Pedro Lorenzo Gálligo
Arquitecto, Estudio propio, Consultor. Profesor jubilado,
Universidad Politécnica de Cataluña (UPC)
Germán López Mena
Profesor Contratado Doctor, Departamento de Proyectos Arquitectónicos,
Escuela Técnica Superior de Arquitectura–Universidad de Sevilla
Recibido: 25-01-2025
Aceptado: 15-07-2025
Cómo citar:
Lorenzo Gálligo, Pedro y López Mena, Germán (2025). Indicadores para el análisis de la situación del hábitat. Ejemplo de aplicación: África. Hábitat y Sociedad, (18), 349-379. https://doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2025.i18.16
Resumen Intervenir en la mejora del hábitat de las poblaciones, principal objetivo de la arquitectura de cooperación internacional, exige partir del conocimiento de una situación dinámica, resultado de un continuo proceso de evolución y cambio, que permitirá definir, en un orden de prioridades, las necesidades y posibilidades de mejora y los proyectos o programas de intervención. Para acercarse al conocimiento de la situación del hábitat, realidad compleja, se plantea la selección de indicadores que lo faciliten. Se proponen dos grupos de indicadores: Indicadores estructurales básicos, que permiten el análisis de las causas de la situación y los desequilibrios cuantitativos, e indicadores específicos del hábitat, que analizan las desigualdades cualitativas. Ante la intervención en un lugar concreto, cuando hay carencia de datos y valores de los indicadores, se propone la aplicación de metodologías de análisis / propuesta, basadas en la observación más profunda y directa de la realidad. Como ejemplo de aplicación, se analiza la situación del hábitat en África. Palabras clave hábitat, indicadores, vivienda, África. |
Abstract Improving people’s habitat, the main objective of architecture for international cooperation, requires starting from an understanding of a dynamic situation, the result of a continuous process of evolution and change. This understanding makes it possible to establish, in order of priority, the needs and opportunities for improvement, as well as the corresponding projects or programs of intervention. To address the complexity of habitat, the selection of indicators is proposed. Two groups of indicators are considered: basic structural indicators, which make it possible to analyze the causes of the situation and quantitative imbalances, and habitat-specific indicators, which focus on qualitative inequalities. In cases where there is a lack of reliable data and indicator values, the application of analysis methodologies based on a deeper and more direct observation of reality is suggested. As an example, the habitat situation in Africa is analyzed. Keywords habitat, indicators, housing, Africa. |
Intervenir en la mejora del hábitat implica conocer la realidad existente. Esto se realiza de dos maneras:
El objetivo de este artículo es seleccionar y proponer indicadores útiles tanto para analizar la situación del hábitat en un lugar concreto, como para preparar, con más conocimiento, la observación directa de esa realidad.
La mejora del hábitat de las poblaciones debe ser el objetivo principal de la arquitectura y, en especial, de la arquitectura de cooperación internacional. El hábitat existente es una realidad compleja y dinámica, resultado de un continuo proceso de evolución y transformación de las acciones de los actores implicados.
El objeto de análisis, el hábitat, puede definirse como el lugar donde se desarrolla la actividad humana, según una realidad social, económica y cultural, según una forma de vivir, propia e identificadora, en continua evolución y transformación, sin dejar de ser ella misma.
Los objetivos de la mejora del hábitat serán:
Intervenir en la mejora del soporte físico supone el análisis de la situación cuantitativa y cualitativa de la vivienda y su entorno, , las condiciones medioambientales y de sostenibilidad social, económica y cultural.
Intervenir en la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones, implica una relación con estas poblaciones, orientada al logro de ciertos objetivos:
Se proponen dos grupos de indicadores:
Los indicadores estructurales básicos informan sobre los elementos primarios, cuantitativos, y las causas de la situación del hábitat en el lugar concreto, orientando las necesidades cuantitativas futuras, permitiendo incidir en la corrección de las causas que provocan la situación, en especial las sociales y económicas.
Los indicadores específicos del hábitat, permitirán incidir en los aspectos cualitativos del hábitat: la capacidad de acceso a la vivienda y lugar concretos, la calidad de la propia vivienda y la calidad del entorno (seguridad, acceso a los servicios, condiciones ambientales, etc.), acceso a los equipamientos y, en especial, la capacidad de incidir en la gestión y organización del hábitat y en las políticas que se aplican, buscando la participación en los procesos (cogestión) o la necesidad de la autogestión como medio para conseguir o mejorar el propio hábitat.
Como fuentes para consultar el valor de estos indicadores se proponen prioritariamente los informes realizados por Naciones Unidas (bases de datos, Objetivos de Desarrollo del Milenio, Objetivos del Desarrollo Sostenible, el desarrollo de las Ciudades, La Nueva Agenda Urbana, etc.), los informes sobre la desigualdad en el mundo y la pobreza y, en especial, los Informes sobre el Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2011, 2014, 2022).
Ejemplo de aplicación:
Como ejemplo, se aplica el análisis de los indicadores a la realidad global de África.
El objetivo no es el análisis del hábitat africano, estudio de enorme complejidad de conocimiento y dedicación, con múltiples organismos, países y entidades dedicadas a la aportación de datos, sino la búsqueda de un análisis operativo y eficaz, que permita el acercamiento a la realidad, orientando la correcta propuesta de las intervenciones posibles.
África es una realidad muy compleja, compuesta por 54 países y 9 territorios que forman parte de otros países. El objetivo es tener una visión global. Se diferencian únicamente, en algunos casos, la región de África Septentrional (Argelia, Egipto, Libia, Marruecos y Túnez) del África Subsahariana, que engloba África del Sur (6 países), África Central (10 países), África del Este (17 países) y África del Oeste (16 países). Esta diferenciación, muy significativa por las características de ambas regiones, es frecuentemente utilizada para el análisis por Naciones Unidas.
África presenta el mayor crecimiento demográfico a nivel mundial. Mientras que el índice de evolución demográfica global está experimentando una desaceleración (disminuyendo del 1.78% a mediados del siglo XX, al 1.34% a finales del siglo, y actualmente se encuentra en un 1.09%), el crecimiento demográfico de África continúa en aumento (pasando de un 2.08% a mediados del siglo XX, a un 2.46% a finales del siglo, y alcanzando un 2.51% en la actualidad (Cuadro 1).
Cuadro 1. Evolución demográfica mundial. Fuente: Elaboración propia según datos de Naciones Unidas (2019).
CONCEPTOS |
1950 - 1955 |
1995 - 2000 |
2015 - 2020 |
|
ÁFRICA |
2,08 |
2,46 |
2,51 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
2,65 |
1,55 |
0,94 |
DEL NORTE |
1,65 |
1,19 |
0,65 |
|
ASIA |
1,95 |
1,37 |
0,92 |
|
EUROPA |
0,97 |
-0,04 |
0,92 |
|
OCEANÍA |
2,07 |
1,34 |
1,37 |
|
IDH. ÍNDICE DESARROLLO HUMANO |
ALTO |
1,18 |
0,32 |
0,26 |
MEDIO |
2,06 |
1,60 |
1,26 |
|
BAJO |
2,08 |
1,90 |
1,50 |
|
TOTAL MUNDIAL |
1,78 |
1,34 |
1,09 |
|
Entre los años 2000 y 2020, la población africana aumentó en 530 millones de personas, lo que implica un recimiento anual de 26 millones. Para el año 2030, se estima que la población aumentará en 300 millones de personas más.
Este crecimiento demográfico tiene una relación directa e inevitable con la creciente necesidad de espacio habitable en África.
En los últimos 10 años se ha observado una disminución en el porcentaje de crecimiento de la población urbana en África, pasando del 3,58% al 3,44%. Se espera que esta tendencia continúe decreciendo hasta alcanzar un 3,19% para 2030. Sin embargo, estos porcentajes siguen siendo muy elevados en comparación con el promedio mundial, que actualmente es del 1,73% y se prevé que disminuya al 1,05% en 2030 (Cuadro 2).
Cuadro 2. Porcentaje de crecimiento de la población urbana. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de UN HABITAT (2022)
CONCEPTOS |
2015 - 2020 |
2020 - 25 |
2025 - 2030 |
2030 - 2035 |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
3,58 |
3,44 |
3,32 |
3,19 |
SEPTENTRIONAL |
|||||
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
1,30 |
1,15 |
1,00 |
0,85 |
DEL NORTE |
0,95 |
0,96 |
0,92 |
0,84 |
|
ASIA |
2,16 |
1,84 |
1,58 |
1,35 |
|
EUROPA |
0,35 |
0,30 |
0,28 |
0,26 |
|
OCEANÍA |
1,42 |
1,30 |
1,24 |
1,18 |
|
IDH. ÍNDICE DESARROLLO HUMANO |
ALTO |
0,50 |
0,46 |
0,44 |
0,40 |
MEDIO |
2,34 |
2,09 |
1,88 |
1,71 |
|
BAJO |
3,91 |
3,78 |
3,61 |
3,43 |
|
TOTAL MUNDIAL |
1,90 |
1,73 |
1,58 |
1,05 |
|
Con base en estos índices, África se sitúa dentro del grupo de países con un nivel de desarrollo bajo (3,43%), en decrecimiento, pero muy por encima de los demás continentes.
Si analizamos el porcentaje de la población que vive en las ciudades (Cuadro 3), a nivel mundial ha superado el 50% (actualmente es del 58,3%), mientras que en África solo es el 45,9%. Se prevé que, en los próximos 20 años, aproximadamente 450 millones de personas se trasladarán a las ciudades africanas.
Cuadro 3. Porcentaje de población viviendo en ciudades. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de UN HABITAT (2022)
CONCEPTOS |
2015 |
2025 |
2035 |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
41.2 |
45,90 |
50,90 |
SEPTENTRIONAL |
||||
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
79,90 |
82,40 |
84,70 |
DEL NORTE |
81,60 |
83,60 |
85,80 |
|
ASIA |
48,00 |
54,00 |
59,20 |
|
EUROPA |
73,90 |
76,10 |
79,00 |
|
OCEANÍA |
68,10 |
68,50 |
69,40 |
|
IDH. ÍNDICE DESARROLLO HUMANO |
ALTO |
78,10 |
80,20 |
82,70 |
MEDIO |
49,00 |
54,30 |
59,00 |
|
BAJO |
32,00 |
37,00 |
43,00 |
|
TOTAL MUNDIAL |
53,90 |
58,30 |
62,50 |
|
África está rezagada en el proceso generalizado de urbanización mundial. No obstante, podría surgir una visión contrapuesta que cuestione la necesidad de este proceso continuo de urbanización, que plantea dudas sobre la estabilidad de la relación campo-ciudad y la posible pérdida de medios y forma de vida de las comunidades rurales.
África presenta características singulares que determinan la expansión de sus ciudades. El proceso urbano en África se articula principalmente a través de tres dinámicas:
Según Africapolis (Moriconi-Ebrard et al., 2021), una aglomeración se define como un conjunto de edificaciones con menos de 200 metros de distancia entre ellas, concentradas en un mismo lugar. Estas aglomeraciones, que a menudo surgen de poblaciones rurales dispersas, tienen una gran vitalidad demográfica y capacidad de atracción, lo que genera movimientos centrífugos desde las ciudades hacia las aglomeraciones, o incluso la absorción de pueblos rurales que pasan a ser urbanos. Este fenómeno provoca un cambio en la forma de vida y las actividades laborales, con una fuerte dependencia de la ciudad y una desconexión de la vida rural anterior.
Este fenómeno de éxodos y transformaciones rurales está frecuentemente asociado a procesos coyunturales como guerras, hambrunas o desastres naturales.
Las aglomeraciones se consideran urbanas cuando superan los 10.000 habitantes, y en algunos casos pueden llegar a más de un millón de habitantes, aunque no suelen estar catalogadas oficialmente. En la actualidad, están surgiendo aglomeraciones transfronterizas con una notable vitalidad y crecimiento. Esto indica que la población urbana real de África podría ser mayor de lo que reflejan los índices internacionales.
Este proceso de evolución urbana en África también podría aclarar datos reveladores sobre la expansión urbana global. Según el análisis de 881 ciudades en todo el mundo, la expansión urbana (2,1% entre 1990 y 2000, y 2% entre 2000 y 2010) ha superado el crecimiento demográfico de estas ciudades (2,3% entre 1990 y 2000 y 1,6% entre 2000 y 2010). Las ciudades africanas han crecido mucho más en extensión territorial que en población, lo que ha provocado una disminución en la densidad de las ciudades y un aumento de la huella ecológica, contribuyendo a la pérdida de tierras agrícolas (Boulaich, 2021).
La figura 1 muestra la evolución de la población, en África, desde 1950 a 2010, debida al cambio del nivel de urbanización, que ha pasado de un 13,1% en 1950, a un 43,8% en 2010.
Figura 1. Evolución de la población en África. Fuente: OCDE/SWWAC (2020), Africapolis
El desequilibrio económico se manifiesta de dos maneras fundamentales:
Los datos sobre el desequilibrio económico mundial demuestran la concentración de riqueza en un pequeño grupo dominante. Según el Cuadro 4, el 50% de la población más pobre obtiene solo un 8,5% de los ingresos y posee apenas un 2% de la riqueza mundial. Entre 1995 y 2021, el 1% más rico de la humanidad concentró el 38% de la riqueza global.
Cuadro 4. Desequilibrio económico mundial. Fuente: Elaboración propia a partir de World Inequality Lab (2022).
CONCEPTOS |
10% superior |
40% medio |
50% inferior |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
56% |
35% |
9% |
SEPTENTRIONAL |
55% |
32% |
13% |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
55% |
35% |
10% |
DEL NORTE |
46% |
41% |
13% |
|
ASIA |
48% |
38% |
12% |
|
EUROPA |
36% |
45% |
19% |
|
OCEANÍA |
||||
TOTAL MUNDIAL |
59% |
32% |
9% |
|
En África el 50% de la población más pobre recibe solo el 9% de los ingresos y posee el 3% de la riqueza (Cuadros 5 y 6). En contraste, África Septentrional presenta una situación algo más favorable.
Cuadro 5. Desequilibrio económico local / Participación en ingresos. 2021. Fuente: elaboración propia a partir de World Inequality Lab (2022).
CONCEPTOS |
10%superior |
40%medio |
50% inferior |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
74 |
24 |
3 |
SEPTENTRIONAL |
||||
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
77 |
22 |
1 |
DEL NORTE |
70 |
28 |
2 |
|
ASIA |
70 |
26 |
4 |
|
EUROPA |
58 |
38 |
4 |
|
OCEANÍA |
||||
TOTAL MUNDIAL |
||||
Cuadro 6. Desequilibrio local. Porcentaje de riqueza. Fuente: Elaboración propia a partir de World Inequality Lab (2022)
CONCEPTOS |
10%superior |
40%medio |
50% inferior |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
74 |
24 |
3 |
SEPTENTRIONAL |
||||
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
77 |
22 |
1 |
DEL NORTE |
70 |
28 |
2 |
|
ASIA |
70 |
26 |
4 |
|
EUROPA |
58 |
38 |
4 |
|
OCEANÍA |
||||
TOTAL MUNDIAL |
||||
Una gran proporción de la población vive en pobreza y pobreza extrema, en África. Esta situación afecta gravemente al acceso al hábitat y a la economía formal, lo que obliga a muchas personas a recurrir a soluciones de autogestión y a la creación de asentamientos informales.
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) analiza tres componentes principales:
Se clasifica el IDH en tres niveles:
Cuadro 7. IDH Índice de Desarrollo Humano. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Programa de Naciones Unidas pasa el Desarrollo (PNUD) (2011) y (2022)
CONCEPTOS |
1980 |
2000 |
2021 |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
0,37 |
0,40 |
0,55 |
SEPTENTRIONAL |
0,44 |
0,58 |
0,71 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
0,58 |
0,68 |
0,75 |
DEL NORTE |
||||
ASIA |
0,40 |
0,52 |
0,69 |
|
EUROPA |
0,64 |
0,69 |
0,79 |
|
OCEANÍA |
||||
IDH. ÍNDICE DESARROLLO HUMANO |
ALTO |
0,61 |
0,64 |
0,75 |
MEDIO |
0,42 |
0,55 |
0,66 |
|
BAJO |
0,32 |
0,38 |
0,58 |
|
TOTAL MUNDIAL |
0,56 |
0,63 |
0,73 |
|
África subsahariana, que tenía un IDH bajo hasta el año 2000, alcanzó en 2021 un IDH medio de 0,55. Por otro lado, África Septentrional, que desde el año 2000 ha mantenido un IDH medio, alcanzó en 2021 un IDH de 0,71, cercano al 0,73 a nivel mundial. Sin embargo, los índices de África subsahariana siguen siendo los más bajos a nivel mundial (Cuadro 7).
El IDH.D (Índice de Desarrollo Humano ajustado a la desigualdad) corrige los valores del IDH en cada uno de los componentes analizados, tomando en cuenta la desigualdad estimada en la población de referencia.
El IDH refleja la situación del desarrollo potencial de una población, mientras que el IDH.D presenta una visión más precisa del desarrollo real.
En 2021, aunque África Subsahariana alcanzó un IDH medio de 0,55, su IDH.D era bajo, con un valor de 0,38 (Cuadro 8). Este descenso significativo refleja la verdadera situación de desigualdad económica en la región, que se aproxima a los niveles más bajos de desarrollo (cerca de 0,36) y está muy lejos de la media mundial de 0,59.
Cuadro 8. IDH.D. Índice de Desarrollo Humano ajustado a la desigualdad. Fuente: Elaboración propia a partir de PNUD (2011) y PNUD (2022).
CONCEPTOS |
2011 |
2021 |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
0,30 |
0,38 |
SEPTENTRIONAL |
0,47 |
0,53 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
0,54 |
0,61 |
DEL NORTE |
|||
ASIA |
|||
EUROPA |
0,65 |
0,71 |
|
OCEANÍA |
|||
IDH. ÍNDICE DESARROLLO HUMANO |
ALTO |
0,59 |
0,63 |
MEDIO |
0,48 |
0,48 |
|
BAJO |
0,34 |
0,36 |
|
TOTAL MUNDIAL |
0,52 |
0,59 |
|
Por otro lado, África Septentrional en 2021, aunque con un IDH.D medio de 0,53, se encuentra lejos del IDH correspondiente de 0,71, lo que indica que la región sigue siendo más vulnerable al impacto de la desigualdad económica en comparación con otras regiones de desarrollo medio.
El IPM mide la intensidad de la pobreza y la complejidad de la vida de las personas que viven en pobreza, tanto de manera individual como colectiva. Este índice se relaciona con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, a través de tres factores clave:
Estos factores se combinan con dos indicadores de pobreza:
Según datos del PNUD 2020, 1300 millones de personas en 107 países (22% de la población mundial) vivían en situación de pobreza multidimensional, siendo el 84% de ellas residentes en áreas rurales.
Según datos de Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI) (2020), se considera que las personas sufren pobreza multidimensional si tienen deficiencias en al menos un tercio de diez indicadores clave: nutrición y mortalidad infantil (salud), años de escolaridad y asistencia escolar (educación), combustible para cocinar, saneamiento, agua potable, electricidad, vivienda y activos (nivel de vida). Entre la población en situación de pobreza multidimensional, 95,2% carece de acceso a vivienda digna, con 2050 millones de personas enfrentando problemas de saneamiento, 1370 millones sin agua potable, 922 millones sin acceso a electricidad, y 1800 millones viviendo en viviendas de baja calidad. Además, 761 millones de personas enfrentan dificultades de acceso al transporte público y el uso de combustibles contaminantes.
Cuadro 9. IPM. Índice de pobreza multidimensional. Fuente: Elaboración propia a partir de PNUD (2022)
CONCEPTOS |
VALOR IPM |
%POBLACIÓN IPM |
%POBREZA EXTREMA |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
0,30 |
55 |
32,9 |
SEPTENTRIONAL |
0,08 |
15,8 |
7 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
0,03 |
7,2 |
1,9 |
DEL NORTE |
||||
ASIA |
0,08 |
17 |
5,60 |
|
EUROPA |
0,01 |
1 |
0,1 |
|
OCEANÍA |
||||
TOTAL MUNDIAL |
0,11 |
21,70 |
||
El 55% de la población de África Subsahariana (558 millones) vive en situación de pobreza multidimensional (cuadro 9), con 71,9% en zonas rurales y 25,2% en áreas urbanas. Este porcentaje es el doble de la media mundial (21,70%). El IPM de África Subsahariana es 0,30, lo que triplica el valor correspondiente a la media mundial (0,11). Aunque algunos países de África Subsahariana han logrado reducir la pobreza multidimensional, las tasas de pobreza en la región siguen siendo las más altas del mundo. El 32,9% de su población vive en pobreza extrema. En contraste, África Septentrional presenta una situación más favorable, con un 15,8% de su población en pobreza multidimensional y un 7% en pobreza extrema.
El siguiente grupo de indicadores propuestos se centra en aspectos específicos relacionados con la vivienda y las condiciones del hábitat en África.
Existe una notable falta de datos detallados sobre las condiciones de acceso a la vivienda en África.
Las viviendas construidas por el sector público en África resultan ser inalcanzables para una gran parte de la población urbana. En muchas ciudades, los pagos mensuales de las hipotecas superan los ingresos mensuales del 70% de los habitantes, lo que dificulta gravemente el acceso a la vivienda para las familias de menores recursos (Equipo de Lawi, 2020).
Cuadro 10. Población viviendo en asentamientos autogestionados y porcentaje de población viviendo en tierras degradadas. Fuente: Elaboración propia a partir de UN HABITAT (2022) y PNUD (2014).
CONCEPTOS |
2000. % |
2010. % |
2020. % |
2000.MILLONES |
2010. MILLONES |
2020. MILLONES |
% |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
64 |
57 |
50 |
130 |
175 |
230 |
22,3 |
SEPTENTRIONAL |
32 |
25 |
19 |
64 |
66 |
62 |
24,3 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
32 |
22 |
18 |
127 |
102 |
96 |
5 |
DEL NORTE |
1,4 |
0,9 |
0,7 |
6 |
4 |
3 |
||
ASIA |
47 |
40 |
35 |
281 |
315 |
333 |
10 |
|
EUROPA |
1.4 |
0,9 |
0,7 |
6 |
4 |
3 |
10 |
|
OCEANÍA |
357 |
384 |
439 |
|||||
TOTAL MUNDIAL |
31 |
27 |
24 |
895,00 |
980,00 |
1.060,00 |
10,2 |
|
En África Subsahariana, aproximadamente el 50% de la población, lo que equivale a 230 millones de personas, vivía en asentamientos humanos en 2020 (cuadro 10). Aunque el porcentaje de población viviendo en estos asentamientos ha disminuido en las últimas dos décadas —pasando del 64% en 2000, al 57% en 2010, y al 50% en 2020—, el número absoluto de personas ha aumentado considerablemente. En términos absolutos, la población en asentamientos humanos ha crecido de 130 millones en 2000 a 175 millones en 2010 y 230 millones en 2020.
En África Septentrional los índices son más bajos, disminuyendo del 32% en 2000 al 19% en 2020, lo que corresponde a 62 millones de personas. Sin embargo, la población en asentamientos humanos sigue siendo significativa, manteniéndose por encima de los 60 millones de personas.
Un indicador complementario relevante es el porcentaje de población que habita en tierras degradadas. En 2014, el porcentaje global era del 10,2%, mientras que en África Subsahariana ascendía al 22,3%, y en África Septentrional al 24,3%. Este fenómeno tiene implicaciones profundas para la seguridad alimentaria, la salud y la calidad de vida de las personas, ya que las tierras degradadas dificultan el acceso a recursos naturales básicos.
Los indicadores anteriores subrayan la importancia de la autogestión y la producción social en la búsqueda de soluciones para el acceso a un hábitat digno en África. Abordar la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones africanas exige reconocer las capacidades de gestión local y las oportunidades de autogestión que existen dentro de las comunidades. Algunas posibles estrategias para mejorar el hábitat en los asentamientos humanos incluyen:
Este análisis revela la necesidad de políticas públicas y estrategias que impulsen la autogestión y el desarrollo sostenible en las comunidades que habitan asentamientos humanos. En este contexto, es vital que se garanticen los derechos básicos de las personas, se fomente la participación activa de las comunidades en los procesos de toma de decisiones, y se apoye la mejora progresiva de sus condiciones de vida.
Según las Naciones Unidas las condiciones negativas que miden la calidad de la vivienda son:
Es importante destacar que, aunque se dispone de datos sobre algunas de estas condiciones en África, no se cuenta con información detallada y actualizada sobre la situación de la tenencia de la tierra. Sin embargo, se sabe que la inseguridad en la tenencia de la tierra es uno de los factores más determinantes en la calidad de la vivienda y en la estabilidad de los asentamientos humanos.
La tenencia segura de la tierra es una condición esencial para lograr una vida digna. La seguridad en la tenencia no solo garantiza a los habitantes el derecho a seguir viviendo en su hogar, sino que también facilita la mejora progresiva de las viviendas.
La seguridad de la tenencia de la tierra actúa como un mecanismo central para abordar la mejora de los asentamientos humanos. Además, previene los desplazamientos forzados y fomenta el reconocimiento de los habitantes como ciudadanos plenos, lo que permite el acceso a derechos y servicios públicos básicos.
Una estrategia clave para mejorar las viviendas existentes, especialmente aquellas construidas por los propios habitantes (un enfoque menos costoso y más sostenible), es otorgar títulos de propiedad (Equipo de Lawi, 2020).
En 2020, aproximadamente 2400 millones de personas sufrían de estrés hídrico debido a la escasez de agua. A pesar de que entre 2010 y 2022 se observó una mejora en las zonas rurales, la situación en las áreas urbanas no mejoró de manera significativa. En 2022, aún 2200 millones de personas no tenían acceso a agua potable segura.
África Subsahariana es reconocida como una de las regiones más rezagadas en cuanto al acceso a agua potable segura. Aunque la situación ha mejorado desde 1990 (cuadro 11), cuando solo el 48% de la población tenía acceso a una fuente de agua potable mejorada, en 2022 solo el 65% de la población en África Subsahariana disponía de este acceso. Este porcentaje sigue estando muy por debajo de la media mundial, que alcanza el 91%.
Cuadro 11. Porcentaje de población que usa una fuente mejorada de agua potable. Fuente: Elaboración propia a partir de Naciones Unidas (2014). Objetivos de Desarrollo del milenio y ONU (2024).
CONCEPTOS |
1990 |
2012 |
2022 |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
48 |
64 |
65 |
SEPTENTRIONAL |
87 |
92 |
94.3 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
85 |
94 |
|
DEL NORTE |
||||
ASIA |
||||
EUROPA |
70 |
92 |
||
OCEANÍA |
50 |
56 |
||
TOTAL MUNDIAL |
76 |
89 |
91 |
|
El acceso a fuentes de agua mejoradas —aquellas que están diseñadas para proteger el agua de la contaminación, como los grifos y las bombas de agua— sigue siendo un lujo para una gran parte de la población en África Subsahariana.
En este caso, resulta fundamental considerar la disponibilidad de recursos hídricos, ya que el porcentaje extraído constituye un indicador clave de la presión sobre los sistemas de agua en una región.
Se considera que una región tiene abundancia de agua cuando se extrae menos del 25% de sus recursos hídricos, mientras que se habla de escasez cuando se extrae más del 60%. Cuando la extracción supera el 75%, se considera una región de escasez extrema.
En África Subsahariana, solo se extrae el 3% de los recursos hídricos, lo que indica que, en términos absolutos, la región dispone de abundantes recursos hídricos (cuadro 12). Sin embargo, estos recursos están mal distribuidos y gestionados, lo que limita el acceso al agua en muchas zonas. En contraste, África Septentrional enfrenta una situación crítica, ya que se extrae el 80% de sus recursos hídricos, lo que coloca a la región en una escasez extrema.
Cuadro 12. Porcentaje de recursos hídricos extraídos. Fuente: Elaboración propia a partir de Naciones Unidas (2014).
CONCEPTOS |
2008 |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
3 |
SEPTENTRIONAL |
80 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
2 |
DEL NORTE |
||
ASIA |
54 |
|
EUROPA |
||
OCEANÍA |
||
TOTAL MUNDIAL |
9 |
|
Según el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2024), 3.500 millones de personas en el mundo carecían de acceso a saneamiento adecuado en 2022. De estas, 1.500 millones no tenían servicios básicos, mientras que 2.000 millones carecían de instalaciones básicas de saneamiento.
En 2022, solo el 35% de la población en África Subsahariana tenía acceso a servicios sanitarios básicos (cuadro 13). Este porcentaje es significativamente inferior a la media global, que alcanza el 80%.
África Septentrional presenta una situación mucho más favorable, con un 91% de su población teniendo acceso a servicios sanitarios básicos, lo que supera incluso el promedio mundial.
Cuadro 13. Porcentaje de población con servicios sanitarios básicos. Fuente: Elaboración propia a partir de UN (2024).
CONCEPTOS |
2022 |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
35 |
SEPTENTRIONAL |
91 |
|
IDH. ÍNDICE DESARROLLO HUMANO |
ALTO |
94 |
MEDIO |
74 |
|
BAJO |
32 |
|
TOTAL MUNDIAL |
80 |
|
Según el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2023), se estima que para 2030, 660 millones de personas seguirán sin acceso a energía eléctrica, siendo África Subsahariana una de las regiones más rezagadas en este aspecto. En 2021, alrededor de 567 millones de personas en África Subsahariana vivían sin acceso a la electricidad. Esta cifra refleja un estancamiento en la última década, ya que desde 2010 los avances en la expansión de la red eléctrica han sido lentos e insuficientes.
Por otro lado, se prevé que para 2030, 2200 millones de personas seguirán dependiendo de combustibles contaminantes para cocinar. En 2021, esta cifra era de 2300 millones. En África Subsahariana, el número de personas que dependían de estos combustibles era de 900 millones en 2021, y se estima que aumentará a 1100 millones en 2030.
En África Subsahariana, el panorama es desalentador: aunque el porcentaje de personas con acceso a energía eléctrica ha aumentado desde 2015 (cuadro 14), solo el 50% de la población en 2021 tenía acceso a este servicio básico. Este nivel de acceso sigue siendo insuficiente, especialmente en áreas rurales y en asentamientos urbanos informales, donde las infraestructuras eléctricas son casi inexistentes.
Cuadro 14. Porcentaje de población con acceso a energía eléctrica y a energía no contaminante para cocinar. Fuente: Elaboración propia a partir de Naciones Unidas (2023).
CONCEPTOS |
ENERGIA ELÉCTRICA |
ENERGIA NO CONTAMINANTE PARA COCINAR |
||
2015 |
2021 |
2021 |
||
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
39 |
50 |
19 |
SEPTENTRIONAL |
93 |
94 |
96 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
97 |
98 |
|
DEL NORTE |
99 |
100 |
||
ASIA |
90 |
98 |
||
EUROPA |
99 |
100 |
||
OCEANÍA |
36 |
38 |
||
TOTAL MUNDIAL |
87 |
91 |
71 |
|
Además, solo el 19% de la población en África Subsahariana tenía acceso a energía no contaminante para cocinar en 2021. Esto implica que una gran parte de la población depende de combustibles sólidos y contaminantes, como leña, carbón y residuos agrícolas, lo que genera impactos negativos en la salud, el medio ambiente y la economía.
En cambio, África Septentrional presenta una situación completamente diferente, con índices de acceso a la energía eléctrica del 94% y a energía no contaminante para cocinar del 96%, ambos muy por encima de la media mundial (91% de acceso a electricidad y 71% de acceso a energía limpia para cocinar).
Según datos de UN HABITAT (2022), se recogen cifras de la proporción de viviendas en distintos países de África con techos, muros y suelos construidos de manera adecuada, lo que permite analizar la calidad de la construcción en diversas naciones. Estos datos no se refieren a zonas geográficas específicas ni a toda la región africana, sino que varían por país, lo que subraya la diversidad de condiciones en el continente.
Los datos sobre la calidad de la construcción de algunos países son:
Angola (2015) |
Techos: 76,9% Muros: 72,2% Suelos: 98% |
Chad (2014) |
Techos: 30,3% Muros: 70,7% Suelos: 79,5% |
República Democrática del Congo (2017) |
Techos: 63,7% Muros: 74,2% Suelos: 86,2% |
Mozambique (2018) |
Techos: 69,2% Muros: 71,2% Suelos: 80,2% |
Senegal (2019) |
Techos: 96,3% Muros: 94,7% Suelos: 99,1% |
Sudán (2014) |
Techos: 26,8% Muros: 50,2% Suelos: 52,9% |
A través de estos ejemplos, se observa una gran variabilidad en la calidad de la construcción de las viviendas entre los países de África. En algunos casos, como en Senegal, la calidad de las viviendas es relativamente alta, con más del 90% de las viviendas con techos, muros y suelos en buen estado. Sin embargo, en otros países como Sudán y Chad, los porcentajes de viviendas con una construcción adecuada son alarmantemente bajos, especialmente en lo que respecta a techos, lo que sugiere una falta de materiales de construcción resistentes o una infraestructura deficiente.
El hacinamiento es uno de los problemas más graves en los asentamientos informales de África. Define la ocupación excesiva de un espacio habitable. Sin embargo, no existe un consenso unificado sobre cómo definir y medir el hacinamiento. Los indicadores más comunes incluyen el número de personas por vivienda, el número de personas por habitación o la superficie disponible por ocupante.
En muchos contextos, se considera que una vivienda no presenta hacinamiento cuando tiene menos de tres personas por habitación. Sin embargo, en diversas zonas de África, es común encontrar viviendas con una sola habitación que cumple múltiples funciones dentro del hogar, lo que genera una alta densidad de ocupación. En estos casos, las viviendas suelen albergar a más de 3,5 personas por habitación.
El informe de UN HABITAT (2022) presenta datos relevantes sobre el porcentaje de viviendas con suficiente espacio habitable por país. A continuación, se muestran algunos ejemplos representativos:
Angola (2015) |
64,5% de viviendas con espacio suficiente. |
Chad (2014) |
56,8% de viviendas con espacio suficiente. |
República Democrática del Congo (2017) |
61,5% de viviendas con espacio suficiente. |
Mozambique (2018) |
84,8% de viviendas con espacio suficiente. |
Senegal (2019) |
74,4% de viviendas con espacio suficiente. |
Sudán (2014) |
55,9% de viviendas con espacio suficiente. |
Estos datos reflejan grandes disparidades en el acceso a viviendas con suficiente espacio en distintos países africanos, lo que resalta la gravedad del problema del hacinamiento en muchas regiones del continente.
La localización de la vivienda en relación con el trabajo y los servicios urbanos es un factor esencial. Esta relación no solo determina el acceso a oportunidades económicas, sino también el acceso a educación, salud, y otros servicios públicos básicos. En términos más amplios, está estrechamente vinculada al concepto del derecho a la ciudad, que defiende el acceso equitativo a los recursos urbanos para todas las personas, sin importar su condición socioeconómica.
Una de las principales consecuencias de las políticas de exclusión urbana y el desplazamiento forzado de las poblaciones de los asentamientos humanos es el alejamiento progresivo de estas comunidades de los centros urbanos y de las zonas con mayores oportunidades económicas, tanto formales como informales. Este fenómeno se observa con mayor intensidad en muchas áreas de África Subsahariana.
Vivir en estas zonas periféricas tiene efectos negativos profundos sobre la movilidad y las oportunidades laborales de las personas. Las comunidades que habitan en lugares distantes de los centros urbanos suelen enfrentar altos costos de transporte, lo que limita su capacidad para acceder a empleos bien remunerados. Además, muchas de estas áreas carecen de infraestructura básica como redes de transporte público, servicios de salud y educación, lo que agrava aún más la desigualdad en el acceso a oportunidades.
A pesar de la importancia de este tema, existen pocos datos concretos que cuantifiquen de manera precisa el impacto de la localización en el acceso al trabajo y a los servicios urbanos. Sin embargo, es posible inferir que una proporción significativa de la población que habita en los asentamientos se encuentra en esta situación de periferia, sumada a las que habitan en las aglomeraciones urbanas, y por lo tanto, experimenta dificultades significativas para acceder a servicios y empleos debido a su localización. En África Subsahariana, esto significa ,la mayoría de la población.
La exclusión social de las personas que habitan en asentamientos humanos autogestionados y de producción social en África es, en gran medida, una consecuencia directa de las políticas urbanas que históricamente, han marginado a estas comunidades, no reconociéndolas como ciudadanos plenos con derechos.
Según el Informe de los Objetivos del Milenio de 2014, se consideraba que un 25-30% de espacio público era una proporción adecuada para las ciudades. En ese momento, en África, la proporción era ligeramente superior al 15%. Este dato refleja la escasez de áreas públicas en las ciudades africanas y la falta de planificación para su desarrollo.
Con la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el espacio público se ha convertido en una prioridad clave. Según el Informe de los ODS de 2024, uno de los objetivos es alcanzar entre 45% y 50% de espacio público en las ciudades, de los cuales entre 15% y 25% deben ser espacios abiertos y entre 30% y 35% deben ser calles y aceras. Esta meta tiene como objetivo no solo mejorar la calidad del entorno, sino también garantizar una mayor accesibilidad y movilidad urbana para todos los ciudadanos.
Sin embargo, la realidad en África sigue siendo preocupante. Según el análisis de 1.072 ciudades a nivel mundial, realizado en 2020, se encontró que tres cuartas partes de estas ciudades tenían menos del 20% de espacio público. En África Subsahariana, la situación es aún más crítica: el 44% de las ciudades tiene menos del 25% de espacio público.
Las ciudades de África Subsahariana tienen la proporción más baja de superficie dedicada a calles en comparación con otras regiones del mundo, con apenas 15,4% de la superficie urbana dedicada a calles. (Boulaich, 2021). Esta cifra representa una disminución con respecto a la década de los noventa, cuando la proporción era del 17,3%.
Según el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de 2024, en 2022, solo el 50% de la población urbana tenía acceso conveniente al transporte público. En 2023, se estimaba que 1000 millones de personas seguían sin acceso a carreteras adecuadas, lo que implica que una porción considerable de la población mundial enfrenta dificultades significativas para desplazarse dentro de sus propios países.
Cuadro 15. Porcentaje de población con acceso a transporte público. Fuente: Elaboración propia a partir de Naciones Unidas (2022).
CONCEPTOS |
% ZONA URBANA |
% POBLACIÓN |
|
ÁFRICA |
SUBSAHARIANA |
23,00 |
31,00 |
SEPTENTRIONAL |
24,00 |
26,00 |
|
AMÉRICA |
LATINA Y CARIBE |
33,00 |
47,00 |
DEL NORTE |
60,00 |
90,00 |
|
ASIA |
25,00 |
37,00 |
|
EUROPA |
60,00 |
71,00 |
|
TOTAL MUNDIAL |
37,00 |
51,00 |
|
En África Subsahariana, solo el 23% de la población urbana tenía acceso al transporte público en 2022. Este porcentaje es considerablemente bajo, especialmente cuando se compara con los 37% de las zonas urbanas a nivel mundial. A nivel global, también se observa que el 31% de la población total en África Subsahariana accedía a transporte público, lo que refleja la escasez de infraestructuras de transporte en la región.
En África Septentrional, los índices son ligeramente más altos, con un 24% de la población urbana y un 26% de la población total teniendo acceso al transporte público.
Según el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas (2023), la contaminación del aire ha mejorado en algunas regiones del mundo, pero no de manera uniforme. De hecho, la contaminación del aire está afectando cada vez más a zonas rurales, que anteriormente estaban menos expuestas a este problema.
En cuanto a África Subsahariana, la situación es preocupante, ya que en 2019 la concentración de materia en partículas por persona en distintas áreas (urbanas, rurales y periféricas) presentaba los siguientes valores:
Comparando estos valores con los de África Septentrional y Asia Occidental, se observa una tendencia similar en cuanto a la contaminación del aire:
En regiones como Europa y América del Norte, los niveles de contaminación del aire son significativamente más bajos:
En África, coexisten dos formas predominantes de gestión del hábitat: la gestión pública de la promoción o la gestión privada, apoyada por la pública, que se basa en el mercado, y la autogestión por parte de un amplio sector de la población. Este último sector resuelve su propio hábitat con sus propios medios, ya sea con, o sin apoyo político y técnico. Estos dos enfoques corresponden a lo que se conoce como los sectores “formal” e “informal”, cuyas máximas expresiones son la ciudad consolidada y los asentamientos humanos, los cuales, a menudo, no son reconocidos como parte de la ciudad oficial.
En África, a partir de políticas de desalojo y desplazamiento, predomina un modelo de exclusión social, especialmente aplicado a los habitantes de los asentamientos humanos, quienes no son reconocidos como ciudadanos de pleno derecho.
En África Subsahariana, miles de residentes urbanos en situación de pobreza son desalojados de sus viviendas sin previo aviso, sin consulta o participación, y sin ofrecerles compensaciones económicas ni alternativas habitacionales (Solés, 2020). Las áreas desalojadas se destinan a viviendas de clase media y alta.
Estas políticas de desalojo, desplazamiento y ocultación de los asentamientos informales generan un ciclo vicioso de pobreza. Los desalojos obligan a las personas a relocalizarse continuamente, lo que implica gastos constantes en tiempo y dinero. Además, estas políticas contribuyen al alejamiento de las poblaciones de sus fuentes de trabajo, los equipamientos urbanos y los servicios esenciales. Esto, a su vez, genera una expansión urbana no planificada, el consumo de tierras agrícolas productivas y un impacto medioambiental descontrolado.
Este enfoque de desplazamiento está relacionado con el impulso de proyectos urbanísticos elitistas, como las nuevas capitales o ciudades inteligentes. Estos proyectos están diseñados para atraer capital extranjero y promover el urbanismo basado en el beneficio económico, en lugar de buscar soluciones para las necesidades de la mayoría de la población.
Algunos ejemplos extremos de estas políticas incluyen propuestas de nuevas capitales como Diamniadio en Senegal, situada a 30 km de Dakar y prevista para 300,000 habitantes, o la Nueva Capital Administrativa de Egipto, a 45 km de El Cairo, destinada a albergar 200,000 habitantes. También destacan proyectos como Konza (Kenya), una ciudad inteligente proyectada a 60 km de Nairobi, y Citykicali en Ruanda.
Frente a estas políticas de exclusión y desplazamiento, la Nueva Agenda Urbana, respaldada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, plantea un modelo urbanístico diferente:
La Nueva Agenda Urbana también hace un llamado al apoyo especial de los grupos vulnerables, incluyendo a los habitantes de los asentamientos informales. Defiende la producción social del hábitat y la defensa de las formas de vida existentes, con un énfasis particular en la preservación de la cultura local.
A pesar de que existen propuestas que se alinean con los objetivos de la Nueva Agenda Urbana, la realidad de los planes urbanísticos implementados en África y otras regiones del mundo, revela que muchas de estas acciones responden más a intereses económicos específicos que al bienestar común y la mejora real de las condiciones de vida de las poblaciones más desfavorecidas.
Se reconoce que, a menudo, estos proyectos se desarrollan con buena voluntad por parte de los políticos y técnicos, pero la realidad práctica es que están dominados por los intereses de sectores privados y ciertos grupos con poder económico. Esto pone de manifiesto la necesidad de que los intereses de la población y de los diferentes grupos sociales sean representados de manera efectiva en las decisiones urbanísticas.
La diferencia clave entre una ciudad para vivir y una ciudad-mercado es que en la primera se pone el bienestar de la población en el centro de las políticas urbanas, mientras que, en la segunda, el enfoque está en la especulación inmobiliaria y en la atracción de capital. A pesar de que el modelo de ciudad-mercado predomina actualmente en África y en muchas partes del mundo, el crecimiento real de las ciudades africanas sigue estando basado en la autogestión y la autoconstrucción por parte de las poblaciones, quienes resuelven su propio hábitat sin esperar soluciones externas.
Una política urbanística que se enfoque en el bien común es crucial que reconozca y acepte la autogestión como una estrategia válida para la mejora del hábitat. Facilitar la participación de los habitantes en la gestión del hábitat y apoyar la mejora de los asentamientos informales es una forma efectiva de mejorar la calidad de vida en las ciudades africanas.
El informe de las Naciones Unidas (2024) presenta una síntesis de indicadores clave relacionados con el hábitat y el desarrollo, desglosados por zonas geográficas. A continuación, se muestran los valores actuales de estos indicadores, junto con las tendencias de evolución (indicadas con las siguientes abreviaturas: “e” para estable, “d” para disminuyendo, “a” para aumentando):
Medio Oriente y Norte de África (ME y NA): 6,7% (estable) África Subsahariana (AS): 33,5% (estable), Mundo (M): 7,5% (estable)
ME y NA: 12,6% (disminuyendo) AS: 54,1% (estable) M: 14,6% (estable)
ME y NA: 14,2% (estable) AS: 53% (estable) M: 31,9% (estable)
ME y NA: 35,1% AS: 34,8% M: 57%
ME y NA: 94,3% (aumentando) AS: 65,1% (estable) M: 91,1% (aumentando)
ME y NA: 91,1% (aumentando) AS: 34,7% (estable) M: 80,3% (aumentando)
ME y NA: 97,2% (aumentando) AS: 50,5% (estable) M: 91,2% (estable)
ME y NA: 96,1% (estable) AS: 19% (estable) M: 71% (aumentando)
La intervención en la mejora del hábitat de las poblaciones, en especial en programas de cooperación internacional, requiere un conocimiento de la situación dinámica existente, que permita proponer aportaciones o soluciones correctas, según un orden de prioridades, capacidades y posibilidades concretas.
Conocer la situación del hábitat, compleja, se puede realizar a partir de un acercamiento que permita profundizar en etapas sucesivas, en función de la evolución de las propuestas.
Como primer acercamiento, se propone el uso y análisis de indicadores obtenidos por organismos internacionales.
Se proponen dos grupos de indicadores: Indicadores estructurales básicos, que permiten el análisis de las carencias cuantitativas y de las causas de estas carencias e indicadores específicos del hábitat, que miden las desigualdades cualitativas. Los indicadores propuestos permiten el acercamiento a la realidad que se quiere observar: la situación del hábitat en un lugar concreto.
Es evidente que según el lugar observado, pueden surgir distintos problemas para la obtención de los datos necesarios, en función de su extensión (zona geográfica, continente, país, ciudad, barrio o lugar concreto) y/o en función de la importancia del lugar en relación con las fuentes de obtención de dichos datos.
En cualquier caso, entendida la respuesta de los índices como acercamiento a la realidad, los datos que se consiguen indican, por un lado, observaciones comparables con otras situaciones, y, cuando hay carencia de ellos, la necesidad de profundizar a través de la observación directa.
Ambas respuestas permitirán no cometer graves errores, aceptando prioridades y soluciones que incidan estructuralmente en la mejora del hábitat.
Incidir estructuralmente en la mejora del hábitat es contribuir a que no se sigan produciendo desequilibrios, incidiendo en los mecanismos que los producen, fortaleciendo a las poblaciones para que evolucionen hacia el hábitat deseado, según su manera de vivir.
En caso de una actuación concreta, y cuando el análisis de los indicadores propuestos no es suficiente, por carencia de datos o por problemas de escala de aplicación (lugares muy concretos), se recomienda utilizar metodologías de análisis – propuestas participativas. Ejemplo de estas técnicas son las siguientes.
El Plan Base es un instrumento para llevar a cabo una planificación urbanística y física, con criterios de desarrollo sostenible y estratégico. Está especialmente dirigido a ciudades de intermediación entre los territorios, la globalización y las grandes ciudades, las ciudades intermedias que representan la mayoría urbana del planeta.
La Metodología que utiliza se desarrolla en varias etapas: Estudios Base – Encuesta, Análisis de información disponible, redacción en taller de un Plan Base Inicial, presentación + debate participativo para lograr ajustes y consensos, y redacción del Plan Base definitivo.
Los elementos definidos por el Plan Base son: Delimitación del área urbana consolidada y de las áreas de extensión y de reserva, ejes viales y de transporte básicos, nodos claves, equipamientos y servicios, sistema de espacios libres (zonas verdes, cauces, corredores, espacios naturales, etc.) y su relación con el medio ambiente, lista de proyectos base realizados y a realizar en los 10 años anteriores y posteriores respectivamente.
El Plan Base es una metodología propuesta por la Cátedra UNESCO-CIMES, dirigida por Josep María Llop. (Llop Torné, 2015).
En la actualidad, los Plan Base realizados superan los 300, de ellos, el 60% está localizado en América Latina, el 30% en África y el 10% restante en Europa y Asia.
El Plan Barrio es un instrumento participativo de opinión, negociación y estrategia para la mejora del hábitat de las poblaciones, en especial a escala de barrio o lugar concreto.
Se entiende como una mejora del hábitat en proceso, que permite abordar, paliar o resolver los desequilibrios existentes en el soporte físico y en la actividad que en él se desarrolla, en busca de una mejora de las condiciones de vida de los habitantes, según su evolutiva manera de vivir, buscando la transición hacia una sostenibilidad deseada y posible.
El Plan Barrio se desarrolla en tres etapas. En la primera, se realizan unos trabajos previos en los que se delimita el territorio a estudiar, se recopila la información existente y se realiza un análisis previo, mediante una encuesta. La segunda etapa es el taller participativo que se desarrolla en dos días y en los que se analiza la realidad del barrio o lugar concreto y su relación con la ciudad a la que pertenece, las propuestas de mejora y los medios para conseguir los resultados deseados. En la tercera etapa, se redactan los tres documentos del Plan Barrio: un plano de la relación barrio-ciudad, un plano del propio barrio y un documento escrito con los objetivos y los medios necesarios para conseguirlos. En etapas posteriores se exponen públicamente los resultados y se elabora una propuesta de mejora barrial con un orden de prioridades.
El Plan Barrio se inició con el estudio del barrio Abjouffou, en Abidjan, Costa de marfil y se ha aplicado en distintos lugares de América latina y España. Para más conocimiento sobre la metodología, se puede consultar el artículo de Lorenzo Gálligo y Lopez Mena (2019).
En cualquier caso, estas técnicas de análisis – propuesta se inician con una encuesta de datos conocidos previos y como base de datos de esta encuesta, se suele aplicar el análisis de los índices propuestos.
En África, los indicadores muestran una realidad marcada por situaciones de escasez y desigualdad, que posiblemente son las más graves del mundo. Las disparidades sociales, económicas y culturales en muchos países y territorios africanos son notoriamente amplias. Sin embargo, es frecuente que las decisiones adoptadas en estos contextos estén orientadas hacia intereses ajenos a las verdaderas necesidades de las poblaciones, desconsiderando sus realidades sociales y sus formas de vida.
Incluso en el marco de intervenciones con objetivos aparentemente adecuados, como en los proyectos de cooperación internacional, se cometen errores graves debido al desconocimiento o mal análisis de las prioridades locales.
Analizando los indicadores para el caso de África se puede afirmar lo siguiente:
Evolución demográfica: África y Asia son los territorios con mayor crecimiento demográfico del mundo, lo que supone una enorme necesidad de espacio residencial y un agravamiento del desequilibrio de la capacidad de acceso al hábitat para gran parte de la población, incrementándose la necesidad de la gestión y/o producción social del hábitat, Atender a este sector debería ser el objetivo primario de las políticas de vivienda y, en particular de la arquitectura de cooperación internacional.
Nivel de urbanización: se espera un gran aumento del nivel de urbanización de África, actualmente bajo, lo que supondrá una llegada de población a las ciudades africanas y a las aglomeraciones, con la consiguiente necesidad de viviendas, equipamientos y servicios.
Desequilibrio económico: es máximo, en especial en África Subsahariana, con altos índices de pobreza y pobreza extrema. Esta es la causa básica de la exclusión y de la mala situación del acceso al hábitat.
Acceso a la vivienda: gran predominio del sector informal, en especial, en África Subsahariana, así como gran proporción de población que habita tierras degradadas o en riesgo.
África Subsahariana es considerada una de las regiones con mayor problema de acceso al agua potable segura (en una zona de riqueza hídrica), con graves problemas de acceso adecuado al saneamiento y de acceso a la energía.
Los datos de calidad de la construcción son escasos, salvo el análisis pormenorizado por países.
El hacinamiento es uno de los problemas graves.
Las ciudades africanas, en especial las de África Subsahariana, tienen escasez de espacio público y dificultad de acceso al transporte público.
En África, existen políticas generalizadas de exclusión social, miles de residentes de asentamientos humanos autogestionados son desplazados, generándose un círculo vicioso de pobreza, que obliga a un continuo reasentamiento en búsqueda de una tenencia segura de la propiedad de la vivienda, alejando a las poblaciones de las fuentes de trabajo.
En paralelo, se impulsan proyectos urbanos elitistas, basados en inversiones internacionales, ajenos a las necesidades de la población.
Estas conclusiones, pueden orientar las intervenciones estructurales correctas de la cooperación internacional, para la mejora del hábitat de las poblaciones africanas.
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