Núm. 42 (2015) ■ 243-260

ISSN: 0210-7716 ■ ISSN-e 2253-8291

http://dx.doi.org/10.12795/hid.2016.i43.10

Recibido: enero 2016; Aceptado: junio 2016; Versión definitiva: junio 2016


BELLEZA Y SALUD A FINES DE LA EDAD MEDIA. LAS RECETAS CASTELLANAS DE LOS MANUSCRITOS DE HERNANDO COLÓN [1]

THE BEAUTY AND HEALTH IN THE LATE MIDDLE AGES. THE CASTILIAN RECIPES OF THE MANUSCRIPTS BY HERNANDO COLÓN

Adolfo Hamer Flores

Universidad Loyola Andalucía

adolfo_lianier@yalioo.es

Teresa María Criado Vega

Universidad de Córdoba

teresa_criado61@yahoo.es

Resumen: La Biblioteca Colombina guarda, de una parte, varias recetas sobre el cuidado y teñido del cabello y, de otra, una relativa al cuidado y hermoseo de los ojos. A lo largo del presente trabajo se han analizado las mismas, haciendo hincapié en las materias y procesos que incluyen así como también se han cotejado con varias recetas recogidas en diversos manuscritos y obras impresas depositadas en diversos fondos emplazados dentro y fuera de la Corona castellana. Destaca la receta del cuidado del cabello blanco, temática, esta, poco habitual. Por último, hemos destacado la relación existente entre las recetas, cosmética y la ciencia de Galeno.

Palabras claves: Biblioteca Colombina; receta; cabello; ojos; cuidado; teñido y hermosear.

Abstract: The “Colombina library” keeps several recipes on care and dyeing hair and other one relating to the care and beautify of the eyes. Throughout this research paper we have analysed them, by emphasis on materials and procedures. As well, we set up a balance among these medieval cosmetic recipes and a wide range of manuscripts and other primary resources from in and outside of the Crown of Castile. One of the most distinctive recipe treated about the concern of white hair caring. Finally, we have highlighted the bound between the Pharmacopoeia, the cosmetic discipline, and the Galenic Medicine to understanding the medieval charm rituals.

Keywords: The “Biblioteca Colombina”; recipe; hair; eyes; care; dyeing and beautify.

1. Introducción

En la Biblioteca Colombina, Fernandina o Hernandina [2] , hace unos meses, localizamos entre sus fondos, un puñado de recetas, concretamente, cuatro relativas al cabello, tres para su teñido (negro y rubio), una para el acicalado de los cabellos plateados, y otra para el cuidado y realzamiento de los ojos. Dichas recetas reflejan la interrelación existente, a fines de la Edad Media, entre la ciencia de Galeno y la cosmética [3] , realidad que se hace -aún si cabe-, más explícita en la receta relativa a los ojos.

Dicha conexión, así como el estudio y comparación de las recetas con otras semejantes incluidas en numerosos manuscritos, depositados en diversos fondos emplazados dentro y fuera de la Corona de Castilla, y textos impresos, constituyen el objeto del presente trabajo. Al cotejar la realidad recogida en unas y otras, castellanas, europeas e italianas, descubriremos que el escenario que describen las castellanas es el mismo o muy similar al que aparece en las recetas de allende de sus fronteras.

Durante mucho tiempo. Antigüedad y Edad Media, en Europa, los profesionales y la gente corriente no tuvieron claro, en algunas ocasiones, si una receta era un remedio médico o una fórmula que describía como hacer un cosmético, de hecho a la cosmética se le consideraba una parte más de la medicina. Como botón de muestra, en el siglo IV a. C.. Hipócrates de Cos. el padre de la medicina, nos legó una extensa colección de formulaciones cosméticas, y Galeno de Pérgamo, siglos después, trabajó en el arte de la formulación de preparados cosméticos y distinguió entre una cosmética de índole natural, cuya finalidad era la conservación y mantenimiento de la belleza natural, y otra cosmética artificial, que perseguía una belleza antinatural, falsa, que era despreciada [4] .

Los cosméticos orientados primigeniamente a conservar y mantener la belleza y frescura de la tez y el cabello, a veces, lograron enderezar el aspecto dado a hombres y mujeres, llegando, en ocasiones, a proporcionarles una apariencia que la naturaleza no les dio, y que la colectividad les imponía [5] . Este cambio fue objeto de crítica a lo largo del Medievo, por parte de ciertos miembros de la Iglesia, quienes llegaron a afirmar que con tal transformación se estaba engañando al Creador [6] .

En el siglo XII. Abu Marwan b. Zuhr [7] defenderá la cosmética y lo hará vinculándola con la medicina: “quien cuide su cuerpo, conseguirá que funcione mejor” [8] . Conexión, esta, que se romperá a finales de la Edad Media, siendo uno de sus iniciadores Henri de Mondeville, médico de Felipe IV de Francia, quien a principios del siglos XIV escribió un libro sobre cirugía. La chirurgía [9] , en el que distinguía claramente entre los aspectos patológicos y cosméticos del tratamiento de la piel [10] .

La salud y la belleza son y han sido dos aspiraciones del ser humano. Desde tiempo inmemorial, ha dispuesto de una amplia gama de técnicas (cosmética y medicina). Respecto a la primera, los primeros afeites conocidos nos llevan al mundo faraónico, varios son los cosméticos y colirios que nos han legado los egipcios [11] , continuando griegos y romanos. Galeno, en el siglo II d. J., elaboraba una crema mezclando aceites y grasas [12] , y en la Edad Media se elaboraban cosméticos con miel, cera y otros muchos ingredientes [13] .

Además de las fórmulas, el hombre contó, desde muy pronto para este cometido con el respaldo de la naturaleza. Ella ofreció, específicamente, a hombres y mujeres, las materias para desarrollar las fórmulas, así como diversos recursos con los que resaltar su belleza, destacamos aquí las gemas, las perlas y el coral. Estos elementos, gemas, perlas y coral, además de realzar la belleza, se usaron o constituyeron de por si artículos profilácticos (coral), así como también, se entregaron como ofrenda o donación a las divinidades, circunstancia que hizo que formasen parte de enseres sagrados (cruces o cálices) y de la vestidura de los sacerdotes (alba o casulla). En definitiva, piedras preciosas y metales favorecieron el desarrollo de una exquisita joyería, la cual engalanó especialmente a las mujeres, y en menor grado, a los varones, y la Iglesia gracias al buen hacer de muchos artistas y artesanos, plateros, broncistas, doradores. ., se hizo de excepcionales objetos sacros (custodias, cáliz, patenas...) [14] .

2. La cosmética y la medicina

Las técnicas y productos que integran la cosmética son presentados bajo la apariencia de recetas. Estas nos han llegado, a veces sueltas, y en otras ocasiones, formando parte de tratados o recetarios, mayoritariamente médicos. En Europa, así como en los reinos que dieron lugar a la Monarquía Hispánica, las Coronas de Aragón y Castilla y el reino de Navarra, encontramos en los fondos de sus archivos, un elevado número de recetarios y tratados en los que se entremezclan remedios médicos y recetas para la elaboración de cosméticos.

En Castilla destacamos, de una parte, dos manuscritos con apariencia de tratado, uno localizado en la Biblioteca Nacional de España. Vergel de sennores’ [15] , y otro, depositado en la Biblioteca Nacional de Austria (Österreichische Nationalbibliothek), el Regalo de la vida humana de Juan Valles [16] , bajo la signatura Codex Vindobonensis Palatinus, ms. 11160 [17] . El primero, considerado por el profesor Javier Puerto como una obra o tratado dirigido a los apotecarios [18] -todavía sin estudiar- y fuente de inspiración del segundo, es fechado a fines del siglo XV, mientras que el segundo, localizado en la Biblioteca Nacional de Austria, es datado en la primera parte del siglo XVI [19] . La realidad que nos describen las recetas, de uno y otro, es un apunte o esbozo de lo que recogieron los libros destinados al cuidado del hombre [20] , un cuidado que iba de dentro afuera o viceversa [21] . De otra parte tenemos, varios manuscritos con aspecto de recetario, depositados en la Biblioteca Nacional de España, concretamente, los manuscritos 9226 y 2019 [22] .

En el ámbito europeo, concretamente Italia, publicados a mediados del siglo XVI, tenemos a Isabella Cortese, autora de un libro de secretos [23] , I secreti de la signora Isabella Cortese, [24] y a Gioanventura Rosseti, autor de Notandissimi secreti de’l arte de la profumatoria [25] . Sendas obras son una amplia recopilación de recetas, destacando los remedios médicos, fórmulas farmacológicas, recetas de perfumería, cosmética, higiene y gastronomía.

En todos ellos, tratados y recetarios, entre las recetas o fórmulas que incluyen, hay varias que versan sobre las cuestiones que tratamos, el cabello (teñido y cuidado) y los ojos (cuidado y acicalado). La inserción de ambas temáticas, sobre todo en Vergel de señores, dan testimonio de la idea que defendemos: la conexión entre cosmética y medicina. Realidad que también se observa, como sabemos, en un manuscrito de la Biblioteca Colombina [26] .

Efectivamente, en el manuscrito colombino, ms. 07-6-26 (Sala Hernando), se recogieron cinco recetas de cosmética, concretamente, tres fórmulas que versan sobre el modo o manera de enrubiar y ennegrecer los cabellos, una de cómo cuidar los cabellos blancos, cuestión esta inusual, pues lo normal es y era no mostrar las canas a los demás; y un colirio para los ojos, que persigue su cuidado, además de resaltarlos [27] .

3. Las recetas del fondo de la Colombina

Las recetas de la Biblioteca Hernandina, mencionadas anteriormente y motivo del presente trabajo forman parte del manuscrito 07-6-26 y lo hacen junto con “Alphita sive synonima herbarum” [28] , glosario de 2265 entradas del que existen dos manuscritos castellanos, uno en la Biblioteca Nacional de España, manuscrito 3370, editado por Guido Mensching [29] , y otro el que nos ocupa. Biblioteca Colombina, manuscrito 7-6-26, de finales del siglo XIV, este se inicia:

“Comiença La Sinonima de los nombres de las medeçinas griegos e latynos e abraycaos: los quales nonbres pertenesçen a los libros de la física e de la çilurgía las quales se siguen por las letras del abc.a.b.c. (1351)” [30] .

Este códice y varios más fueron adquiridos en Sevilla los años 1511 y 1527, por el propio Hernando Colón. Hoy en día, muchos de aquellos, no forman parte del fondo, desconociéndose el motivo, expurgo, incendio u otro suceso, o simplemente no existen. Este lote de obras se caracterizaba por incluir recetas, experimentos o remedios de medicina [31] .

El manuscrito, objeto de estudio, está escrito en castellano, incluido el glosario, se fecha en el siglo XIV, su anterior tenedor o propietario fue un físico-boticario llamado Juan González. A lo largo del mismo parecen, el glosario y numerosas recetas, ejemplos que se suceden uno detrás de otro sin orden o criterio que los agrupe, y lo hacen de tal modo que constituyen una parte propia e independiente del Alphita, es decir un añadido. La letra empleada en las recetas es distinta a la que aparece en el Alphita, realidad que verifica que estamos ante un añadido que se sitúa en las primeras páginas y no en las finales.

Entre las recetas, además de cosméticos, encontramos remedios para varias patologías, concretamente, tres ungüentos: uno para la sama, otro para el incordio [32] y el tercero y último, para pulgar toda calentura; y, de otra parte, recetas de cocina, relativas todas ellas al azúcar, específicamente, sobre la manera de hacer azúcar candi y como facer la pasta de azúcar blanco [33] .

Las recetas sobre como teñir el cabello son tres, dos para enrubiar y una para ennegrecer los cabellos; una receta para cuidar los cabellos plateados (darles un hermoso tono) y una para los ojos, colirio, su cuidado y realce [34] El deseo de cambiar el tono del cabello es y ha sido una constante, a lo largo del tiempo, tanto por parte del género masculino como del femenino. Reflejo de este inconformismo es el elevado número de recetas existentes que describen como hacer el tinte para variar el color del cabello, rubio, negro, caoba, cubrir las canas y como se ha de aplicar [35] . Escasas son, por el contrario, las recetas que nos detallan como cuidar los cabellos blancos y adquirir un hermoso color plateado, recogiendo una de esas excepciones el manuscrito colombino que nos ocupa [36] . El colirio, afeite, para cuidar y realzar la belleza de los ojos es habitual encontrarlo tanto en los recetarios como en los tratados de medicina, realidad que evidencia la relación estrecha existente entre la medicina y la cosmética, unos ojos bien cuidados pueden llegar a ser más hermosos que otros sin el cuidado necesario. La fórmula localizada, efectivamente, de una parte, cuida a los ojos, y de otra, los realza [37] . Frente a esta clara conexión, cosmética y medicina, en el caso concreto del fármaco, en las otras recetas, tinción y cuidado del cabello, también se da aunque es menos evidente pues se produce, concretamente, en el ámbito de la psique.

3.1. Tintado del cabello

3.1.1. Para enrubiar los cabellos

Para hacer los cabellos como hebras de oro, el manuscrito de la colombina, ofrece dos recetas:

“Toma aceite de nogal antes que eche la flor, toma la mayor raíz de nogal e pícale una rebanada e socaba la raíz, e pon debajo de la raíz una olla en que rallándolo que de aquella raíz saliere e con abillas; y unta los cabellos en tal que estén lavados e con alumbre fumados” [38] .

“Camomila una onza, oropimente media onza, nogalina una onza, estorça de bogia, castos de toronja. Sea todo bullido en lejía de sarmiento e sea colado e lávese” [39] .

En la primera, el ingrediente mediante el cual se logra la coloración es el nogal, concretamente, la raíz [40] , mientras que en la segunda, más compleja, se obtiene mezclando nogalina, tinte derivado de las cáscaras del fruto del nogal [41] , más camomila [42] y cascos de toronja [43] , todos ellos de origen vegetal, oropimente [44] , ingrediente altamente toxico, y estorca de bogia [45] . La flor del nogal, aparece recogida en una receta del manuscrito 9226 de la Biblioteca Nacional de España, pero en este caso no es para enrubiar los cabellos sino para teñirlos de negro [46] .

En el mismo fondo los manuscritos, mss. 2019 y Vergel de señores [47] , incluyen recetas para teñir los cabellos como hebras de oro. Sendos manuscritos recogen lejías [48] . En el primero de los citados, ms. 2019, se elabora con sosa [49] , cenizas de sarmiento, uvas blancas, talvina [50] , rasuras [51] calcinadas y troncos de berza blanca [52] . En el segundo, la lejía se obtiene con cenizas de sarmiento, ingrediente que comparte con las anteriores, más agua clara y jabón blanco [53] .

Si hacemos una comparativa entre las recetas colombinas y las de la Biblioteca Nacional de España, observamos que las primeras describen emulsiones mientras que las segundas recogen lejías. En las primeras la coloración se extrae del nogal, en el primer caso de la raíz y en el segundo de las cáscaras de su fruto, las nueces, a las cuales se unen camomila o manzanilla y oropimente; mientras que en el caso de las recogidas en los códices de la Biblioteca Nacional de España, las lejías se obtienen, en todos los casos, de mezclar cenizas de sarmiento y un disolvente, agua. A los colorantes, en las fernandinas, se le agregan estorca de bogia, nombre que desconocemos a que se refiere así como la función que pudiera tener, y cascos de toronja, cítrico, mientras que a las lejías, en el caso del ms. 2019, se le suma un mordiente, tartrato, ácido de potasa, acompañado de uvas blancas y troncos de berza, y, en el ejemplo que recoge Vergel de señores, se le une jabón blanco.

En Italia, Isabela Cortesse, en su libro de secretos [54] , incluye una receta, lejía, igual realidad que la recogida en los manuscritos de la Biblioteca Nacional de España y distinta de la que aparece en las recetas colombinas. Los ingredientes que aparecen son lejía dulce, más agua y jabón, materias ambas que incluyen los ejemplos de Vergel de señores, con la matización que aquí se exige que sea de Damasco mientras que en los ejemplos del ms. 8565 se decía “jabón blanco” y como mordiente alumbre, opción que no nos debe sorprender, ya que en los Estados Pontificios se encontraba una de las minas más importantes de dicha sal Tolfa [55] , frente al tartrato, que aparecía en la receta del ms. 2019.

3.1.2. Para los cabellos negros

Para hacer los cabellos negros, el manuscrito de la colombina, recoge una receta [56] :

“Acije, agallas, zumaga e pimienta, tanto de uno como de otro, e bullirlo fasta que mengue la tercia parte, e después lávate los cabellos mucho e con alumbre e después úntalos e lávate la cabeza”.

Presenta como ingredientes acije o caparrosa [57] , agallas [58] , zumaque [59] , pimienta y alumbre [60] . Muchos de dichos ingredientes son los mismos que encontramos en cualquiera de las muchas recetas que existen para escribir, tintas ferrogálicas. La Biblioteca Colombina guarda entre sus fondos un ejemplo de esta modalidad de tinta:

“Avanici [61] cuatro, vitriolo calcinado y pulverizado, azúcar cande y goma arábiga. Todo se expondrá por espacio de dos días al sol, agitándolo en cuando en cuando en vaso vidriado que no haya servido” [62] .

En una y en otra, aparece un mordiente, agallas o alumbre, y un colorante, sulfato, vitriolo o caparrosa, a los cuales, en el caso de la receta para el teñido, se les suma una especia que daría olor, pimienta, y un curtiente, zumaque; mientras que en el caso de la tinta ferrogálica se añaden, dos hidratos de carbono, espesantes, azúcar cande y goma arábiga.

En la Biblioteca Nacional de España, los manuscritos 9226 y Vergel de señores [63] , incluyen recetas para negrear los cabellos. En el primero hallamos tres ejemplos, ninguno de los cuales incorpora los ingredientes recogidos en la receta de la colombina, concretamente incluyen, la primera [64] , agua y hojas de mora, de parra y de higuera [65] ; la segunda, sanguijuelas y vino tinto o vinagre [66] ; y tercera, lejía, mirra y hojas de acelgas, de salvia, de laurel y de nogal [67] . En Vergel de señores [68] , las tres recetas localizadas citan varios de los ingredientes que aparecen en la fórmula incluida en el manuscrito colombino así como también alguna de las materias que anotan las recetas del ms. 9226 de la Biblioteca Nacional de España. Concretamente, recogen, la primera, zumaque y agallas de roble [69] , sendos ingredientes parecen en la receta colombina, curtiente y mordiente, respectivamente, más dos grasas, una vegetal (aceite de ajonjolí o de alegría) y otra de origen animal, manteca de vaca [70] . La segunda, hojas de higuera, ingrediente anotado en las recetas del ms. 9226, más grasas vegetales, incluidas en la receta anterior, aunque diferentes tipologías, de benjuí y manzanilla, frente al de ajonjolí o alegría [71] . La tercera, similar a la primera, concretamente, incluye grasas de origen animal, vacuno, en este caso hiel de buey y de vaca, mientras que la anterior hablaba de grasa de vaca, y mordiente, agallas, citadas en la primera receta [72] y en la colombina; más otro mordiente, cortezas verdes de nueces [73] , lejía fortísima y litarge dorado [74] , no incluidos.

Una materia que aparece en la receta colombina -ausente en las recetas castellanas-, es la sustancia colorante, la caparrosa o acije. Dicha ausencia, aparente, puede ser suplida por el zumaque [75] , según Dioscórides, el cocimiento de sus hojas ennegrece el cabello [76] , presente en la primera receta de Vergel de señores, y por el litargirio dorado, de origen mineral, que da color amarillo [77] , recogido en la tercera del citado manuscrito. El resto de los ingredientes, no dan color, las hojas y cortezas de los diversos arbustos son mordientes; las grasas, animales y vegetales, facilitan la mezcla de los ingredientes, función que asimismo desarrollan los líquidos, vino, vinagre y agua, y la lejía fortísima, la cual puede aparecer, como hemos visto en el teñido dorado, como una forma de teñir.

Tomando de nuevo la obra de Isabella Cortese, esta incluye dos recetas para teñir el cabello en color negro. En sendas fórmulas, arriban dos de los ingredientes citados en las recetas recopiladas en Vergel de señores, ausentes en la colombina, concretamente, litargirio y lejía de jabón [78] , a los que se agregarían, en la primera, [79] cal viva en polvo, agua común, col y jabón.

3.1.3. Para cabellos blanco

Como colofón del decolorado del cabello, los fondos fernandinos, guardan una curiosa receta para los cabellos blancos:

“Tomar bembrillos, cosidos e ponerlos sobre do quisieres tres o cuatro días, continuamente cárdalos e calientes, e quedara blanco” [80] .

Esta, no está dirigida a cubrir las canas, como es lo habitual, sino a colorear o cuidar el cabello de dicha tonalidad, y se hace con un único ingrediente, bembrillos [81] , los cuales simplemente se han de cocer, aplicando la confección obtenida en el cabello.

De esta cuestión se hace eco Gioanventura Rosseti, en su obra Notandissimi secreti de´l arte de la profumatoria [82] , concretamente, una.

Fig. 1: A far li capelli bianchi bimi [83]

La receta -más compleja que la incorporada en el manuscrito colombino- incluye como ingredientes ceniza de viña blanca, con la que se elaborara lejía para lavar la cabeza junto con raíces de malvavisco y de ortigas; todo lo cual se atará y pondrá a hervir. Hecho esto, se tomarán altramuces molidos, manzanas cocidas, manteca de cerdo, jabón de lavar y agua de lluvia, y se pondrán en una olla a hervir hasta que el agua se consuma, quedando como un ungüento. Seguidamente se unirán la lejía y el ungüento, dando lugar a una confección. Esta se aplicara en la cabeza mediante un peine y seguidamente se expondrá al sol, resultando un cabello muy blanco y brillante, que durara toda la vida, no afectando al cerebro ni a los dientes.

En ambas recetas encontramos dos frutas, membrillo y manzana, emparentadas entre sí o quizás se trate de una misma fruta si nos atenemos a la opinión vertida por Dioscórides. Efectivamente, en su obra. De materia médica, traducida y comentada por el doctor Andrés Laguna, en el pasaje I. 31 recoge dicha identificación:

“Debajo del nombre de la manzana, que en griego se llama melón y en latín malum, comprendió Dioscórides muchas y muy variadas frutas, como las que ordinariamente llamamos en castilla manzanas, los membrillos, los duraznos y albaricoques, y en suma, todo género de cidras y limones. Hablando, pues, de las que vulgarmente solemos llamar manzanas, todas las especies de aquella fruta son por la mayor parte estípticas, frías y terrestres” [84] .

4. El cuidado y hermoseamiento de los ojos

El cuidado de los ojos constituye una de las cuestiones o puntos que confirman la ligazón entre cosmética y medicina. En el mundo egipcio encontramos este producto, el colirio, mucho antes de iniciarse la época faraónica y que surgieran los jeroglíficos. En efecto, 4.000 años antes de Cristo los egipcios ya usaban un polvo verde, extraído de la malaquita que llamaban “uadju’j afeite que servía para embellecer el ojo, y que se mantuvo en uso hasta la IV dinastía, momento en el que fue reemplazado por uno negro, elaborado a base de galena [85] , el cual llamaron ‘’Kohl” [86] cuyo uso ha llegado hasta nuestros días. Este cosmético que realza y protege los ojos [87] se ha localizado en las listas funerarias a partir del reinado de Keops, en tomo al 2600 a. C [88] .

Entre las recetas fernandinas hay un colirio:

“Toma atutía y quemarla en una teja, apagarla en vino blanco muchas veces, después sean hechos los polvos. E mirra fina dorada, tamizada asimismo pulverizada. E todo puesto en otro vino blanco fasta que merme la mitad. Y añade como dos raíz de apio e de hinojo e un poco de agua de fragua, e un poco de piel de cabrito. E todo junto mezclado sea colado, de cualquiera, le pongan un poco en los ojos” [89] .

Incluye como ingredientes atutía [90] , sustancia habitual en la elaboración de remedios para las afecciones oculares en la medicina árabe [91] , quemada en una teja y amatada convino blanco, mirra fina dorada, tamizada y pulverizada, raíces de apio y de hinojo, agua de fragua y piel de cabrito [92] .

Medicamento similar encontramos en los manuscritos 2019 y 8565 de la Biblioteca Nacional de España y en c\ Manual de mujeres. En el ms. 2019 encontramos tres, en dos de ellos, en sus respectivos epígrafes, aparece la palabra “alcohol” [93] , y entre los ingredientes todas ellas incluyen la atutía. En la primera [94] , además de dicho ingrediente, aparece el agua, que puede ser de rosas u otra cualesquiera; en la segunda [95] , más amplia, vemos el óxido de cinc, acompañado de orines de niño sano, vino blanco, agua rosada, coral quemado, aljófar quemado, cuerno de ciervo quemado y cebada, también quemada, y en la tercera, también presente en Manual de mujeres, afloran la atutía, como en las anteriores, y las perlas horadadas (aljófar en la segunda), a las que se suman conchas quemadas, almidón, alcohol, canfora, azúcar candi, cuesco de dátiles y mirabolanos [96] . Vergel de señores [97] , reúne numerosos colirios, cuatro, de los cuales, recogen entre sus ingredientes la atutía u óxido de cinc. Junto a la atutía, los cuatro fármacos, recogen agua de rosas, cardenillo [98] y canfora [99] ; la segunda, tercera y cuarta, vino blanco odorífero; y la segunda y tercera agua de llantén [100] . La primera, además de los indicados, contiene clara de huevo y agraz [101] ; la tercera sarcocolla [102] ; y la cuarta mirabolanos cetrinos [103] . El Regalo de la vida humana [104] de Juan Valles, acoge similar realidad que la comentada en los manuscritos citados, y lo hace, de una parte, haciendo suyas las instilaciones que aparecen en Vergel de señores y, de otra, sumando varias desconocidas por el autor o compilador de aquel.

El procedimiento descrito para la elaboración del fármaco se inicia con la quema del óxido de cinc, continuando con su introducción en un líquido, amatarlo, que en la receta colombina es vino blanco, mientras que en el manuscrito 2019 varía de una receta a otra. Así en la primera es agua de rosa u otra cualesquier agua de olor, en la segunda son orines, vino blanco y aguas de rosas, y en la tercera alcohol. Una vez humedecida la atutía, en el caso de la receta colombina se indica que, junto con esta y el vino blanco, se incorporen los restantes ingredientes (mirra fina dorada, raíces de apio y de hinojo, agua de fragua y piel de cabrito) en un recipiente.

Por su parte, las recetas del reiterado manuscrito 2019, continúan de forma similar que la receta colombina, así la segunda y tercera simplemente señalan que los restantes ingredientes se añadan a la confección obtenida de la atutía y el fluido, omitiendo cualquier proceso o técnica alguna a seguir, y la primera, por su parte, se limita a comentar que una vez amatado el óxido de cinc se deje curar al aire y posteriormente se muela y cierna. Parecida realidad se observa en los ejemplos recogidos en Vergel de señores y en la obra de Juan Valles.

5. Conclusiones

Como cierre del presente trabajo, manifestamos que las recetas localizadas en los diversos fondos. Bibliotecas Colombina, Nacional de España, Palatina de Parma y de Viena, así como las fórmulas recogidas en las obras de Isabela Córtese y Rosetti, sobre las cuestiones que nos atañen, presentan similitudes tanto en las materias que mencionan como en el proceso seguido para la obtención de los productos o fármacos.

Consecuentemente, la realidad que se daba en Europa y en Castilla era semejante, es decir, hombres y mujeres disponían para su cuidado y embellecimiento de similares productos, elaborados, en la mayoría de los casos, con los mismos ingredientes y con igual técnica

En el ámbito de los ingredientes, la semejanza se observa en la presencia de ciertas materias en más de una receta, reiteración que se intensifica en los colirios. En el caso de las fórmulas que describen o detallan como se hace el colirio, en todas y cada una, aparece la atutía acompañada de un líquido en el que se amata. En las relativas al cabello, teñido y cuidado, la repetición de los ingredientes se produce, destacamos el jabón y las agallas. Por su parte, la presencia de las materias puede estar motivada por factores diversos, como por ejemplo, económicos (status social, aprovechamiento de los recursos de la zona), preferencias o gusto personal.

En lo que se refiere a los procedimientos o técnicas usadas para la obtención de los productos, cosméticos y fármacos recogidos en contadas ocasiones, se puede afirmar que cada uno de ellos se elabora de una única manera, dándose entre unos y otros ejemplos simples matizaciones, es decir, las recetas colombinas y las incluidas en los manuscritos depositados en la Biblioteca Nacional de España recogen el mismo proceder para obtener un mismo producto, con leves matizaciones, motivadas estas por la inclusión de ciertas materias que aparecen en unos casos y en otros no. Por ejemplo en la elaboración del colirio, el procedimiento a seguir en todos los casos es: el óxido se amata, y seguidamente, se incorporan en un recipiente los restantes ingredientes, recipiente en el que se ha amatado, previamente, la atutía.

Los colirios o remedios para cuidar y hermosear los ojos constituyen, en este caso, el enlace entre la medicina y la cosmética, realidad que se evidencia, concretamente, con la atutía, ingrediente, que simultáneamente limpia y hermosea a dicho órgano.

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[1] El presente trabajo se enmarca dentro de los Proyectos HAR2015-67619-P (MINECO/ FEDER) y HAR2015-67619-P, Tecnología y Conocimiento en la Península Ibérica (siglos XIII-XVI), cofinanciado por el Ministerio de Economía y Competitividad y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional.

[2] Sus fondos son, en verdad, la suma de la Biblioteca Colombina, donada por Hernando Colón, hijo de Cristóbal Colón, la Biblioteca Capitular y el Archivo Capitular. Su valor documental e histórico es incalculable y contiene gran número de manuscritos, entre ellos el original del Libro de las Profecías escrito por Cristóbal Colón en 1504, el Cancionero de la Colombina y el Líber de promissionibus et predictionibus Dei de finales del siglo IX. Entre los incunables se encuentran La Imago Mundi de Pierre d’Ailly o La Gramática castellana de Antonio de Nebrija (Catálogo on line de la Biblioteca Colombina).

[3] Un ejemplo de lo que decimos lo encontramos en el Manual de mugeres en el cual se contienen muchas y diversas regentas muy buenas, manuscrito castellano fechado en el siglo XVI, localizado en la Biblioteca Palatina de Parma y estudiado por Alicia Martínez Crespo (Manual de mugeres en el cual se contienen muchas y diversas regeutas muy buenas, editor Alicia Martínez Crespo, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1995); y Chirino, Menor daño de la medicina de Alonso de Chirino. Edición crítica y glosario María Teresa Herrera, Salamanca, 1973.

[4] Gozalbes Cravioto y García García, 2009-2010, pp. 323-336.

[5] En la Edad Media, a grandes rasgos, nos encontramos con un ideal de belleza impuesto por las invasiones bárbaras, las cuales mostraban la belleza nórdica de ninfas y caballeros. La fuente más importante para analizarlo es la pintura. La fe y la moralidad cristianas impusieron un recato en las vestimentas y una práctica desaparición del maquillaje, que se consideraba contrario a la moral cristiana en cuanto que desfiguraba lo que Dios había creado. La censura cristiana propició que, cuando tenían que mostrarse cuerpos desnudos, como la Caída de Adán y Eva o El Juicio final, los cuerpos se esquematizaban para quitarles cualquier matiz de sexualidad. El ideal de mujer medieval, tantas veces pintado, entre otros, por Jan van Eick, presenta blancura en la piel, cabellera rubia y larga aunque el pelo puede estar recogido, rostro ovalado, ojos pequeños, vivos y risueños, nariz pequeña y aguda, labios pequeños y rosados, torso delgado y complexión ósea como corresponde a las nórdicas, caderas estrechas, senos pequeños y firmes y manos blancas y delgadas. La blancura de la piel indica pureza y es al mismo tiempo símbolo de la procedencia del norte de Europa. Las vírgenes medievales presentan también estas mismas características. En cuanto a los hombres, eran representados como auténticos caballeros guerreros del mismo estilo que los leeremos en las novelas románticas: pelo largo que indica fuerza, virilidad y libertad, que llevaban los pueblos del norte de Europa para emular a sus reyes. Por lo demás, la descripción responde a la de un caballero con armadura, alto y delgado, fuerte y vigoroso, esbelto; pecho y hombros anchos para aguantar la armadura; piernas largas y rectas como señal de elegancia y porte; manos grandes y generosas como símbolo de habilidad con la espada y de masculinidad (Eco, 2005, pp. 9-13; Rojas Marcos, abril de 2005).

[6] Llop Catalá, 1995, pp. 267-268.

[7] Médico andalusí, perteneciente a la dinastía Banū Zuhr de médicos, andalusíes, su educación fue la típica de la Ḫassa o clase alta islámica, basada en conocimientos religiosos (al-Qur’ān y Sunna, jurídicos (Šarī’a y el fiqh de la Maḏ’hab Malikí, y literarios (al-Adab), a lo que se añadió su formación médica como discípulo de su padre Abū-l-Alā’ ibn Zuhr ibn Abi Marwān ibn ‘Abd al-Malik ibn Muḥammad ibn Marwān ibn Zuhr (Puente González, 2003, p. 85).

[8] Manual de mujeres en el qual se contienen muchas y deversas reçeutas muy buenas, Estudio, edición y notas de A. Martínez Crespo, Salamanca, 1995, p. 13.

[9] Fue editada por Julius Leopold Pagel y publicada como Die Chirurgie des Henri de Mondeville, Berlín, 1892.

[10] Gardenour Walter, 2014, p. 217.

[11] De las primeras dinastías contamos con paletas para cosméticos, objetos que demuestran la existencia y utilización de tales productos desde épocas muy tempranas entre los egipcios (Velasco Montes, 2010, p. 98).

[12] Gozalbes Cravioto y García García, pp. 323-336.

[13] Fernández Uriel, 2012, p. 105.

[14] Le Goff y Schmitt, 2003, p. 515.

[15] Biblioteca Nacional de España (Abreviatura utilizada: BNE), ms. 8565.

[16] Natural de Villafranca, fue tesorero del Reino de Navarra y, previamente, de la Cancillería de Aragón. Vivió en la primera mitad del siglo XVI. Además de sus tareas oficiales, destacó como un gran humanista del Renacimiento. Es autor de obras como el “Libro de cetrería y montería”, muy valorado en su especialidad; “Flores de cirugía y medicina”, cuyo texto se ha perdido; y “Regalo de la vida humana” (Pardo Tomás, 2010, pp. 329-332).

[17] Valles. 2008.

[18] Puerto Sarmiento, 2003, pp. 320.

[19] Cabré I Pairet. 2008, pp. 173-202.

[20] Pawlik. 1997.

[21] Chirino, 1973.

[22] El Manuscrito 9226, fechado a finales del siglo XVI o principios de la centuria siguiente, es un recopilatorio de recetas realizado por Juan Vázquez de Mármol, sacerdote y escritor nacido en Granada, procedentes de varias obras italianas, sobre todo del libro de secretos de Alejo Piamontés. El Manuscrito 2019, datado en el primer tercio del siglo XVII, es un recopilatorio de recetas, fórmulas y remedios médicos provenientes de numerosos recetarios de los siglos XV y XVI.

[23] Colecciones de secretos medievales que transcriben o recogen parte de los tratados técnicos procedentes o heredados de la Antigüedad, así como también recogen la realidad técnica del momento (Martín Reyes, 2004, pp. 32-33).

[24] Apareció en Venecia en 1561.

[25] Publicado por primera vez en el año 1555 en Venecia, Imprenta Francesco Rampazetto. Sobre la obra destaca el trabajo realizado por Franco Brunello y Franca Facchetti, publicada en el año 1992 porNeri Poza, Venecia.

[26] Biblioteca Colombina (Abreviatura utilizada: BC), ms. 07-6-26 (Sala Hernando), ff. 2v-3r.

[27] BC. ms. 07-6-26 (Sala Hernando), ff. 2v-3r.

[28] Alphita sive synonima herbarum (Glosario de contenido médico-botánico) es una colección anónima de glosas que refleja con fidelidad la renovación experimentada por el léxico técnico médico y botánico, tanto de procedencia greco-latina como árabe, dentro de la Escuela Médica Salemitana entre los siglos XI-XII (Montero Cartelle y Herrero Ingelmo, 2007, pp. 341-342).

[29] Mensching, 1994.

[30] Alphita sive synonima herbarum y De viribus herbarum carmen de Macer Floridas, fueron propiedad con anterioridad de un físico-boticario llamado Juan González (Álvarez Márquez, 2003, p. 61).

[31] Álvarez Márquez, 2003, p. 61.

[32] Incordio: Buba (Tumor blando, comúnmente doloroso y con pus, que se presenta de ordinario en la región inguinal como consecuencia del mal venéreo, y también a veces en las axilas y en el cuello, Diccionario de la Lengua Española = DRAE).

[33] Las recetas de cocina a través de la temática que tratan, el azúcar, dan a conocer el destinatario o destinatarios de las mismas, la elite, pues dicha materia estuvo hasta hace bien poco sólo al alcance de ella, mientras que el pueblo endulzaba los platos con miel.

[34] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando), ff. 2v-3r.

[35] Palacios Pelletier, 1932; Cortese, 1561.

[36] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando), ff. 2v-3r.

[37] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando): “Para rubio ”, f. 2v.

[38] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando): “Para rubio ”, f. 2v.

[39] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando): “Para facer los cabellos rubio ”, 3r.

[40] La raíz de nogal, la corteza verde de nuez y de aliso, el sándalo, el zumaque y el hollín, sirven para obtener el color leonado o de raíz. La decocción de raíz de nogal y de su corteza verde, se hace hirviéndolas, según los caso, en agua durante media hora (Vitalis, 1830, pp. 224-225).

[41] Nogalina: Tinte que se obtiene de la cascara de la nuez (Gañán Medina, 1999, Sevilla, pp. 225). Una decocción de hojas de nogal (árbol de nuez) oscurece el cabello pero su efecto no es muy acumulativo, es decir no se fija. Se utilizaba ampliamente como matizador de canas en quienes no querían acudir a tintas permanentes por el hecho de evitar las preparaciones amoniacales (DRAE).

[42] Camomila: Manzanilla. Esta planta aclara con reflejos dorados y relaja, teñido natural del cabello para los que tienen alergia al tinte. El extracto de manzanilla realmente aclara el cabello logrando que tonalidades castañas vayan migrando hacia tonalidades rubias en forma gradual. Además el cabello luce más brilloso luego de ser enjuagado con manzanilla (DRAE).

[43] Toronja: Cidra de forma globosa como la naranja (DRAE).

[44] Oropimente: Mineral compuesto de arsénico y azufre, de color de limón, de textura laminar o fibrosa y brillo craso anacarado. Es venenoso y se emplea en pintura y tintorería (DRAE).

[45] No se ha podido averiguar qué se entiende o que es “Estorca de bogia”.

[46] BNE, ms. 9226: “Receta para poner negros los cabellos o las manos ”, f. 42r.

[47] En el libro de la vida humana localizamos estas mismas recetas y lo hacen en el Libro primero, Capítulo cuarto: “Como se harán negros los cabellos canos y blancos, así de la cabeza como de la barba” (Valles, Pamplona, 2008, pp. 279 - 287).

[48] BNE, ms. 2019: “Para tomar los cabellos como rubio”, ff. 237r-v.

[49] Sosa: Barrilla (Planta de la familia de las Quenopodiáceas, ramosa, empinada, con tallos lampiños, hojas blanquecinas, crasas, semicilíndricas, puntiagudas, pero no espinosas, y flores verduscas, axilares y solitarias. Crece en terrenos salados y sus cenizas, que contienen muchas sales alcalinas, sirven para obtener la sosa, DRAE).

[50] Talvina: Gachas que se hacen con leche de almendras (DRAE).

[51] Rasuras: Tartrato ácido de potasa, que se halla en la uva, en el tamarindo y en otros frutos, y se usa como purgante en medicina y como mordiente en tintorería (DRAE).

[52] Entre los tintes para el cabello, los árabes, usaban una lejía mezclada con ceniza de sarmientos y vino blanco, que se conocía como “lejía para enrubiar” (Martos Rubio, 2011).

[53] BNE, ms. 8565, Capítulo primero: “De cómo se harán los cabellos rubios ”, del libro segundo, ff. 129r-130r.

[54] Libro cuarto, Capítulo 164: “Bionda da capelli”, (Cortese, 1565, pp. 178-179).

[55] Hernández Ortiz, 2010, p. 35.

[56] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando): “Para los cabellos negros ”, f. 2v.

[57] Caparrosa: Nombre común que reciben varios sulfatos nativos de cobre, hierro o cinc (DRAE).

[58] Agallas: Excrecencia redonda que se forma en el roble, alcornoque y otros árboles y arbustos por la picadura de ciertos insectos e infecciones por microorganismos, se emplea como mordiente (DRAE).

[59] Zumaque: Arbusto de la familia de las Anacardiáceas, de unos tres metros de altura, con tallos leñosos, hojas compuestas de hojuelas ovales, dentadas y vellosas, flores en panoja, primero blanquecinas y después encamadas, y fruto drupáceo, redondo y rojizo. Tiene mucho tanino y lo emplean los zurradores como curtiente (DRAE).

[60] Alumbre: Sulfato doble de alúmina y potasa: sal blanca y astringente que se halla en varias rocas y tierras, de las cuales se extrae por disolución y cristalización. Se emplea para aclarar las aguas turbias; sirve de mordiente en tintorería y de cáustico en medicina después de calcinado (DRAE).

[61] Puede estar refiriéndose a las agallas, ingrediente común en este tipo de recetas.

[62] En el manuscrito 25-8-4 (Sala noble) de la BC, en su última página, encontramos una receta sobre tinta negra ferrogálica, en latín medieval o italiano antiguo, “Receta de tinta ” s.f.

[63] BNE, ms. 8565.

[64] BNE, ms, 9226: “Para lo mesmo ”, ff. 65r-v.

[65] Astringentes.

[66] BNE, ms, 9226: “Para hazer los cabellos negros ”, f. 65r.

[67] BNE, ms, 9226: “Lejía para poner negros los cabellos ”, f. 65r. Las hojas de nogal se pueden sustituir por cascaras de nueces.

[68] En el libro de la vida humana localizamos estas mismas recetas y lo hacen en el Libro primero, Capitulo cuarto: “Como se harán negros los cabellos canos y blancos, así de la cabeza como de la barba “ (Valles, 2008 p. 287).

[69] Además encontramos hojas o cortezas de nuez (mordiente).

[70] BNE, ms. 8565, Capítulo cuarto: “Como se harán negros los cabellos canos y blancos, así de la cabeza como de la barba ”, del libro tercero, ff. 130r-131r, Primera receta.

[71] BNE, ms. 8565, Capítulo cuarto: “Como se harán negros los cabellos canos y blancos, así de la cabeza como de la barba ”, del libro tercero, ff. 130r-131r, Segunda receta.

[72] En ella se especificaba que las agallas fueran de roble.

[73] La corteza verde de nuez contiene tanino.

[74] Litarge: Litargirio (Oxido de plomo, fundido en láminas o escamas muy pequeñas, de color amarillo más o menos rojizo y con lustre vitreo, de color dorado o plateado) (DRAE).

[75] El zumaque es una sustancia tintórea y además se emplea como curtiente de las pieles, al contener una gran cantidad de tanino (DRAE).

[76] Dioscórides Anazarbeo, 1733, p. 168.

[77] Litargirio o almártaga: Oxido natural de plomo (Soto, 2005, p. 208).

[78] Libro cuarto, Capítulo 150: “Tenger barba o capelli neri o rossi”, (Córtese, 1565, p. 175).

[79] Libro tercero, Capítulo 25: “A tenger i capelli in color nero”, (Cortese, 1565, p. 74).

[80] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando): “Para los cabellos blancos”, f. 2v.

[81] Bembrillos: Membrillos (DRAE, 1936).

[82] “Para hacer el cabello blanco ” (Rosseti, 1555, p. 51).

[83] Rosseti, 1555, p. 5.

[84] Segura Munguía y Torres Ripa, 2009, p. 131.

[85] Dago, Bustamante y Fliess, 2004, p. 9.

[86] El kohl o kohol, en egipcio mesdemet.

[87] Los papiros de Ebers, datados hacia el 1500 a. J. C., incluyen varias recetas para el cuido de los ojos, kohol, todos ellas incluyen la galena entre sus ingredientes “Remedio para disipar la grasa que se encuentra en los ojos: galena, malaquita, ocre rojo, resina, miel. Aplíquese en los párpados”. (Ebers 354); “Remedio para eliminar una formación (sin duda un orzuelo) que aparece en el ojo: galena, malaquita, planta, madera podrida. Mézclese con agua y aplíquese en los párpados”. (Ebers 355); y “Remedio para curar la vista: galena, ocre rojo, planta, parte macho de lagalena. Prepárese una masa homogénea y aplíquese en los ojos ” (Ebers 359) (Nunn, 2002, p. 30).

[88] Von Beckerath, 1997.

[89] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando): “Colirio para los ojos ”, f. 2v.

[90] Atutía (Del árabe hispano attutíyya, este del árabe clásico tūtiyā[‘], y este del sánscrito Tuttha): Ungüento elaborado a base de óxido de cinc mezclado con otras sales metálicas. Se obtenía de raspar las paredes interiores de los hornos de fundición y se aplicaba entre otras cosas para el tratamiento de enfermedades oculares (Suazo Pascual, 1999, p. 155).

[91] Ibn Wafíd de Toledo, médico y botánico musulmán del siglo XI, escribió el Libro de la almohada, y en él se incluye una receta para los ojos que recoge entre sus ingredientes el óxido de cinc, y dice así: “Receta de un colirio contra la humedad corrompida del ojo”, se toma atutía, se calienta al fuego hasta que se ponga al rojo y entonces se aparta y se deja enfriar. Luego se pulveriza en un almirez, se le vierte encima agua y se agita la mezcla (Wafíd de Toledo, 1980, p. 75).

[92] BC, ms. 07-6-26 (Sala Hernando): “Colirio para los ojos ”, f. 2v.

[93] Alcohol: Piedra mineral metálica de color negro, que tira algo a azul, se cría en las minas de plata. / Polvo sutilísimo que se saca de esa piedra (DA, 1726). Según Laguna es el antimonio, conocido como alcohol en Castilla (Manual de mugeres en el cual se contienen muchas y diversas regentas muy buenas, editor Alicia Martínez Crespo, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1995, p. 39).

[94] BNE, ms. 2019: “Para alcoholar los ojos ”, f. 149r.

[95] BNE, ms. 2019: “Recepta para alcohol ”, f. 175r.

[96] BNE, ms. 2019: “Polvos para secar las lágrimas y aclarar la vista”, f. 155v; y Manual de mujeres. .. “Polvos para secar las lágrimas y aclarar la vista”, {Manual de mugeres en el cual se contienen muchas y diversas regentas muy buenas, editor Alicia Martínez Crespo, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1995, p. 39).

[97] BNE, ms. 8565, Libro tercero, Capítulo XIV: “Para el mal de los ojos ”, ff. 159v-l60-16lv.

[98] Cardenillo: Acetato de cobre (DRAE).

[99] Canfora: Alcanfor (DRAE).

[100] Llantén: Planta herbácea, vivaz, de la familia de las Plantagináceas, con hojas radicales, pecioladas, gruesas, anchas, ovaladas, enteras o algo ondeadas por el margen, flores sobre un escapo de dos a tres decímetros de altura, en espiga larga y apretada, pequeñas, verdosas, de corola tubular en la base y partida en cuatro pétalos en cruz, fruto capsular con dos divisiones, y semillas pardas elipsoidales. Es muy común en los sitios húmedos, y el cocimiento de las hojas se usa en medicina (DRAE).

[101] Agraz: Rasuras o Tartrato ácido de potasio (DRAE).

[102] Sarcocolla, conocida hoy en día como “sarcocola”: Goma casi transparente que fluye por la corteza de un arbusto de Arabia parecido al espino negro (DRAE).

[103] Mirabolanos cetrinos, llamada actualmente “mirobálano o mirobálanos”: Árbol de la India, de la familia de las Combretáceas, del cual hay varias especies, cuyos frutos, negros, rojos o amarillos, parecidos en forma y tamaño unos a la ciruela y otros a la aceituna, se usan en medicina y en tintorería (DRAE).

[104] El Regalo de la vida humana, Libro I, Capítulo XIX: “Para el mal de los ojos”, (Valles, 2008, pp. 320-321).