre muerta en el reverso (cat. 7), de principios del siglo III a.C.
Hemos documentado una imitación ibérica de los divisores de Emporion, un óbolo (cat. 57) de Valls, e igualmente dos imitaciones galas. La primera es una moneda partida (cat. 10) encontrada entre la ocultación o tesoro del Coll de Cabra, una imitación del prototipo del Pegaso, y donde la presencia de delfines en el anverso indicaría una cronología posterior al 241 a.C. (Villaronga, 2000, p. 179). La segunda, hallada en Bellavista, podría ser una dracma de imitación de las estateras de Filipo II de Macedonia, con reverso de biga, de tipo Bridiers (cat. 9). Se ha propuesto su acuñación en el territorio entre los ríos Loira y Garona (Villaronga, 1984, p. 220, fig. 1, 1; Villaronga, 2000, pp. 6-7). Estas dos monedas, por los tipos imitados y por su peso, son claramente acuñaciones anteriores a la Segunda Guerra Púnica (Ripollès, 2022c).
Por último, en el territorio explorado sólo hemos podido localizar cuatro monedas romanas, todas acuñadas en una fecha posterior al 217-215 a.C. Se trata de un sextante (cat. 65) y de una uncia (cat. 64) encontrados alrededor de El Vilar, y de una semiuncia (cat. 63) recuperada en Els Masos (López Vilar, 2014, p. 87). Una mención especial merece el hallazgo en El Vilar de una moneda de plata de finales del siglo III a.C. (cat. 66), vendida en una subasta (Martí Hervera, 1999, p. 60) con letra R en una cara y corona de laurel con cintas y glóbulo central en la otra. Se trata de un óbolo (ACIP 535) o hemióbolo (MIB 215/08) de la Segunda Guerra Púnica, que M. P. García-Bellido (2000-2001, pp. 571-573) considera una libella acuñada por Roma en la península ibérica en torno 209-206 a.C.
Antes de analizar las monedas identificadas en la zona y de intentar su contextualización histórica, tenemos que recordar que se trata de monedas sin contexto arqueológico, por lo que las hipótesis planteadas son preliminares y tendrán que ser comprobadas en el futuro con una documentación más fiable. Ahora bien, hemos conseguido ubicar la inmensa mayoría de los hallazgos, y en ocasiones los hemos podido certificar mediante prospecciones arqueológicas.
Figura 5. Moneda hispano-cartaginesa indeterminada (cat. 46); monedas de Cartago (cat. 47-53); dracmas y divisores de Emporion e imitación (cat. 54-58); óbolo de Massalia (cat. 59); bronce de Ebusus (cat. 60); moneda sardo-púnica (cat. 62); bronces y hemióbolo romanos (cat. 63-66). ^
Del conjunto de la documentación analizada destacan dos evidencias (fig. 6). La primera es la elevada y anómala presencia de moneda púnica en el norte del Camp de Tarragona, con 40 ejemplares (60% del total), la concentración más importante entre el río Ebro y los Pirineos, a excepción de la zona de Palau d'Anglesola-Agramunt y de los campamentos romanos de Nova Classis y de Emporion. La segunda es que más de la mitad de estas monedas púnicas (21 piezas) se ha localizado en torno de la ciudad cosetana de El Vilar, donde se ha recuperado el 60% del total de las monedas estudiadas. Consideramos que ambas concentraciones son producto de un mismo fenómeno, y que la causa más probable es la presencia de tropas cartaginesas en esta zona durante el año 218 a.C.
Figura 6. Cantidad y porcentaje de monedas localizadas en el Camp de Tarragona y en torno a El Vilar de Valls acuñadas antes o durante la Segunda Guerra Púnica. ^
En este sentido, exceptuando lo que parecen tesoros u ocultaciones, las 18 monedas hispano-cartaginesas identificadas son similares a las concentraciones de monedas recuperadas en otros yacimientos entre el Ebro y los Pirineos, pero con algunos rasgos específicos. Así, la mayoría de las monedas son de bronce, salvo un cuarto de shekel en Valls y medio shekel en Els Masos. Lo mismo sucede en el campamento de Nova Classis, donde entre las 68 monedas hispano-cartaginesas actualmente contabilizadas sólo hay un divisor de plata. Un caso similar se documenta en Les Aixalelles, donde de las 25 monedas hispano-cartaginesas sólo una es de plata, un cuarto de shekel como el de Valls (Noguera et al., 2020, pp. 45-46). Por tanto, puede deducirse que estamos ante moneda fraccionaria utilizada por tropas acantonadas en asentamientos militares de campaña. Entre estas 16 piezas de bronce hispano-cartaginesas, son predominantes las unidades del tipo con anverso cabeza de Tanit a la izquierda y reverso cabeza de caballo a la derecha (ACIP 578-580), con 8 ejemplares, y sus divisores con anverso cabeza de Tanit a la izquierda y reverso de casco corintio de buen estilo (ACIP 582-583) o en su versión tosca (ACIP 586-587), con 4 ejemplares. Estos mismos tipos son también los predominantes entre las piezas hispano-cartaginesas de bronce en Les Aixalelles (unidades 48%, divisores 24%), así como en Nova Classis (unidades 37%, divisores 37%). En cambio, hay que resaltar que se ha recuperado una moneda de un 1/5 de unidad (ACIP 610) y dos monedas de 1/3 de unidad (ACIP 613), tipos prácticamente inéditos al norte del río Ebro.
Tenemos que recordar que hemos documentado dos concentraciones de monedas hispano-cartaginesas de plata. Es el caso del Coll de Cabra, con un mínimo de una docena de shekels y divisores, y una dracma gala de imitación de Emporion; y también de la partida de Les Planes (Vila-rodonda), con 11 shekels, parece que hallados junto a fragmentos de objetos de plata recortados (hacksilver). Seguramente estamos ante ocultaciones realizadas en un momento de peligro, donde no sólo se atesora la moneda, sino también recortes de plata, un fenómeno habitual durante la Segunda Guerra Púnica. Creemos que estas ocultaciones, por estar constituidas de manera casi exclusiva por moneda púnica, deben datarse también en el 218 a.C., probablemente justo antes de la batalla de Cissis/Kissa. Por otra parte, no deja de ser interesante que ambos conjuntos se localicen sobre el mismo eje viario –actualmente la AP2- que permite comunicar la costa y el interior a través del Coll de Cabra.
En cuanto al resto de acuñaciones púnicas, los dos bronces de Ebusus parece que ya estaban en circulación antes de la guerra, como indica su presencia en el campamento de la Palma-Nova Classis, ocupado entre el 217-209 a.C. Las dos monedas sículo-púnicas y cuatro de las sardo-púnicas revisten un especial interés por su antigüedad y procedencia, ya que se trata de piezas acuñadas entre mediados del siglo IV a.C. y mediados del siglo III a.C. En los escasos conjuntos campamentales conocidos entre el río Ebro y los Pirineos (Nova Classis, Les Aixalelles) son siempre minoritarias entre una masa de piezas hispano-cartaginesas. Parece que una parte llegó de manera residual entre los suministros de moneda enviados desde la metrópolis durante la Segunda Guerra Púnica, como muestra el lote procedente del dragado del puerto de Melilla, donde son testimoniales (Alfaro, 1993, pp. 14-20). Pero, sin duda, una cantidad indeterminada llegó en fechas anteriores por vía comercial, o quizás incluso por la presencia de contingentes militares cartagineses en el valle del Guadalquivir antes del desembarco bárquida en Iberia, como se ha propuesto (Ferrer y Pliego, 2013).
Como ya hemos comentado, la moneda sardo-púnica con reverso de toro y estrella hay que considerarla aparte. Su fecha de acuñación actualmente está en cuestión, aunque nosotros nos decantamos por considerarla una pieza emitida durante la Segunda Guerra Púnica, habida cuenta que contamos con ocho ejemplares en el campamento escipiónico de Nova Classis.
En cuanto a las 7 piezas de Cartago datadas entre el 221-210 a.C., hay que recordar que llegaron en enormes cantidades a la península, como muestra el conjunto de miles de monedas recuperadas en el puerto de Melilla (Alfaro, 1993, pp. 25-32) o en la ocultación del Castillo de Doña Blanca (Cádiz), donde 24 de las 56 monedas de bronce, halladas en contexto estratigráfico, son del mismo tipo que las de El Vilar, con reverso caballo parado a derecha y cabeza vuelta (Alfaro y Marcos, 1994, p. 233).
Por último, es interesante añadir otras dos monedas hispano-cartaginesas del tipo ACIP 578-580, por su específica localización en el interior del núcleo urbano de El Vilar. La primera encontrada en los años 80 en la zona del campo de fútbol (Fabra y Vilalta, 2008, p. 191, fig. 107, 2), y la segunda hallada en niveles superficiales durante la campaña de excavación de 2023 (fig. 7, 1-2).
Figura 7. Monedas hispano-cartaginesas y romanas localizadas en el interior del núcleo urbano de El Vilar (Valls). ^
En definitiva, la proporción y la composición de las monedas púnicas incluidas en este trabajo es básicamente similar a la de otros hallazgos de este tipo de piezas, tanto al norte del Ebro como en el valle del Guadalquivir. En cualquier caso, hay que rechazar un fenómeno de perduración en su circulación, y en nuestra opinión hay que relacionarlas con la presencia de contingentes militares cartagineses.
En cuanto a las monedas de las colonias griegas de Massalia y Emporion, ciudades aliadas de los romanos y que contribuyeron a la guerra con dinero y naves, ciertamente se podría considerar que su presencia se relacionase con una circulación vinculada al esfuerzo bélico romano en la península. Pero, en general, presentan unas características y una cronología que parecen descartar esta atribución.
Las monedas de Massalia están presentes en el territorio en un porcentaje del 15%, mientras que las de Emporion representan el 11%, porcentajes relativamente elevados. Pero en el primer caso se trata siempre de óbolos que seguramente ya estaban en circulación antes del estallido del conflicto. Además, creemos significativa la ausencia de monedas de bronce de Massalia, sobre todo si la comparamos con los 37 bronces massaliotas actualmente contabilizados en el campamento romano de Nova Classis, fácilmente identificables por presentar en el anverso la cabeza de Apolo a la izquierda. Estos divisores de bronce debieron de llegar con los legionarios romanos a partir del 218 a.C., después de la escala marítima en Massalia, o incluso podrían haber formado parte del numerario de las tripulaciones massaliotas que participaron en la batalla naval de las bocas del Ebro en el 217 a.C.
En el caso de las monedas de Emporion, se han identificado 7 dracmas y divisores, la mayoría datados antes del 218 a.C., una imitación ibérica, y dos imitaciones galas, estas últimas claramente anteriores a la guerra.
En definitiva, estamos ante una circulación monetaria constituida por la presencia de las primeras monedas en uso por parte del mundo indígena, las dracmas y divisores de Emporion y los óbolos de Massalia, y la llegada puntual de monedas de imitación del sur de la Galia, de Rhode o de Ebusus, una circulación sin duda incrementada por el estallido de la guerra. A ella hay que añadir el conjunto mayoritario de monedas hispano-cartaginesas, que es la verdadera anomalía que únicamente puede fecharse en el 218 a.C. Igualmente, podemos sumar una evidencia negativa: la ausencia de bronces romanos acuñados antes del 217 a.C., como los hallados en el campamento de Nova Classis.
De hecho, a las cuatro monedas romanas halladas en torno a Valls tenemos que añadir otras dos, encontradas en el interior del asentamiento ibérico de El Vilar, pero sin contexto arqueológico (fig. 7, 3-4). La primera es un sextante RRC 38/5, encontrado al abrir una zanja de servicio junto a los almacenes de la estación de Valls (Fabra y Vilalta, 2008, p. 191, fig. 107, 1), también del 217-215 a.C. La segunda se documentó dentro de una zanja moderna de expolio durante la campaña de 2021 en el interior de los mismos almacenes (Noguera y Menéndez, 2022), pero en este caso se trata de un sextante RRC 64/6b acuñado en Cerdeña por el pretor del 210 a.C., P. Manlius Vulso. Estas monedas carecen de contexto arqueológico, pero son indicios que sugieren su pérdida en un contexto posterior, aún por determinar con exactitud.
Además de las monedas documentadas en los trabajos de prospección, hay que añadir los restos de armamento, donde numéricamente destacan los proyectiles de honda de plomo. Nos centraremos en el conjunto de glandes encontrado en los alrededores de El Vilar (20) y en el Mas de Cosme (12), al desconocer las características del grupo encontrado en Les Planes (12) en manos de particulares y aún inédito. Los proyectiles estudiados (fig. 8) son bastante homogéneos y presentan unas características que apuntan a una datación antigua (siglos III-II a.C.).
Por un lado, destaca su morfología con un claro predominio de las formas fusiformes o almendradas del tipo Ic por encima de las bicónicas del tipo II (Völling, 1990). También se documentan ejemplares más raros, como las formas ovoides del tipo Ia, e incluso las naviformes, fabricadas con moldes univalvos o con una cara aplanada, al que denominamos tipo 0 (Ble, 2015, p. 188).
Por el otro lado, la masa de los proyectiles denota una clara voluntad de ajustarse a unos calibres determinados, que tienen una cierta adscripción cronológica. El conjunto de los proyectiles del Mas de Cosme presenta una distribución perfecta en torno a los 35 g, un peso que se ajusta a un patrón griego basado en la mina ática y que coincidiría con 8 dracmas (Rihll, 2007, pp. 150-151 y 290-291; Ble, 2015, pp. 192-194). El caso de Valls no es tan claro, ya que presenta una distribución bimodal, con una mayoría de proyectiles cercanos a los 38 g y un ejemplar de justo el doble, 76 g. Podría tratarse de una desviación respecto al patrón ático o denotar el uso de un patrón distinto, quizás de un múltiplo del shekel cartaginés de 7.6 g, puesto que los pesos se agrupan en múltiplos de 5 y 10. En cualquier caso, la existencia de un menor número de ejemplares que dupliquen exactamente el peso de la mayoría es un esquema que se repite en otros yacimientos cercanos fechados a finales del siglo III a.C., como Nova Classis o el Puntal dels Llops (Quesada et al., 2015, pp. 346-355).
Respecto a las puntas de flecha documentadas hay que diferenciar dos tipos. En primer lugar, la punta piramidal de hierro con enmangue tubular encontrada en el Mas de Cosme (fig. 8, 38). Este tipo de proyectiles es morfológicamente similar a las puntas de flecha de época medieval de tipo bodkin. Aun así, se ha identificado en contextos romanos como en el yacimiento de Smihel (Horvat, 1997, pp. 111-113), la batalla de Baecula (Quesada et al., 2015, pp. 367-370, fig. 26, n. 1001A y 7368) o el asedio de Iliturgi (Bellón et al., 2021, p. 18), por lo que nos encontraríamos delante de una forma con una larga perduración en el tiempo. En cualquier caso, no se documenta en la península ibérica con anterioridad al siglo III a.C. Cuando aparece en contextos de época romana pueden confundirse con proyectiles de catapulta, por lo que es necesario determinar la metrología para discernir la función del proyectil (Ble, 2015, p. 169; Quesada et al., 2015, pp. 333-334). En este caso la anchura de la punta inferior a 1.5 cm, el diámetro interior del enmangue inferior a 1 cm, y la masa total inferior a los 25 g, nos indican que se trataría de una flecha.
Figura 8. Selección de militaria y gráficas de masa de las glandes localizadas en El Vilar (Valls) y Mas de Cosme (El Catllar). ^
El resto de las puntas localizadas están hechas de bronce y presentan formas propias del mundo indígena. Por lo tanto, podrían pertenecer a contextos anteriores, y no podemos asegurar su vinculación a los enfrentamientos de la Segunda Guerra Púnica. Aun así, el hallazgo en las proximidades de proyectiles de honda y monedas fechadas en ese período bélico, sumado a la identificación de ejemplares similares en contextos militares campamentales (Nova Classis, Emporion o Baecula), nos obliga a mencionarlas.
Se trata de puntas de aleta y pedúnculo (enmangue de lengüeta), fechadas de forma tradicional en los periodos del Bronce Final y Primer Hierro. Pero recientemente se han documentado puntas que demostrarían su pervivencia hasta el siglo III a.C. o, en casos excepcionales como el de La Cloche, hasta el siglo I a.C. (Chabot y Feugère, 1993, p. 340; Quesada et al., 2015, pp. 375-376). Las formas que parecen perdurar más son aquellas que presentan un engrosamiento en el centro de la lengüeta, tipo B de Ruiz Zapatero (1985, pp. 930-937), pese a que también se documentan formas más simples, tipo C. De hecho, en nuestros trabajos hemos documentado tres puntas de flecha de este segundo tipo, una con el pedúnculo largo (tipo C3) en las cercanías de Valls (fig. 8, 21), y dos con el pedúnculo corto (C1), una en el Mas de Cosme y la otra en la Vinya Closa (fig. 8, 39-40).
Si nos centramos en los restos de equipamiento militar encontrados, las evidencias son mucho menores, como el hallazgo de dos tachuelas de hierro que probablemente pertenecían a dos clavos de cáliga romana (clavi caligarii). Las dos son de módulo grande, con cabotas de más de 15 mm de ancho, equivalentes a los tipos A y B de Baecula (Quesada et al., 2015, pp. 377-381), o a nuestro grupo 4 (Ble, 2015, pp. 251-254). En general, no parece existir una adscripción cronológica según el módulo, pues este grupo se documenta en los diversos contextos de época republicana estudiados (finales del siglo III a.C. - mediados del siglo I a.C.). En cualquier caso, la muestra es tan reducida que no permite un análisis más profundo (fig. 8, 22-23).
También hay que destacar el hallazgo de un botón con anilla triangular en torno a El Vilar (fig. 8, 24). Se trataría de un botón de la clase VIII de Wild (1970, pp. 137-144), el más común, y documentado tanto en contextos imperiales como republicanos. En general, se tiende a interpretar estos botones como objetos multifuncionales: sujeción del pugio, del gladius, cierre de piezas textiles, extremos de correas, adornos de caballería o cierre de embalajes de cuero, como tiendas o fardos. En cualquier caso, todas estas interpretaciones se vinculan al ámbito militar, especialmente claro en los contextos de época republicana.
Finalmente, hay que mencionar dos fíbulas anulares hispánicas, encontradas en los alrededores de Valls y en el Mas de Cosme. En concreto, en el primer caso (fig. 8, 25), se trataría de una fíbula de naveta simple (tipo 4b, variante I de Cuadrado) y, en el segundo, de una de tambor elipsoidal de dimensiones reducidas (tipo 2b, variante III). Las dos se fecharían entre los siglos IV y III a.C. (Cuadrado, 1957), por lo que también se podrían adscribir a un contexto de Segunda Guerra Púnica.
El análisis de la dispersión y de las características de las monedas en la zona de estudio nos permite una interpretación cronológica y geográfica de sumo interés.
Desde el punto de vista cronológico, es evidente que la gran mayoría de estas monedas se perdieron o amortizaron durante el año 218 a.C., único momento en que el ejército cartaginés tuvo una presencia y un control efectivos de parte del territorio al norte del río Ebro. Y desde el punto de vista geográfico, su localización presenta dos patrones de distribución concéntricos, con una estructura radial. Una primera corona se sitúa alrededor de la ciudad cosetana de El Vilar, donde se concentra la mayoría de las piezas, con una distribución preferente en el norte, pero especialmente en el este, al otro lado del barranco del Catllar (fig. 9).
Figura 9. Mapa de dispersión de las monedas y de los proyectiles de plomo en torno al núcleo urbano de El Vilar (Valls). ^
La segunda corona se sitúa a una distancia inferior a los 10 km de El Vilar, con una dispersión más reducida, pero caracterizada por estar ubicada con la intención de controlar los pasos de montaña, los lugares estratégicos y las vías de comunicación (fig. 10). En definitiva, estaríamos ante los restos materiales, en este caso numismáticos, de la ocupación y control de esta zona de la Cosetania por parte del ejército cartaginés en el 218 a.C.
Figura 10. Perspectiva de los lugares con hallazgos de monedas en el norte del Camp de Tarragona alrededor de El Vilar de Valls (adaptado de Google Earth). ^
Las fuentes escritas no mencionan explícitamente el control púnico en esta zona, pero quizás sí de manera implícita. Hay que recordar que Aníbal «tomó por la fuerza algunas ciudades más pronto de lo que hubiera esperado, pero le costaron numerosas y duras luchas en las que perdió no pocos hombres» (Polyb. 3.35.3, trad. M. Blasco Recort). En el mismo sentido, «los hispanos habían sido sometidos por la fuerza y se les habían impuesto fuertes guarniciones» (Liv. 21.24.2, trad. J.A. Villar y Vidal).
Los romanos desembarcaron en Emporion en el verano del 218 a.C. y después conquistaron la costa hasta el río Ebro (Polyb. 3.76; Liv. 21.60.1). A continuación, iniciaron la marcha hacia el interior en busca del ejército dejado al sur de los Pirineos por Aníbal; diez mil soldados y mil jinetes comandados por Hannón, con el apoyo del caudillo de los ilergetes, Indíbil. La batalla se produjo cerca de una población, denominada Kissa por Polibio, y Cissis por Livio, y que, en cualquier caso, no puede ser Cesse-Tarraco, dado que ambos autores diferencian claramente las dos poblaciones. Teniendo presente esta narración, parece difícil aceptar que el ejército romano, en su marcha hacia el interior, no se hubiera topado con el ejército cartaginés en la zona norte del Camp de Tarragona que controlaba el paso hacia el valle del Segre, y por lo tanto convertiría la ciudad de El Vilar de Valls en una firme candidata para ser el asentamiento de Kissa/Cissis.
Actualmente contamos con nueva documentación arqueológica que, como suele ocurrir, abre nuevos interrogantes en la investigación sobre la presencia militar cartaginesa en el norte del Ebro. Por ello, nos centraremos primero en comentar someramente las novedades aparecidas en las excavaciones en la ciudad ibérica de El Vilar, y después en la interpretación de una gran construcción localizada en la zona alta de la Tarraco romana.
El yacimiento de El Vilar se descubrió a finales del siglo XIX como consecuencia de la construcción de la línea del ferrocarril, pero no fue hasta el año 1923 que se hicieron las primeras intervenciones en la zona del campo de fútbol, que permanecen inéditas. Las excavaciones posteriores siempre han estado condicionadas por el crecimiento urbano de la actual población de Valls, de modo que nunca se tuvo una visión en extensión y en profundidad de los restos del asentamiento. Sin embargo, a partir de 2021 se han iniciado trabajos de excavación en un gran solar al norte de la estación de tren, donde se han identificado diversos barrios con viviendas y almacenes de diferentes dimensiones, separados por calles de 6 m de ancho y con un potente sistema defensivo constituido por una muralla de 8 m de anchura y un foso de 14 m de ancho y unos 5 m de profundidad (Noguera y Menéndez, 2022). La extensión de la ciudad, cercana a las 7 ha, y las dimensiones y características del urbanismo y del sistema defensivo hacen de El Vilar el yacimiento más importante de la Cosetania. La excavación de dos almacenes adosados a la muralla ha identificado un nivel de incendio y destrucción que conservaba, debajo de un potente derrumbe formado por grandes fragmentos del techo y de adobes endurecidos por la acción del fuego, unas 30 ánforas, mayoritariamente ibéricas, pero también greco-itálicas Lyding-Will B, púnico-ebusitanas T.8.1.3.1 y púnicas del círculo del estrecho T.8.2.1.1. También se han recuperado 8 proyectiles de piedra que presentan un peso variable, entre 0.9 y 11.2 kg, de forma redondeada, pero siempre con una de sus caras aplanada. Por estas características y por su posición estratigráfica, sobre los niveles de incendio y entre el derrumbe, y sobre todo porque uno de los proyectiles aún estaba clavado en un gran fragmento del techo, creemos que se trata de proyectiles de balista (fig. 11).
Figura 11. Detalle del derrumbe del techo sobre un nivel de incendio en un almacén de la ciudad de El Vilar con un proyectil de balista encastrado. ^
En este punto hemos de recordar que al inicio de la Segunda Guerra Púnica en la península sólo los cartagineses disponían de artillería de torsión, y que los romanos consiguieron este armamento tras la conquista de Qart Hadasht y su arsenal en el 209 a.C. Evidentemente, Roma había utilizado artillería de este tipo anteriormente, pero parece que siempre a partir de máquinas y servidores procedentes de ciudades griegas. Hasta el momento, la documentación arqueológica concuerda con esta hipótesis, dado que las evidencias más antiguas de munición de máquinas de torsión utilizadas por los romanos se fechan en momentos posteriores a la toma de Qart Hadasht, como es el caso de los asedios a las ciudades indígenas del Castellet de Banyoles (Noguera et al., 2014) y de Iliturgi (Bellón et al., 2021) ambas con destrucciones datadas aproximadamente en torno al 206 a.C. Por el contrario, la presencia de proyectiles de balista en contextos púnicos peninsulares, como el Castillo de Doña Blanca (Ruiz Mata, 1994, pp. 45-46), Tossal de Manises (Olcina et al., 2010, pp. 237-238) o Arse (Martínez López, 2012, pp. 154-155), parece anterior. Y, en todo caso, hay que recordar la mención del arsenal púnico en Qart Hadasht dónde, según Livio (26.47.5), Escipión capturó 23 balistas grandes y 52 pequeñas.
El estudio de la cerámica difícilmente permite diferenciar contextos cronológicos separados por una decena de años. Aún así, los investigadores que han analizado los materiales de las antiguas excavaciones de El Vilar han propuesto una fecha de inicios de la Segunda Guerra Púnica para su destrucción, a partir de las cerámicas de importación (Principal, 1998, p. 207; Ros, 2008, p. 211). En el mismo sentido, creemos que las monedas localizadas alrededor de El Vilar, por una parte, y las evidencias de asedio y destrucción provocadas en la ciudad cosetana por un ejército dotado de artillería de torsión, por otra, constituyen una asociación que nos permite proponer que la ciudad de El Vilar fue destruida por tropas cartaginesas en el 218 a.C., ya fueran bajo el mando de Aníbal Barca o de Hannón. Ahora bien, las recientes excavaciones arqueológicas indican que, si bien el incendio y destrucción afectaron a diferentes sectores de la ciudad, parece que el asentamiento continuó ocupado unos años más. Es difícil precisar con exactitud el momento del abandono definitivo, pero, teniendo en cuenta el contexto histórico y el hallazgo –recordémoslo, en una zanja moderna de expolio– de una moneda romana acuñada en el 210 a.C., podría datarse a finales de la Segunda Guerra Púnica en la península (206-205 a.C.), o bien durante las revueltas indígenas de principios del siglo II a.C.
En cuanto al segundo elemento en relación con la presencia cartaginesa en la zona, analizaremos una propuesta de M. Bendala y J. Blánquez (2002-2003) sobre el origen púnico de un muro de sillares documentado en la acrópolis de Tarragona.
Se trata de un muro singular, de opus quadratum, levantado con grandes sillares almohadillados, descubierto a mediados de siglo XX en unas reformas del Palacio Arzobispal de Tarragona e inicialmente estudiado por Theodor Hauschild (1993). El tipo de piedra es llisós, una calcárea micrítica de coloración grisácea y gran dureza, que se obtiene de los alrededores pero que, principalmente debido a la dificultad para trabajarla, no se empleó para tallar los sillares de la muralla romana. Quedó al descubierto un pequeño tramo de más de 3 m de altura, pero de anchura indeterminada, formado por seis hileras de bloques, muchos de ellos con marcas de cantero (fig. 12). Hauschild propuso que formó parte de una construcción pública, quizás un edificio militar o religioso, con una cronología del siglo II a.C.
Figura 12. Localización del Palacio del Arzobispo, adosado a la muralla romana de Tarragona, y detalle del zócalo exterior (izquierda) y del paramento interior (derecha). (Imagen derecha: Andreu Muñoz, Arzobispado de Tarragona/ICAC). ^
Bendala y Blánquez (2002-2003), por su parte, relacionan este muro con paralelos de murallas de supuesta asendencia púnica, vinculadas a la expansión bárquida, situadas al sur y sureste de la península ibérica (Cartagena, Castillo de Doña Blanca, Carteia, Carmona y Tossal de Manises) para acabar planteando que el muro del Palacio Arzobispal fuera parte de una construcción cartaginesa a partir, sobre todo, de las características constructivas: grandes sillares con almohadillado poco marcado, signos de cantero (algunos correspondientes a letras griegas), y la diferencia manifiesta con los sillares de la muralla romana de Tarraco. Luego, analizan los textos clásicos que describen la llegada de los romanos a la península ibérica y la primera batalla con las tropas de Hannón, y proponen identificar el asentamiento ibérico hallado en Tarragona con Cesse, y el muro con sillares de la acrópolis como perteneciente a una fundación cartaginesa que, con el nombre de Tarakon, se habría instalado en los alrededores, como comunidad aliada, mientras que en sus inmediaciones también estaría enclavado el campamento cartaginés citado en las fuentes. Esta hipótesis también ha sido defendida en trabajos posteriores (Bendala, 2010).
La propuesta ha recibido una respuesta dispar, con diversos autores que han criticado algunos de sus planteamientos. J. Menchón (2009, pp. 43-46), en una publicación donde analiza el muro publicado por Hauschild, y al que añade 5 m más que habían quedado al descubierto en otras obras del edificio, opina que el muro formaba parte de un edificio religioso romano-republicano. S. Vinci (2018), en un trabajo sobre marcas de construcción de Tarragona, recoge, entre otras, las marcas del muro del Palacio Arzobispal. Previamente, analiza los cinco signos que aparecen en la muralla romana, algunos de ellos con variantes, y concluye que se documentan en un marco cronológico y geográfico muy amplio. Respecto al muro que nos interesa, describe los dos tramos conservados en el Palacio y añade otro de idénticas características que se encuentra en la base de la Torre del Arzobispo (piedra llisós con almohadillados poco marcados, etc.), que presenta una planta angular y hasta dos hileras a la vista. Este nuevo muro muestra, además, una sola marca de cantero, pero que se repite en las del muro del Palacio. No hay duda de que se trata de la misma construcción, anterior a la muralla, ya que la torre se le superpone. Finalmente, publica una tabla con los siete signos documentados, algunos de ellos identificables con letras griegas (gamma Γ, pi Π). Comparados con los signos de la muralla, los del edificio anterior son diferentes y más variados (fig. 12).
Resulta sorprendente que hasta este momento la investigación sobre la muralla de Tarragona haya pasado por alto este muro a los pies de la Torre del Arzobispo, que ha estado siempre a la vista o, al menos, desde la adecuación del Paseo Arqueológico, inaugurado en el año 1933. Siendo, como se puede comprobar, anterior a la llamada primera fase de la muralla –que se sitúa en los primeros decenios del siglo II a.C.-, sería la más antigua construcción monumental de la acrópolis tarraconense y, por tanto, de la máxima importancia para la arqueología de la ciudad.
Finalmente, Bendala (2022) ha recuperado la controversia aportando nuevos datos. En primer lugar, ha añadido el segundo tramo de muro localizado en el Palacio Arzobispal y también el muro existente en la base de la Torre del Arzobispo. Este autor identifica en este último un sistema constructivo presente en las murallas púnicas de Carteia: sillares cortados con las caras laterales oblicuas, de modo que adoptan una forma en cuña hacia el interior, aunque exteriormente se muestran regulares y perfectamente ajustados. Entre los signos de los sillares lee una beth. Tras una relectura de las fuentes escritas se reafirma en su hipótesis de una fortificación púnica construida después de que Aníbal cruzará el río Ebro, y que vincula con el campamento del ejército comandado por Hannón que se estableció para proteger la retaguardia. Tanto por sus dimensiones como por su sistema constructivo compara esta construcción militar con el llamado bastión –supuestamente púnico– de Carmo (Puerta de Sevilla). Pero el problema es que esta puerta de Carmona es atribuida por otros investigadores a época romana, e incluso con funciones no militares (Moret, 2006, pp. 103-105; Schattner, 2005, pp. 85-89, y la réplica en Bendala, 2010). Por lo tanto, ni la cronología ni la funcionalidad están aún claras.
La situación en planta de estos muros (el de la Torre y los del Palacio) nos muestra un edificio de grandes proporciones, con una superficie mínima de 1000 m2, que ocuparía, grosso modo, lo que hoy es el Palacio del Arzobispo. Si bien la construcción de la muralla supuso la amortización de parte de esta primitiva construcción, otra debió quedar integrada en nuevas estructuras arquitectónicas que desconocemos, ya que sobrevivieron a la época imperial, cuando se lleva a cabo una gran reforma de la acrópolis tarraconense, y también en las épocas medieval y moderna, cuando quedaron englobadas en el castillo de Paborde que precedió al actual Palacio. No hay duda de que nos encontramos ante una construcción religiosa o militar. Nosotros nos decantamos más por la segunda opción, por su cronología y ubicación.
Pero, en todo caso, no creemos que se trate de un trabajo de fortificación cartaginés, por diversos motivos. En primer lugar, es imposible que en los escasos meses de control púnico al norte del Ebro tuvieran tiempo de levantar una construcción de esas dimensiones, que necesitó un trabajo de cantera lento y especializado. Es decir, habría que aceptar que, en un plazo máximo de seis meses, entre el paso del río Ebro por Aníbal en primavera y la batalla de Kissa en verano, los cartagineses habrían construido una fortaleza para la que calculamos al menos en un millar de sillares tallados en durísimo llisós, aunque probablemente fueron muchos más (suponiendo unos 1000 m2 de superficie, un perímetro de 130 m y una altura mínima de seis hiladas).
Por otra parte, una instalación defensiva púnica de esta envergadura no aparece citada ni por Polibio ni por Livio, que no habrían perdido ocasión de mencionarla. Tampoco se puede aceptar su ausencia en el contexto de los hechos narrados en las fuentes, con una temprana ocupación de la franja costera y de Tarraco por parte de Cneo Cornelio Escipión, sin que aparezca mencionada (fig. 13). Y no olvidemos que la propuesta de situar la batalla de Kissa en la misma Tarragona no tiene ningún fundamento, ya que se trata de dos poblaciones diferentes, y suficientemente distantes como para que Asdrúbal Barca pudiera atacar a la flota romana amarrada en Tarraco mientras Escipión aún se hallaba en Kissa/Cissis (Polyb. 3.9-12; Liv. 21.61.2-4). En definitiva, creemos más lógico que se trate de una edificación romana, quizás un castellum, anterior a la construcción de la muralla a principios del siglo II a.C.
Figura 13. Mapa con los movimientos de tropas y los enfrentamientos durante la campaña del año 218 a.C. ^
En los últimos años el debate sobre la presencia militar púnica al norte del río Ebro se ha enriquecido, especialmente en la zona de la Cosetania, con la aportación de novedades arqueológicas y por recientes interpretaciones sobre determinadas estructuras constructivas.
En el caso de la ciudad de El Vilar de Valls, la concentración de moneda cartaginesa que rodea el asentamiento, junto con la identificación de proyectiles de artillería de torsión entre el derrumbe de las casas incendiadas, nos lleva a proponer que el asentamiento hubiera sido asediado y destruido en el 218 a.C. a consecuencia del ataque de un ejército equipado con máquinas de artillería lanzadoras de piedras (balistas), que en esa fecha no puede ser otro que el cartaginés. Pero esta interpretación presenta ciertos problemas, como la presencia en El Vilar de cinco monedas romanas, dos en el interior y tres en las inmediaciones del asentamiento, con una cronología posterior, aunque de momento todas sin contexto estratigráfico. Una explicación posible es que la ciudad fuera asaltada y rendida por el ejército cartaginés, y que después su campamento se situará junto a ella para disponer de recursos. La localización e importancia de El Vilar se adecua a su identificación con la antigua Kissa/Cissis. Poco después se produciría la batalla homónima, la derrota cartaginesa y el pillaje romano de la ciudad, donde no encontraron objetos de valor, puesto que seguramente ya habían sido saqueados anteriormente por los cartagineses. El asentamiento de El Vilar parece que continúo unos años más, para ser abandonado definitivamente pocos años después, en el contexto de las primeras rebeliones indígenas.
Pero no podemos descartar otra explicación: que los niveles de destrucción e incendio documentados en El Vilar sean consecuencia de un ataque romano, quizás durante las primeras revueltas indígenas en torno 206-205 a.C. En este caso, cabría considerar que la concentración de monedas cartaginesas alrededor de El Vilar corresponde al campamento cartaginés del 218 a.C., situado junto a la antigua Kissa/Cissis, población que más tarde fue expoliada –pero no destruida– por el ejército romano tras la batalla, para ser definitivamente arrasada una década más tarde. En cualquier caso, esta segunda hipótesis de momento no cuenta con ninguna evidencia arqueológica clara, y creemos que, en este momento, es la que tiene menos posibilidades.
Por otra parte, la propuesta de la existencia de una fortificación cartaginesa en lo alto de la colina ocupada por la Tarraco romana presenta algunos problemas, sobre todo por la dificultad de haberse construido en apenas unos meses del 218 a.C., por no adecuarse al desarrollo de los acontecimientos narrados por Polibio o Livio, y además sin que su presencia se viera reflejada en esas mismas fuentes.
Ciertamente, la nueva documentación arqueológica incrementa nuestro conocimiento histórico, a veces a un nivel de detalle que nos coloca frente a una realidad compleja y cambiante que hace difícil su interrelación con las fuentes escritas que, no olvidemos, son muy sesgadas. Muchas de las hipótesis planteadas en este trabajo solo podrán ser corroboradas, o refutadas, mediante la continuación de las excavaciones en extensión en el núcleo urbano de El Vilar de Valls. Ello permitirá acabar de concretar su posible adscripción a la ciudad de Kissa/Cissis, así como la fecha concreta de su destrucción. En cualquier caso, la publicación del conjunto de monedas documentadas en su entorno, mayoritariamente hispano-cartaginesas, es una evidencia del breve control púnico de una zona altamente estratégica al norte del río Ebro en el inicio del conflicto entre romanos y cartagineses.
Tabla 1. Inventario de las 66 monedas.
Núm. inv. |
Yacimiento |
Emisión |
Nominal |
Material |
Peso g |
Ø mm |
Posición cuño |
Clasificación |
Cronología |
Procedencia |
01 |
Masia del Sant Pare [18] |
Sículo-púnica |
Unidad |
Bronce |
3.07 |
15.2 |
3 h |
SNG Cop. 109 |
350-300 a.C. |
Prospección |
02 |
El Vilar [1] |
Sículo-púnica |
Unidad |
Bronce |
3.21 |
17 |
12 h |
SNG Cop. 109 |
350-300 a.C. |
Colección |
03 |
El Vilar [1] |
Sardo-púnica |
Unidad |
Bronce |
5.42 |
18 |
6 h |
SNG Cop. 149-150 |
300-264 a.C. |
Prospección |
04 |
El Vilar [1] |
Sardo-púnica |
Unidad |
Bronce |
5.90 |
18.5 |
4 h |
SNG Cop. 149-150 |
300-264 a.C. |
Prospección |
05 |
El Vilar [1] |
Sardo-púnica |
Unidad |
Bronce |
4.58 |
18 |
2 h |
SNG Cop. 149-150 |
300-264 a.C. |
Colección |
06 |
El Vilar [1] |
Sardo-púnica? |
Indeter. |
Bronce |
1.66 |
16 |
13 h |
Indeterminada |
Indeterminada |
Colección |
07 |
El Vilar [1] |
Akragas |
Indeter. |
Bronce |
3.75 |
18 |
12 h |
SNG ANS 1130 |
287-279 a.C. |
Colección |
08 |
El Vilar [1] |
Emporion |
Dracma |
Plata |
4.35 |
17 |
6 h |
ACIP 156-159 |
300-260 a.C. |
Colección |
09 |
Bellavista [16] |
Imitación gala |
Dracma |
Plata |
4.72 |
18 |
7 h |
ACIP 268-269 |
300-241 a.C. |
Colección |
10 |
Coll de Cabra [2] |
Imitación gala |
Dracma |
Plata |
2.35 |
18 |
12 h |
ACIP 260 |
275-200 a.C. |
Colección |
11 |
El Vilar [1] |
Rhode |
Divisor |
Bronce |
3.61 |
16 |
6 h |
ACIP 127 |
260-225 a.C. |
Colección |
12 |
Camí de Bràfim [15] |
Emporion |
Dracma |
Plata |
4.67 |
17.5 |
6 h |
ACIP 164 |
241-218 a.C. |
Colección |
13 |
El Vilar [1] |
Emporion |
Indeter. |
Bronce |
3.80 |
18 |
3 h |
Similar ACIP 165 |
241-218 a.C. |
Colección |
14 |
El Vilar [1] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.42 |
11.5 |
9 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Colección |
15 |
El Vilar [1] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.60 |
11 |
3 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Colección |
16 |
El Vilar [1] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.37 |
11 |
3 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Colección |
17 |
El Vilar [1] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.52 |
10 |
12 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Colección |
18 |
El Vilar [1] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.52 |
11 |
6 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Prospección |
19 |
El Vilar [1] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.57 |
10 |
3 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Colección |
20 |
El Vilar [1] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.53 |
11 |
6 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Colección |
21 |
Mas de la Banyeta [4] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.53 |
10 |
3 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Colección |
22 |
Bellavista [16] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.50 |
10 |
11 h |
Maurel, periodo helenístico |
336-49 a.C. |
Colección |
23 |
Els Calders [11] |
Hispano-cartaginesa |
1/2 de shekel |
Plata |
- |
- |
- |
ACIP 615? |
237-206 a.C. |
Colección* |
24 |
Coll de Cabra [2] |
Hispano-cartaginesa |
Shekel |
Plata |
7.20 |
20 |
12 h |
Villaronga Clase XI, tipo I, grupo II, 201-216; ACIP 614 |
237-206 a.C. |
Colección |
25 |
Les Planes [14] |
Hispano-cartaginesa |
Shekel |
Plata |
6.86 |
20 |
7 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo I, 82-96; ACIP 575 |
237-206 a.C. |
Colección |
26 |
Els Masos [3] |
Hispano-cartaginesa |
1/2 de shekel |
Plata |
3.51 |
16 |
12 h |
Villaronga Clase XI, tipo I, grupo II, 217-223; ACIP 615 |
237-206 a.C. |
Colección |
27 |
Coll de Cabra [2] |
Hispano-cartaginesa |
1/4 de shekel |
Plata |
1.76 |
13 |
6 h |
Villaronga Clase XI, tipo I, grupo I D, 179-200; ACIP 605 |
237-206 a.C. |
Colección |
28 |
Coll de Cabra [2] |
Hispano-cartaginesa |
1/4 de shekel |
Plata |
1.82 |
12.5 |
6 h |
Villaronga Clase XI, tipo I, grupo I D, 179-200; ACIP 605 |
237-206 a.C. |
Colección |
29 |
Coll de Cabra [2] |
Hispano-cartaginesa |
1/4 de shekel? |
Plata |
- |
12.8 |
- |
Villaronga Clase XI, tipo I, grupo I D, 179-200, ACIP 605? ACIP 615? |
237-206 a.C. |
Colección |
30 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
1/4 de shekel |
Plata |
1.75 |
13.7 |
12 h |
Villaronga Clase III, tipo IV, 45-58; ACIP 555 |
237-206 a.C. |
Colección |
31 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Unidad |
Bronce |
7.91 |
19.3 |
12 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo II A, 110; ACIP 578 |
237-206 a.C. |
Colección |
32 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Unidad |
Bronce |
7.29 |
22.5 |
3 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo II A, 110; ACIP 578 |
237-206 a.C. |
Colección |
33 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Unidad |
Bronce |
4.97 |
19 |
9 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo II A, 110; ACIP 578 |
237-206 a.C. |
Colección |
34 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Unidad |
Bronce |
4.94 |
19 |
3 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo II A, 110; ACIP 578 |
237-206 a.C. |
Colección |
35 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Unidad? |
Bronce |
3.81 |
18.7 |
9 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo II A, 110; ACIP 578 |
237-206 a.C. |
Colección |
36 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Tercio |
Bronce |
3.35 |
16 |
3 h |
Villaronga 1973 J1; 1983, 69, fig. XL; ACIP 613 |
237-206 a.C. |
Colección |
37 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Quinto |
Bronce |
1.7 |
12.6 |
9 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo III B, 114; ACIP 582 |
237-206 a.C. |
Colección |
38 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Quinto |
Bronce |
2.3 |
14 |
6 h |
Villaronga Clase XI, tipo III, grupo III A, 283; ACIP 610 |
237-206 a.C. |
Colección |
39 |
El Vilar [1] |
Hispano-cartaginesa |
Quinto |
Bronce |
1.26 |
12 |
6 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo III B, 114; ACIP 582 |
237-206 a.C. |
Colección |
40 |
Mas de Gibert [6] |
Hispano-cartaginesa |
Unidad |
Bronce |
7.93 |
21 |
2 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo II, 110-112; ACIP 578-580 |
237-206 a.C. |
Prospección |
41 |
La Vinya Closa [8] |
Hispano-cartaginesa |
Unidad |
Bronce |
- |
- |
- |
ACIP 579 |
237-206 a.C. |
Colección* |
42 |
El Clot del Riuet [7] |
Hispano-cartaginesa |
Unidad |
Bronce |
8.93 |
22 |
12 h |
Villaronga Clase VIII, tipo I, grupo II B, 111; ACIP 579 |
237-206 a.C. |
Colección |
43 |
Pla d’Anguera [17] |
Hispano-cartaginesa |
Tercio |
Bronce |
3.46 |
16 |
12 h |
Villaronga 1973 J1; 1983, 69, fig. XL; ACIP 613 |
237-206 a.C. |
Colección |
44 |
Masia del Gori [12] |
Hispano-cartaginesa |
Quinto |
Bronce |
1.72 |
11 |
6 h |
Villaronga Clase VIII, tipo II, grupo II, 117?; ACIP 586 |
237-206 a.C. |
Colección |
45 |
Mas de Cosme [5] |
Hispano-cartaginesa |
Quinto |
Bronce |
1.65 |
13 |
12 h |
Villaronga Clase VIII, tipo II, grupo II, 117?; ACIP 586 |
237-206 a.C. |
Colección |
46 |
Les Clues [9] |
Hispano-cartaginesa? |
Indeter. |
Bronce |
3.71 |
18 |
6 h |
Indeterminada |
237-206 a.C. |
Colección |
47 |
Vinya Closa [8] |
Cartago |
Unidad |
Bronce |
5.34 |
20 |
12 h |
SNG Cop. 307 |
221-210 a.C. |
Colección |
48 |
El Clot del Riuet [7] |
Cartago |
Unidad |
Bronce |
4.04 |
19 |
12 h |
SNG Cop 307 |
221-210 a.C. |
Colección |
49 |
El Clot del Riuet [7] |
Cartago |
Unidad |
Bronce |
5.28 |
20 |
12 h |
SNG Cop. 307 |
221-210 a.C. |
Colección |
50 |
Puigdelfí [10] |
Cartago |
Mitad |
Bronce |
3.20 |
20 |
12 h |
SNG Cop. 274 |
221-210 a.C. |
Colección |
51 |
El Vilar [1] |
Cartago |
1/4 de shekel |
Plata |
1.68 |
15 |
9 h |
SNG Cop. 365? |
220-210 a.C. |
Colección |
52 |
El Vilar [1] |
Cartago |
Unidad |
Bronce |
5.12 |
21.3 |
12 h |
SNG Cop. 307 |
221-210 a.C. |
Colección |
53 |
El Vilar [1] |
Cartago |
Unidad |
Bronce |
5.31 |
21 |
6 h |
SNG Cop. 317 |
221-210 a.C. |
Colección |
54 |
El Vilar [1] |
Emporion |
Dracma |
Plata |
4.24 |
16 |
12 h |
ACIP 200 |
218-206 a.C. |
Colección |
55 |
El Vilar [1] |
Emporion |
Tritartemorion |
Plata |
0.31 |
11 |
12 h |
ACIP 203 |
218-206 a.C. |
Colección |
56 |
El Vilar [1] |
Emporion |
Tetartemorion |
Plata |
- |
- |
- |
ACIP 181 |
218-206 a.C. |
Colección* |
57 |
El Vilar [1] |
Imitación de Emporion |
Óbolo |
Plata |
0.49 |
12 |
12 h |
ACIP 522 |
218-206 a.C. |
Colección |
58 |
Puigcabrer [13] |
Emporion |
Dracma |
Plata |
4.55 |
17 |
- |
ACIP 202 |
218-206 a.C. |
Colección |
59 |
El Vilar [1] |
Massalia |
Óbolo |
Plata |
0.67 |
10 |
3 h |
Depeyrot 18? |
218-200 a.C. |
Prospección |
60 |
El Vilar [1] |
Ebusus |
Cuarto |
Bronce |
2.26 |
15 |
12 h |
ACIP 719 |
218-200 a.C. |
Colección |
61 |
El Vilar [1] |
Ebusus |
Cuarto |
Bronce |
2.50 |
16.5 |
- |
Campo (1976) XVIII 59-60; ACIP 731 |
218-125 a.C. |
Colección* |
62 |
El Vilar [1] |
Sardo-púnica |
Unidad |
Bronce |
3.91 |
18 |
6 h |
SNG Cop. 387-388 |
216-215 a.C. |
Colección |
63 |
Els Masos [3] |
Roma |
Semiuncia |
Bronce |
6.52 |
20 |
10 h |
RRC 38/7 |
217-215 a.C. |
Colección |
64 |
El Vilar [1] |
Roma |
Uncia |
Bronce |
14.05 |
24 |
9 h |
RRC 38/6 |
217-215 a.C. |
Colección |
65 |
El Vilar [1] |
Roma |
Sextans |
Bronce |
27.9 |
30 |
6 h |
RRC 38/5 |
217-215 a.C. |
Prospección |
66 |
El Vilar [1] |
Roma |
Hemióbolo |
Plata |
0.45 |
- |
- |
ACIP 535 |
211-206 a.C. |
Colección |
* Monedas no fotografiadas.
La presente publicación se ha realizado en el marco de los siguientes proyectos: “Guerra i conflicte al nord-est de la península ibèrica en època romana republicana (segles III-I a.C.)” 2014/100755 (2014-2017) y CLT009/18/00031 (2018-2021), Universitat de Barcelona, financiados por la Generalitat de Catalunya; “Testimonis arqueològics de la Segona Guerra Púnica al Camp de Tarragona”, 2013-2018, ICAC, financiado por la Fundació privada Mútua Catalana; “Estudio interdisciplinar del fenómeno urbano entre los Iberos del norte” (PID2023-150153NB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (2024-2027); y “El canvi sociocultural a la Cessetània oriental durant la protohistòria i l’època romana republicana”, CLT/2022/ARQ001SO/174 (2022-2025), financiado por la Generalitat de Catalunya.
Los autores agradecen a todos los participantes en los diferentes proyectos, las instituciones y personas que, con su financiación o su tiempo, han contribuido a tejer esta historia. A todos aquellos que han ofrecido sus colecciones para el presente estudio. Finalmente, a los anónimos revisores del artículo que con sus observaciones han contribuido a su mejora, especialmente con sus sugerencias respecto al modo de presentar el inventario numismático y a una mejor definición de las monedas púnicas y sardo-púnicas.
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