Spal, 34.1, pp. 294-298. https://dx.doi.org/10.12795/spal.2025.i34.12
Este nuevo volumen de la Bibliotheca Praehistorica Hispana constituye la síntesis impresa de un proyecto de investigación de larga duración (2001-2012), El poblat protohistòric del Calvari de El Molar (Priorat, Tarragona) i l’area minero metal·lúrgica Molar-Bellmunt Falset en la protohistòria, del que ya teníamos conocimiento por la extensa bibliografía generada. Estos compendios son siempre bienvenidos por su carácter compilatorio y porque constituyen la digestión de los datos aportados durante el período de vigencia del proyecto, y, sobre todo, por proporcionar una reflexión final, después de una intensa actividad de campo, de presentación de resultados y de la posibilidad –y conveniencia– de debates académicos, con réplicas y contrarréplicas.
En esta reseña nos centraremos primeramente en los aspectos formales. La colección en la que se integra y la propia entidad editora, el CSIC, garantizan la calidad editorial que asegura una trayectoria tan larga y prolífica. Tapas duras, cubierta y contracubierta sobrias, papel, maquetación, cuadros y figuras tienen la calidad exigida, y tan solo algunas fotografías (por ejemplo, las figuras 8.1 o 10.5) pierden calidad por su tamaño o porque son fotografías aéreas muy oscurecidas que no favorecen la identificación de lo descrito.
Desde el punto de vista estructural, el libro se ha organizado en once capítulos, incluida la introducción, más la bibliografía final, y en la misma extensión de los capítulos se puede comprobar cuáles han sido los propósitos, explicitados en el texto introductorio, pues la mayor parte del contenido se concentra en el capítulo 8, dedicado al estudio del yacimiento del Calvari de El Molar (pp. 53-132), mientras que los capítulos finales, 9, 10 y 11, se enfocan a las conclusiones de los tres objetivos principales del proyecto: la minería y la metalurgia del Baix Priorat, la presencia o actividad fenicia en el Bajo Ebro y la estructura territorial y social de la comarca entre los siglos IX y VI a.C. Los capítulos iniciales se pueden considerar introductorios o complementarios, como el primero, dedicado a los objetivos y a una síntesis de las iniciativas desarrolladas: programa de campo, con prospecciones geomineras, excavación de dos minas, prospecciones del territorio y campañas de excavación en Avenc del Primo de Bellmunt del Priorat (dos campañas) y en el Calvari de El Molar (doce), amén de la caracterización analítica de los minerales.
Los capítulos 2 y 3 forman una unidad por cuanto se ocupan de las cuencas mineras y de la minería metálica anterior al siglo IX a.C. en el Priorat. Las mineralizaciones principales se localizarían en dos cuencas, el Montsant (plomo y cobre) y El Molar-Bellmunt Falset (MBF), y los primeros indicios de metalurgia en esta área geográfica se datarían en el Calcolítico Reciente, aunque otros usos no metalúrgicos se pueden remontar al Neolítico. También se hace una síntesis del estudio de dos minas prehistóricas del Alt Priorat: Solana del Bepo (primera mitad del I milenio a.C.) y de la Turquesa, esta última con evidencias de explotación en el Calcolítico, Bronce Medio y Bronce Final.
El capítulo 4 (pp. 29-40) está dedicado al poblamiento en el Baix Priorat, comenzando por los estudios precedentes y por una síntesis de la secuencia cronológica de la región, desde el Paleolítico Inferior, Neolítico (el período mejor documentado), testimonios de arte rupestre y evidencias de los períodos Calcolítico y Bronce Final. Del Bronce Antiguo y Medio no se tiene constancia arqueológica. El Hierro I sí está representando como una evolución del horizonte anterior, atribuyéndose su origen a una mayor sedentarización y a la concentración de la población en los rebordes montañosos del llano del Falset. Estos poblados se caracterizarían por la utilización de la piedra en la construcción de los poblados, entre los que destaca el Calvari y Puig Roig en el control de la cuenca minera de MBF, que es donde se concentran los materiales fenicios. Por último, la sexta centuria estaría caracterizada por una crisis visible en un despoblamiento que solo se revierte en la Baja época ibérica, aunque solo se ha documentado un hábitat en Can Montagut (siglos IV-III a.C.). El caso del Calvari sería significativo porque se despobló en el siglo VI a.C. y no se rehabitó, como una subocupación, hasta el siglo II a.C. y con perduración hasta el II d.C.
Los capítulos 5 (pp. 41-44), 6 (pp. 45-50) y 7 (pp. 51-52) se han dedicado monográficamente a la presentación sintética de los trabajos arqueológicos en tres yacimientos, dos poblados (Avenc del Primo y Puig Roig), y una necrópolis (La Tosseta); y, como se ha dicho, el octavo es el capítulo central, dedicado a la presentación sintética pero detallada del yacimiento del Calvari, tanto del poblado como de la necrópolis, excavada en los años 30 por L. Vilaseca y datada convencionalmente en su fase III, en los siglos VIII-VI a.C. (fines del siglo IX a.C. mediante el radiocarbono). En cuanto al poblado, dotado con una cerca o muralla, se han excavado las tres cuartas partes de su superficie y se han distinguido hasta cinco fases de ocupación entre fines del siglo IX-750 a.C., un hiato hacia 575 a.C. y una reocupación del siglo II a.C. hasta el siglo I d.C. Además de la parte meramente descriptiva, se plantea un aspecto significativo, como es la originalidad constructiva en relación con los prototipos de hábitat del valle del Ebro en el Bronce Final y Hierro I.
En el capítulo 9 se analiza la minería y metalurgia a partir del siglo IX a.C. Una de las conclusiones más significativas de este apartado es que en el distrito MBF, salvo el uso suntuario de la galena argentífera en el Neolítico y, ya como productos metalúrgicos, el del plomo durante el Calcolítico, no se vuelven a explotar los minerales metálicos hasta la irrupción del comercio fenicio. Los datos arqueométricos de los ítems procedentes del Calvari son sorprendentes, porque el metal de un 64% de los objetos es de procedencia externa a las minas de MBF, concretamente de la zona de Linares, del Sureste (Almería) y del sur de Francia, en comparación con los propiamente autóctonos. Asimismo, según los autores, la importancia de esta cuenca no estuvo, como siempre se creyó, en el beneficio de la plata sino del plomo a partir del siglo VII a.C. Se trataría de la integración del distrito MBF en un circuito en el que los fenicios estarían interesados en la extracción de plomo, utilizando este metal no solo del Baix Priorat sino también de Cartagena-Mazarrón, Gádor y Linares.
Los fenicios en el Ebro protagonizan el capítulo 10, centrado en aspectos como la cronología, los modos de contacto, los productos intercambiados y la interacción con las comunidades locales. El floruit del comercio fenicio en el NE se dataría entre el segundo cuarto y mediados del siglo VII hasta el primer cuarto del siglo VI a.C., pero los primeros contactos se adelantarían a fines del siglo VIII a.C. Estos tendrían inicio en la primera Edad del Hierro, con cronologías radiocarbónicas de 800-775 cal AC, aunque la cronología tradicional sitúa este período entre 650-575 a.C., estableciendo la transición entre el Bronce Final y el Hierro I en 775/770 y 725/700 a.C.
Todos los yacimientos con materiales fenicios son indígenas, aunque algunos autores especulan con la idea de que debió haber una colonia en el Bajo Ebro, quizás una pequeña comunidad de artesanos y mercaderes en centros indígenas de la desembocadura del Ebro (¿la Tyrichae de Avieno?, ¿Aldovesta? ¿Sant Jaume?), pero parece evidente que es la agencia indígena la que protagoniza esta red de contactos. Para los autores de esta monografía, el motivo de la presencia fenicia sería la explotación de las galenas argentíferas, pero no para el beneficio de la plata, porque la cantidad de plata en los minerales del Priorat es baja, sino para la extracción de plomo, tan necesario para la copelación. En todo caso, de haber explotaciones de plata, serían locales y muy pequeñas en el distrito MBF. Así, y frente a la conmunis opinio, se plantea que el comercio fenicio en el sur de Cataluña no se puede explicar por la explotación argentífera, ni siquiera por la de plomo, pues éste era abundante en Andalucía. El motivo sería la ampliación de las actividades comerciales fenicias en el Noreste dado el crecimiento y la necesidad de expansión de nuevos mercados; sería un comercio oportunista, adaptado a las circunstancias de todo tipo, por lo que no despreciarían comerciar con plomo. Por tanto, las comunidades locales también serían protagonistas de la navegación y del comercio, y la interacción entre ambas esferas sociales tendría como expresión arqueológica la presencia de ánforas y vasos fenicios, una vajilla relacionada con el vino, con el banquete, que se intercambiaría por plomo.
Por último, en el capítulo 11 se analiza la estructura territorial y social del poblamiento protohistórico del Baix Priorat (siglos IX-VI a.C.). El estudio comparativo entre los poblados del Calvari y Puig Roig los diferencia tanto en la articulación de los espacios como en las dimensiones y morfología de ellos, pues en el primero los espacios son más complejos, especialmente el edificio A, interpretado como residencia, con actividad metalúrgica (plomo), o el edificio B, peor conocido, pero con evidencias de decoración e instalaciones que los autores identifican con la costumbre de significar el umbral, propia del horizonte orientalizante. La caracterización social de estas poblaciones establece una evolución en la que el comercio fenicio marcaría un antes y un después. Entre el siglo IX y c. 650 a.C. se trataría de sociedades fragmentarias o grupos locales en los que las diferencias vendrían marcadas por parentesco, sexo y edad, aunque fueran posibles pequeños poderes emergentes, propiciados en algunos casos por la herencia. Sus características principales serían: habitación en poblados estables, construcciones en piedra, explotación de los recursos minerometalúrgicos y relaciones con la cuenca de Linares anteriores al comercio fenicio. Una de las conclusiones más significativas es que la cronología del inicio de estos poblados (El Calvari y Puig Roig) sería anterior (siglos X-IX a.C.) al comercio fenicio, de manera que este incidiría sobre unas comunidades locales ya estructuradas, con poblados concentrados y planificados. También en este horizonte hay evidencias de minería y metalurgia y relaciones con el distrito de Linares (Jaén), que pondrían de manifiesto la circulación de los metales más allá del ámbito regional.
No obstante, en la primera mitad del siglo VII se advertirían cambios importantes en la comarca: concentración de la población en dos asentamientos (El Calvari y Puig Roig), que parecen dotarse de muralla o cerca, aunque solo El Calvari experimenta determinados cambios (aparición de edificios complejos) frente al isomorfismo de Puig Roig, cambios que también se advierten en el registro funerario (incremento de los objetos metálicos –hierro, bronce– en los ajuares), e integración de estos en el circuito comercial fenicio. Si hasta entonces la sociedad había sido segmentaria, con relaciones intergrupales asentadas en redes cooperativas y rasgos muy incipientes de diferenciación social (las élites se institucionalizarían con intercambios a larga distancia en los momentos epigonales), a partir del siglo VII a.C. se aprecian contrastes sociales visibles en la acumulación de riqueza y en el tamaño y organización interna de las viviendas, que se han interpretado como indicadores de la consolidación de élites, en la que tendrían un papel fundamental los bienes obtenidos en el comercio fenicio, la manipulación ideológica y la coerción. Sin embargo, no hay síntomas de jerarquización territorial, por lo que se trataría de una “sociedad en transición”. Se advierte la consolidación de ciertos linajes por encima del resto con funciones específicas (Aldovesta, Sant Jaume), pero sería un proceso efímero porque la desaparición en el VI a.C. de los poblados constituye una cesura en este proceso, expresado en el registro arqueológico por el cambio en la estructura territorial y en los asentamientos, ejemplarizado en el surgimiento de las casas-torre, interpretadas como residencias de élites que emulan a las mediterráneas.
La crisis de este sistema, datada entre 575-550 a.C., con la desaparición de los dos poblados que habían concentrado la población en el Hierro I como expresión más significativa, no presenta unas causas bien definidas, y se presentan diversas explicaciones: agresiones externas, movimientos de poblaciones con carácter rupturista, irrupción del elemento griego, si bien para los autores de la monografía las causas serían endógenas, dentro de las mismas sociedades tribales sometidas a profundos cambios, aunque nunca de cariz rupturista, pues hay continuidades culturales a pesar de la desaparición de los poblados en la comarca.
En síntesis, a lo largo de estas páginas los autores han realizado una solvente síntesis del proyecto y han respondido documentadamente a los tres principales objetivos, con propuestas bien argumentadas, presentando el estado de la cuestión en los aspectos más discutidos y sus propias propuestas. Entre estas, por novedosas y significativas, destacaríamos, entre otras, la certidumbre de las relaciones de las sociedades del Bronce Final de la comarca con otras cuencas mineras (Linares, Sureste, Suroeste de Francia) antes de la irrupción del comercio fenicio en el Bajo Ebro; el desarrollo de la construcción en piedra en los poblados desde el Bronce Final, la cronología de los intercambios fenicios y la incidencia escasamente transformadora del comercio en las sociedades locales, tan solo perceptible en el surgimiento tímido de élites y en la acumulación de riqueza (solo en el Calvari); y, por otro lado, la explotación del plomo, y no de la plata, como siempre se había previsto, como principal producto de intercambio con los fenicios dada la necesidad de este metal para la metalurgia de la plata (copelación). No obstante, esta explotación metalífera no justificaría por sí sola la presencia fenicia, pues el plomo es abundante en otras cuencas mineras hispanas, sino por la integración del Baix Priorat en los circuitos mediterráneos como un área de incipiente mercado.
Vaya por delante la valoración muy positiva de la obra y de las principales hipótesis de trabajo, aunque no nos han saciado el ansia de conocer sus opiniones (o la profundización de estas) en determinados aspectos que podríamos denominar generales e históricos. Hay un dominio completo de la documentación y de las hipótesis que afectan al ámbito local y regional, aunque en el contexto mediterráneo se limitan a acatar o transmitir las directrices establecidas hace décadas por la reciente y tristemente desaparecida M.E. Aubet Semmler. Son características de su prolífica obra la integración del Mediterráneo occidental en el sistema Centro-Periferia, la (contradictoria) asunción del modelo complejo de interacción, el papel del comercio fenicio en la complejización social de las poblaciones nativas, la limitación de la actividad de aquellos como simples agentes comerciales interesados exclusivamente en el drenaje de los recursos, y la prioridad de la agencia local en los intercambios.
Nos surgen dudas, por ejemplo, sobre el proceso de transformación urbanística y constructiva del poblado del Calvari: ¿de dónde absorben esos modelos y novedades? ¿indirectamente de Aldovesta u otros asentamientos similares? En otros ámbitos, como el Suroeste, fenómenos similares se han atribuido a la presencia física de artesanos y artífices en los poblados indígenas, y en la existencia de pactos entre fenicios y nativos que favorecerían a las élites locales (regalos introductorios como vino y vajilla para su consumo a cambio de los productos demandados, sobre todo metales, pero también otros perecederos). La agencia estaría en manos de ambas comunidades al integrarse en un sistema mucho más amplio.
En efecto, este es otro punto que hubiera requerido quizás un mayor desarrollo. Toda la península ibérica formaba parte en mayor o menor medida de un sistema gestionado por los fenicios desde fines del siglo IX hasta principios del VI a.C., que abarcó desde las Casitérides hasta el Noreste, lo que puede darnos una idea de la amplitud de estos circuitos, de las rutas y de los mecanismos de gestión, cuyo floruit tendría lugar en el siglo VII y la primera década del VI a.C. Un ejemplo hasta cierto punto comparable con el del Baix Priorat es el de Abdera (Adra, Almería), promotora de una red comercial marítima regional con base en el tráfico de plomo. Los análisis isotópicos de objetos hallados en esta colonia fenicia permiten aseverar que existían intercambios de objetos de base cobre procedentes de la cuenca de Vera, quizás de las mineralizaciones de Herrerías (Almería), durante los siglos VIII-VII a.C.
Otros casos pueden servirnos de ejemplo sobre las diversas estrategias seguidas por los fenicios en la promoción de estas redes. Prácticamente todos los asentamientos fenicios de época arcaica –y muchos considerados indígenas integrados en estos circuitos– registran actividades metalúrgicas. Así, el litoral malagueño, sin grandes distritos mineros ni yacimientos masivos como los del Suroeste, disponía de recursos minero-metalúrgicos muy extendidos cerca de la costa y en la introterra inmediata: La Rebanadilla, Cerro del Villar, San Pablo, Malaka, Castillejos de Alcorrín, Toscanos, Cerro del Peñón o Morro de Mezquitilla. Otros asentamientos fenicios también desarrollaron actividades metalúrgicas en regiones sin recursos metalúrgicos cercanos, tanto para satisfacer las necesidades de la comunidad como para comerciar y surtir a las poblaciones cercanas de productos manufacturados. Es el caso de Sa Caleta, en Ibiza, o de La Fonteta, en Alicante.
No mencionaremos, por falta de espacio, los circuitos atlánticos (Santa Olaia, Tarteso) y del interior (Extremadura, Portugal), pero sí queremos hacer hincapié en la sincronía de todo este desarrollo minero-metalúrgico y en su inserción en un sistema promocionado por los fenicios en el que, lógicamente, las poblaciones locales fueron coprotagonistas. La prueba más evidente es la desintegración, prácticamente global, del mismo en el primer tercio del siglo VI a.C., que coincide con el ocaso de la colonización fenicia en Iberia, y el Baix Priorat no constituye una excepción. Los autores no profundizan en las causas, aunque parecen decantarse por motivos endógenos, si bien la misma globalidad del fenómeno permite cerciorarnos de una combinación de causas externas, entre las que hay que barajar la irrupción de la colonización focense y, con ella, la propagación de la piratería, e internas (las contradicciones generadas por la complejidad social) que inauguran un nuevo período presidido por una mayor regionalización política y económica.
Eduardo Ferrer Albelda
Departamento de Prehistoria y Arqueología
Universidad de Sevilla
Doña María de Padilla, s/n, 41004 Sevilla