Margarita León Vega (ed.): Los ríos sonorosos de la palabra (Mística y Poesía). Ciudad de México: Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, 2018, 279 pp. ISBN 978-607-30-0019-2.

https://dx.doi.org/10.12795/PH.2020.v34.i02.10

El presente libro constituye el último gran aporte de los diversos grupos de investigación sobre poesía mística mexicana de la Universidad Nacional Autónoma de México. En concreto, recoge las intervenciones del Ciclo de Conferencias Magistrales “Mística y Poesía” celebradas en 2014 por el Proyecto de Investigación DGAPA-PAPIIT IN-RN401512 “Poesía mística mexicana del siglo XX (tipología y tradiciones)” (2012- 2014) y se publica con el apoyo del continuador Proyecto de Enseñanza DGAPA-PAPIME PE403517 “La mística y el lenguaje poético: acercamientos desde la poesía mexicana de los siglos XX y XXI” (2017-2018). El conjunto de encuentros y publicaciones científicas coordinados por la catedrática Margarita León Vega, así como el prestigio y la trayectoria de los investigadores especialistas participantes —Mauricio Beuchot, Elsa Cross, Luce López-Baralt, Angelina Muñiz-Huberman, Esther Cohen, Mª Jesús Mancho Duque, entre otros—, sitúa este proyecto global a la cabeza de los estudios de mística.[1]

La catedrática de la Universidad de Puerto Rico Luce López-Baralt se había planteado la posible existencia de una genuina mística hispanoamericana. Margarita León comparte este planteamiento en el monográfico La palabra inspirada. Mística y poesía en México y en América Latina, editado en 2014, que ahonda en la diversidad de tradiciones sustrato de estas literaturas. Sin embargo, en Los ríos sonorosos de la palabra, también editado en la colección Cuadernos del Centro de Poética del Instituto de Investigaciones Filológicas, se abre a una pregunta válida para otros contextos: la relación de la mística y la poesía desde su fundación en el decir, la condición de posibilidad de la mística en el discurso lírico y los rasgos de este género literario singular.

El libro está dividido en dos bloques complementarios: I. Mística y II. Poesía. En cada uno se otea el objeto de estudio desde la disciplina que da nombre al apartado y varía el grado de interdisciplinariedad. El primero busca presentar panorámicas y problemas transversales —el lenguaje poético-espiritual, el símbolo, la cercanía locura-mística, entre otros—, y el segundo se ancla a la producción o al pensamiento de autores específicos.

León Vega inaugura el estudio con un capítulo, «Mística y lenguaje poético», que contiene las problemáticas esenciales de todo el libro. El contraste entre el secreto de la experiencia trascendental y la imperiosa necesidad de testimonio de quien la ha vivido crece en la paradoja de lo inefable. Aquí la investigadora asume que dicha «inefabilidad» es el «rasgo más notable» para místicos y estudiosos de tal experiencia, el cual no se define desde la perspectiva nihilista, sino como «el rasgo característico de expresiones que explícitamente se comprometen con el dilema de decir lo indecible, de desdecirlo» (29). En segundo lugar, se lleva a cabo un imprescindible nexo entre teología y teoría de la literatura al destacar que la composición mística, si se sigue el esquema de la comunicación jakobsiana, favorece la función poética, esto es, la lectura —también como vivencia— metapoética y autotélica. El poema, su forma, cobija la expresión en palabras de un acontecimiento más allá del lenguaje.

En «Modulaciones simbólicas en la poesía de san Juan de la Cruz», Mª Jesús Mancho Duque afirma que el poeta abulense universal es el «auténtico místico». Para argumentarlo señala la unidad, en el plano de la conciencia simbólica, entre lo que vive el poeta místico y el modo en que se expresa, criticando la menoscabadora disociación de estos órdenes en algunos estudios. A través de la metodología interdisciplinar de la teoría de lo imaginario (Bachelard, Durand) y del símbolo (Cassirer, Eliade), escenifica el singular desarrollo de la «noche» o la «llama» sanjuanista respecto de las tradiciones precedentes.

En «Nada se asemeja a su semejanza. Exégesis, mística y aporía en Ibn al-‘Arabi», Óscar Figueroa logra el mérito de explicar la tensión a la unidad del sabio musulmán. Expone minuciosamente la lectura de Ibn al-‘Arabi para iniciar el complejo recorrido de lo particular a lo universal y muestra cómo estos pensadores y poetas se mueven en la cuerda floja, a riesgo de caer en dos idolatrías: el panteísmo, de quien identifica a todo con Dios, o el nihilismo de quien lo equipara a la nada. El trabajo de Figueroa nos enseña la complejidad y la sutilidad de la filosofía mística, frente a nuestras simplificaciones etnocéntricas.

Los trabajos de Mauricio Beuchot son el perfecto ejemplo de la ligadura en el interior de las ciencias humanas. En «Mística y filosofía» demuestra la simbiosis de estas disciplinas en los místicos filósofos y en los filósofos místicos. La filosofía facilita la explicación al común y la mística le dona autenticidad. Por ejemplo, el primer caso tiene lugar en la «ontohermenéutica» con la que san Buenaventura concibe el viaje del alma; la segunda la ejemplificaría Hölderlin, el poeta filósofo capaz de decir lo sagrado desde su interpretación de los signos. Estas propuestas se sitúan en el sistema filosófico de Beuchot, la «hermenéutica analógica», o exponen una sugerente defensa de la ontología poética.

La presencia de Angelina Muñiz-Huberman en este monográfico, como la de López-Baralt o Elsa Cross en el de 2014, es interesante por su condición doble de escritoras e investigadoras. Para este libro propone «Las vestiduras del palacio: misticismo, mesianismo y criptojudaísmo», un análisis de otro de los temas más tratados por los simbolistas: el de las residencias —casas, palacios, castillos—. Desarrolla un breve repaso histórico en el marco de la tradición judía desde los orígenes de la literatura (Cantar de los cantares) a los criptojudíos modernos hasta el xviii, sin obviar la cita de sutiles herederos de este imaginario como Kafka o Benjamin. Con Muñiz-Huberman se comprenden las premisas de la función poética en combinación con la cábala: el lenguaje y su dimensión gráfica revelan el acontecimiento místico en el territorio del verso.

Zenia Yébenes Escardó es otra reputada investigadora del misticismo. En «Dios, diablo o locura. Poética del yo en la autobiografía de una endemoniada» visibiliza un tema tabú: la analogía entre las vivencias de los místicos y los discursos de mujeres catalogadas por los organismos inquisidores como brujas. Dónde esté el reverso y dónde el anverso es algo decidido a posteriori y, en consecuencia, el ejercicio de Yébenes Escardó constituye un acto de justicia y resiliencia: la escritura como «conquista de la subjetividad», «triunfo del yo», palabra del vencido. Por esta razón, considera que los escritos de la supuestamente endemoniada Juan de los Ángeles se erigen ejemplo para el feminismo.

En último lugar, Wendy J. Phillips Rodríguez presenta en su capítulo «Imágenes de la no-dualidad en El canto del niño de las ocho jorobas» la radicalidad de este texto hindú, suerte de poema dialogado —prototípico de numerosas tradiciones gnómico-religioso-literarias—. El Astavakragita ofrece una enseñanza básica: la «liberación» no es un camino hacia, sino nuestro estado natural del que hay que volverse consciente. El iniciado descubre la unidad de las cosas mediante potentes imágenes en cuanto a su sentido antropológico, poético y filosófico: la vasija y el espacio o la condición de ser en el todo, el mar y las olas o la unidad ontológica independiente de la variación fenoménica, de sus «accidentes». Solo entonces se desemboca en la percepción de la plenitud humana.

El segundo bloque del libro, más centrado en presentar los rasgos estéticos y estilísticos de una mística lírica, se abre con el trabajo «La poesía mística de san Juan de la Cruz desde la recepción de María Zambrano» de Julieta Lizaola. Parte del estudiado empleo sanjuanista del poema como espacio recipiente del decir (lo) indecible. En estos autores se despliega el continuum entre verso y espiritualidad: una no se pudo dar sin la otra y, en caso de existir un principio y una dirección, «la vía mística de Juan de la Cruz sólo pudo ser posible en tanto también fue vía poética» (198). Lizaola realiza precisiones muy sutiles sobre la diferencia entre una actividad negativa y una negatividad activa.

Saldaña Moncada expone en «La profundidad de la percepción: vínculos entre la mística y el budismo zen en Sergio Mondragón» las diversas espiritualidades que se internan y prenden en el territorio mexicano en los dos últimos siglos. Desemboca en el modo en que el poeta Sergio Mondragón interpreta y adapta algunos principios básicos de la filosofía japonesa (sunyata, satori, etc.) sin pretender una trasposición completa a otro paradigma cultural. En este trabajo se validan las premisas de León Vega sobre el privilegio de la función poética mediante un análisis estilístico de gran finura.

Caridad Elena Álvarez Suárez se acerca a una poeta malinterpretada en «Algunas palabras vivas de Marina Arzola: entre el misticismo y la locura». Desde el punto de vista de la ruptura y extrañamiento —deformaciones, neologismos— del discurso, se resume que en Arzola «la lengua deviene delirio» (229). Aunque atiende la interpretación neurolingüística de su obra, los posibles paralelos entre trastornos mentales y mística, la especialista señala el orden de los factores: los logros literarios los alcanza por su imaginería trascendente y no por la locura, como ha exacerbado la crítica.

El monográfico se cierra con «Influencia de la teoría sobre cábala en la poesía de Juan-Eduardo Cirlot y Angelina Muñiz-Huberman», un trabajo de Karen Anahí Briano Veloz de gran utilidad para indagar en la singularidad de la poesía mística contemporánea. Tanto Cirlot como Muñiz-Huberman tienden puentes entre creación e investigación. Hay cercanía en sus fuentes, pero el poeta español emplea la «corriente extática» en la serie de poemarios Bronwyn mientras que la escritora mexicana bebe de la «cábala teosófica» en El ojo de la creación. Cirlot ejecuta lo que en otros poetas vanguardistas tan solo había sido un proyecto: convertir la poesía experimental en una práctica mística. Y ambos ponen de manifiesto cómo la obra no es solo representación, sino invitación al trance.

Los ríos sonorosos de la palabra (mística y poesía) culmina un largo ciclo de publicaciones y conferencias del citado grupo de investigación de la UNAM. Acoge diversos registros (desde el académico al ensayístico), tradiciones (desde la judeocristiana a la precolombina y la oriental) y problemáticas (desde la teología a la teoría de la literatura). Los resultados académicos obtenidos demuestran, como bien señala León Vega —su investigadora principal—, que el estudio del «discurso hermenéutico, histórico, filosófico, simbólico, mágico y estético de la poesía en relación con su filiación mística, ya religiosa, ya profana, implícita o confesa» está «todavía pendiente» (19).

Sin duda, este equipo ya ha logrado asentar cimientos sólidos: la visibilización de un fenómeno crucial para nuestro tiempo, la presencia de numerosos poetas mexicanos actuales que participan de la nueva mística y una metodología de análisis que parte de la teoría formalista de la poesía (estilística, retórica) para comprobar las emergencias y sintaxis del imaginario del misticismo. Solo así se comprende el misterio de la enunciación de la experiencia místico-poética, su sincretismo en algunos de los poetas estudiados.

Javier Helgueta Manso

Centro Universitario CIESE-Comillas

helguetaj@fundacioncomillas.es

ORCID: 0000-0002-3780-5385


[1] Junto a los congresos de la Asociación Latinoamericana de Literatura y Teología sita en Argentina y al Grup de Recerca de la Biblioteca Haas en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (España).