Futuro Anterior. Reseña de / Future Past. Review of / Futuro anterior. Revisão de La actualidad de Alberti de Arnoldo Rivkin, Puente Editores, Barcelona, 2025

Roberto Fernández. Universidad Abierta Interamericana. rfernandster@gmail.com https://orcid.org/0000-0002-9507-5149

DOI: https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2025.i39.13

Un dibujo de la cabeza

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Arnoldo Rivkin fue un promisorio arquitecto implicado en cuestiones de teoría y crítica en los lejanos 70 en la turbulenta FADU porteña. Más tarde se trasladó a Francia, donde se doctoró bajo la dirección de Louis Marin (un riguroso teórico e historiador que escribió Utópicas: Juegos de espacios, Madrid, Siglo XXI, 1975, a mi juicio el más provocativo y jugoso tratado sobre la noción de utopía). Enseñó Teoría y práctica de la concepción arquitectónica en la ENSA de Versailles para volver en estas épocas a intermediar estancias parisinas y porteñas, donde actualmente trabaja en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Matanza.

 

Hace un par de años editó en Paris este libro, bajo el título Avec Alberti.Considerations intempestives sur l´architecture (La Villette, 2023) que, a mi juicio, agrega sentido desde su título a este trabajo, con Alberti y con consideraciones intempestivas, noción que pareciera aludir no a historicismos filológicos sobre Leon Battista sino agudas y provocativas reflexiones sobre el peso actual que muchas ideas del renacentista siguen activas hoy dia.

 

Es un librito pequeño de poco mas de 200 páginas, preciosamente editado con el apoyo de un buen número de excelentes fotografías, que recorre y evoca el discurso albertiano, pero que va mucho mas allá puesto que utiliza las categorías de Leon Batista para efectuar una historización de la constitución de lo moderno como prólogo y experimento que deriva en lo contemporáneo, en el que desfilan obras, ideas y personajes como aquello que compete a Le Corbusier y Wright o a Koolhaas y Lacaton&Vassal.

 

Este retorno a momentos princeps de la teoría De re aedificatoria, escrito entre 1452 y 1472, justo antes del proyecto albertiano de Sant´Andrea de Mantovaparece interesar a teóricos de la modernidad, tal como ocurrió con la traducción y edición del Saber habitar. Oinomikos, Asimétricas, Madrid, 2023 con que Josep Quetglás plantea ocuparse del militar e historiador Jenofonte como alternativo iniciador de tradiciones teóricas básicas contra al hasta ahora inconmovible sitial fundante de Vitruvio.

 

En el prólogo titulado El más antiguo de los modernos, el más moderno de los antiguos, Pierre Caye filósofo, filólogo y amigo de Rivkin inserta la cita mas relevante del tratado albertiano en cuanto a la elucidación de la plataforma teórica de los 6 puntos teóricos del toscano:

 

En un principio —así lo creemos— el género humano se buscó lugares para descansar en cualquier sitio que fuera seguro y allí, una vez encontrada una zona apropiada y agradable, se estableció y tomó posesión del emplazamiento mismo, de modo y forma que no fue su deseo que se hicieran en el mismo lugar lo familiar y lo individual, sino que quiso que un lugar fuera para dormir, que en otro distinto se conservara el hogar, que cada cosa se emplazara en un lugar distinto según su función; en este punto a tal grado de reflexión llegó —en nuestra opinión—, que colocaban techumbres con que protegerse del sol y la lluvia; y, para conseguirlo, a continuación levantaron además muros, sobre los que hicieron descansar las cubiertas —en efecto, se daban cuenta de que así estarían más protegidos de las heladas y los vientos invernales—; abrieron por último desde el suelo y a lo alto lugares de acceso y ventanas, con las que no solo se facilitarían la entrada y la posibilidad de reunirse, sino que sobre todo se obtendría luz y aire en la época adecuada y se haría salir la humedad y los olores que eventualmente se hubieran formado de puertas adentro.

 

Caye comenta brevemente y de tal modo anticipando cierta síntesis del libro de Rivkin:

En pocas líneas, todo queda dicho; quedan planteados los seis principios de Alberti que sustituyen completamente a los vitruvianos. Gracias a Alberti, aquello que concibe la arquitectura ya no es simplemente un ensamblaje y una máquina, sino una obra de arte; o, más exactamente, no es el ensamblaje el que hace arte, sino que es la obra la que hace máquina. (p.9).

 

Así, el libro de Rivkin se organiza en dos partes, una mas histórica longue durée en que se revisa el ideario albertiano centrado en las nociones de regio y zona, a partir de las cuales se ejecuta una arqueología de esos principos atravesando tópicos centrados en el arte de jardines, las prácticas proyectuales de Le Notre, el urbanismo de pretensión naturalista o las versiones del sentir sublime (desde el romántico hasta el matemático). Pero también hasta una revisión de derivas modernas y casi actuales, que van desde el concepto de megaestructura o el de terrain vague hasta las cuestiones emergentes de la crisis ambiental y los límites o problemas de los intentos de mímesis con lo natural, temáticas hoy acuciantes pero que tuvieron su espacio teórico ya en algunos argumentos albertianos, cuando habla crudamente de algunas regiones que mejor no habitarlas, tanto por peligros o acechanzas, tanto humanas como naturales.

 

En la segunda parte se trabaja alrededor de otra de las 6 nociones fundantes de la teoría albertiana que fueron las de regio, area, partitio, paries, tectum y apertio, en este caso, la de partitio o repartición, para recorrer en otra aventura arqueologista, desde las nociones clásico-barrocas de centralidad hasta los criterios compositivos distributivos a la francesa y el arribo al método choysiano de espacio volcado, que anticipa y equipa el modo cubista del inicio del proyecto moderno.

 

Si la primera parte parece encontrar una cierta genealogía del concepto albertiano de area para construir una arqueología de momentos y situaciones en que reverbera esa noción para abordar el problema antiguo de la relación de cultura y naturaleza y actual de crisis ambiental, en la segunda, la idea de partitio funciona de una manera menos filológica y asi Rivkin la usa con mucha mayor libertad (y tal vez abusando de su polisemia) para configurar una segunda genealogía tendiente a desarrollar la imbricación entre casa y ciudad. Hay unos pasajes en que parece concentrarse un examen sobre un origen de modernidad que traduce la noción de partitio en el trabajo que axonometrías cortadas y vistas desde abajo que hará Auguste Choisy y que Le Corbusier reivindica como fundamentales para su modo de concebir sus proyectos.

 

La relación casa-ciudad (o su inversa) en Alberti también implicará la relación casa-area, que puede extenderse en la óptica rivkiniana, a una actualización o ampliación de la relación, al tándem casa-ambiente:

Si a la finca le faltara la casa, le faltaría menos que si a la casa si le faltara el terreno´, escribía Alberti. La trivialidad de esta nota oculta un cambio considerable: la región y el área constituyen menos el entorno exterior del edificio que el material mismo de su diseño. Bastaba una mirada atenta para constatarlo: integrándose en el entorno natural de la propiedad, la casa viene a completarlo. (p.28).

 

La interpretación de Rivkin acerca de los 6 trazados o nociones ordenadoras de toda acción proyectual, postuladas por LBA asume cierta densidad que conferirá a tales trazados valores semánticos-simbólicos (una idea, un signo) y también una característica no solo metafórica sino tambien material

 

(fragmento del territorio…que debería poder ser ´marcado´, moldeado…): Siguiendo su definición, todo trazado debe obedecer a un doble requisito: sin estar relacionado a una materia particular, debe darse a conocer en la materialidad de los edificios concretos. En el fondo, lo que está en juego con los seis trazados es la posibilidad de que una pared, una ventana o una cubierta singulares, pero también una región, un área o una repartición precisas aparezcan como una idea, un signo. Ahora bien, para lograrlo se necesita una materia capaz de dejarse moldear. En consecuencia, si nos atenemos a la superficie o área, y con mayor motivo a la región, es todo un fragmento del territorio el que debería poder ser “marcado”, moldeado como distinto, es decir, revelar una inteligibilidad que le sea propia. (p.31).

 

El análisis histórico, pero también ahistórico (es decir, fundante de categorias intemporales o que enlazan con cuestiones de actualidad) que hace este libro, sirve para considerar que el aparato conceptual albertiano expande la vigencia y aplicabilidad de la disciplina de la arquitectura (via ´arte del paisaje´ hasta geografía planetaria) a dimensiones que dilatan considerablemente ese saber, otorgándose quiza así a Alberti, la paternidad de una noción absoluta en el sentido aureliano de la arquitectura:

 

Desde la región de Alberti hasta el “arte del paisaje”, desde un mundo circunscrito a un área limitada hasta una geografía a escala planetaria, el espacio sobre el cual deberá poder ejercerse el saber de la arquitectura se dilata considerablemente. Este desplazamiento discurre parejo a la aparición de una técnica moderna cuyo principio consiste en encarar la naturaleza como un fondo explotable sin retención (p.65).

 

Mas adelante, en su desarrollo, AR tenderá a articular el primer campo de interes de su investigación (los trazados de regio y area con la posible o necesaria concepción contemporánea de una proyectualidad comprometida con la problemática ecológica) con el concepto de partitio, que si bien lo usará para analizar modos de producir ciudad y metrópolis, también deberá utilizarse para estudiar la calidad ecológica de nuevas proyectualidades e incluso para analizar la cuestión de cómo proyectar lo rural o el campo, o para considerar la ciudad genérica, es decir dos recientes temas koolhaasianos:

 

Solo los trazados, región y área no serán suficientes para dar cuenta de la interdependencia entre la arquitectura y el medio ambiente, para que, ante los desafíos del medio natural, nuestras arquitecturas puedan desplegarse “intrépidas”. Es el conjunto de trazados el que debe movilizarse cada vez, y especialmente el principal de ellos, el que concierne a la relación entre edificio y ciudad: la partición (repartición). Tanto es así que la refundación albertiana concierne tanto a la naturaleza como a la metrópoli, tanto al campo como a la “ciudad genérica”. (p.100).

 

Pero así como es posible expandir el uso instrumental-analítico de la noción de partitio para alcanzar las dimensiones del XL urbano y también el campo (countryside), también habría una cierta implosión posible de aquel concepto, que sería la via albertiana de

 

comparar la ciudad con la casa: Hay que rendirse ante la evidencia; para Alberti la repartición no se identifica con la división de un todo ni, por el contrario, con la combinación de las partes en un todo. Ni la aprehensión inmediata de un contorno unitario ni la relación homeostática entre sus partes y su globalidad son las vías que lo llevan a comparar la ciudad con la casa. (p.122).

 

Esa articulación escalar que conduce al XL o grandeza en Rem Koolhaas, explícitamente es planteada por Rivkin como una prefiguración albertiana a ese acuñamiento contemporáneo:

 

Al proponer la analogía entre la organización de la ciudad y la repartición de los edificios, Alberti prefigura la definición que da Koolhaas de la “grandeza”: una arquitectura que, en función de su extraordinario volumen, “representa la ciudad; se adelanta a la ciudad; o, mejor aún, es la ciudad”.

 

El abordaje en simultáneo de las ideas de la zona y la repartición implica para Rivkin otorgarle a las aportaciones albertianas un basamento sobre el cuál respectivamente pueden rastrearse momentos o experimentos históricos que llegan hasta hoy y pueden servir para reconceptualizar ciertas características de los problemas actuales del proyecto, como la arquitectura ecológica (estacion final de la idea de área) o la forma urbana (deriva que se puede fundar en el exámen de la repartición). Este libro se aboca asi a las tres primeras de aquellas seis categorías albertianas y se anuncia que las tres restantes (pared, techo, hueco) serán objeto de un futuro libro.

 

Según Rivkin la idea de zona (que circunscribe si se quiere la mas general, primera o amplia, de regio) sirve para plantearse las disyuntivas, ahora acuciantes, que tiene insertar un proyecto en un ecosistema o el modo de reducir la inevitable violencia del acto proyectual ahora que el soporte natural está en estado cuasi apocalíptico. Asimismo, la idea de partitio o repartición resultaría basal para considerar otra deriva de estos seis siglos que nos separan de Alberti, en torno de la forma urbana y mas precisamente de los dilemas de la metropolinización, que en parte puede verse como excerbación de los procesos triseculares de la urbanización y causal o complemento de la crisis planetaria de sustentabilidad.

 

Al poseer este libro un riguroso plan expositivo ligado a explorar arqueológicamente cómo las ideas albertinas de area y partitio llegan a nuestros días y explican algunas de sus problemáticas, también es valorable reconocer un ensamble de pequeños ensayos que tienen cierta autonomía (7 en la primera parte y 8 en la segunda), cada uno con su erudita proposición, desarrollo y blibliografía y que abren la posibilidad de exploraciones detalladas de la hipótesis inicial de considerar la vigencia de los aportes albertianos. Anotar los títulos de esos 15 capítulos ayudará a percibir el plan y la densidad de la investigación: Entre la ciudad y el campo: la villa Liberior, La imitación de la naturaleza en los jardines italianos, Del “gran estilo” al pintoresco, Escenas urbanas con horizonte natural, Destrucción creativa y propagación de las redes, El nuevo campo y el sublime matemático y La mímesis en cuestión, globalización y nomos, en la primera parte. Ni parte, ni todo: repartición, Centralidad: rotación y desplazamientos, Distribución interior-exterior y normas de composición, Urbanismo y arquitectura: vías/intervías, Una arquitectura “volcada en el espacio”, Yuxtaposición e interferencia, Arquitectura por estratos: metrópolis y ornamentación y Perforar el espacio: los trucos de la repartición en la segunda.

 

Si Alberti funda la imbricación casa-ciudad (y propone pensar la casa como una ciudad y viceversa), la secuencia de ese pensamiento llega a una actualidad revisada por Rivkin y trabajada también por otros autores como Aureli con su idea de arquitectura absolutasegún la cual es posible y necesario romper la escisión dicotómica arquitectura/urbanismo y aplicar por caso, aquellas seis nociones albertianas para reunir en una común problemática las diferentes escalas y, así, tanto la noción de área como la de partitio ayudan a comprender la discusión integrada de una arquitectura de la ciudad, en que disciplinarmente solo nos servimos del arsenal arquitectural para entender y operar sobre edificios, asentamientos o territorios.

 

En el párrafo final de su Introducción, Rivkin resume el propósito de su investigación y el valor del uso más prospectivo que memorialista del discurso albertiano:

 

Irreductible a cualquier confinamiento historiográfico, su obra literaria parece poder dialogar a distancia con autores cercanos a nuestras preocupaciones contemporáneas. Sin duda, la flexibilidad del pensamiento albertiano, reacio a cualquier doxa, no es ajena al carácter más equívoco que arcaico de las categorías que estructuran el texto de De re ædificatoria. Cabe preguntarse si la plasticidad ontológica del pensamiento de Alberti, así como el carácter inactual de sus categorías, no lo convierten en un recurso valioso para hacer frente al auge de la globalización tecnoeconómica. Esta es la apuesta que queremos hacer (p.17).