
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 29 - 2026
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1. Introducción
Las problemáticas ambientales reejan la profunda interconexión de los sistemas
naturales, sociales y económicos a nivel global. Fenómenos como el cambio climá-
tico, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas no solo afec-
tan al equilibrio de la naturaleza, sino que también generan impactos directos en la
calidad de vida de las personas, contribuyen al aumento de la pobreza, la insegu-
ridad alimentaria y las desigualdades sociales, y comprometen la sostenibilidad de
los territorios. Estas interrelaciones evidencian que las crisis ambientales no pueden
abordarse de manera aislada, sino que requieren estrategias integrales que reco-
nozcan la vinculación entre los procesos ecológicos y las estructuras sociales (Luis
González-Reyes y Carlos Gómez-Chuliá, 2022).
Ante este contexto, la adolescencia, no siendo la responsable de la situación, es
una de las generaciones que más sufre sus consecuencias, teniendo que encajar su
proyecto de vida en un futuro desfavorable (Carlie Trott et al., 2023). Un mundo ca-
racterizado, según Naciones Unidas (Amir Sharif y Zahir Irani, 2017), por ser volátil,
incierto, complejo y ambiguo, y cuya complejidad resulta difícil de resolver de manera
individual (Charles Ogunbode et al., 2022), por lo que, el reto al que hoy en día se en-
frenta la sociedad requiere de una cosmovisión compleja y holística, según algunas
investigaciones sobre educación ambiental para la sostenibilidad (Robin Kemkes y
Sean Akerman, 2019; Josep Bonil et al., 2010).
Esta realidad, junto con la pasividad generalizada de la sociedad (Peta White et al.,
2021) y la decepción ante la inacción de políticos y gobiernos (Carolilne Hickman
et al., 2021), provoca sentimientos de ansiedad climática (Tamara Hoffmann, 2025;
Yumiko Coffey, et al., 2021) como la incertidumbre, el miedo y la tristeza (Pihkala
Panu, 2020), comunes en la adolescencia (Roger Harrabin, 2021; Henna Rouhiainen
y Leena Haanpää, 2024; Hellen Barros y José Pinheiro, 2020; Yasemin Özdem et
al., 2014). Por ello, las reexiones sobre los complejos impactos globales y el futu-
ro incierto al que la juventud se enfrenta pueden obtener respuestas constructivas
(Cécile Rozuel y Christia Bellehumeur, 2020) desde el ámbito educativo. De hecho,
estudios recientes indican que emociones como la frustración y la ira son respuestas
adaptativas (Samantha Stanley et al., 2021), de manera que la ira al ver las injusti-
cias sociales motiva a la realización de acciones colectivas (Peta White et al., 2021;
Shicun Qiu y Jiacun Qiu, 2024).
Para poder conducir las consecuencias del catastrosmo hacia una reevaluación
de la situación y búsqueda de fórmulas de transformación de los cambios venide-
ros (Pihkala Panu, 2020), es necesario repensar los espacios educativos donde la
adolescencia se desarrolla. En este sentido, Constantinos Yanniris (2021) señala la
importancia de poner el foco en las soluciones como una de las formas más efecti-
vas de cambiar comportamientos dentro del aprendizaje experiencial. Asimismo, el
marco curricular normativo LOMLOE incorpora la educación para la sostenibilidad, la
ciudadanía democrática y el respeto al entorno como ejes fundamentales del currí-
culo de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) (Junta de Andalucía, 2023). En
el caso de la comunidad autónoma de Andalucía, ámbito de estudio de esta investi-
gación, el Decreto 102/2023 regulador del currículo de la ESO concreta esa orienta-
ción promoviendo, entre las competencias clave, el “conocimiento de las relaciones
sistémicas de interdependencia, ecodependencia e interconexión entre actuaciones
locales y globales” y la adopción de un “estilo de vida sostenible y ecosocialmen-
te responsable”. Por lo que el marco normativo proporciona una base sólida para
incorporar, desde la práctica educativa, perspectivas críticas que articulen género,