CUESTIONES PEDAGÓGICAS. REVISTA DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN  
Volume 34, Issue 2, December 2025, Pages 1-19  
Received: 31.10.2025. Reviewed: 04.12.2025. Accepted: 10.12.2025. Edited: 19.12.2025  
Thinking Out Loud: Academic  
Resistance to the Logic of Capital  
Karina Rojas-Malagón1  
1 Universidad del Atlántico medio, España  
ABSTRACT  
The contemporary university is undergoing a profound crisis stemming from its  
subordination to neoliberal logic, which undermines its public function and  
transformative capacity. This theoretical essay aims to critically analyze the impact  
of the commodification of education on the production of critical knowledge and  
the social mission of higher education. Methodologically, it develops an  
interdisciplinary reflection that engages with authors such as Giroux, Fraser, Furedi,  
and De Sousa Santos, examining the political, epistemological, and pedagogical  
dimensions of this phenomenon within the broader context of educational  
digitalization and precarisation. The analysis reveals that knowledge has been  
transformed into a commodity, students into consumers, and the university into a  
platform for the ideological reproduction of capital, thereby fragmenting critical  
thought and weakening institutional autonomy. In conclusion, the essay proposes  
resistance strategies centered on technological sovereignty, critical media literacy,  
dialogical pedagogy, and cognitive justice, reaffirming the university as a space for  
structural transformation and social emancipation beyond an uncritical adaptation  
to market imperatives  
KEYWORDS  
Higher education, Critical thinking, Neoliberalism, Digital literacy  
To cite this article: Rojas-Malagón, K., (2025). Thinking Out Loud: Academic  
Resistance to the Logic of Capital. Cuestiones Pedagógicas, 34(2), pp. 1-19  
Corresponding author: Karina Rojas Malagón  
CUESTIONES PEDAGÓGICAS. REVISTA DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN  
Volumen 34, Número 2, Diciembre 2025, Páginas 1-19  
Recibido: 31.10.2025. Revisado: 04.12.2025. Aceptado: 10.12.2025. Editado: 19.12.2025  
Pensar en voz alta: resistencia  
académica frente a la lógica del capitalꢀ  
Karina Rojas Malagón 1  
1 Universidad del Atlántico medio, España  
RESUMEN  
La universidad contemporánea enfrenta una crisis derivada de su subordinación a la lógica  
neoliberal, lo que compromete su función pública y capacidad transformadora. Este ensayo  
teórico tiene como objetivo analizar críticamente el impacto de la mercantilización  
educativa sobre la producción de conocimiento crítico y la misión social de la educación  
superior. Metodológicamente, se desarrolla una reflexión interdisciplinar dialogando con  
autores como Giroux, Fraser, Furedi y De Sousa Santos, examinando las dimensiones  
políticas, epistemológicas y pedagógicas de este fenómeno en el contexto de la  
digitalización y precarización educativa. El análisis revela que el conocimiento se ha  
transformado en mercancía, el estudiantado en consumidor y la universidad en plataforma  
de reproducción ideológica del capital, fragmentando el pensamiento crítico y debilitando  
la autonomía institucional. Como conclusión, se proponen estrategias de resistencia  
centradas en la soberanía tecnológica, la alfabetización mediática crítica, la pedagogía  
dialógica y la justicia cognitiva, reivindicando la universidad como espacio de  
transformación estructural y emancipación social, más allá de una adaptación acrítica al  
mercado.  
PALABRAS CLAVE  
Educación superior, Pensamiento crítico, Neoliberalismo, Alfabetización digital  
Cómo citar este artículo: Rojas-Malagón, K. (2025). Pensar en voz alta: resistencia  
académica frente a la lógica del capital. Cuestiones Pedagógicas. Revista de Ciencias de la Educación,  
34(2), pp. 1-19  
Autor de correspondencia: Karina Rojas-Malagón,  
Rojas-Malagón, K. – Pensar en voz alta resistencia académica frente a la lógica …  
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INTRODUCCIÓN  
La educación superior, concebida históricamente como un espacio para la  
construcción del pensamiento crítico y la transformación social, enfrenta una crisis  
sin precedentes. En la actualidad, las universidades han sido absorbidas por la lógica  
del mercado, convirtiéndose en centros de producción de capital humano antes que  
en espacios de formación integral. Este proceso ha degradado el conocimiento a una  
mercancía más, moldeada por las exigencias del neoliberalismo y las dinámicas de un  
sistema digitalizado que privilegia la inmediatez sobre la profundidad.  
La mercantilización de la educación ha transformado la universidad en una  
industria regida por criterios de mercado, priorizando la rentabilidad sobre la  
producción de conocimiento crítico. Este fenómeno no solo ha modificado la  
estructura académica y la oferta curricular, sino que también ha condicionado el  
acceso a la educación superior y la autonomía de la investigación. Ante este contexto,  
surge la necesidad de responder a dos preguntas fundamentales: ¿Cómo afecta la  
mercantilización de la educación a la producción de conocimiento crítico en la  
universidad? ¿Cuáles son las estrategias de resistencia frente a la comercialización del  
conocimiento?  
En esta circunstancia, emerge un nuevo perfil de estudiante, caracterizado por la  
hiperconectividad, la fragmentación del conocimiento y la primacía del consumo de  
información rápida sobre el análisis profundo. Los estudiantes actuales han crecido  
en un entorno digital que moldea su manera de aprender, de interactuar y de construir  
identidad. Asimismo, las redes están definiendo sus procesos cognitivos, que  
privilegian el acceso inmediato a contenidos breves por encima del estudio sistemático  
y reflexivo.  
Este análisis explora las múltiples dimensiones de la mercantilización educativa,  
examinando cómo las políticas neoliberales han fragmentado el conocimiento y han  
precarizado la experiencia universitaria. Finalmente, se plantearán estrategias que  
permitan rescatar la educación como un bastión de resistencia intelectual y  
emancipación social, reorientándola hacia un modelo que priorice la reflexión crítica  
y que permita reorientar el conocimiento hacia la resolución de conflictos, la justicia  
y la transformación social.  
El nuevo perfil del estudiante universitario en la era digital  
Internet y las plataformas digitales han democratizado el acceso a la información,  
cambiando la manera en que los estudiantes interactúan con el conocimiento. Sin  
embargo, esta digitalización ha generado desafíos. La digitalización ha transformado  
profundamente el perfil del estudiante universitario, modificando sus hábitos de  
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consumo de información y su interacción con el conocimiento. Asimismo, si bien la  
inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta clave en el aprendizaje, su  
uso excesivo puede reducir la capacidad de análisis autónomo (Capellà, 2025).  
La hiperconectividad también ha generado efectos negativos: más del 93% de los  
estudiantes utiliza dispositivos móviles antes de dormir, lo que se asocia con  
trastornos del sueño y menor rendimiento académico (García-Real y Losada-Puente,  
2022). Además, la competencia digital de los estudiantes varía según factores  
socioeconómicos, como el acceso a dispositivos tecnológicos y el nivel educativo de  
sus familias, cuestión que influye en su desempeño académico. Estos nuevos  
escenarios han aportado formas inéditas de interpretar y asimilar la vida, pero también  
han traído consigo diversos desafíos. Según Errasti y Pérez (2022) las herramientas de  
comunicación digital han convertido al yo en una mercancía, en un producto sujeto a  
las fluctuaciones propias de un mercado de valores.  
En adición a lo anterior, plataformas como Instagram o TikTok han sustituido el  
capitalismo tradicional de productos por un capitalismo de identidades, donde estas  
deben competir libremente entre sí. En este contexto, surge un nuevo perfil de  
estudiante, moldeado por la virtualidad, la constante interacción con dispositivos y la  
necesidad de adaptarse a un entorno cambiante. Este perfil supone tanto retos como  
oportunidades para el sistema educativo, que debe responder a estas transformaciones  
de manera integral.  
El capitalismo global ha transformado la relación de los jóvenes con la tecnología,  
pasando del uso funcional a la fusión identitaria. Este fenómeno despersonaliza al  
individuo, convirtiéndolo en una mercancía adaptable a un mercado volátil y  
depredador. Los hijos e hijas de este relato se caracterizan por una visión individualista  
de la vida, pues anhelan que, por ejemplo, sus deseos se conviertan en derechos; son  
impacientes, no tienen espera, necesitan feedback inmediato. Por tanto, a pesar de  
que desean ser únicos y auténticos, necesitan el reconocimiento social para acentuar  
su identidad y ello se lo otorga el poder del like y del aumento de sus seguidores.  
Errasti y Pérez (2022) afirman que el individuo es más dependiente que nunca para  
obtener reconocimiento y consideración social a través de sus redes sociales virtuales.  
Unido a esta realidad, la juventud como etapa de inestabilidades y desafíos está  
presta a moldear su personalidad a la manera de un producto consumible del mercado.  
Esta juventud tiene que enfrentarse a varios supuestos: no hay un contacto físico a  
tiempo real, no hay un espacio determinado que limite la comunicación, pues los  
dispositivos cada día son más cómodos y portátiles. Sin embargo, existe otro reto  
mucho más complejo y difícil: la falta de oportunidades laborales, muchos jóvenes  
son desplazados hacia la economía informal o excluidos completamente del mercado  
laboral.  
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Como señala Gagliardi (2022), «uno de los problemas más graves que sufren los  
jóvenes es el desempleo. Más de seiscientos millones de jóvenes (entre 15 y 24 años)  
en el mundo no estudian, ni trabajan, ni tienen formación. [...] En la próxima década,  
mil millones de jóvenes ingresarán al mercado laboral, y un gran número de jóvenes  
enfrentará un futuro de empleo irregular e informal» (p. 323). Esta situación evidencia  
cómo el sistema económico actual no solo precariza las condiciones laborales, sino  
que además limita el acceso de los jóvenes a oportunidades que les permitan  
estabilidad y crecimiento profesional.  
En esa misma línea, el mundo en constante digitalización impulsa a la juventud  
hacia la virtualidad para su socialización y aprendizaje, entonces, surge una paradoja  
crucial: la dicotomía entre lo digital y lo real. Esta dualidad plantea desafíos únicos  
para los jóvenes de hoy, que deben navegar no solo por la sobrecarga de información,  
sino también por la compleja gestión de sus emociones y relaciones en un espacio que  
carece de las limitaciones físicas y temporales del mundo real. Así, este entorno  
globalizado y digitalmente interconectado no solo redefine las formas de  
comunicación, sino que, además, moldea las personalidades, que en su búsqueda de  
identidad encuentran y crean nuevas formas de pertenencia y expresión a través de las  
denominadas comunidades virtuales (Bosco et al., 2016). Estos grupos ofrecen el  
sentido de comunidad y entendimiento mutuo a partir de un interés común que, a  
pesar de la falta de interacción en persona, cumplen un papel crucial en el desarrollo  
emocional y social de los jóvenes en la era digital.  
Otra particularidad adicional de los adolescentes en las sociedades actuales es que  
son grandes consumidores, ahora potenciados por el entorno digital. Stiegler (2008),  
acuñó el término capitalismo pulsional para describir cómo las industrias dirigen la  
atención de los jóvenes hacia el consumo. Es este un fenómeno que se ha  
intensificado con el auge del capitalismo de vigilancia descrito por Zuboff (2020),  
quien afirma que este tipo de capitalismo convierte los datos personales en un recurso  
comercializable, lo cual afecta a la educación a través de plataformas digitales, quienes  
a su vez recopilan información sobre los estudiantes para diversas cuestiones  
comerciales. En esta línea, la analítica de aprendizaje mide y analiza estas interacciones  
con el fin de personalizar la educación, pero también plantea riesgos relacionados con  
la privacidad y la comercialización del conocimiento (Siemens y Long, 2011).  
Un estudio de González, Vásquez y Ramírez (2021) mostró que el 80% de las  
universidades públicas en América del Sur dependen de plataformas de grandes  
corporaciones tecnológicas, lo que expone a los estudiantes a la explotación de sus  
datos y la manipulación algorítmica del contenido educativo. Si bien estas  
herramientas pueden mejorar la detección de estudiantes en riesgo y la optimización  
del aprendizaje, su uso sin regulaciones claras puede priorizar intereses comerciales  
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sobre criterios pedagógicos, comprometiendo la autonomía académica y la equidad  
en el acceso a la educación.  
Según el informe del Pew Research Center (2022), los adolescentes de Estados  
Unidos usan activamente TikTok e Instagram. De acuerdo con el informe, estas  
plataformas influyen en sus hábitos de compra y monetizan su atención mediante  
algoritmos personalizados. Un ejemplo ilustrativo de esta dinámica es la tendencia  
Sephora Kids, que ha ganado notoriedad debido a la creciente presencia de niñas y  
preadolescentes en tiendas como Sephora. Influenciadas por las redes sociales,  
especialmente TikTok, estas jóvenes buscan productos de belleza populares entre  
mujeres adultas, imitando comportamientos que las alejan de actividades propias de  
su edad.  
En las últimas décadas, el capitalismo global ha intensificado su interés por las  
infancias como nuevos nichos de mercado. Este proceso, que va más allá de la simple  
oferta de productos, implica una transformación profunda en los significados sociales  
de la niñez. Diversos estudios han documentado cómo las industrias culturales y  
publicitarias dirigen estrategias específicas hacia la juventud, incorporándola  
tempranamente a la lógica del consumo (Schor, 2004). Además, advierte que la niñez  
ya no solo consume productos diseñados para su etapa vital, sino que acceden a bienes  
tradicionalmente vinculados al mundo adulto, como maquillaje, ropa sexualizada o  
dispositivos tecnológicos. Esta tendencia responde, según la autora, a una estrategia  
deliberada del mercado por expandir su base de consumidores mediante la  
adultificación de la infancia.  
Desde una perspectiva crítica, Henry Giroux (2000) denuncia que la cultura  
corporativa ha emprendido una "guerra contra la infancia", en la que los valores  
educativos y éticos son desplazados por el imperativo de consumir. En esta línea,  
Susan Linn (2004) sostiene que el marketing dirigido a menores representa una forma  
de colonización simbólica que condiciona la construcción de su identidad desde una  
lógica mercantil.  
Además, estudios como los de Valerie Walkerdine (1998) y David Buckingham  
(2011) señalan que este fenómeno no es neutral en términos de género.  
Particularmente, las niñas son objeto de una creciente sexualización mediática,  
promovida por series, publicidad, juguetes y cosméticos que refuerzan estereotipos  
de feminidad pasiva, deseable y consumista desde edades muy tempranas.  
Diversas investigaciones han advertido sobre los efectos negativos del entorno  
digital en la salud emocional y psicológica de las personas jóvenes, especialmente en  
lo que respecta a la construcción de la imagen corporal. La American Psychological  
Association (APA, 2020) señala que las redes sociales fomentan una sexualización  
temprana, al imponer estándares estéticos poco realistas que pueden derivar en  
problemas de autoestima y bienestar emocional.  
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Una muestra significativa de esta preocupación se encuentra en los conocidos  
Archivos de Facebook, divulgados por The Wall Street Journal y retomados por la BBC  
(2021), los cuales incluían estudios internos sobre el impacto de Instagram en  
adolescentes. Entre los hallazgos más relevantes, se destaca que el 32% de las  
adolescentes encuestadas afirmaron que, cuando se sentían mal con su cuerpo, el uso  
de Instagram intensificaba esa percepción negativa. En esta línea, García Puertas  
(2020) profundiza en la relación entre el uso de Instagram y la percepción de la imagen  
corporal, señalando que el tiempo de exposición a esta red social se asocia con una  
mayor vulnerabilidad a desarrollar trastornos alimentarios, así como con una  
disminución de la autoestima y un aumento de síntomas de ansiedad y depresión.  
En síntesis, el panorama actual ha transformado profundamente la manera en  
que entendemos el mundo, incluyendo nuestra concepción de la adolescencia. Al  
respecto, resulta insuficiente considerar la adolescencia únicamente como una etapa  
de la vida centrada en cambios físicos y psicológicos. El concepto de adolescencia  
debe evolucionar, integrando dimensiones políticas, económicas, sociales e históricas  
que reflejen las complejidades inherentes a esta etapa (Rojas, 2017).  
Los cambios físicos característicos de la etapa se construyen socialmente cada vez  
más temprano, pero esto no implica que la madurez emocional y psicológica avance  
al mismo ritmo. Esta discrepancia entre una maduración biológica temprana y una  
madurez emocional incompleta se da en el contexto de sociedades altamente  
complejas, lo que da lugar a lo que quizá se pueda plantear como pequeñas personas  
adultas. Estos jóvenes, aunque no sean considerados adultos plenos desde una  
perspectiva social, si enfrentan presiones y expectativas propias de los adultos, pese a  
que su desarrollo emocional y psicológico aún no ha concluido.  
La Educación como mercancía y la lógica neoliberal  
Las reformas educativas de corte neoliberal han promovido la transformación de  
la universidad hacia un modelo promercado, enfatizando la gestión por resultados, la  
dependencia de recursos privados y la comercialización de los programas académicos.  
Lo anterior puede leerse, por ejemplo, en clave de ventas de cursos fragmentados,  
más horas de clases y burocracia, así como menos tiempo para la investigación. Esto  
último, es lo que precisamente genera cambios en el sistema de pensamiento y de la  
vida en el sistema universitario.  
La mercantilización de la educación no solo ha transformado la organización y  
financiación de las universidades, sino que también ha impactado directamente en la  
producción de conocimiento crítico. La priorización de la rentabilidad sobre la  
investigación ha generado una tendencia a favorecer disciplinas con un alto retorno  
económico, como las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y  
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matemáticas), mientras que los programas de humanidades y ciencias sociales han  
sufrido recortes significativos. Precisamente Henry A. Giroux (2015) aborda  
extensamente cómo las políticas neoliberales han transformado la educación superior,  
priorizando la rentabilidad económica sobre el pensamiento crítico y la función social  
de las universidades.  
El modelo neoliberal aplicado a la educación superior ha transformado  
profundamente el papel de las universidades públicas y privadas. En Argentina, por  
ejemplo, la Ley de Educación Superior de 1995 impulsó la autonomía financiera de  
las universidades, promoviendo la competencia entre instituciones y el desarrollo de  
estrategias de autofinanciamiento que favorecieron la lógica de mercado. En  
Venezuela, las reformas educativas implementadas entre 1999 y 2004 también  
evidenciaron una orientación hacia la mercantilización, al modificar el financiamiento  
y la estructura institucional de las universidades (Escobar, 2015).  
En el contexto europeo y particularmente en Españamuchos críticos del  
Proceso de Bolonia sostienen que su implementación ha contribuido a orientar la  
educación superior hacia la lógica del mercado, enfatizando la empleabilidad por  
encima de una formación crítica e integral. Asimismo, algunos estudios revelan como  
en el Reino Unido, el modelo universitario ha evolucionado hacia una concepción  
empresarial, donde el estudiantado es tratado como consumidor y la educación como  
producto, generando fuertes tensiones respecto a la equidad y la calidad educativa.  
Estos ejemplos evidencian cómo la lógica empresarial ha permeado los sistemas  
universitarios, redefiniendo sus fines y debilitando su función pública.  
El neoliberalismo ha influido en la mercantilización de la educación, promoviendo  
políticas que favorecen la privatización y la competencia entre instituciones. Este  
enfoque puede conducir a la exclusión de grupos vulnerables, quienes enfrentan  
barreras económicas y sociales para acceder a la educación superior. Las políticas  
neoliberales y la creciente dependencia de modelos digitales han transformado las  
experiencias laborales y sociales, y han terminado por configurar una nueva  
subjetividad. Las empresas priorizan la contratación de empleados más jóvenes,  
considerados más baratos y menos críticos, lo que fomenta una precarización laboral  
marcada por contratos temporales y falta de estabilidad (Fair, 2023).  
Mercantilización y digitalización del conocimiento en la educación  
Estas nuevas dinámicas culturales, sociales y económicas han transformado  
profundamente las formas en que los individuos construyen su identidad y su relación  
con el mundo. Como lo plantean McLaren (1995) y Errasti y Pérez (2022), vivimos  
en una sociedad definida por el consumismo, el individualismo extremo y una  
constante colonización ideológica a través de la tecnología. La información y el  
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conocimiento se han convertido en los nuevos pilares del poder, mientras que las  
plataformas digitales reconfiguran las subjetividades y moldean comportamientos.  
Este panorama, que combina la promesa de innovación con profundas desigualdades,  
impone desafíos inéditos, especialmente a las nuevas generaciones, quienes, como  
advierte Sassen (2015), enfrentan exclusiones sistémicas que los empujan a márgenes  
económicos y sociales cada vez más pronunciados.  
De acuerdo con lo anterior, lo más significativo en la actualidad no radica  
únicamente en la posesión de la información, sino en la capacidad de procesarla,  
interpretarla y actuar con base en ella. Plataformas como Meta, X (antes Twitter) o  
TikTok han instaurado nuevos modos de interacción y representación social,  
moldeando comportamientos, hábitos comunicativos y estructuras de deseo.  
Nuestras vidas están cada vez más mediadas por dispositivos electrónicos y redes  
sociales, que reorganizan nuestras nociones de tiempo y espacio, generando  
identidades digitales donde el deseo de inmediatez se vuelve norma. Como señala  
Shoshana Zuboff (2019), en la era del capitalismo de la vigilancia, la experiencia  
humana se transforma en materia prima que es capturada y procesada para predecir y  
condicionar el comportamiento.  
En este marco, el acceso a la información se ha acelerado a niveles impensables: lo  
que antes requería meses de búsqueda ahora se obtiene en segundos. Además, el  
concepto mismo de espacio ha mutado; ya no es únicamente físico, sino una extensión  
digital integrada a nuestros dispositivos cotidianos, redefiniendo los límites entre lo  
público y lo privado, lo íntimo y lo expuesto.  
Las dinámicas digitales y tecnológicas han transformado profundamente las  
relaciones sociales, económicas y culturales, lo cual ha generado tanto tensiones como  
oportunidades. Harari (2024) destaca cómo las redes de información se han  
convertido en herramientas de control político y social, especialmente a través de la  
inteligencia artificial. Por su parte, Santos (2024, citado en Oquendo, 2024), critica las  
desigualdades que enfrentan los ciudadanos del sur global en plataformas  
tecnológicas, donde la regulación de la desinformación y los discursos de odio es  
desigual. En línea con estas preocupaciones, se deben resaltar los desafíos de la  
inteligencia artificial en Europa, subrayando la urgencia de cerrar la brecha de talento  
para mantener la competitividad en la industria tecnológica. Asimismo, Sádaba (2024,  
citada en Cadena SER, 2024), describe la desinformación como una pandemia social,  
llamando a respuestas coordinadas para mitigar sus efectos en la salud mental y la  
cohesión social. Finalmente, Hon (2024) denuncia cómo la gamificación es utilizada  
para manipular emocionalmente tanto a empleados como a consumidores,  
evidenciando el papel de las empresas tecnológicas en estas prácticas.  
Estas transformaciones no solo alteran la vida cotidiana y las formas de interacción,  
sino que también reconfiguran el poder global, al generar nuevas jerarquías entre  
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países, regiones y sectores productivos. En este contexto, el poder global se concentra  
cada vez más en aquellos países que apuestan estratégicamente por la tecnología y la  
innovación, apoyándose en factores clave como la investigación y el desarrollo, que  
requieren significativas inversiones de diversos actores. Este proceso avanza  
rápidamente, y da como resultado que aquellas sociedades que no logran insertarse en  
la sociedad del conocimiento son desplazadas hacia los márgenes del sistema global.  
Este fenómeno se evidencia, por ejemplo, en la creciente dependencia tecnológica  
de países de América Latina respecto a potencias como Estados Unidos o China, o  
en la exclusión de comunidades rurales sin acceso a conectividad digital básica.  
Además, esta marginalización ya no se limita a la falta de participación: se ha  
transformado en una dinámica activa de desarraigo y expulsión. Esto incluye el  
desplazamiento de comunidades indígenas por megaproyectos tecnológicos, la  
automatización que sustituye a trabajadores en el mercado formal, o la exclusión  
financiera de países enteros del sistema económico global.  
A esta lógica se suma la racionalización de los sistemas de dominio y la  
reproducción de estructuras de poder en todos los niveles institucionales. Como  
señala Cobo (2017), incluso la educación superior, tradicionalmente asociada con la  
crítica y la transformación, se ha visto atravesada por estas dinámicas, adoptando sin  
cuestionamiento modelos basados en la eficiencia, la productividad y la rentabilidad,  
en detrimento de su función emancipadora.  
Más allá de lo ya mencionado, las dinámicas digitales han impuesto la lógica del  
homo economicus, donde cada individuo se convierte en un empresario de sí mismo,  
moldeando su identidad en función de las demandas del mercado (Fair, 2023). Este  
fenómeno no solo afecta su inserción en el mercado laboral, sino también su  
percepción de sí mismo y su capacidad para construir redes significativas fuera del  
ámbito digital, lo cual perpetúa un modelo que prioriza la competencia y el  
rendimiento por encima de los valores colectivos.  
CONCLUSIÓN  
Dado este panorama, la universidad debe reivindicar su papel como un espacio de  
resistencia crítica frente a las dinámicas mercantilistas y la fragmentación del  
conocimiento. La resistencia, en este contexto, no solo implica oposición, sino  
también la capacidad de generar alternativas que desafíen las estructuras de poder  
impuestas por la lógica del mercado y la homogeneización del pensamiento. Para ello,  
es necesario comprender que el desafío no es solo pedagógico, sino también  
ideológico y cultural.ꢀ  
El concepto de resistencia ha sido ampliamente analizado en distintas tradiciones  
teóricas. Desde la teoría crítica, autores como Paulo Freire (1970) han señalado que  
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la resistencia en la educación implica una praxis transformadora, en la que los sujetos  
no solo cuestionan las condiciones de opresión, sino que también participan  
activamente en la construcción de una realidad alternativa. En este sentido, la  
resistencia se vincula con la educación liberadora, donde el conocimiento se convierte  
en una herramienta para la emancipación y el cambio social.ꢀ  
Desde la sociología de la educación, Henry Giroux (1983) plantea la noción de  
resistencia como una respuesta activa de los estudiantes y docentes frente a las  
estructuras de poder que buscan controlar la producción del conocimiento. Para  
Giroux, la educación debe ser un espacio de disenso y confrontación con las  
ideologías dominantes, promoviendo una cultura de resistencia que impida la  
reproducción de las desigualdades. Por otro lado, Michel Foucault (1975) introduce  
la resistencia como una forma de contra conducta, es decir, estrategias de los sujetos  
para desafiar y subvertir los mecanismos de control en los espacios educativos.ꢀ  
En este sentido, la resistencia no solo implica un enfrentamiento directo con las  
estructuras de poder, sino también una defensa del pensamiento crítico y la autonomía  
intelectual en un contexto donde la educación tiende a ser instrumentalizada. Como  
advierte Frank Furedi (2018), la universidad contemporánea se ha visto arrastrada  
hacia un proceso de infantilización institucional, donde se prioriza la protección  
emocional sobre el pensamiento crítico. Furedi sostiene que los espacios  
universitarios han promovido una cultura del trigger warning (advertencias de contenido  
diseñadas para prevenir que los estudiantes se enfrenten a materiales potencialmente  
perturbadores), y los espacios seguros, que lejos de fomentar una formación sólida,  
terminan diluyendo la capacidad del estudiante para afrontar ideas difíciles o  
retadoras, en realidad debilitan la capacidad de los estudiantes para confrontar ideas  
desafiantes.ꢀꢀ  
Esta infantilización no solo reduce el nivel del debate académico, sino que propicia  
una dinámica educativa orientada a evitar el disenso y minimizar la exposición a ideas  
perturbadoras, lo cual debilita la función formativa de la universidad como espacio de  
pensamiento crítico y deliberación argumentada. Recuperar la universidad como  
espacio de resistencia exige justamente lo contrario: fortalecer el carácter formativo  
del conflicto de ideas, el disenso y la argumentación.ꢀ  
En esta misma línea, el filósofo italiano Diego Fusaro (2017) advierte sobre una  
nueva forma de totalitarismo posmoderno, donde la educación es instrumentalizada  
para reproducir los valores del capitalismo global, especialmente a través de discursos  
que aparentan ser emancipadores pero que en realidad neutralizan la crítica. Para  
Fusaro, el sistema universitario ha sido colonizado por una lógica de pensamiento  
único liberal-libertario, que invisibiliza toda alternativa filosófica, política o económica  
que cuestione la hegemonía del mercado. La universidad se convierte así en un aparato  
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de reproducción ideológica, donde se fomenta una falsa diversidad que en realidad  
encubre la uniformidad del pensamiento.ꢀ  
Ambos autores coinciden en que la verdadera función transformadora de la  
universidad solo puede recuperarse si se rompe con la lógica de adaptación al mercado  
y se reestablece su rol como espacio de formación crítica, autónoma y éticamente  
comprometida. En lugar de formar consumidores satisfechos, la universidad debe  
formar ciudadanos críticos, capaces de comprender los mecanismos de poder, las  
lógicas del sistema económico y las narrativas que buscan desmovilizar a las nuevas  
generaciones.ꢀ  
En respuesta a esa creciente instrumentalización del saber, diversas instituciones  
de educación superior han desarrollado estrategias orientadas a fortalecer el  
pensamiento crítico y la autonomía intelectual. Algunas de ellas han implementado  
modelos alternativos de gestión y pedagogía que buscan contrarrestar la lógica de  
mercado dominante en el ámbito académico.ꢀ  
Por ejemplo, la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), en Argentina, ha  
reflexionado críticamente sobre la dependencia de plataformas corporativas para la  
enseñanza virtual, advirtiendo sobre los riesgos que esto supone para la soberanía de  
los datos académicos. En consecuencia, ha promovido el uso de tecnologías  
desarrolladas localmente como vía para preservar la autonomía institucional (Michea  
et al., 2022). En una línea similar, la Pontificia Universidad Javeriana, en Colombia,  
ha abordado la transformación de la educación en el contexto del capitalismo  
contemporáneo. Sierra Blanco (2021) analiza cómo las dinámicas capitalistas inciden  
en la producción y circulación del conocimiento, y plantea la necesidad de construir  
una universidad que resista la lógica del despojo.ꢀ  
Esta lógica del despojo, entendida como el proceso mediante el cual el mercado  
invade espacios tradicionalmente públicos para convertirlos en mercancía, ha sido  
ampliamente analizada por autores como David Harvey (2004), quien conceptualiza  
la acumulación por desposesión como una fase del capitalismo contemporáneo;  
caracterizada por la apropiación de bienes comunes, como el conocimiento, el tiempo  
y los servicios públicos, en beneficio del capital. En el ámbito universitario, esta  
dinámica se expresa en la privatización del saber, la dependencia de corporaciones  
tecnológicas, la precarización del trabajo docente y la subordinación de la  
investigación a intereses empresariales.ꢀ  
Asimismo, Boaventura de Sousa Santos (2009) advierte sobre el peligro de que la  
universidad renuncie a su función pública y crítica, convirtiéndose en un actor más  
del mercado. Según el autor, esta transformación da lugar a una epistemología del  
norte global que impone formas únicas de conocer y valorar el mundo, excluyendo  
los saberes no hegemónicos y reforzando las desigualdades estructurales. Desde este  
enfoque, la universidad no solo corre el riesgo de marginar los conocimientos  
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alternativos, sino también de reproducir relaciones de poder que perpetúan la  
desigualdad epistémica y social. Por ello, resistir la lógica del despojo no implica  
únicamente proteger la autonomía institucional, sino también reconfigurar el  
horizonte ético y político de la educación superior.ꢀ  
A partir de las experiencias analizadas, se proponen estrategias concretas orientadas  
a contrarrestar la mercantilización de la educación superior y promover una academia  
más autónoma, crítica y colaborativa. Estas propuestas no son abstractas: emergen de  
prácticas ya implementadas en diversos contextos universitarios que han demostrado  
su viabilidad y efectividad, como seguidamente se trazará.  
La dependencia de plataformas corporativas compromete la autonomía  
universitaria y expone a las comunidades académicas a la explotación de datos y la  
manipulación algorítmica. En este sentido, diversos estudios documentan que una  
proporción mayoritaria de las universidades públicas sudamericanas dependen de  
tecnologías de grandes corporaciones, lo cual subordina decisiones pedagógicas a  
lógicas comerciales y de vigilancia (Zuboff, 2020). Frente a esta problemática, la  
Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) en Argentina ha desarrollado una  
respuesta crítica mediante la promoción de tecnologías desarrolladas localmente,  
preservando así la soberanía de datos académicos y la autonomía institucional  
(Schaufler et al., 2022). Esta estrategia demuestra que es posible construir  
infraestructuras digitales alternativas que respondan a necesidades educativas y no a  
imperativos de rentabilidad corporativa.  
En paralelo a la soberanía tecnológica, las redes académicas independientes  
fortalecen la colaboración entre instituciones y promueven la producción colectiva de  
conocimiento fuera de las presiones comerciales. Un ejemplo paradigmático es la Red  
Universitaria de Investigación y Docencia en Innovación (REUNI+D) en España,  
que articula grupos de investigación en educación de distintas universidades bajo  
lógicas de reciprocidad y horizontalidad, potenciando el intercambio de experiencias,  
la creación conjunta y la sostenibilidad de proyectos académicos que trascienden las  
limitaciones individuales (REUNI+D, 2023). Este modelo demuestra que la  
colaboración universitaria puede sostenerse en valores de bien común y no en  
competencia mercantil, generando conocimientos más pertinentes social y  
metodológicamente, más rigurosos al integrar múltiples perspectivas institucionales.  
Asimismo, el acceso libre al conocimiento constituye condición fundamental para  
democratizar la educación superior. La creación de repositorios institucionales,  
plataformas de ciencia abierta y publicaciones académicas sin costo para autores ni  
lectores representa pasos concretos hacia una universidad que entiende el saber cómo  
derecho y no como producto. Iniciativas como SciELO y Redalyc en América Latina  
han demostrado que es posible sostener circuitos de publicación científica de alta  
calidad fuera de la lógica editorial corporativa, rompiendo el monopolio de grandes  
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editoriales que lucran con el trabajo académico financiado públicamente. Estas  
plataformas no solo democratizan el acceso, sino que también visibilizan producción  
científica regional frecuentemente marginada por circuitos hegemónicos del norte  
global.  
Por otra parte, la creciente dependencia de fondos privados para la investigación  
condiciona agendas académicas y limita la libertad científica. Por ello, aquellas  
universidades que han diversificado sus fuentes de financiamiento, apoyándose en  
fondos públicos fortalecidos, cooperación internacional solidaria y alianzas  
comunitarias, logran preservar su autonomía crítica. Por ejemplo, La Pontificia  
Universidad Javeriana en Colombia ha abordado críticamente la transformación de la  
educación en el contexto del capitalismo contemporáneo, planteando la necesidad de  
construir una universidad que resista la lógica del despojo y priorice la función pública  
por encima de la rentabilidad. Esto requiere voluntad política institucional pero  
también articulación con movimientos sociales y sectores gubernamentales  
comprometidos con la educación como derecho.  
En esa misma línea, se debe combatir la desinformación que constituye una  
pandemia social (Sádaba, 2024), la alfabetización mediática crítica se vuelve  
indispensable. Según Hobbs (2010), esta competencia permite identificar fuentes  
fiables, distinguir entre hechos y opiniones, y reconocer los intereses detrás de los  
discursos. En consonancia con esto, Buckingham (2019) sostiene que ayuda a  
comprender el lugar de cada sujeto en un ecosistema globalizado, permitiendo ejercer  
ciudadanía activa, informada y crítica. Esta alfabetización debe convertirse en eje  
transversal de todas las disciplinas, no limitarse a carreras de comunicación,  
capacitando a estudiantes para analizar críticamente algoritmos, lógicas de  
gamificación (Hon, 2024) y mecanismos del capitalismo de vigilancia que moldean  
comportamientos y estructuras de deseo.  
Frente a las pedagogías bancarias y utilitarias denunciadas por Freire (1970), y  
frente a la infantilización institucional que evita el disenso (Furedi, 2018), es urgente  
recuperar el diálogo como núcleo del proceso educativo. Siguiendo a Pozo Municio  
(2023) y De Zubiría (2006), se propone fomentar espacios donde el debate, la  
argumentación y la confrontación respetuosa de ideas sean centrales. Las  
comunidades de aprendizaje en la Universidad de Barcelona y las Aulas de Excelencia  
del Instituto Alberto Merani en Colombia muestran cómo una pedagogía dialógica  
puede construir conocimiento colectivo, fortalecer la argumentación y promover el  
pensamiento crítico sin caer en la sobreprotección emocional que debilita la  
formación intelectual. De esta manera, recuperar el conflicto intelectual como  
elemento formativo esencial constituye una práctica emancipadora que prepara para  
ejercer ciudadanía activa y deliberativa.  
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Del mismo modo, la educación popular inspirada en Freire plantea una concepción  
transformadora que reconoce a los participantes como sujetos activos y co-creadores  
del conocimiento. Esto implica superar el modelo extractivista donde la universidad  
investiga las comunidades para publicar sin retorno social, y construir en cambio  
procesos de investigación-acción participativa donde el conocimiento se co-produce  
con actores sociales orientándose a transformaciones concretas. Un ejemplo de ello  
es el proyecto Narrativas emergentes: Quererla es crearla (2022), liderado por  
docentes de la universidad de la Facultad de Ciencias de las Educación de Málaga, el  
cual tiene dentro de sus objetivos principales, localizar y documentar narrativas sobre  
inclusión educativa que se originan en colectivos en desventaja con el fin de  
difundirlas y reconocer su valor; así como conocer y comprender las concepciones  
educativas, experiencias y prácticas profesionales implicadas en los procesos de  
inclusión escolar desarrolladas por docentes y equipos de orientación. Es así como se  
puede articular la propuesta de justicia cognitiva de Fraser (2008) con la epistemología  
del sur de De Sousa Santos (2009), validando saberes históricamente marginados y  
construyendo puentes entre universidad y luchas sociales por dignidad, equidad y  
democracia radical.  
Habrá que plantearse preguntas que interpelen directamente a las comunidades  
universitarias: ¿cómo construir autonomía epistémica sin caer en aislacionismos que  
reproduzcan endogamias académicas o desconexión con problemáticas sociales  
concretas?; ¿cómo evitar que los discursos de inclusión se reduzcan a declaraciones  
vacías, simples ejercicios de corrección política institucional, o cuotas que no  
transforman estructuras excluyentes?; ¿cómo formar docentes e investigadores  
capaces de sostener estos principios en contextos de precariedad laboral,  
productivismo académico y presión por indicadores cuantitativos?; y ¿cómo articular  
alianzas con actores sociales movimientos populares, comunidades territoriales,  
organizaciones de basesin subordinarse a intereses partidarios o corporativos que  
instrumentalicen la producción de conocimiento.  
Aunque no existen respuestas únicas ni recetas universales aplicables  
mecánicamente a contextos diversos, el análisis sugiere principios orientadores como  
la soberanía tecnológica (control comunitario sobre infraestructuras digitales y datos  
de investigación), el acceso abierto radical (no solo publicaciones, sino también  
metodologías, datos y herramientas), el financiamiento diversificado que reduzca  
dependencia de fuentes únicas y permita márgenes de autonomía, la alfabetización  
crítica que habilite lectura desmitificadora de discursos hegemónicos, la pedagogía  
dialógica basada en el reconocimiento de saberes múltiples y horizontalidad  
epistémica, el arraigo territorial que vincule universidad con problemáticas locales  
concretas, y por supuesto la investigación acción-participación como metodología que  
democratiza el proceso investigativo y socializa sus resultados.  
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Estos principios no constituyen un programa cerrado sino horizontes éticos y  
políticos que requieren traducción situada según las condiciones materiales, culturales  
e institucionales específicas de cada contexto universitario. Su implementación  
demanda, además, transformaciones institucionales profundas: reformas curriculares  
que rompan la fragmentación disciplinar, modificaciones en los sistemas de  
evaluación docente que reconozcan labores de extensión e incidencia social, creación  
de espacios colegiados de decisión que democraticen gobernanza universitaria, y  
políticas de permanencia que garanticen condiciones dignas de trabajo académico.  
Finalmente, reivindicar la universidad como espacio de resistencia no es un gesto  
nostálgico hacia modelos idealizados del pasado, sino una necesidad ética y política  
ante los procesos contemporáneos de mercantilización del conocimiento y  
desmantelamiento de lo público. La función transformadora de la educación superior  
solo puede recuperarse si se rompe con la adaptación acrítica al mercado que reduce  
formación a capacitación instrumental y universidad a empresa prestadora de  
serviciosy se reafirma su responsabilidad social como institución orientada al bien  
común. Formar ciudadanos críticos capaces de problematizar realidades, identificar  
relaciones de poder, imaginar alternativas y participar activamente en construcción  
democráticay no simples consumidores funcionales a lógicas de acumulación, es  
condición indispensable para construir sociedades más justas, equitativas y  
democráticas.  
Esta tarea exige coherencia entre discurso y práctica institucional: no basta declarar  
compromiso con transformación social si las estructuras internas reproducen  
jerarquías, exclusiones y lógicas instrumentales. La universidad crítica debe ser, ella  
misma, espacio de experimentación democrática donde se ensayen formas alternativas  
de producir, validar y circular conocimiento. Solo así podrá aspirar legítimamente a  
contribuir en procesos emancipatorios más amplios.  
FINANCIACIÓN  
Esta investigación no ha recibido financiación externa.  
DATOS DE LOS AUTORES Y BIOGRAFÍA  
1
Karina Rojas Malagón, Universidad del Atlántico medio, España.  
UNIVERSIDAD DE SEVILLA  
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