
Philologia Hispalensis · 2025 Vol. · 39 · Nº 1 · pp. 347-352
ISSN 1132-0265 · © 2025. E. Universidad de Sevilla. · (CC BY-NC-ND 4.0 DEED) 
Desde hace varios años, la variación lingüística ha suscitado el interés de numerosas personas en el ámbito de la investigación, como lo demuestra el elevado número de congresos, seminarios, cursos o publicaciones sobre el tema. Parte de ello reside, a nuestro juicio, en que implica una cuestión ideológica, por tanto, trasciende lo estrictamente lingüístico. En efecto, la aceptación o rechazo de determinadas variedades de una lengua a menudo está condicionado por la zona geográfica en que se ubican sus hablantes, por el prestigio social de estos o por razones de etnia, entre otros motivos. Con relación a ello, la obra que reseñamos plantea, precisamente, uno de sus objetivos fundamentales, a saber: mostrarle al lector los factores que pueden condicionar algunos prejuicios a la hora de juzgar como incorrectos determinados usos de los hablantes. Para ello, se describen numerosos rasgos en el uso de los elementos lingüísticos que, si bien son característicos de ciertas zonas, han sido y a menudo siguen siendo considerados incorrectos desde el punto de vista normativo. En el recorrido que realizaremos por la obra, mostraremos distintos ejemplos que permiten ilustrar estos casos.
Según se indica en la presentación, es una gramática dirigida al estudiantado del nivel B1, de acuerdo con el Marco común europeo de referencia para las lenguas (MCER), así como otros tramos de la enseñanza de idiomas, como desde el nivel intermedio alto hasta el avanzado alto, según el Assessment of Performance Toward Proficiency in Languages; Evaluación del Rendimiento hacia la Competencia en Lenguas (ACTFL). La obra está dividida en cinco capítulos, de los cuales el primero y el quinto constituyen, respectivamente, una introducción y una conclusión sobre el tema. Todos siguen una estructura similar: se distinguen varios subapartados, se incluyen numerosas actividades y finalizan con un resumen y una sección dedicada a referencias bibliográficas específicas.
El primer capítulo analiza, por un lado, el concepto de dialecto y aclara que no existen unos «correctos» y otros «incorrectos», además de que todos los hablantes lo son, en realidad, de uno de ellos. Al respecto, se hace referencia a la distinción entre gramática descriptiva, que da cuenta de los usos de los hablantes sin establecer un juicio, frente a gramática prescriptiva, que establece lo considerado como adecuado o inadecuado. En el caso del español, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española (RAE y ASALE) fijan los usos normativos de la lengua. Se llama la atención, además, sobre lo inapropiado de determinadas afirmaciones, como que «los dialectos que desvían del español estándar son ilógicos y agramaticales»; «En ese lugar no hablan español, hablan un dialecto» (p. 6); o la idea de que son más prestigiosos los dialectos originarios de los idiomas; de acuerdo con esto último, sería más correcto el español de España que el de cualquiera de los países de Hispanoamérica, como sería mejor el inglés de Reino Unido respecto al de Estados Unidos o la India, por ejemplo.
Por otro lado, continuando con el primer capítulo, se afirma que el concepto de variedad estándar también está ligado al prestigio social, lo que demuestra que es una cuestión ideológica: en efecto, el modo de hablar de las personas de estratos altos ha sido el que, tradicionalmente y para las distintas lenguas, se ha incluido en los diccionarios y en las gramáticas. En el apartado 1.2 dedicado a los dialectos, se presenta el esquema de las variedades del español propuesto por Escobar y Potowski (2015: 55), que, sin embargo, resulta reductivo en cuanto a los dialectos peninsulares, pues solo figuran el castellano y el andaluz, de modo que quedan fuera el extremeño, el murciano o el canario, entre otros dialectos y hablas de transición.
Por lo que respecta al capítulo segundo, se dedica a los sustantivos, pronombres y preposiciones. Se llama la atención acerca de la variación que presenta el plural de algunos sustantivos, generalmente terminados en vocal tónica; es el caso de papá, cuyo plural aparece realizado papases entre hablantes de México, o bien cafeses, de café, frecuente en zonas de Castilla-La Mancha, sobre todo, en provincias de Guadalajara y Ciudad Real. Otro de los apartados de este segundo capítulo se dedica a los pronombres sujeto, que aparecen con mayor frecuencia entre los hablantes caribeños (dominicanos, puertorriqueños, cubanos y residentes de las costas de Colombia y Venezuela), quienes también se caracterizan por su omisión de la -s al final de sílaba, por lo que se plantea la posible conexión entre ambos fenómenos. Se trataría de casos como el siguiente, el cual aparece ilustrado con el enunciado de un hablante dominicano: «Yo digo que gracias a Dios yo pasé a mi segundo nivel, pero donde yo estaba yo decía que era un atlas» (p. 44). Además, se hace referencia al uso del pronombre ello como sujeto expletivo en contextos impersonales, propio del uso de la lengua por parte de hablantes dominicanos, cuya variedad del español parece evolucionar hacia un patrón más próximo al del inglés: Ello no está lloviendo aquí pero allá sí (p. 46), uso, sin embargo, no admitido por la norma culta. Asimismo, se hace referencia a la formación de enunciados interrogativos que siguen un orden no canónico en lo que se refiere a la posición del sujeto: ¿De dónde tú vienes?, en lugar de ¿De dónde vienes tú?, lo que es frecuente en el español caribeño, pero a menudo estigmatizado, probablemente, según se afirma, por la relación que se establece socialmente entre las actitudes lingüísticas negativas y el racismo, ya que hay un número elevado de población de origen africano que reside en estas zonas.
En este segundo capítulo, no podía faltar un apartado dedicado al voseo, que en países como Argentina o Uruguay es aceptado, frente a otros casos como el de Guatemala, donde se rechaza como fenómeno lingüístico, pese a haberse estandarizado su uso. En adición, en el apartado dedicado a las preposiciones, llama la atención que se presente un listado en el que se echan en falta durante, mediante y según, que fueron incorporadas más tardíamente, pero que desde hace algunas décadas ya figuran en casi todas las gramáticas y manuales de texto.
El capítulo tercero está dedicado a los verbos y, de nuevo, Potowski y Shin se detienen en aquellos usos de las formas de la conjugación que manifiestan variación lingüística, como el fenómeno de regularización en el paradigma verbal que se produce al añadir una -s final al pretérito perfecto simple de indicativo (dijistes, estuvistes), dado que el resto de las formas de la conjugación terminan en -s. Asimismo, era casi obligada la referencia a la variación que manifiestan el pretérito perfecto compuesto y el pretérito perfecto simple, formas a las que se hace referencia, respectivamente, con la terminología de presente perfecto y pretérito, si bien el uso de los primeros términos, más extendidos, evitaría posibles confusiones. En efecto, en numerosas zonas donde se habla el español, como en Galicia, Asturias o buena parte de Hispanoamérica, la forma verbal más utilizada es el pretérito perfecto simple, de modo que no debería hablarse, en sentido estricto, de alternancia entre las dos formas de pasado, a diferencia de la situación que manifiestan variedades como las habladas en Castilla-La Mancha o Extremadura (en Martínez-Atienza de Dios, 2008 y Martínez-Atienza de Dios, 2023 tratamos este tema, en el segundo de los trabajos con relación a la enseñanza-aprendizaje de ELE). Además, el español de México presenta un uso del pretérito perfecto compuesto de acuerdo con el cual el evento continúa en el momento de la enunciación, lo cual, sin embargo, está sujeto a inferencias pragmáticas en otras variedades de la lengua.
Otro de los fenómenos que se trata en este tercer capítulo es el uso plural del verbo haber en contextos impersonales (habían dos conferenciantes), que se localiza, principalmente, en Cataluña y Valencia, en el caso de España, y en Venezuela y el Caribe, en el de Hispanoamérica. Se plantea la pregunta de si estos hablantes utilizan haber como verbo impersonal o como personal y, por tanto, en este segundo caso, establecerían la concordancia con el que sería el sujeto; de nuevo, se trata de un uso no admitido por la gramática prescriptiva. Por lo que respecta al presente de subjuntivo, junto a las formas haya, hayas, haya, hayamos, hayáis y hayan, en la obra se hace referencia a los casos de haiga, haigas, haiga, haigamos, haigáis y haigan, si bien a este punto de la gramática (o más bien antes) el lector puede preguntarse si se debe establecer algún límite entre la variación lingüística y la corrección del idioma, esto es, si cualquier uso lingüístico que difiera del más extendido entre los hablantes ha de considerarse una variación. La respuesta es determinante a la hora de incluir en las gramáticas y manuales unos fenómenos u otros.
Junto a lo anterior, se hace referencia al uso del presente de subjuntivo entre los hablantes de México después de la secuencia no saber si: no sé si tengas ganas de venir, en lugar de la combinación no sé si tienes ganas de venir, forma más habitual, la segunda, en la mayor parte de las variedades del español. Dedican un apartado a las oraciones con si con condiciones hipotéticas, en las cuales las personas originarias del País Vasco, Navarra, Burgos, Cantabria o La Rioja utilizan el condicional (si llegaría a tiempo, te avisaría), que la Real Academia aconseja evitar en su Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD). Asimismo, se presentan los contextos en los que el condicional resulta intercambiable por el pretérito imperfecto de indicativo: yo que tú {me iría/me iba}, fenómeno mucho más extendido entre las variedades del español y al que se han dedicado, en efecto, numerosos trabajos por parte de los especialistas (entre otros, el ya clásico de Montolío Durán, 1999). Finalmente, se analiza la alternancia entre ser y estar, sin duda uno de los temas más investigados en el contexto de enseñanza-aprendizaje de ELE. Al respecto, se hace referencia a la expansión cada vez mayor del uso de estar en detrimento de ser, proceso que se inició en el origen de nuestra lengua y que actualmente es más significativo en variedades de México o de Puerto Rico, donde encontramos ejemplos como «a la que le echaba la culpa era a mi hermana porque cuando estábamos chicas, ella era un poco más grande que yo»; o «Sí, está muy buena esa película» (p. 115).
Se concluye este tercer capítulo con la afirmación de que los rasgos característicos de las hablas rurales tienden a rechazarse o a estigmatizarse, lo que muestra, nuevamente, un clasismo exacerbado en la valoración por parte de los hablantes.
En una obra dedicada a la variación lingüística, no podía faltar un capítulo sobre las características que manifiesta el español cuando está en contacto con otras lenguas, esto es, el español de los hispanohablantes bilingües; de ello trata, precisamente, el cuarto capítulo. Se parte de la hipótesis de que los hablantes bilingües no mantienen un sistema monolingüe en su lengua 1 y otro también monolingüe en su lengua 2, sino que se produciría una influencia interlingüística entre ambos sistemas, con independencia del prejuicio existente entre muchos hablantes de que los idiomas han de mantenerse «puros» y no contagiarse de otras lenguas. En las primeras páginas de este capítulo se presentan varios ejemplos de incorporaciones léxicas al español fruto del contacto con el náhuatl (tomate, chocolate), con el maya (cigarro, cenote), el quechua (palta, choclo), el guaraní (ñandú, yopará) o más tempranamente con el árabe (almohada, alcalde). Asimismo, también fruto del contacto lingüístico nacen otros rasgos gramaticales, como la pluralización del posesivo (sus casa; con el náhuatl) o el uso del indefinido + el posesivo (un mi amigo; con el guaraní), así como la omisión de la a característica del objeto directo animado y específico, propia de los hablantes bilingües de Estados Unidos. También se debe a la influencia interlingüística el uso de los posesivos dobles (su amigo de ellas, su hermano de él), presente de manera exclusiva con la tercera persona, característico del español andino y que también manifiesta el inglés. Entre ciudadanos originarios de México, Puerto Rico o hispanohablantes que residen en Estados Unidos, se ha registrado otro fenómeno de regularización verbal (ya nos referimos arriba a la inclusión de la -s en formas como fuistes o comistes) que consiste en la extensión de las formas de tercera persona en combinación con otros sujetos («Ellos siempre ha comido mucha carne o Yo no los ha visto aquí», p. 132). Por el contacto con el inglés se explica también el mayor uso de las formas de gerundio, especialmente frecuente entre hablantes bilingües de Texas o Nuevo México: «Comiendo vegetales y haciendo ejercicios son los básicos para quedarse con salud»; «Recibí una carta conteniendo un cheque de quinientos dólares» (p. 135). Asimismo, en hispanohablantes de Estados Unidos y de Argentina se ha constatado un menor uso del subjuntivo en favor del indicativo, en enunciados como Te llamo en cuanto salgo o No lo voy a saber hasta que no voy.
Otro de los rasgos propios del contacto interlingüístico es la alternancia o cambio de códigos, frecuente en contextos de bilingüismo y, en el caso del español, por el contacto en muchos casos con el inglés. Se distingue en la obra entre el cambio de código inter-oracional (que se observa en dos oraciones separadas) e intra-oracional (que ocurre en el seno de una oración): ¿Por qué se lo dijiste? It was supposed to be a surprise, como ejemplo del primer caso; o My cousins querían viajar con ellos, del segundo (p. 146). Por último, el apartado 4.9 de este capítulo cuarto está dedicado a los préstamos y a las extensiones. En el primer caso, se trata de palabras que se integran en el sistema gramatical del español. «Es decir, [el préstamo] se pronuncia como otras palabras españolas y se le da marcas gramaticales», como taipear, del inglés «to type», o quitear, procedente de «to quit» (p. 150). Por lo que respecta a las extensiones, que también reciben la denominación de cognados falsos o falsos amigos, son palabras existentes en español y que, por el contacto con el inglés, amplían su definición y uso originales. Puede ser el caso del término colegio, utilizado no solo con el significado de ‘escuela primaria’, sino como equivalente al college de la cultura anglosajona y que, por tanto, amplía su significado al ámbito universitario.
Como indicábamos al inicio de esta reseña, el último capítulo de la gramática está dedicado a las conclusiones, y en él las autoras se detienen en las posturas que, a menudo, se derivan de la valoración negativa que reciben determinados fenómenos de variación lingüística, a saber: el clasismo, el racismo, el sexismo y la política de género, el «monolingüicismo» y, en último término, la discriminación lingüística.
Antes de concluir, queremos llamar la atención sobre un error que se debería corregir en sucesivas ediciones, como es la separación silábica entre renglones, que con demasiada frecuencia no sigue las reglas gramaticales. Entre otros ejemplos, recogemos aquí «gram-aticales» (p. VII), «var-iedad» (p. 7), «ent-revista» (p. 13), «rel-evante» (p. 27), «dirigié-ndose» (p. 37), «prescriptiv-istas» (p. 68), «repas-emos» (p. 84), «adqui-eren» (p. 127), etc.
En definitiva, con la descripción de las distintas manifestaciones de variación lingüística que presenta el español y con la interpretación que se ofrece de cada fenómeno (algunos poco conocidos por estar más restringidos geográficamente), queda claro que la variación está necesariamente ligada a la ideología. Por ello, al analizar los diversos rasgos que manifiesta la lengua a este respecto, hemos de trascender lo puramente lingüístico.
La obra supone, sin duda, una novedad en cuanto a la focalización de la atención en los rasgos variacionistas a la hora de explicar la gramática del español. Y, con ello, se deja constancia de la riqueza que supone la introducción de una perspectiva variacionista en el estudio lingüístico, sea cual sea el enfoque o disciplina desde la que se trabaje.
Martínez-Atienza de Dios, M. (2008). Dos formas de oposición en el ámbito románico entre el pretérito perfecto compuesto y el pretérito perfecto simple. En Á. Carrasco Gutiérrez (Ed.), Tiempos compuestos y formas verbales complejas (pp. 203-229). Vervuert Iberoamericana. https://doi.org/10.31819/9783865278654-007
Martínez-Atienza de Dios, M. (2023). Los valores del pretérito perfecto compuesto y del simple en las áreas geográficas del español: variación diatópica y tratamiento en ELE. ELUA: Estudios De Lingüística. Universidad De Alicante, (40), 125-145. https://doi.org/10.14198/ELUA.24276
Montolío Durán, E. (1999). Las construcciones condicionales. En I. Bosque y V. Demonte (Eds.), Gramática descriptiva de la lengua española. Entre la oración y el discurso. Morfología (pp. 3643-3738). Espasa-Calpe.