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REVISTA HÁBITAT Y SOCIEDAD nº 14: Movimientos Vecinales: Haciendo ciudad participativamente


En los años cincuenta del anterior siglo, cientos de miles de migrantes se vieron obligado a abandonar sus municipios, trasladándose principalmente a Madrid, Barcelona, Bilbao y, en menor medida, a Sevilla, Valencia y Valladolid, al concentrarse en éstas ciudades el capital, la industria multinacional y las plusvalías generadas en todo el territorio del Estado español. Muchos de estos inmigrantes, al carecer de recursos económicos, se instalaron en la periferia social de las ciudades. En terrenos calificados de uso rural construyen sus infraviviendas –chabolas- carentes de los servicios mínimos (como son luz, agua, alcantarillado, etc.). Recalan en un espacio sin pavimentar, sin calzadas, sin tendido eléctrico, sin centros educativos o sanitarios, etc.
Conseguir infraestructuras imprescindibles, como el tendido eléctrico y servicios básicos, como el agua potable, fue lo que, entre otros aspectos, motivaron a sus habitantes a crear, en los años setenta, asociaciones de vecinos con las que organizar la lucha a favor de sus reivindicaciones.

Si inicialmente la lucha vecinal se centró en conseguir mejoras infraestructurales no tardando mucho las asociaciones no se conformaron con ello, reclaman viviendas dignas y equipamientos educativos, socioculturales, deportivos, de ocio y abastecimiento, etc., que se construirán en donde estaban asentados. Enfrentándose de este modo a la lógica especulativa dominante, que se beneficiaba de las plusvalías generadas por sus moradores construyendo viviendas privadas en el suelo expropiado.

La lucha por una vivienda digna se extiende rápidamente. En la década de los ochenta en Madrid se realiza la mayor operación urbanística en materia de vivienda de Europa tras la realizada para reparar los daños causados por las II Guerra Mundial. Se levantaron treinta barrios donde antes había chabolas, infraviviendas o viviendas que presentaban más o menos déficit de calidad. Construyéndose unas treinta y nueve mil viviendas, que acogieron a más de ciento cincuenta mil personas. En menor o mayor medida, en estos barrios, los vecinos y vecinas no solo participaron en la lucha también lo hicieron en el diseño de sus viviendas, trama urbana, equipamientos sociales, culturales, educativos, comerciales, zonas verdes, en la selección de los materiales de construcción, en el seguimiento y control de la calidad de la edificación -mediante comisiones que periódicamente visitaban las obras-, en la liberación de espacios y en la gestión de la entrega de llaves de la nueva vivienda.

Viviendo el dictador, en muchos barrios y pueblos de España en las asociaciones de vecinos se practicaba la democracia. Como asevera Manuel Castell, las asociaciones de vecinos fueron verdaderas escuelas de democracia. No solo se ejercía la democracia en la elección de la junta directiva sino asimismo en las asambleas. En ellas, socios y no socios de la asociación debaten, reflexionan, deliberan y toman decisiones, entre otras, la selección del personal técnico en materia urbanística y arquitectónica que serán impuestos a las administraciones públicas, estando éstos, en al servicio de los acuerdos, sugerencia e indicaciones vecinales.

Este monográfico versa sobre el asociacionismo y la participación vecinal luchando por la vivienda, haciendo ciudad en cualquier tiempo y lugar, al tiempo que es un homenaje a los hombres y mujeres que no se fueron a la ciudad sino que decidieron traer la ciudad a sus barrios socioeconómicamente periféricos.

Coordinación:

Dr. Manuel Montañés Serrano (Universidad de Valladolid, España)
Dra. Mariana Enet (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina)
Dr. Eleder Piñero Aguilar (Universidad Adolfo Ibáñez, Chile)


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