
Artículos • Ana Campelo, Nayla Fuster, Rafael Grande
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cosas que nunca me han llegado a afectar porque, bueno, yo simplemente pienso,
simplemente pienso que son chistes y que, bueno, ya está sin más, ¿no? Y me
han llegado a decir que para ser alemana no tengo rasgos alemanes, que los nazis
me hubieran matado o cosas así. Así que bueno, cosas de ese estilo así, ¿no?”
E01, madre alemana, padre peruano.
“Cuando hablábamos de los amigos acá, me decías “Sí que hay algunos comen-
tarios”. ¿Podrías ponerme algún ejemplo de esos comentarios? Sí, a ver, aquí se
usa mucho decir panchitos o panchos, a los latinos o a los bolivianos o a los que
parecen latinos. Entonces, por ejemplo, eso de vez en cuando se escuchaba a
alguien diciendo, como un comentario general “No, es que los panchitos hablan
raro”. O sea, yo a veces decía algo, a veces no, porque a veces digo “bah, ya
está”. E02, madre chilena, padre costarricense.
Estas experiencias de discriminación parecen estar inuenciadas por dos factores
principales: el fenotipo y los estigmas asociados al país de origen propio o al de los
progenitores. En cuanto al primero de ellos, según los discursos, tener rasgos visi-
bles diferentes a los de la población autóctona tiene un gran impacto; por lo tanto, pa-
recerse físicamente a esta población disminuye las experiencias de discriminación.
“Ahora, no sé cómo decirlo, pero cuando era más pequeñito era…. No sé si está
bien decirlo o no, pero era como más negrito. No sé si me entendés. Y algunas
veces recuerdo que, en el cole, a lo mejor, algunos chicos decían algunos comen-
tarios, no muy lindos” E12, madre argentina, padre argentino.
“Tampoco me parezco como una persona extranjera. Total, a lo mejor si le
preguntas a otra persona que ese parece más extranjero, a lo mejor sí, pero
yo, por mi parte, nunca sentí nada de eso” E10, madre estadounidense, padre
estadounidense.
En segundo lugar, se destaca la inuencia del país de origen y los estigmas negati-
vos que se hayan creado sobre él, atribuyéndose menor peso a los países del primer
mundo y mayor a los del tercer mundo. También se remarca que existen diferencias
entre los propios países latinoamericanos, siendo algunos mejor recibidos que otros.
Nuestros resultados conrman el etiquetaje de “inmigrantes” para las personas cuya
migración se vincula a motivos económicos o de pobreza, y la etiqueta de “extranje-
ros” para quienes proceden de países asociados a economías de mayor nivel (Do-
mingo y Bueno, 2016). A ello se suman los rasgos físicos asociados a esos países.
A veces, este reconocimiento como “extranjero” o “inmigrante” y la discriminación
asociada se vinculan a los distintos acentos. En relación con esto, cabe destacar
un segundo momento o evento clave para comprender sus historias de inserción.
En algunas entrevistas, observamos que muchos declararon haberse esforzado por
ocultar su acento: “A mí me daba mucho miedo hablar en público, en clase, porque
digo, van a mirar mal” (E13). Se dan así situaciones que recuerdan a procesos más
clásicos de asimilación, abandonando su forma de hablar e incluso sus costumbres.
Es el caso de la siguiente entrevistada, que explica cómo cambió su desayuno habi-
tual para no destacar como extranjera.
“Entonces, dije “Ah, bueno, si no me entienden de esta forma, voy a actuar de
la otra”. […] en los desayunos, cuando íbamos a desayunar, yo me llevaba, yo
qué sé, palta (aguacate), un bocadillo de palta. Y esas cosas me decían “Ay,
qué asco, no sé qué”. Y yo “Pero si está rico, esto está bueno”. No me gustaba
ese momento porque era yo el centro de atención y yo no soy de ser el centro de
atención. Y entonces ahí empecé a lo típico mantequilla, queso y mortadela, queso