Corpus tipológico de la cerámica celtibérica de la Meseta

Typological Corpus of Celtiberian pottery from the Meseta (Spanish Plateau)

Álvaro Sánchez Climent

Universidad Autónoma de Barcelona

alvaro.sanchezC@autonoma.cat 0000-0002-2665-952X

Fecha recepción: 27-07-2024 | Fecha aceptación: 02-02-2025

Resumen La cerámica celtibérica, especialmente la numantina, ha sido objeto de estudio desde principios del siglo XX, despertando un notable interés entre destacados investigadores de la época. Aunque a lo largo de los años se han publicado diversas tipologías específicas, se carecía de una clasificación general que integrara las distintas formas identificadas en las investigaciones. Este trabajo ofrece un compendio actualizado de las formas de cerámica celtibérica, que incluye un análisis de los tipos cerámicos, con énfasis en sus características tipológicas, así como en la distribución, tecnología y funcionalidad de los grupos elaborados tanto a mano como a torno.

Palabras clave Edad del Hierro, Celtiberia, Meseta, tipología, cerámica, funcionalidad.

Abstract Celtiberian pottery, especially that from Numantia, has been the subject of study since the beginning of the 20th century, sparking significant interest among prominent researchers of the time. Although various specific typologies have been published over the years, a general classification integrating the different forms identified in previous research was lacking. This work provides an updated compendium of Celtiberian pottery forms, which includes an analysis of ceramic types, emphasizing their typological characteristics, as well as the distribution, technology, and functionality of groups produced both by hand and on the potter’s wheel.

Keywords Iron Age, Celtiberia, Spanish Central Plateau, Typology, Pottery, Functionality.

Sánchez Climent, A. (2025): “Corpus tipológico de la cerámica celtibérica de la Meseta”, Spal, 34.1, pp. 71-105. https://dx.doi.org/10.12795/spal.2025.i34.04

Sumario

1. Introducción

2. Metodología

3. Corpus tipológico de la cerámica celtibérica de la Meseta

3.1. Formas continentes

3.1.1. Grupo Cerámico a Torno (GCT)

3.1.2. Grupo Cerámico a Mano (GCM)

4. Conclusiones

Bibliografía

Lista de figuras

Figura 1. Mapa de yacimientos. Provincias de Guadalajara y Soria. Fuente: elaboración propia.

Figura 2. GCT. Tipos 1 y 2. 1, 2, 6 y 7: El Ceremeño I; 3, 10, 11, 12, 16, 17, 18 y 19: La Yunta II; 4, 5 y 15: Numancia; 8: Cerrada de los Santos II; 9: Segontia Lanka (Langa de Duero). Dibujo de Carlos Núñez (Museo Numantino); 13: Los Castillejos de Ocenilla; 14: Centenares de Luzaga.

Figura 3. GCT. Tipo 3. 1: Huerta del Marqués; 2: Segontia Lanka (Langa de Duero). Dibujo de Carlos Núñez (Museo Numantino); 3: Numancia; 4, 7 y 8: Necrópolis Indeterminada de Molina, 5, 6, 9 y 10: Monteagudo de las Vicarías; 11: Centenares de Luzaga.

Figura 4. GCT. Tipo 4. 1, 2, 4 y 6: La Yunta II; 3, 7, 8, 9, 10, 11, 13, 14 y 15: Numancia; 12: Segontia Lanka (Langa de Duero). Dibujo de Carlos Núñez (Museo Numantino).

Figura 5. GCT. Tipo 5. 1, 2, 4, 5, 6, 7 y 8: La Yunta II; 3 y 9: La Yunta I; 10, 11 y 14: Viñas de Portuguí; 12: Almaluez; 13: Monteagudo de las Vicarías.

Figura 6. GCT. Tipos 6 y 7. 1 y 2: Castilterreño de Izana. Dibujos de Antonio Alonso Lubias (Museo Numantino); 3: Segontia Lanka (Langa de Duero). Dibujo de Carlos Núñez (Museo Numantino); 4, 5, 7, 10 y 13: La Yunta II; 6: Los Rodiles II; 8: San Martín de Ucero III; 9: Numancia; 11 y 12: La Yunta I; 14: Riba de Saelices y 15: El Inchidero.

Figura 7. GCT. Tipo 8. 1, 11, 12 y 14: La Yunta II; 2 y 13. La Yunta I; 3: Almaluez; 4 y 10: Centenares de Luzaga; 5: Monteagudo de las Vicarías; 6 y 9: Numancia; 7, 8 y 15: Carratiermes.

Figura 8. GCT. Tipo 9. 1, 2, 3, 4 y 6: Numancia; 5 y 13: Riba de Saelices. Resto: Centenares de Luzaga.

Figura 9. Tipos 10 y 11. 1 y 2: Carratiermes; 3: Sigüenza II; 4: El Tuermielo II; 5: El Ceremeño; 6 y 14: Centenares de Luzaga; 7, 8, 9, 10, 11 y 12: Numancia; 13: La Yunta II.

Figura 10. GCT. Tipos 12 y 13. 1-3: Numancia; 4 y 5: Los Rodiles II; 6: El Pinar II; 7: La Coronilla II; 8: Segontia Lanka (Langa de Duero). Dibujo de Carlos Núñez (Museo Numantino).

Figura 11. GCT. Tipo 14. 1: Castilterreño de Izana. Dibujo de Antonio Alonso Lubias (Museo Numantino); 2: El Pinar II; 3 y 6: El Palomar II; 4: Centenares de Luzaga; 5: Necrópolis de Chera II; 7: La Yunta II.

Figura 12. GCT. Tipo 15. 1 y 7: La Yunta I; 2. La Yunta II; 3 y 8: Riba de Saelices; 4, 5 y 6: Centenares de Luzaga; 9 y 10: Numancia.

Figura 13. GCT. Tipo 16. 8: Segontia Lanka (Langa de Duero) – Dibujo de Carlos Núñez (Museo Numantino). Resto: Castilterreño de Izana. Dibujos de Antonio Alonso Lubias (Museo Numantino).

Figura 14. GCT. Tipos 17, 18 y 19. 15 y 16: Castilterreño de Izana. Dibujos Antonio Alonso Lubias (Museo Numantino); 17: El Palomar II; 18: Necrópolis de Monteadugo de las Vicarías. Resto: Numancia.<

Figura 15. GCT. Tipos 20, 21, 22 y 23. 1, 2, 3, 4, 6 y 8: Numancia; 5: El Pinar II; 7: Segontia Lanka (Langa de Duero). Dibujo de Carlos Núñez (Museo Numantino); 9, 10 y 12: Castilterreño de Izana – Dibujos de Antonio Alonso Lubias (Museo Numantino); 11: El Palomar II.

Figura 16. GCT. Tipo 24. 1: Castilterreño de Izana. Dibujo de Antonio Alonso Lubias (Museo Numantino); 2, 3 y 4: Numancia; 5: El Palomar II.

Figura 17. GCM. Tipo 1. 1, 2 y 3: El Turmielo II; 4: Castro Riosalido; 5: Necrópolis indeterminada de Molina.

Figura 18. GCM. Tipo 2. 1, 8, 14, 17, 19, 25, 26, 27 y 28: El Ceremeño I; 2, 4, 5 y 9. Herrería III; 3. El Pinar I; 6, 11 y 12. Valdenovillos; 7. Segontia Lanka (Langa de Duero). Dibujo de Carlos Núñez (Museo Numantino); 10 y 13. Castro Riosalido; 15, 20 y 21. La Yunta I; 16. Sigüenza; 18. Necrópolis indeterminada de Molina; 22. La Yunta II; 23 y 24. Necrópolis de Chera.

Figura 19. GCM. Tipo 3. 1, 3, 7, 8, 10, 11 y 12: El Ceremeño I; 4: Sigüenza I; 5 y 6: Herrería III; 9. Cerro Renales; 13 y 15: Carratiermes; 14: La Coronilla I.

Figura 20. GCM. Tipos 4 y 5. 1: Carratiermes; 2 y 7: El Pinar I; 3: Viñas de Portuguí; 4 y 5: El Ceremeño I; 8: Ermita de la Vega; 9 y 10: El Turmielo II; 6, 11 y 13: Necrópolis de Chera I; 12: Sigüenza I; 14 y 15: Herrería III.

1. Introducción ^ 

La cerámica celtibérica ha recibido la atención de numerosos investigadores, especialmente los dedicados a la arqueología numantina, desde principios del siglo XX. Son cuantiosos los autores fascinados por sus peculiaridades, tanto por su forma, como especialmente por sus motivos decorativos, provocando acalorados debates entre los defensores de un origen micénico y los detractores (Sánchez Climent, 2018a), hasta la culminación de estos primeros estudios con la tipología de B. Taracena (1924) para la cerámica de Numancia. Desde entonces el estudio de la cerámica pasó desapercibido hasta la reinterpretación de la tipología de Taracena por F. Wattenberg (1963) y la revitalización de los estudios celtibéricos a partir de la década de los años sesenta y, en particular, en los setenta y ochenta.

No obstante, pese a esta revitalización, no existía una tipología que recogiese toda la cerámica celtibérica de la Meseta. Sí que se contaba algunas clasificaciones enfocadas en yacimientos específicos excavados durante los ochenta y noventa, pero carecían de ese carácter general. Nos referimos a tipologías de yacimientos como Numancia (Wattenberg, 1963; Romero, 1976), Riba de Saelices (Cuadrado, 1968), La Yunta (García Huerta y Antona, 1992), Carratiermes (Argente et al., 2000), El Ceremeño (Cerdeño y Juez, 2002) y Herrería III (Cerdeño y Sagardoy, 2007a), entre otras. No obstante, seguía faltando un corpus al estilo de los existentes en otros ámbitos como, por ejemplo, la cerámica ibérica (Mata y Bonet, 1992), tipología que ha sido un gran referente en estudios posteriores. La ausencia de una clasificación, por tanto, es algo que ha preocupado a los investigadores, señalando la necesidad de «elaborar una tipología de carácter general de la cerámica celtibérica a partir de yacimientos con contextos estratigráficos fiables» (Burillo et al., 2008, p. 184) y para que «tenga verdadera utilidad debe ser clara, concisa, además de fundarse en criterios generales de carácter universal» (Caro, 2002, p. 137). Precisamente, en el año 2015 se puso fin a la espera de esa necesitada tipología de cerámica celtibérica con la defensa de nuestra tesis doctoral (Sánchez Climent, 2015), en la que se recogían materiales cerámicos publicados junto con otros de carácter inédito.

En el corpus presentado se abandonaba la metodología empleada por otros investigadores que ordenaban los materiales cerámicos por funcionalidad (Mata y Bonet, 1992; Burillo et al., 2008), debido a que considerábamos que no era el método más adecuado si atendíamos al carácter multifuncional de los recipientes; la existencia de cerámicas en diferentes contextos, tanto funerarios como domésticos, es una clara prueba de ello. Por esa razón se ordenó la cerámica a partir de patrones métricos, como el índice de profundidad, recogido en la citada tipología de Mata y Bonet (1992), y morfológicos. El resultado final fue la clasificación de la cerámica continente en dos grupos en función de la manufactura (a torno y a mano) y, a partir de ahí, establecer los diferentes tipos y subtipos de las formas atendiendo a dichos parámetros.

No obstante, consideramos que era necesaria la realización de una revisión del conjunto, que precisase una nueva nomenclatura y una mejor ordenación de los tipos, especialmente en la cerámica a mano, de cara a sintetizar y mejorar la tipología de entonces. Por tanto, el trabajo aquí presentado recoge las diferentes formas identificadas ya en el citado estudio, si bien incorpora una revisión y actualización de los tipos cerámicos y su denominación.

2. Metodología ^ 

Para la ordenación de las formas continentes (FC) se ha empleado un doble criterio. En primer lugar, distinguimos dos grupos cerámicos: a torno (GCT) y a mano (GCM). El primer grupo incluye todas las producciones realizadas mediante torno, mientras que el segundo agrupa las elaboradas manualmente. Una vez separados los grupos, establecimos, en segundo lugar, una clasificación horizontal, basada en el índice de profundidad, y una clasificación vertical mediante la identificación de subtipos y variantes dentro de cada tipo.

El concepto “tipo” es fundamental en cualquier disciplina que se dedique a la clasificación de los objetos o fenómenos, y en el caso de la cerámica constituye un elemento clave para poder estructurar y comprender la diversidad de las formas, funciones y tecnología. El tipo no es simplemente una etiqueta de carácter arbitrario: es una construcción teórica que surge de la combinación sistemática de atributos específicos que caracterizan un conjunto de objetos y lo diferencian de otros constituyendo una «unidad básica de descripción que se refiere a la combinación específica de atributos que permite identificar un conjunto de formas cerámicas distinguiéndolo de otro conjunto» (Fernández Martín, 2010, p. 79) y que es «sustancial de cualquier clasificación tipológica» (Sánchez Climent, 2019, p. 81). Además, el tipo permite agrupar objetos similares en categorías manejables y establecer patrones culturales, tecnológicos o funcionales a lo largo del tiempo y el espacio. Sin embargo, también plantea desafíos. La definición de un tipo puede variar según la perspectiva del investigador, los objetivos del estudio o la disponibilidad de datos, lo que podría generar inconsistencias o debates sobre los límites entre un tipo y otro. Tampoco debe entenderse como algo rígido o inmutable. Los avances metodológicos y teóricos, así como el hallazgo de nuevos datos, pueden requerir revisiones y ajustes. Esto lo convierte en una herramienta dinámica, susceptible de evolucionar junto con el conocimiento científico.

La variabilidad en los tamaños dentro de un mismo tipo dificulta una clasificación basada únicamente en dimensiones o volúmenes. Por esta razón, se ha optado por clasificar las cerámicas según su índice de profundidad, siguiendo el criterio establecido por Mata y Bonet en su estudio sobre cerámica ibérica (1992, p. 121), al considerar que éste es el método más adecuado. Este índice, al ser un valor proporcional, refleja la relación entre la altura y el diámetro de la boca. De esta forma, los recipientes con un mayor diámetro de boca y menor altura se clasifican como más planos, mientras que aquellos con un diámetro más reducido y mayor altura se consideran más profundos. Esta metodología permite diferenciar claramente entre recipientes tradicionalmente identificados como cuencos, platos u objetos similares, que tienden a ser más planos, y grandes recipientes de almacenamiento, que presentan mayor profundidad. Siguiendo esta premisa y el enfoque de las autoras mencionadas, hemos ordenado los tipos desde los más planos, con un índice inferior a cincuenta, hasta los más profundos, con un índice superior a cien. Así, el índice de profundidad queda definido en tres categorías: planos (inferior a cincuenta), medios (entre cincuenta y cien) y profundos (superior a cien).

Una vez identificados los tipos y ordenados por índice de profundidad, se han analizado los diferentes subtipos a partir de las variantes. Éstas últimas son definidas como las variaciones que presentan los diferentes tipos y subtipos cerámicos y que pueden ser comunes a otros (Sánchez Climent, 2019, p. 81). Por lo tanto, es importante tener en cuenta que estas variantes comunes no definen tipos. Por ejemplo, las asas pueden ser consideradas como variantes, pues pueden aparecer o no dentro de un tipo, a la vez que es un elemento común a muchos tipos. En este caso, hemos establecido un orden descendente con prioridad en el perfil de la cerámica, que sería el que define el subtipo, siendo el resto de los elementos las variantes. Si el perfil siempre fuese igual, el siguiente elemento tomado en cuenta sería el borde, que definiría el subtipo, y el resto las variantes; luego la base, y así sucesivamente. El ordenamiento quedaría establecido de la siguiente manera:

En otros casos, el patrón métrico, por ejemplo el índice de profundidad, podría definir los subtipos. Este caso se aplica si no se documentan cambios relevantes en los bordes, perfiles, etc. Si tampoco hay variantes y diferencias métricas destacables que puedan definir subtipos, el recipiente definiría el tipo, pudiendo contar con alguna variante (asas, por ejemplo).

A la hora de clasificar los diferentes tipos cerámicos documentados hemos mantenido la nomenclatura empleada por otros investigadores en tablas tipológicas de cerámica celtibérica (Wattenberg, 1963; Romero, 1976; Díaz, 1976; García Huerta, 1989-90; Burillo et al., 2008; etc.) e ibérica (Mata y Bonet, 1992) utilizando términos actuales de alfarería (copa, plato, cuenco, tinaja, etc.). Si no existen paralelismos morfológicos con vajilla actual emplearemos la terminología convencional (caliciformes, kalathos, cráteras, etc.). Todos los tipos cerámicos de las formas continentes quedan recogidos a modo de dendrogramas (vid. figs. 2-20). Al final, en forma de anexo, se recogen también las fichas de los yacimientos con su numeración correspondiente, datación, tipos y subtipos detectados, y sus referencias bibliográficas (tabla 1), así como la relación de los tipos y subtipos con el contexto cronológico (tabla 2). Se han consultado un total de 41 yacimientos arqueológicos meseteños (fig. 1), aunque no se ha incluido en el mapa el yacimiento n.o 41, ya que corresponde a una necrópolis situada en las cercanías de Molina de Aragón, cuya localización exacta sigue siendo desconocida (Almagro-Gorbea y Lorrio, 1987, p. 269). No obstante, este yacimiento sí está registrado en la tabla 1. La cronología empleada es la propuesta por Cerdeño y Juez (2002, p. 24): Celtibérico Antiguo (siglos VII-VI a.C. al siglo V a.C.), Celtibérico Pleno (siglos V al IV a.C.), Celtibérico Tardío (siglos III al II a.C.) y Celtibero-romano (final del siglo II a.C. al siglo I d.C.).

Figura 1. Mapa de yacimientos. Provincias de Guadalajara y Soria. Fuente: elaboración propia. ^ 

3. Corpus tipológico de la cerámica celtibérica de la Meseta ^ 

3.1. Formas continentes ^ 

3.1.1. Grupo Cerámico a Torno (GCT) ^ 

En este grupo se integran todas las cerámicas que han sido realizadas a torno de manera indistinta. Desde el punto de vista tecnológico, todas las cerámicas presentan características muy similares. En general, se trata de pastas bien depuradas con desgrasantes finos, oxidantes con tonalidades anaranjadas en su mayoría y en menor medida rojizas y ocres. Desde el punto de vista de la decoración, predomina la pintada, normalmente con motivos decorativos simples basados en geométricos (bandas horizontales, círculos, semicírculos, etc.), sobre todo en los primeros compases de la cultura celtibérica, aumentando en complejidad conforme nos acercamos al Alto Duero, núcleo numantino, donde las decoraciones más tardías revisten de mayor riqueza. También es posible destacar la existencia de cerámicas de cocción reductora o de pasta gris, aunque el caso celtibérico es particular. Si en otros contextos como el ibérico sí ha sido habitual encontrar un buen número de cerámicas grises, objeto de investigaciones específicas (Aranegui, 1969; Roos, 1982; Hornero, 1990; Banús, 1992; Mancebo et al., 1992; Sanna, 2009; Rodríguez González, 2012; Rodríguez González, 2015; Rodríguez González, 2023; etc.), esto falta en nuestro caso, posiblemente debido a la escasa representación de este grupo cerámico. No obstante, podemos destacar algunos trabajos interesantes como los realizados para el territorio vacceo por J.F. Blanco (1993; 2001).

Como sucede en el mundo ibérico, la variabilidad tipológica de la cerámica a torno es considerable, puesto que no debe olvidarse que esta cerámica está presente desde el Celtibérico Antiguo, si bien en estos primeros momentos en número escaso si la comparamos con la cerámica a mano. No obstante, a partir del siglo V a.C. la segunda comienza a reducirse como consecuencia de la estandarización de las formas a torno, quedando reducida a su mínima expresión tipológica, limitada su funcionalidad casi en exclusiva como cerámica de cocina y despensa. A continuación, presentamos los tipos cerámicos a torno.