
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 29 - 2026
• 122 •
Estos avances ocurren de manera simultánea o como resultado de los cambios ocu-
rridos a nivel nacional con el movimiento feminista y los derechos de las mujeres y
disidencias en general, y particularmente, por las diversas luchas dadas en el ámbito
del fútbol femenino. En este último sentido, cabe destacar el paro realizado en 2017
por la Selección Nacional femenina de fútbol, la foto que se tomaron las jugadoras
del seleccionado en la Copa América de 2018 y la denuncia presentada en 2019 por
Macarena Sánchez a su entonces club, UAI Urquiza. Estas situaciones generaron
cobertura mediática y presionaron a los clubes y a la Asociación del Fútbol Argentino
(AFA) para conseguir mejores condiciones, mayor acompañamiento e inversión en
el fútbol femenino.
En septiembre de 2017, la Selección realizó su primer paro denunciando el sexismo
en el deporte y envió una carta dirigida a Ricardo Pinela, quien en ese momento era
el presidente de la Comisión de Fútbol Femenino en la AFA, reclamando por mayor
acompañamiento y mejoras para la disciplina, vinculadas principalmente al pago de
viáticos, la provisión de indumentaria y calzado deportivo propio, adecuadas con-
diciones de entrenamiento, posibilidades laborales y de formación a largo plazo. A
pesar de las demandas realizadas, las condiciones laborales, de entrenamiento y de
divulgación -los partidos eran únicamente transmitidos por Facebook- no mejoraron
signicativamente (Arambuena, 2025; Garton, 2022; Hang, 2022; Hijós, 2020).
Luego, en la Copa América de 2018, antes de disputar el partido contra Colombia,
las jugadoras posaron con la mano derecha detrás de la oreja como forma de pro-
testa para continuar visibilizando sus demandas. La imagen dio la vuelta al mundo
superando la difusión que tuvo la huelga del año anterior. Además, tras obtener el
tercer puesto en la competencia, la Selección jugó el repechaje para clasicar al
Mundial de 2019. Dicho partido se jugó contra Panamá en la cancha de Arsenal con
récord de asistencia de 11.500 personas. De esta forma, la lucha encabezada por las
jugadoras aumentó considerablemente su visibilidad (Moreira y Álvarez Litke, 2019;
Arambuena, 2025; Garton, 2022; Hang, 2022; Hijós, 2020).
Más adelante, en enero de 2019, la jugadora Macarena Sánchez inició acciones
legales contra su club -UAI Urquiza- y la AFA, reclamando ser reconocida como tra-
bajadora luego de que el club la desafectara de la institución en medio del torneo,
imposibilitando que pueda ser chada por otro club durante seis meses una vez
que terminara el torneo. De esta forma, se visibilizó así un reclamo colectivo y las
precarias condiciones en que se encuentran las futbolistas. Esta situación tuvo una
gran repercusión a nivel mundial y llevó a que, en marzo de ese mismo año, la AFA
declarara la profesionalización del fútbol femenino en el país. Para ello, estableció
que los clubes debían contratar, obligatoriamente, un mínimo de 8 jugadoras (Aram-
buena, 2025; Dziencielsky; 2023; García, 2022; Gartón, 2022; Hang, 2022; Sánchez,
2020). Sin embargo, esta profesionalización se dio de manera desigual y limitada.
Los clubes más grandes, con un mayor poder económico, decidieron contratar a un
mayor número de jugadoras, mientras que otros sólo podían cumplir con el mínimo
de contrataciones exigido y con salarios muy bajos. Esto obligó a muchas futbolistas
a complementar sus ingresos con otros trabajos remunerados. Por ende, dado que
no todas las jugadoras pueden aún acceder a los mismos derechos ni se hace lugar
a todos sus reclamos, se habla más bien de una semi-profesionalización del fútbol
femenino en Argentina (Arambuena, 2025; García, 2022; Sánchez, 2020).
En síntesis, en Mar del Plata las mujeres no perciben una remuneración por jugar
al fútbol, por lo que deben complementar la práctica con un trabajo remunerado,
limitando su permanencia y crecimiento dentro de la práctica deportiva. Además,