
Philologia Hispalensis · 2025 Vol. · 39 · Nº 1 · pp. 353-356
ISSN 1132-0265 · © 2025. E. Universidad de Sevilla. · (CC BY-NC-ND 4.0 DEED) 
La comunicación intercultural es un tema cada vez más presente y urgente para los estudios de lengua, bien porque lo exigen las demandas económicas de la actualidad, bien por la necesidad de dar respuesta a las situaciones que nos encontramos en el día a día en un mundo donde el contacto cultural y las migraciones son la norma y no la excepción. El libro que nos ocupa viene a responder a esta necesidad: ¿qué cuestiones lingüísticas y, sobre todo, comunicativas debemos tener en cuenta en la comunicación intercultural? Más aún, ¿qué pasa cuando nuestra comunicación fracasa en estas situaciones? Comunicación intercultural y fracasos comunicativos, estrechamente relacionado con la tesis de la doctora Motoko Hirai, pretende acercarse a estas cuestiones. Organizado en cinco capítulos, los tres primeros presentan el amplio marco teórico y el estado de la cuestión en el que se basa el estudio que se desarrolla en los dos capítulos finales. El caso de estudio son las experiencias de un grupo de estudiantes japoneses de ELE durante su estancia en España.
El primer capítulo nos introduce en la problemática de la comunicación y los límites de lo que consideramos éxito y fracaso comunicativo. Dado que la comunicación no puede entenderse sin comprender primero quiénes son sus actores, los autores parten buscando una definición del yo-sujeto desde una concepción filosófica. Este sujeto se puede entender desde dos dimensiones, una lógica y otra emotiva, que operan a la vez en la comunicación, siendo la dimensión emotiva la encargada principal de gestionar los deseos de aceptación, afecto o validación, dependientes también del autoconcepto y la autoestima, o imagen social en otras disciplinas. Además de esta vertiente, el capítulo explora la relación entre las propiedades del sujeto y del proceso de comunicación: la racionalidad y la economía, la infradeterminación de los mensajes, la multimodalidad de los signos y la propia competencia comunicativa de los hablantes (pp. 27-42). Al final del capítulo, se establece un puente entre el sujeto y la comunicación a través del concepto de fracaso comunicativo, entre cuyas causas se considera esencial el control limitado que tiene el sujeto sobre sus mensajes: «siempre que nos comunicamos se fracasa, en cierto sentido, de modo esencial, porque el hablante no es capaz de hacer nunca todo lo que quiere y hace más de lo que quiere», p. 45. Como causas circunstanciales, se plantean el incumplimiento del principio de cooperación de Grice y los errores o equivocaciones de tipo lingüístico, que dan lugar al fallo pragmático (p. 51). En este punto, los autores se detienen a explicar cómo este tipo de fallos lleva aparejada una evaluación del interlocutor y pueden, por tanto, afectar a la dimensión afectiva del sujeto. Por ello, es necesario atender tanto a los aspectos pragmalingüísticos como a los sociopragmáticos, así como a las diferencias culturales que afectan a cada sujeto y que categorizan, cada uno, distintos fallos en la interpretación de los enunciados (p. 62).
El segundo capítulo ofrece un marco conceptual sobre el fracaso comunicativo. Una vez presentados los elementos básicos de la comunicación, los autores pasan a definir qué tipos de fallos comunicativos se producen en la interacción. En primer lugar, se problematiza y define el malentendido como un «error de entendimiento» o de interpretación por parte del oyente que afecta al significado pragmático de los mensajes, y que desemboca en que este oyente sienta dañada su imagen social. Los malentendidos se diferencian de las meteduras de pata, que dependen de la competencia (comunicativa y pragmática) del emisor. Para los autores, es de especial interés la ofensa no intencional que se produce por un fallo en el reconocimiento de la intención del mensaje, pero que permite la posibilidad de reparación del daño causado. La posibilidad de reparación hace de las ofensas una categoría distinta, no comparable con las estrategias de descortesía ni con la anticortesía. En este punto, los autores hacen un repaso de los actos amenazadores de la imagen de Brown y Levinson, a los que suman los actos de habla humorísticos, como bromas o ironías (pp. 107-108). Como medidas para lograr la reparación de las ofensas, se aboga por trabajar, por un lado, la conciencia metapragmática, que se pondría en práctica con distintas estrategias de cortesía lingüística y mediante la escucha y, por otro lado, la empatía con el otro, que deberá trabajar el profesor en el aula de ELE (pp. 109-115).
El tercer capítulo cierra el bloque teórico con el estado de la cuestión sobre la enseñanza de ELE en Japón. En primer lugar, se repasa la historia política del país, desde la apertura de sus fronteras en el siglo xix, pasando por los cambios económicos provocados por la acelerada industrialización a principios del siglo xx y las restricciones que se le impusieron por su participación en la Segunda Guerra Mundial. Esta contextualización permite entender la importancia creciente en el aprendizaje de inglés para la sociedad japonesa, muy superior a cualquier otra lengua. En cuanto a los modelos de enseñanza de lenguas en Japón, su evolución no se aleja de los avances en los estudios lingüísticos y didácticos del siglo xx: desde las metodologías basadas en la imitación y la traducción a otras basadas en la enseñanza gramatical para llegar, en los años noventa e incluso en los primeros 2000, a la enseñanza competencial. Para el caso específico del español, se señala el poco interés que, en general, suscita a la población japonesa por su aparente debilidad frente a las lenguas asociadas a estados más ricos, la obligatoriedad del aprendizaje de lenguas como criterio universitario y la reticencia de los aprendientes a modelos de enseñanza occidentales como el MCER, entre otros factores (pp. 131-135). Además, interfieren en la enseñanza algunas idiosincrasias culturales del ámbito japonés, como la fuerza de las ideologías lingüísticas de pureza y la propia organización social, que darán lugar a algunos de los malentendidos que se explorarán en los capítulos siguientes.
El capítulo 4 presenta los objetivos y la metodología de investigación utilizados. En cuanto a los objetivos, los autores se plantean detectar, analizar y buscar solución a los malentendidos sufridos por estudiantes japoneses de ELE en su interacción con hablantes de español como L1. Esto permite plantear objetivos más generales de potenciar en la enseñanza de pragmática en cursos de ELE e impulsar el desarrollo de las competencias pragmática e intercultural con aprendientes japoneses. Los datos se recogieron mediante un cuestionario breve, en japonés, que se distribuyó a los estudiantes en sus centros de enseñanza durante o tras una estancia en España. El cuestionario se dividía en dos partes: en la primera se recogía la información relativa al perfil social de los participantes, su nivel de lengua según el MCER y sus experiencias de contacto intercultural; en la segunda, se les pedía que relataran, con el mayor detalle posible, una ofensa sufrida en una comunicación «oral, escrita o electrónica» con españoles, así como la situación en la que se había producido la ofensa y su relación con el interlocutor (p. 156). Las respuestas obtenidas son pequeños episodios autobiográficos relatados mayoritariamente por mujeres jóvenes, con estudios superiores y un nivel de español medio o medio-alto. Las respuestas analizadas se presentan traducidas; aunque no se desarrollan los efectos que puedan tener las decisiones de traducción tomadas sobre el análisis de los datos, sí se ofrecen las respuestas en japonés en varios de los casos.
El último capítulo contiene el análisis y los resultados del trabajo. Las 55 ofensas recogidas se abordan en cuatro aspectos: la intencionalidad percibida por los oyentes, el marco y la escena de los conflictos relatados, la causa de la ofensa según los datos recabados, y la posibilidad de reparación según la reacción de los informantes; en este capítulo es donde cobra mayor importancia la traducción. Así, nos encontramos con que la mayoría de los participantes califican las ofensas sufridas como involuntarias, y las asumen como errores de interpretación que se pueden relacionar directamente con el nivel de español declarado; además, en las causas de malentendido o metedura de pata que alegan, los informantes parecen querer proteger la imagen positiva de sus interlocutores. Según los marcos y escenas, las ofensas se producen por el desconocimiento de las normas culturales, excepto en las producidas en la calle con desconocidos, en las que parece haber un importante componente de género y de raza que no se plantea de forma explícita. En cuanto a las causas, se distingue, como ya aludíamos antes, entre los malentendidos dependientes de la competencia del oyente, especialmente en la interpretación de bromas o expresiones formulaicas, como «¡No me fastidies!» (p. 232), y los insultos abiertos y explícitos. Finalmente, respecto a la reparación, solo en seis de los casos los informantes declararon haber tenido éxito, aunque la mayoría declara haber reaccionado de alguna manera, y la mitad de esos éxitos resultan dudosos en su evaluación. Como conclusión, queda patente que, para mejorar la enseñanza (y la futura experiencia) de japoneses hablantes de español, es necesario profundizar en la enseñanza de la pragmática y la cultura española.
El libro cierra con una síntesis de la investigación. Como conclusión, los autores señalan la fragilidad de la imagen positiva de los hablantes japoneses como principal barrera en la gestión de los fracasos comunicativos y las ofensas (p. 265). Sin embargo, no se ofrecen recursos específicos para hacerlo, si bien se advierte de que no se trata, tampoco, de que los aprendientes se asimilen a los hablantes nativos; se puede inferir, aunque no se explicita, que también los hablantes españoles deben tener en cuenta las diferencias culturales para mejorar la comunicación. Aunque esta conclusión pueda resultar algo desilusionante, el libro cumple con su propósito principal como estudio de caso: invitar a la reflexión propia (de profesores en activo y de alumnos en formación como futuros profesores) sobre la enseñanza de lenguas, una reflexión necesaria tanto en el aula de L1, como en el aula de L2. Lejos de proporcionar recetas que no sean capaces de atender a todas las particularidades de un aula, los autores nos tienden la mano para reflexionar desde la posición de docentes y la de estudiantes sobre la relación entre lengua y cultura y cómo mejorarla.