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Anduli
Revista Andaluza de Ciencias Sociales
ISSN: 1696-0270 • e-ISSN: 2340-4973
ESTRÉS EN EL MEDIO RURAL: UNA REALIDAD
SOCIOESPACIAL ALEJADA DE IMÁGENES IDÍLICAS
STRESS IN RURAL AREAS: A SOCIO-SPATIAL
REALITY FAR FROM IDYLLIC IMAGES
Jesús García-Araque
jesus.garcia@uva.es
Universidad de Valladolid, España
Orcid: https://orcid.org/0000-0002-4112-9404
Resumen:
Este trabajo indaga si el estrés es un
problema que afecte a la calidad de vida
de la población del campo español que,
además, puede haberse agudizado por
la pandemia de Covid-19. Es un tema
poco tratado en España, donde se tiende
a asociar la vida en ámbitos rurales con el
sosiego, en contraposición con el estrés
urbano. El objetivo es estudiar la situación
en 4 poblaciones rurales de Galicia y Cas-
tilla y León, con especial atención a pro-
pietarios y trabajadores de explotaciones
ganaderas, lo que se realiza mediante
entrevistas semiestructuradas realizadas
entre abril y julio de 2022. Los resulta-
dos muestran presencia de estrés entre
empresarios y asalariados agrarios, prin-
cipalmente relacionado con dicultades
económicas, así como un deterioro de su
relación con los trabajadores del sector
servicios. Se concluye esta aproximación
al estrés rural identicando distintas for-
mas de estrés que afectan a la población
del campo y perturban la imagen idílica
que se tiene de estos territorios que, tra-
dicionalmente, ha supuesto un factor de
atracción hacia ellos.
Palabras clave: Medio rural, Calidad de
vida, Explotaciones ganaderas, traba-
jadores agrarios, despoblamiento rural,
España
Abstract:
This paper investigates whether stress,
possibly aggravated by the Covid-19
pandemic, is a problem that affects
the quality of life of the Spanish rural
population. It is a subject that has been
little dealt with in Spain, where there is a
tendency to associate life in rural areas
with peace and quiet, as opposed to
presumed stressful living in urban areas.
The aim is to study the situation in four
rural populations of Galicia and Castilla
y León, with special attention to owners
and workers of livestock farms, using
semi-structured interviews conducted
between April and July, 2022. The results
show the presence of stress among
entrepreneurs and farm workers, mainly
related to economic difculties, as well
as a deterioration of their relationship
with workers in the service sector. This
approach to rural stress concludes by
identifying different forms of stress that
affect the rural population and disturb the
idyllic image of these territories, which
has traditionally made these territories
attractive.
Keywords: Rural environment; Quality
of life; Livestock farms; agricultural
workers; rural depopulation, España
Cómo citar este artículo/ citation: García-Araque, Jesús (2024). Estrés en el Medio Rural: una Realidad Socioespacial
alejada de Imágenes Idílicas. ANDULI, Revista Andaluza de Ciencias Sociales, (25), 165-186. https://doi.org/
10.12795/anduli.2024.i25.07
Recibido:04.07.2023. Revisado 07.11.2023. Aceptado: 15.12.2023. DOI: https://doi.org/ 10.12795/anduli.2024.i25.07
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1. INTRODUCCIÓN
Las situaciones de estrés entre la población rural son la cuestión de estudio de esta
investigación. El concepto estrés admite diversidad de signicados y produce contro-
versia en su uso cientíco (de Rivera, 2010). Para evitar confusiones y facilitar su en-
tendimiento a las personas entrevistadas, se considera aquí su signicado popular. A
partir de la denición de la Real Academia Española (RAE, 2022) y consideraciones
de de Rivera (2010) y del Gobierno de España (MSSSI, 2022), se identica con si-
tuaciones de tensión o agobiantes que producen reacciones psicológicas negativas,
como ansiedad, excitación, irritabilidad, angustia o depresión.
En cuanto a la consideración de rural, se tiene en cuenta la Ley 45/2007 de Desarro-
llo Sostenible del Medio Rural (Gobierno de España, 2007), que estima municipios
rurales a aquellos con menos de 30.000 habitantes y 100 habitantes/Km2.
Estamos ante un tema poco conocido y escasamente considerado, puesto que,
como se explica más adelante, se tiende a relacionar la residencia en el campo con
la lentitud, el sosiego y una vida plácida (Morales, 2016). Por contra, el estrés se
asocia instintivamente con la vida urbana (Moser, 1994).
El objetivo principal es conocer la percepción que tienen sobre el estrés habitantes
del medio rural, para lo que se establecen dos objetivos secundarios que orientan la
investigación: a) Conrmar que es habitual que se produzcan situaciones de estrés
en el medio rural español; b) Establecer factores generadores de tensión que ago-
bian a personas que viven en el campo.
El análisis y una posible constatación de este problema serían de gran interés, pues-
to que incidiría negativamente en la calidad de vida de un amplio segmento de la
población española. Hay que tener en cuenta que en 2021 estaban empadronadas
en municipios rurales españoles 7.538.929 personas, lo que supone un 15,9% del
total de la población del país (INE, 2022a).
Garantizar la calidad de vida es prioritario para la UE, que aboga por un crecimiento
integrador que alcance a todos los habitantes. Muchos documentos europeos pro-
mueven preservar y mejorar el nivel de vida de todos los ciudadanos. Es obligatorio
destacar la vigente Estrategia Europea de desarrollo, que solicita un crecimiento sin
desigualdades y cohesión territorial y social (Comisión Europea, 2010). Centrado en
el medio rural, en lugar destacado por su novedad está la Estrategia de la UE para
recuperar las zonas rurales. Alude a la equiparación de las condiciones de vida y
derechos de todas las personas y solicita que las políticas tengan más en cuenta
las zonas rurales, “de manera amplia y no centrándose únicamente en cuestiones
relacionadas con la agricultura” (Comité Europeo de las Regiones, 2021: Art. 3.9).
Precisamente, es lo que se ambiciona esta investigación, ir más allá de la agricultura
en el tratamiento de territorios rurales al reparar en cuestiones poco consideradas,
abarcando cuestiones de tipo social, laboral y económico. Además, no solo se atien-
de a trabajadores y empresarios agrarios, también a personas del entorno que nada
tienen que ver este ámbito, pero que se ven perjudicadas por sus problemas.
La presencia de la contingencia denunciada, no solo deteriora la calidad de vida, sino
que puede tener consecuencias socioespaciales al incidir sobre los que son estima-
dos como mayores problemas de los ámbitos rurales españoles: despoblamiento y
envejecimiento (Ministerio de Política Territorial, 2018; CES España, 2021). La even-
tual existencia de un medio rural estresado y agobiado puede ser un factor más que
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añadir a los muchos que generan malestar e intensican las corrientes migratorias
que expulsan población hacia las crecientes ciudades (Camarero, 2020).
Tras realizar entrevistas semiestructuradas a residentes rurales en pueblos de Ga-
licia y Castilla y León, fueron relatados episodios de tensión como consecuencia de
situaciones agobiantes que, además, se acentúan en los últimos meses. Tales ase-
veraciones, cuanto menos, llaman la atención, al asociarse esta tesitura frecuente-
mente con ámbitos urbanos (Milgram, 1970; Harvey, 1985; Moser, 1994). Por contra,
pocos trabajos académicos han tratado el tema en referencia a la vida en el campo,
si bien, que ha sido investigado con anterioridad (entre otros: Festorazzi et al.,
2008; Yuan et al., 2012; Handely et al., 2012). A pesar de que se incidirá en mayor
detalle en las consideraciones teóricas, es preciso avanzar la constatación de Luei-
ro et al, (2018) de un elevado consumo de Benzodiacepinas en un pueblo gallego,
por haber sido realizado dicho estudio en una de las Comunidades analizadas en el
presente documento.
Tras descubrir que estamos ante un tema escasamente estudiado y dilucidar que
merece ser investigado por incidir en la calidad de vida de un importante porcentaje
de población, se planicó una investigación sobre el caso de España dedicada a
raticar que, efectivamente, existía el problema en cuestión, para más tarde indagar
en los motivos que lo generan.
La metodología aplicada a la investigación se expone en el capítulo 3 y en síntesis el
proceso constó de dos fases. En una primera se analizó la situación en el municipio
de Pol, en la región de Galicia. El procedimiento se amplió dos meses después en
un municipio gallego cercano y otros dos situados trescientos kilómetros al sudeste,
pertenecientes a Castilla y León.
En total, se entrevistaron 51 personas entre abril-julio de 2022, todas en edad labo-
ral, empresarios o con trabajos en diferentes sectores, no solo agrario. Se comenzó
por preguntar si sufren de estrés. Si respondían armativamente, se indagaba sobre
las situaciones que lo generaban, ofrecidas de manera descriptiva en el punto 5.2 y
sintetizada en Tabla 3. Se puede avanzar que la casi totalidad de entrevistados res-
pondieron armativamente, con lo que se pudo continuar en la mayoría de ocasiones
con la segunda parte de las entrevistas.
2. BASES TEÓRICO-CONCEPTUALES. IMPULSO DE UNA
PERSPECTIVA IDÍLICA DE LA VIDA EN EL CAMPO A LA
VEZ QUE SE RECONOCE LA FRAGILIDAD RURAL
En una combinación de posturas que incorpora confusión a la comprensión del me-
dio rural, se muestra a continuación cómo se denuncian carencias mientras que se
promociona como entorno tranquilo e idílico. Esta paradoja provoca que las diculta-
des de vivir en el campo sean reconocidas abiertamente, pero que se haya incidido
escasamente en ellas, más allá de la exposición de generalidades.
2.1. Histórica contraposición entre espacios rurales y urbanos
La oposición entre los ámbitos rurales y urbanos como formas de vida contrapuestas
viene de lejos. Hace casi dos siglos se estableció una concepción moderna y culta
de las ciudades enfrentada a una atrasada, tosca e inculta del medio rural (Garayo,
1996). Sin dejar de lado esta visión dicotómica, desde que se comenzaron a denun-
ciar las dicultades urbanas, se confrontaba la perniciosa situación con una idílica
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calidad de vida en el campo. Entre los precursores de esta idea destaca Élisée Re-
clus, quien en 1866 describía a los urbanitas como pobres seres degradados, sucios
y hambrientos, mientras que percibía a los residentes en el campo como “salvajes
dichosos que recorren en libertad bosques y montañas” (Homobono, 2009: 129).
Los ejemplos de autores que han denunciado e identicado aspectos negativos de vi-
vir en las ciudades resultan cuantiosos. Entre otras circunstancias, se ha denunciado
desigualdad y segregación espacial según clases sociales (Castells, 1981; Harvey,
1985), delincuencia e inseguridad (Curbet, 2005) y ruido y contaminación (Elorrieta y
Perlado (Dir.), 2007). Como consecuencia de estos y otros factores, se entiende que
residir en una ciudad potencia las alteraciones mentales y el riesgo de alteraciones
psicológicas y del comportamiento, tales como hastío, agobio, agresividad y aisla-
miento social (Milgram, 1970) o depresión, ansiedad y estrés (Moser, 1994).
Retomando la comparación con el campo, Milgram (1970) culpa a la densidad de
población y al tamaño de las ciudades de una mayor incidencia de enfermedades
mentales y conductas interpersonales decientes, consecuencia de relaciones su-
perciales. En el lado contrario, indica que la reducida proporción de habitantes y el
tamaño de las poblaciones rurales produce estructuras sociales sólidas y relaciones
de calidad.
Atribuye Moser (1994) la culpabilidad a la complejidad urbana, que genera una rea-
lidad cambiante y dicultades para ejercer control sobre ella, obligando a atender a
gran cantidad de preceptos para desenvolverse. La cantidad de normas a seguir en
el campo es menor y las situaciones fáciles de controlar, siendo más sencillo acomo-
darse a las circunstancias diarias.
Todas estas visiones se relacionan con una idealización rural en el imaginario co-
lectivo. Ante la necesidad de huir de las dicultades urbanas, el idilio rural ha sido
explicado desde tres perspectivas: a) un campo imaginado y deseado por urbanitas
de sillón (Shucksmith, 2018); b) nostalgia de una edad de oro rural de fecha indeter-
minada (Ibidem), que Mingay (2017) relaciona con casas de campo de familias de la
nobleza del siglo XIX; c) imágenes del romanticismo pintoresco, que dibujaba o des-
cribía escenas campestres irreales como modo de escapismo de la realidad (Ibidem).
Aprovechando este imaginario, se hace referencia habitual en España, desde dife-
rentes sectores, a un medio rural con poca contaminación, ruido y estrés, calidad del
aire puro, alimentación sana y natural y un ritmo de vida tranquilo y pausado, con
tiempo para uno mismo y para reexionar (Morales, 2016).
Esta manera de percibir la vida en el campo es promovida por la necesidad de atraer
y mantener población, al ser el despoblamiento y el envejecimiento dos graves pro-
blemas rurales (Ministerio de Política Territorial, 2018; CES España, 2021). La idea
es impulsada desde 2000 por la Política Agraria Común (PAC) de la UE. Para la PAC
del periodo 2000-2006, se estableció prioritario mejorar la calidad de vida atrayendo
población y generando empleo, sugiriendo promover el atractivo rural (Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación, 2022).
Entre los muchos ejemplos que siguen esta senda, se puede destacar, por su ac-
tualidad, la campaña “Puertas Abiertas” (FADETA, 2021), destinada a recuperar
económicamente la zona Tajo-Tajuña tras la pandemia. Menciona la tranquilidad,
hospitalidad y humanización de los pueblos y los muestra como lugares idóneos en
los que residir y disfrutar de gran calidad de vida.
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También es fomentada esta perspectiva desde ámbitos que potencian el turismo
rural (Kornstanje, 2020). Teniendo en cuenta de nuevo la reciente pandemia, está el
reclamo de Grande (2020) para reactivar el sector tras la incidencia del Covid19, al
apuntar hacia la seguridad, tranquilidad, aire libre y productos saludables.
Otro colectivo que impulsa esta perspectiva es el formado por quienes promueven
el abandono urbano, como es el caso de Portal de Economía Solidaria (2022), que
proclama el medio rural como una alternativa a la pobreza y la crisis económica.
Como consecuencia, entre la población española está extendida una percepción po-
sitiva de los entornos rurales, en referencia a una mejor calidad de vida, principal-
mente en relación con el medio ambiente. Entre otros, lo ha constatado Oliver (Dir.)
(2005), tras realizar 1.267 encuestas entre escolares nacionales.
2.2. La doble perspectiva de las dicultades asociadas a vivir en el campo
español
A la vez que se promueve una visión positiva de la vida en el campo, se denuncia
su elevada fragilidad y se reconocen inconvenientes para sus habitantes. Resulta
paradójico que, en muchas ocasiones, se hace desde la propia Administración que
lo promociona.
El envejecimiento y la despoblación son consideradas como las singularidades más
preocupantes de estos entornos (Ministerio de Política Territorial, 2018; CES España,
2021). No en vano, el Gobierno de España ha destinado 10.000 millones de euros
y ha diseñado 130 actuaciones para luchar contra estos inconvenientes y garantizar
la cohesión en pequeños municipios (Comisión Delegada para el Reto Demográco,
2022).
El Plan de Recuperación del Ministerio de Política Territorial (2018) reconoce gran
cantidad de carencias. Desvela insuciencias en infraestructuras de comunicación y
transporte, comercios y equipamientos culturales, de ocio, educativos y sanitarios.
Aparte de estas circunstancias estructurales, la coyuntura actual acrecienta las di-
cultades. La Covid19 ha añadido alteraciones que han acentuado la exclusión en
el campo, por ser un territorio más vulnerable y con menor capacidad de respuesta
a cambios. Su deciente oferta de servicios ha tenido especial incidencia, ya que la
pandemia ha requerido en mayor medida de aquellos relacionados con telecomuni-
caciones y salud (Minguijon, Pac & Casas-Cortés, 2022).
Consecuencia indirecta de la pandemia, encontramos el aumento de costes de pro-
ducción, agravado por la invasión rusa de Ucrania desde febrero de 2022, que han
presionado más unos precios que eran elevados. En Galicia, Comunidad a la que
pertenecen dos ámbitos analizados más adelante, se denuncia que el precio de abo-
nos, alimentación animal, electricidad y combustible pone en peligro a la mayoría
de explotaciones (Quintás, 18 de junio de 2022). En Castilla y León, la otra Región
analizada, los precios han obligado a ajustar los cultivos a los costes de producción,
reduciendo maíz, remolacha y hortalizas para incrementar girasol, menos exigente y
con costes de producción más asequibles (Agrodigital, 1 de junio de 2022).
Unido a estas carencias o como consecuencia de su conjunción, encontramos mayo-
res tasas de pobreza que en las ciudades. La pobreza rural es bien conocida en los
países menos desarrollados, dependientes del sector primario (Fondo Internacional
de Desarrollo Agrícola, 2010). Las áreas rurales quedan desamparadas ante la cen-
tralización de actividades en núcleos urbanos, de mayor valor añadido. Un informe
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de FAO (2018), llega a valorar la pobreza extrema rural en América Latina y Caribe
2018 en 3,5 veces por encima de la urbana.
Este problema no es exclusivo de los países en desarrollo. Diversas organizaciones
lo han denunciado en España. El Equipo de Estudios de Cáritas Española (2015)
denuncia que estos entornos sufren de abandono y elevada exclusión Reconoce el
comisario de Agricultura de la UE sus rentas inferiores al resto de la sociedad y que
la UE solo puede avanzar económica y socialmente si se garantiza bienestar en las
zonas menos pobladas (Hogan, 2019).
Según Naredo (2020), la precariedad aumenta desde mediados de 1970, momento
en el que comienza a crecer exponencialmente la producción agraria y el coste de
la vida, en mucha mayor medida que los precios pagados a los agricultores. La ac-
tividad agraria es una de las ramas de actividad que perciben menos valor añadido
por hora de trabajo y cuenta con un menor salario/hora, pese al incremento de las
subvenciones.
Ampliamente conocidos estos problemas, la paradoja parte de que las dicultades
explicadas pueden ser vistas como positivas y usarse como una llamada. Los mismos
factores que se reclama mejorar son expuestos para atraer población, al asociarse
a la tranquilidad. Precisamente, algunos de los nuevos pobladores que acuden al
medio rural en los últimos años, estiman como elementos atractores la carencia de
infraestructuras y servicios, el despoblamiento y el envejecimiento (Morales, 2016).
Lo mismo ocurre en referencia a la pandemia, al existir una postura que estima po-
sitivas las transformaciones que ha causado. Son muchos los que abogan por un
resurgir rural gracias al Covid-19, al estimar que es una oportunidad de desarrollo
(Molina et al, 2020; Arnaiz et al, 2021), debido a que la seguridad, la calidad ambien-
tal y un resurgimiento de la producción alimentaria de proximidad, atraen pobladores
y turistas.
2.3. Escaso reconocimiento del estrés rural
Las crecientes exigencias de la vida cotidiana están abocando a la sociedad con-
temporánea a extendidos problemas de salud mental. Autores de la talla del lósofo
y sociólogo Georg Simmel ya promulgaron hace un siglo que el estrés caracterizaba
el estilo de vida moderno (Vernik, Borisonik, 2016). El problema no ha parado de
aumentar desde entonces. Whitaker (2015) calculó que la discapacidad por enfer-
medad mental se triplicó entre 1987 y 2007. No obstante, lo común es tratar el tema
en relación con la ciudad moderna y su estilo de vida. En pocas ocasiones han sido
analizadas las reacciones psicosomáticas y trastornos psicológicos de quienes no
viven en ciudades, pese a que se reconocen argumentos que dicultan la vida fuera
de ellas.
El problema del estrés rural ha sido poco investigado académicamente, si bien, al-
gunos autores tienen constatada su existencia. En Galicia, una de las regiones ana-
lizadas en este este trabajo, se ha detectado un elevado consumo de tranquilizantes
y antidepresivos en comunidades rurales, destinados a tratar ansiedad, depresión,
insomnio y alcoholismo. Facultativos del centro de salud de A Estrada constatan
que un 15,6% de 1.516 pacientes adultos, toman estos medicamentos (Lueiro et al.,
2018). Al respecto, cabe mencionar que Whitaker (2015) denunció que la toma de
estas sustancias suele empeorar la salud mental.
Muchas denuncias de situaciones de agobio en España se han efectuado por medio
de artículos en prensa. Nuevos pobladores del campo han escrito sobre el estrés
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rural, al que mencionan literalmente. Muestran su sorpresa ante tal descubrimiento,
al darse cuenta de que no es un problema exclusivo de las ciudades de las que pro-
cedían. Arma Pulido (17 de mayo de 2010) que “siempre hay muchas cosas que
hacer”. Otro nuevo poblador deja clara la diferencia entre la percepción transmitida y
la realidad diaria, al indicar que es habitual el agobio pese a que “quienes visitan el
campo los domingos lo imaginan como un lugar paradisiaco y relajante” (Mendoza,
2019).
Sobre la salud mental en ámbitos rurales fuera de España, el problema ya fue de-
nunciado hace más de dos décadas. Considerando la situación de cónyuges de
granjeros noruegos, constató Melberg (2003) que el estrés no solo afectaba a los
trabajadores en el campo, sino que se extendía a la familia. Descubrió elevado en-
trelazamiento entre familia y trabajo, con lo que el bienestar psicológico de los tra-
bajadores y sus parejas se veía afectado por los mismos factores estresantes. En
este sentido, más recientemente 3.892 encuestas realizadas en pueblos y pequeñas
ciudades chinas revelan mayor empeoramiento de salud mental entre mujeres que
hombres (Jia et al, 2021).
Festorazzi et al. (2008) señala hacia un 24% de adolescentes rurales argentinos
con depresión, que eleva a un 35% al incluir depresiones leves. Detectan Goldman-
Mellor et al (2023) un aumento de depresiones y ansiedad entre residentes latinos de
condados rurales de California, con un 34% de 35 entrevistados que dan positivo en
depresión grave o ansiedad generalizada.
En cuanto a los factores causantes del problema, Proctor y Hopkins (2023) identi-
can en Georgia (EEUU) dicultades nancieras, de equilibrio entre vida laboral y
personal, de salud física y de desconexión con población no agrícola. A estos incon-
venientes, añade Morley et al. (2007) en pueblos australianos los de componente
ambiental, ante la probabilidad de condiciones climatológicas adversas y fenómenos
imprevistos, como sequías, inundaciones o incendios. Reconoce Simon (2022) que
el Covid-19 ha añadido aún más dicultades a las ya existentes, e indica que “agrega
peso a una carga ya pesada” y que el trabajo duro ha dejado de garantizar ganan-
cias, como sí lo hacía hasta hace poco tiempo.
En las investigaciones cercanas en el tiempo, es muy habitual considerar la pandemia
de Covid-19. Reconocen Shortland et al (2022) empeoramiento de la salud mental en
el sector agrario europeo, a la vez que incremento en las dicultades de intervención
para su apoyo. En intentos de ayudar al sector durante la pandemia, surgieron di-
cultades relativas a la brecha digital rural, escasa nanciación, presencia de tensión
entre proveedores y sentimientos de estigmatización. Para O’Reilly et al (2023), el
Covid ha perturbado las relaciones socioespaciales, afectando a lugares clave para
la socialización de las comunidades rurales e incrementando el aislamiento.
Sin embargo, ninguno de los estudios mencionados comparan campo-ciudad, con lo
que no queda claro a cuál de los dos afecta más este problema. Contrastan la situa-
ción Uehara et al (2021) en Japón, para detectar incremento del estrés en ambos,
con otros factores de mayor trascendencia que la tipología de poblamiento, entre los
que destacan la reducción de relaciones como factor más signicativo.
En el lado contrario de la perspectiva comparativa, reeja Yuan et al. (2012) elevadas
tasas de depresión entre campesinos chinos y culpa a la desigualdad e injusticia so-
cial entre el campo y la ciudad. En consonancia con Lueiro et al. (2018) y el consumo
de Benzodiacepinas en A Estrada, pero registrando cifras más elevadas, asevera
Daniulaiyte et al. (2010) que un 43% de encuestados en pueblos de Ohio, Arkansas
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y Kentucky presenta síntomas de depresión y culpa a un mayor consumo que en
ciudades de alcohol, tranquilizantes legales y drogas ilegales. Handley et al. (2012)
apunta a que se producen más suicidios en pueblos australianos que en ciudades
por tener menores oportunidades sociales y mayor pobreza y exclusión.
3. CONSIDERACIONES METODOLÓGICAS
Con la nalidad de examinar la posibilidad de que se produzcan situaciones estre-
santes habitualmente en entornos rurales, se han realizado entrevistas personales
en cuatro municipios españoles de características diferenciadas.
Por causa de la actualidad de los acontecimientos investigados, se ha desarrollado
una investigación de corte cualitativo. Siguiendo a Ortiz (2007), se estima que este
enfoque es necesario al examinar sucesos actuales, que cambian cada día. Entre
las diferentes técnicas de recopilación de datos, Ortiz opina que la entrevista ofrece
amplias posibilidades para captar la realidad coyuntural de una comunidad. Se ha
optado por las semiestructuradas, a partir de un guion orientativo, pero dejando li-
bertad de respuesta (Vallés, 1997). Solo se intervenía si la conversación se alejaba
demasiado del tema investigado.
Las entrevistas se realizaron en cuatro municipios que son descritos más adelante,
en el posterior capítulo 4. Dos pertenecen a la provincia de Lugo, en la región de
Galicia, y los otros dos a Zamora, en Castilla y León (véase Mapa de la Imagen 1).
Se ha tenido en cuenta que posean características diferenciadas, y también que
fueran conocidos por el investigador. Se ha estimado adecuado un muestreo discre-
cional, que tuviera en cuenta el acceso, disponibilidad y conocimiento de la población
investigada (Vallés, 1997).
Este tipo de muestreo no está exento de limitaciones, que deben ser reconocidas.
Dada la falta de aleatoriedad de la muestra, existe la posibilidad de que la selección
de entrevistados no reeje la diversidad de la población rural en su conjunto. Ade-
más, no se puede dejar de lado la posibilidad de que se produzca lo que se conoce
como “sesgo de deseabilidad social”, motivado por la presión para responder ajus-
tándose a las expectativas, en este caso, dando lugar a una victimización.
No obstante, hay voces que abogan por las bondades de seleccionar los entrevista-
dos sin un muestreo estadístico que represente a todos los habitantes. Al respecto,
alude Montañés (2013) a la nueva teoría de la información para justicar que una
muestra confeccionada con criterios estadísticos, que registre todos los discursos
posibles, puede aportar “ruido” que desvíe la atención de una realidad grupal acorde
a los ejes relevantes de la problemática objeto de estudio. Con base en esta idea, el
presente trabajo ambiciona vericar que el estés es una situación habitual en el cam-
po y descubrir las causas de su ocurrencia, no cuanticarlo ni establecer el porcen-
taje de personas que lo sufren. Esto ha llevado a seleccionar personas con trabajo,
por ser las que más posibilidades tienen de sufrir estrés.
Teniendo en cuenta las mencionadas limitaciones del estudio, que han sido sopesa-
das al interpretar los resultados, se ha entrevistado a 51 personas. Las característi-
cas de todos los participantes en el proceso quedan detalladas en Tabla 1.
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Tabla 1. Cantidad de personas entrevistadas y sector laboral al que pertenecen.
Pol Meira Granja de
Moreruela
Gallegos
del pan TOTAL H/M*
Empresario
agrario 4 2 4 4 14 8/6
Asalariado
agrario 3 3 1 1 8 5/3
Veterinario 2 2 1 0 5 3/2
Directivo de
establecimiento
comercial
4 3 3 0 10 4/6
Asalariado en
establecimiento
comercial
63 3 2 14 6/8
TOTAL 19 13 12 7 51 51
Fuente: elaboración propia.
*H/M: Cantidad de hombres / Cantidad de mujeres.
Aunque en la Tabla 1 se consignen por separado veterinarios y trabajadores agrarios,
en la Tabla 3, que sintetiza factores estresantes, ambos aparecen unicados porque
sus opiniones fueron coincidentes. Indican que tal anidad se debe a que el man-
tenimiento de sus empleos depende del correcto funcionamiento y la obtención de
benecios de las empresas agrarias.
Las medidas de distanciamiento físico por la pandemia motivaron que gran parte de
las entrevistas fueran telefónicas o por videoconferencia; ocasionalmente, mediante
mensajes de WhatsApp, en conversaciones que duraban semanas. La interacción
personal en investigación cualitativa es relevante pero, como señalan Hernán-García,
Lineros-González y Ruiz-Azarola (2021), contextos excepcionales obligan a procedi-
mientos alternativos que puedan generar “narrativas creíbles” (pp. 299). Entre abril y
mayo de 2022 se dialogó a distancia con 11 habitantes de Pol, por los procedimientos
descritos. A lo largo del mes de junio fueron entrevistadas a distancia 8 personas en
Meira, 6 en Granja de Moreruela y 4 en Gallegos del Pan. De manera presencial se
entrevistaron en Pol 8 personas (12-15 de mayo), 6 en Granja de Moreruela y 3 en
Gallegos del Pan (16-17 de julio) y 5 en Meira (23-24 de julio).
Como paso inicial en todas las entrevistas, se dejó clara la manera de entender el
concepto “estrés”. En atención a lo explicado anteriormente, se acepta su compren-
sión popular, que lo asimila con alteraciones psicológicas producidas por situaciones
agobiantes.
Las preguntas básicas se organizaban en cuatro bloques: a) ¿Sufre situaciones de
estrés? ¿Personas de su entorno sufren estrés?, b) ¿Se trata de un problema recien-
te? ¿Desde cuándo ocurre? c) Indique situaciones agobiantes que le generen estrés.
d) ¿Cree que las carencias en infraestructuras y servicios generan estrés?
Excepto en la primera pregunta, en las demás se incitaba a cada entrevistado a que
respondiera de manera abierta, más allá de un simple Sí/No. Para ello, se añadieron
injerencias a las cuestiones básicas, que eran improvisadas en función del desarrollo
de la entrevista, del tipo: “Cuéntame”, “háblame sobre ello”, “¿Cómo fue eso?”, “De
verdad?”. Al instante, los entrevistados se extendían en sus explicaciones.