Nº 68 | OCTUBRE 2025

ISSN: 1139-1979 | E-ISSN: 1988-5733

© 2025. E. Universidad de Sevilla

CC BY-NC-SA 4.0

Cómo citar: Ruiz-Gonzalez, D.A., Machin-Mastromatteo, J.D. y Tarango, J. (2025). Vídeos de formato corto y su influencia en la difusión y aceptación de las teorías de conspiración. Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación, (68), 186-200. https://doi.org/10.12795/Ambitos.2025.i68.10

Vídeos de formato corto y su influencia en la difusión y aceptación de las teorías de conspiración

Short-form videos and their influence on the spread and acceptance of conspiracy theories

Diana A. Ruiz-Gonzalez

Universidad Autónoma de Chihuahua | Ciudad Universitaria C.P. 31160 Campus l Chihuahua | México

0009-0008-3150-4670 | diana.ruiz.gonzalez@hotmail.com

Juan D. Machin-Mastromatteo

Universidad Autónoma de Chihuahua | Ciudad Universitaria C.P. 31160 Campus l Chihuahua | México

0000-0003-4884-0474 | jmachin@uach.mx

Javier Tarango

Universidad Autónoma de Chihuahua | Ciudad Universitaria C.P. 31160 Campus l Chihuahua I México

0000-0002-0416-3400 | jtarango@uach.mx

Fechas: Recepción 21/05/2025 · Aceptación 17/07/2025 · Publicación 15/10/2025


Resumen

Durante los últimos años, las redes sociales se han consolidado como una de las principales herramientas para el consumo y difusión de información, y la implementación de videos de formato corto dentro de las mismas ha ayudado a que este intercambio de información se realice con mayor rapidez. Esta revisión de literatura surge de la necesidad de identificar el papel que los videos de formato corto juegan en la aceptación y difusión de información falsa, en concreto, de las teorías de conspiración, entre los usuarios de diversas plataformas sociales. Para lograr esto se revisaron varias fuentes, incluyendo artículos científicos y libros publicados entre los años 2018 y 2024 que trataran tanto de las teorías de conspiración, de la implementación de videos de formato corto en diferentes redes sociales, del uso de pensamiento crítico para la evaluación de información en redes sociales, así como de la difusión de información falsa en estos medios. Esta revisión, en un principio, establece las condiciones del usuario que acepta y difunde teorías de conspiración, así como las consecuencias del consumo excesivo de videos de formato corto y cómo esto puede afectar la evaluación de la información que llega a los usuarios. Los hallazgos indican que el consumo excesivo de videos de formato corto puede disminuir la capacidad de análisis crítico y favorecer la aceptación de teorías de conspiración, especialmente en contextos de sobrecarga informacional. Adicionalmente, los usuarios que difunden estas teorías presentan patrones comunes, como la exposición prolongada a contenidos repetitivos y la participación en cámaras de eco.

Palabras clave: redes sociales, teorías de conspiración, sobrecarga informacional, videos cortos, noticias falsas, pensamiento crítico.

Abstract

In recent years, social media has become one of the main tools for the consumption and dissemination of information, and the implementation of short-format videos within them has helped this information exchange to take place more quickly. This literature review arises from the need to identify the role that short-form videos play in the acceptance and dissemination of false information, specifically conspiracy theories, among users of various social platforms. To accomplish this, different sources were reviewed, including scientific articles and books published between the years 2018 and 2024 that were related to conspiracy theories, the implementation of short-form videos in different social media, the use of critical thinking for the evaluation of information in social media, and the dissemination of false information through these media. This review, at first, establishes the conditions that a user needs for the acceptance and dissemination of conspiracy theories, as well as the consequences of the excessive consumption of short-form videos and how this can affect the evaluation of the information that reaches users. The findings indicate that excessive consumption of short-form videos can reduce critical thinking skills and promote the acceptance of conspiracy theories, especially in contexts of informational overload. Additionally, users who spread these theories were found to share common patterns, such as prolonged exposure to repetitive content and participation in echo chambers.

Keywords: social media, conspiracy theories, information overload, short videos, fake news, critical thinking.


1. Introducción

Las redes sociales se utilizan como un vehículo para la obtención de información, actividad que se ha vuelto cada vez más común. No obstante, la forma en que este contenido llega a los usuarios ha ido cambiando en los últimos años. Lo que empezó con simples mensajes de texto, pasando por imágenes, sonido y video, se encuentra ahora en una época donde la mayor parte de la comunicación ocurre a través de videos con un formato de corta duración.

Este tipo de formato ha logrado convertirse en la base fundamental para la operación de diversas plataformas sociales como TikTok, Instagram Reels o YouTube Shorts. Los videos de formato corto, llamados así porque su duración normalmente no sobrepasa los tres minutos, en conjunto con los algoritmos, logran mantener al usuario dentro de estas plataformas sociales por largos periodos de tiempo, al mostrarles temas de su interés o que se han vuelto populares (Jian & Ma, 2024; Molina et al., 2023). No obstante, la información contenida dentro de estos videos rara vez es verificada, lo cual implica que esta pueda ser incorrecta o completamente falsa.

La propagación de información falsa a través de redes sociales es un problema que ha ido en aumento y a pesar de que soluciones como el pensamiento crítico, la alfabetización informacional, la lectura lateral y la verificación de hechos fact-checking pueden ayudar a minimizar su diseminación e impacto en los individuos, son estrategias rara vez utilizadas por los usuarios, quienes prefieren realizar un análisis heurístico de la información (Fabio & Iaconis, 2024; Ruiz-Gonzalez et al., 2024). El análisis heurístico de información se considera un proceso no estructurado basado en conocimientos previos y sesgos del individuo (Ruiz-Gonzalez et al., 2024), el cual se encuentra basado solo en conocimientos previos y sesgos que posee el individuo. Por lo tanto, una vez que el individuo ha pasado el suficiente tiempo dentro de estas plataformas, comenzará a utilizar un pensamiento heurístico para analizar la información que llegue a su dispositivo, ya sea nueva o repetitiva, provocando que sea más probable que esta información sea aceptada como verdadera y compartida en sus círculos sociales.

Las teorías de conspiración, categoría que forma parte de la información falsa que puede difundirse en redes sociales, pueden definirse como acontecimientos que fueron llevados a cabo como parte de un plan ideado por agentes ocultos, o aquellos en posiciones de poder con respecto a los ciudadanos comunes, con la finalidad de generar engaños sistemáticos en la población (Aïmeur et al., 2023; Mari et al., 2022). Este tipo de teorías dota a los usuarios con respuestas ante incógnitas que pueden suceder en su día a día y para las cuales rara vez les encuentran explicación. Estas son comúnmente aceptadas debido a que nacen dentro de cámaras de eco (también llamadas burbujas sociales), o gracias a las verdades ilusorias (De Ridder, 2022). Sin embargo, la sobrecarga cognitiva puede llegar a ser un factor importante para que aquellos usuarios que no frecuenten estas cámaras de eco puedan aceptar estas teorías.

Respecto a los videos de formato corto, la sobrecarga cognitiva se presenta cuando el usuario ha pasado un largo periodo de tiempo observándolos, provocando que analice de manera superficial y por señales heurísticas todo nuevo contenido que recibe, dado que, ya ha sido expuesto al tema con anterioridad o que este despierte ciertas emociones y en ese momento el individuo comienza a aceptar y difundir la información falsa que contienen (Jiang & Ma, 2024). En este contexto, el presente estudio tiene como objetivo identificar la relación entre el uso de videos de formato corto y la aceptación y difusión de teorías de conspiración en redes sociales, así como analizar los factores que predisponen a los usuarios a creer en este tipo de contenidos sin sustento científico.

2. El papel de las redes sociales en las teorías de conspiración

Las redes sociales se han consolidado como una de las principales vías de socialización, cada día millones de usuarios acceden a estas para entrarse de las novedades que han ocurrido en la vida de sus conocidos, familia y amigos, y a su vez, estas plataformas también se han convertido en uno de los principales medios para la obtención de información relevante o novedosa (Johnson et al., 2022; Safieddine, 2020). El porcentaje de usuarios que utiliza las redes sociales como su única fuente confiable de información periodística aumenta año con año (Kim & Dennis, 2019). Tal dependencia a estos medios para la obtención de información ha transformado la manera en que las personas llevan a cabo sus interacciones sociales, así como la forma en la que se crea y se consume información.

No obstante, la falta de regularización dentro de este intercambio masivo de información trae consigo como consecuencia la propagación de contenido falso entre los usuarios. Esta información falsa puede ser clasificada por su finalidad o contenido (Wardle & Derakhshan, 2020). A pesar de que algunos autores consideran que las teorías de conspiración no pueden ser clasificadas como noticias falsas, dado que, tienen una tipología propia que incluye la sátira, la parodia y el contenido fabricado (el cual carece de fundamentos contundentes o plausibles), estas siguen representando un riesgo significativo debido a su capacidad de influir en las creencias de los usuarios (Mari et al., 2022; Aïmeur et al., 2023; Shcherbakova & Nikiforchuk, 2023). Las teorías de conspiración son usualmente aceptadas y adoptadas por los usuarios debido al fenómeno de la ilusión del conocimiento, en la cual el individuo cree poseer acceso a información que otras personas no poseen (Munro, 2023), o por el otro lado, al tener la falsa creencia de conocer a fondo un tema del que realmente no tienen mucha información al respecto (De Ridder, 2022; Speckman & Unkelbach, 2024). La importancia de la identificación oportuna y la eliminación de estas teorías de conspiración dentro de las redes sociales está relacionada con las consecuencias políticas (Takeda, 2022), sociales (Fabbro & Gabbi, 2024) y de salud física y psicológica (Spitzberg, 2021) que causan.

Existen diferentes medios por los cuales estas teorías de conspiración pueden llegar a los usuarios. En los inicios de las redes sociales era común encontrarlas como bloques de texto, no obstante, los avances en estas plataformas, cuando permitieron integrar imágenes, audio, video y enlaces externos, dieron lugar a que esta información fuera compartida en formas más atractivas para los usuarios (Turos et al., 2024). Estos formatos generan en los usuarios una ilusión de verdad al estar expuestos a cierta información mostrada de manera novedosa o repetitiva (Speckman & Unkelbach, 2024). En el caso de los videos, plataformas como YouTube y TikTok, cuyo contenido se basa en su creación y difusión, son un ejemplo de cómo la difusión de una noticia falsa puede verse respaldada por pruebas fabricadas o argumentos cíclicos que la dotan de cierto atractivo para los usuarios (Wang et al., 2022).

Los videos de formato corto han tenido una creciente popularidad entre los usuarios a causa del efímero tiempo de interacción necesaria para la obtención de información, usualmente de menos de tres minutos y por su facilidad para ser creados y compartidos (Johnson et al., 2022). Esto aumenta el volumen de contenidos relacionados con teorías de conspiración dentro de las redes sociales, haciendo más probable que estas alcancen a otros usuarios que comúnmente no se encuentran en una cámara de eco.

La abundancia de videos, textos e imágenes aportando información y pruebas de dichas teorías da los fundamentos a los usuarios para la aceptación y difusión de estas, a pesar de que dichos fundamentos provengan de sitios y usuarios que podrían carecer de experiencias y conocimientos relacionados con periodismo, política o salud (Mohammed, 2019). En el caso de estos videos, se ha encontrado un aumento en su cantidad, a partir de que la plataforma TikTok llevó a cabo el “programa de creadores” en 2023, el cual otorga un incentivo en efectivo a los creadores por cada video con una duración mínima de un minuto que se suba a la plataforma y alcance cierta difusión entre los usuarios (Corso et al., 2024).

2.1. Difusión y aceptación de las teorías de conspiración

El término de teorías de conspiración a lo largo del tiempo ha tenido connotaciones peyorativas, es por ello por lo que aquellas personas quienes deciden creerlas y respaldarlas son consideradas irracionales (Uscinski, 2018). La idealización negativa del público hacia las teorías de conspiración ha llegado a ser utilizada para invalidar argumentos legítimos y respaldados por evidencia científica ante las sociedades (Räikkä & Basham, 2018). No obstante, la creación, publicación, creencia y difusión de nuevas teorías de conspiración han aumentado en los últimos años dentro de las redes sociales y plataformas aledañas. (Johnson et al., 2022; Monti et al., 2023).

Estas teorías han logrado una aceptación y difusión dentro de estas plataformas sociales, gracias a que existe un refuerzo positivo por parte de los usuarios a quienes publican información que sea novedosa, original o que incluya datos que sean exclusivos y poco conocidos del tema (Gualda & Rúas, 2018). También facilita su difusión el tipo de formato que se comparte, donde se ha condensado toda la información en la menor cantidad de palabras posibles, representada con imágenes, memes o en un video, así como la facilidad de compartir esta nueva información a través de las diferentes redes, sin que el usuario que difunde deba incluir explicaciones al respecto (Bimber & Gil de Zúñiga, 2020).

Para que una teoría de conspiración sea aceptada como tal, esta debe de estar basada en tres supuestos básicos: (1) nada pasa por accidente; (2) nada es lo que parece; y (3) todo está conectado (Butter, 2020). También deben de tener la capacidad de provocar una reacción emocional evidente al lector, sin que exista mucha diferencia si es positiva o negativa, además, deben de poseer una complejidad no muy elevada, pues su objetivo es que cualquier usuario, sin importar su nivel académico, logre comprender el plan presentado, mientras simulan un grado alto de certeza al proporcionar una narrativa de los sucesos y actores involucrados (Visentin et al., 2021).

Con el fin de que el individuo llegue a aceptar una teoría de conspiración como verdadera, deben de converger tres factores: (1) es común que los individuos que llegan a creerlas y profesarlas se encuentren en entornos polarizados y expongan sus opiniones en canales de comunicación homogéneos (Röchert et al., 2022), también llamados cámaras de eco, donde es poco probable que consigan información u otros usuarios que desafíen sus creencias; (2) la creencia y aceptación es más fuerte en usuarios que presentan percepción ilusoria de patrones (Van Prooijen et al., 2018), es decir, aquellos usuarios que son más propensos a encontrar relaciones entre toda la información aleatoria que llega a sus redes; y (3) los usuarios que cuentan con creencias en áreas metafísicas como la paranormal y lo sobrenatural, son más propensos a creer en diversas teorías de conspiración (Oliver & Wood, 2018).

Uno de los motivos más comunes por los cuales las teorías de conspiración son creadas recae en aquellos usuarios que poseen la necesidad de proveer una explicación “lógica” a aquellos sucesos sobre los que no se tiene control, pero son de gran interés público y que comúnmente, involucran agencias o instituciones gubernamentales, celebridades o son acontecimientos en su medio ambiente (McKenzie-McHarg, 2020). Esto ocurre especialmente cuando no existe mucha información pública al respecto, o la información disponible viene de agencias que ellos consideran no fiables (Douglas & Sutton, 2023).

Otro de los motivos estudiados por el cual las personas tienden a adoptar estas teorías como verdaderas, es el pensamiento conspiranoico, el cual consiste en entender los sucesos que ocurren a su alrededor de cierta manera, esto se clasifica más como un tipo de pensamiento, más que una característica externa de la persona y va acompañado de otras patologías, como la paranoia (Bowes et al., 2023). Aquellos individuos que sufren de pensamiento conspiranoico son más propensos a creer en nuevas teorías de conspiración (Stasielowicz, 2022), cuando estas le son presentadas por otros individuos, incluso si estas no están relacionadas a aquellas en las que ya creen.

Dentro de las redes sociales, donde se crea, se observa y se comparte una gran cantidad de información, los usuarios están condicionados a la economía de la atención (Lim, 2022), esto es, la atención de los individuos es limitada y se centrará en un texto, una imagen, una idea y solo aquellas que logren cautivar su atención serán las que prevalecerán en su memoria. Tomando en cuenta este concepto, en 2014 comenzó la implementación en varias plataformas sociales de videos en formato corto dentro de su ecosistema, estos contenidos de menos de 60 segundos presentaban una amplia compatibilidad para ser reproducidos en dispositivos móviles y una mayor facilidad para ser compartidos a través de diferentes plataformas (Qin et al., 2022). Un ejemplo de esto es la plataforma TikTok, cuyo contenido se basa en este tipo de videos para lograr captar la atención por más tiempo de los usuarios, mostrándoles información de una manera rápida, llamativa y en constante sucesión, la cual será de interés al usuario gracias a la implementación de algoritmos que le muestran contenidos acordes a su perfil y preferencias.

El uso de algoritmos para lograr mantener la atención del usuario el mayor tiempo posible en las aplicaciones conlleva que aquellos usuarios que se desenvuelven en cámaras de eco sean recompensados con más contenido similar al que ya consumen (Valaskivi, 2022). La implementación de la inteligencia artificial para el desarrollo de algoritmos dentro de plataformas que utilizan estos videos de formato corto crea un ambiente más eficiente para el usuario, donde este pasa menos tiempo buscándolos y en cambio, utiliza su tiempo en la aplicación para conectar con contenidos y creadores de su agrado (Kang & Lou, 2022). Sin embargo, no es necesario que los usuarios crean o expresen opiniones acerca de estas teorías de conspiración para que el algoritmo recomiende contenido de este tipo. Las recomendaciones a los usuarios se basan en sus comentarios y acciones previas, como los videos que ha visto y los que ha descartado, así como la popularidad de nuevo contenido. Es en este último punto en el que los usuarios pueden recibir recomendaciones de contenido distinto al que acostumbran frecuentar.

El inconveniente con este tipo de formato recae en que al presentarse una serie interminable de videos cortos en los cuales el usuario recibe un conjunto constante de nueva y vieja información, el análisis de toda la información y datos mostrados se vuelve superficial (Ma et al., 2021; Qin et al., 2022). El individuo evitará salir de la plataforma para verificar la información a la que está siendo expuesto, lo cual crea una susceptibilidad a la recepción de contenido falso. Se ha determinado que la frecuencia con la que los usuarios utilizan plataformas de videos cortos presenta correlaciones significativas con la disminución, tanto de sus habilidades cognitivas, como de sus habilidades para distinguir noticias falsas y tomar noticias negativas como ciertas, dado que, al manejar una gran cantidad de información de manera constante, desde el punto de vista del proceso dual de pensamiento, el individuo recae en un pensamiento heurístico (Jian & Ma, 2024).

El uso desmesurado de redes sociales ocasiona que las condiciones para la aceptación de una teoría de conspiración sean menos específicas, es decir, no requiere que los usuarios necesariamente estén inmersos en cámaras de eco o expuestos a la ilusión de la repetición. Esto, aunado a la sobrecarga informacional que reciben los usuarios constantemente, disminuye su capacidad para discernir entre la verdad y la mentira, sentando las bases para que estas teorías no solo sean aceptadas, sino también difundidas y predicadas como ciertas por los usuarios que las propagan.

2.2. Potenciamiento de la mente crítica ante la saturación informativa

El tiempo que los usuarios pasan en redes sociales, especialmente los jóvenes, ha aumentado durante los últimos años (Çuhadar et al., 2022). Su propósito original era mantener a los usuarios informados sobre las actividades y pensamientos dentro de sus círculos sociales, como familiares y amigos, es decir, se enfocaban principalmente en la comunicación y ocio compartido, pero se han convertido en las principales fuentes de información, entretenimiento, comercio y socialización (Johnson et al., 2022). Dentro de estas plataformas, los videos de formato corto se han abierto paso como una de sus características distintivas, debido a que presentan ante el usuario un hilo continuo de información variada, dividida en segmentos cortos, los cuales mantienen la atención y aseguran una larga permanencia del usuario dentro de las plataformas. Esto se debe a que los videos presentados están adaptados a los intereses y gustos de cada uno de los usuarios, además de la implementación de algoritmos en la navegación (Valaskivi, 2022).

Los contenidos que hablan acerca de teorías de conspiración llegan de manera habitual a aquellos usuarios que suelen buscarlos con regularidad o que se encuentran dentro de cámaras de eco donde tales ideas son usualmente discutidas. Sin embargo, los algoritmos de estas plataformas están diseñados para mostrar a los individuos aquella información que ha ganado popularidad (Molina et al., 2023), es decir, aquella que en las últimas horas ha recibido múltiples interacciones, como reacciones, comentarios o menciones de palabras clave. De esta forma, diversas teorías de conspiración pueden alcanzar a usuarios que no las buscan regularmente.

La creación o mejora de los algoritmos y bots que poseen estas plataformas implica prepararlos para que filtren la información que sea considera falsa por fuentes externas, pudiéndose lograr por medio de un proceso de verificación de hechos que valide la información antes de viralizarla, lo cual ayudaría a frenar la difusión de las teorías de conspiración antes que permeen la base de usuarios, además de permitir distinguir la presencia en los hilos de conversación de palabras clave que detallen sus consecuencias más comunes, como la apatía a participar en procesos políticos, paranoias sociales en temas de salud o mensajes de odio enfocados en grupos étnicos o raciales (Lim, 2022; Oliver & Wood, 2018). Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario, es decir, como el contenido de estos videos también podría ayudar a frenar la difusión, viralización y consecuencias de las teorías de conspiración.

Se ha señalado la necesidad de más estudios sobre la economía de la atención, los efectos que estos videos causan en la sobrecarga informacional y sus consecuencias en el análisis de la información recibida, siendo importante recalcar que estos temas se manifiestan como consecuencias del tiempo que los usuarios son expuestos a este tipo de contenidos en las plataformas (Al-Youzbaky et al., 2022). Establecer límites de consumo, así como mejorar la gestión del tiempo libre que poseen los usuarios y que pasan dentro de las redes sociales puede ayudar a que los efectos adversos que sufren se minimicen, así como las consecuencias que conllevan.

Sin embargo, este tipo de plataformas tienden a ocultar cualquier tipo de noción del tiempo, tanto la hora actual, como la duración de los videos o el tiempo transcurrido dentro de la aplicación (Jian & Ma, 2024). Es común que también tiendan a mandar a un segundo plano las notificaciones de otras aplicaciones del dispositivo que se esté utilizando, provocando que los individuos puedan perder el sentido del tiempo al abrir dichas plataformas. El uso prolongado de las redes sociales ocasiona una sobrecarga informacional en los individuos, la cual tiene como consecuencia directa una predisposición del usuario a caer en un estado donde el análisis de la información se vuelve superficial y, por ende, queda vulnerable a creer la información que se le presente, sea fiable o fabricada (Ma et al., 2021).

La implementación del pensamiento crítico al utilizar redes sociales ayuda a disminuir el tiempo que se pasa en ellas (Fabio & Iaconis, 2024) y en el caso de videos de formato corto puede ayudar a que los usuarios ejecuten un mejor análisis de la información presentada (Fabbro & Gabbi, 2024). Esto evita que los usuarios caigan en un análisis heurístico, que tiene como resultado una alta probabilidad de juzgar de manera errónea la información analizada.

Por otro lado, se ha sugerido que las plataformas deben regular factores como las cámaras de eco que se forman dentro de estas (Bimber & Gil de Zúñiga, 2020). Plataformas como YouTube tienden a favorecer su generación en la sección de comentarios, lo cual se debe a que quienes buscan cierta información dentro de los videos, encontrarán personas con pensamientos similares allí, haciendo difícil que alguien ajeno a esa comunidad logre cambiar el punto de vista de los usuarios, los cuales también caen en la ilusión de la repetición (Mohammed, 2019). Esta regulación puede ser por medio de bots, cuya función se enfoque en el escaneo de palabras clave dentro de los hilos de conversación de los usuarios de una manera efectiva, para posteriormente eliminar estos contenidos, fomentando la autorregulación entre los mismos usuarios y el contenido que se comenta, como sucede en algunas de las plataformas sociales.

El fomento y apoyo a las agencias gubernamentales que han perdido credibilidad dentro de los habitantes es una de las maneras más eficientes para frenar la aceptación de las teorías de conspiración entre la población (Gualda & Rúas, 2018; Kim & Dennis, 2019). La base de toda teoría de conspiración recae en la idea de que existen agentes dentro de estas instituciones que buscan modificar los resultados de acciones presentes o futuras con un fin que no resulta del todo claro para los individuos. Por lo tanto, fomentar la confianza en estas instituciones políticas o de salud acabaría con el principal cimiento de buena parte de esta desinformación.

La aceptación y difusión de teorías de conspiración en las redes sociales, especialmente en las que utilizan videos de formato corto como principal funcionalidad, son difíciles de frenar, pero es posible mitigar su alcance entre la base de usuarios y es importante advertirles sobre las consecuencias de utilizar estas plataformas por largos periodos de tiempo, dado que, la sobrecarga informacional a la que se exponen los hace más vulnerables a creer en cualquier información que se les presente y puede llevarles a modificar sus hábitos de consumo en otras aplicaciones (Al-Youzbaky et al., 2022).

3. Objetivos y metodología

El presente estudio tiene como objetivo identificar la relación entre el uso de videos de formato corto y la aceptación y difusión de teorías de conspiración en redes sociales, así como analizar los factores que predisponen a los usuarios a creer en este tipo de contenidos sin sustento científico. Para ello, se realizó una revisión descriptiva de literatura académica en español e inglés, publicada entre 2018 y 2024. Dichas fuentes fueron recuperadas a partir de búsquedas en las bases de datos de Dimensions, Lens y Google Académico utilizando los términos (“short videos” OR “short-form video” OR “TikTok”) AND “conspiracy theories”. De entre los resultados obtenidos, se limitó la presente revisión a aquellos que abordaran temas como: (1) difusión de información falsa, en especial aquellas que trataran el tema de teorías de conspiración, noticias falsas y su difusión en redes sociales; (2) aceptación de información falsa; y (3) noticias falsas en formato audiovisual como método para su difusión y aceptación, con particular interés en el uso de videos de formato corto. Debido a la especificidad del tema y los tres criterios de inclusión mencionados, la cantidad de estudios disponibles fue limitada, por lo que no se optó por realizar una revisión sistemática.

4. Discusión y conclusiones

El uso desmedido de redes sociales, así como la constante viralización de contenido cuyo trasfondo no siempre llega a ser claro, puede llevar a un estado cíclico de difusión y propagación de información falsa (Aïmeur et al., 2023). A pesar de que existen diferentes tipos de información falsa, las teorías de conspiración son comúnmente clasificadas por los autores en una categoría aparte (Mari et al., 2022; Wardle & Derakhshan, 2020). Esto se debe a que nacen dentro de cámaras de eco, lo cual permite su desarrollo y difusión, a pesar de que no cuentan con los fundamentos necesarios para que los usuarios que están fuera de estas cámaras crean en las teorías.

Aunque las teorías de conspiración forman parte del folklor colectivo popular (Douglas & Sutton, 2023) y a pesar de que siempre se han reflejado ante la sociedad con un trasfondo peyorativo sobre aquellos que deciden creerlas (Uscinski, 2018), esto no ha hecho que se extingan, al contrario, han aumentado con la creciente popularidad de las redes sociales (Mohammed, 2019). Una de las teorías que intenta explicar el porqué de este tipo de desinformación ha tomado un lugar tan importante ya que permiten que el individuo encuentre respuestas a las incógnitas que se suscitan a su alrededor, teniendo el poder también de señalar a aquellos agentes culpables, como pueden ser organizaciones gubernamentales o personal que trabaja para ellas (Butter, 2020; Douglas & Sutton, 2023). Llegar a una explicación propia de los sucesos que ocurren alrededor del individuo, sin la intervención o sugestión de las agencias implicadas, sienta las bases para que tanto él como otros con pensamientos afines adopten dichas teorías de conspiración como verdaderas.

A pesar de que las teorías de conspiración comúnmente se encuentran dentro de las cámaras de eco, estas pueden llegar a aquellos usuarios que no las buscan cuando los temas que abordan se popularizan o la situación actual las vuelve relevantes (Gualda & Rúas, 2018). El problema radica en que, al salir de estas cámaras de eco, las teorías de conspiración ofrecen a los usuarios contenido que perciben como novedoso y relevante, además de proporcionar explicaciones para los problemas que enfrentan en ese momento. Esto hace que compartan dicha información de forma viral, al considerarla un punto de vista innovador y significativo.

Aunado a esto, la sobrecarga informacional que se presenta como resultado de pasar horas dentro de estas redes, cuyo mayor atractivo es un hilo interminable de videos de formato corto, crea las condiciones esenciales para que esa información sea aceptada sin ningún tipo de cuestionamiento (Al-Youzbaky et al., 2022). Una vez establecida la sobrecarga informacional, el pensamiento heurístico toma control y ya no permite a los usuarios realizar una correcta evaluación de la información, la cual solo es evaluada en un sistema simple de memorias pasadas o si es que esta muestra los mínimos signos de que pudiese ser verdadera (Ruiz-González et al., 2024). En un ambiente tan informacionalmente denso como lo son las redes sociales, la correcta evaluación de la información es crucial para filtrar aquellos datos que resulten ser falsos.

Una de las herramientas más confiables a la hora de evaluar la información dentro de las redes sociales es el pensamiento crítico (Fabio & Iaconis, 2024); este es uno de los principales factores encargados de que los usuarios no acepten la información a la que se enfrentan sin un cuestionamiento previo. A diferencia del razonamiento heurístico, el pensamiento crítico permite a los individuos reflexionar acerca de la información que se les presenta y compararla con conocimientos previos a los que han sido expuestos o, en caso de no contar con conocimiento previo, pueden investigar al respecto en diferentes sitios en línea. Esto les permitiría llegar a una conclusión fundamentada, sin embargo, el uso del pensamiento crítico como una herramienta para la evaluación de la información ha ido en declive, al contrario de lo que ocurre con el uso del pensamiento heurístico.

Si bien, al hablar de la sobrecarga informacional, es importante aclarar que una de las razones por las que los usuarios pasan tanto tiempo dentro de estas plataformas sociales es debido al ocio (Gómez Navarro et al., 2022) y a una deficiente gestión del tiempo libre entre los individuos (Çuhadar et al., 2022). El que los usuarios no regulen el tiempo que pasan en las redes sociales, aunado a que las plataformas suelen ocultar las notificaciones o el reloj del dispositivo, provocando la pérdida de la noción del tiempo (Jian & Ma, 2024), es común que estos caigan en la sobrecarga informacional y queden atrapados por el hilo interminable de información que llega personalizada a ellos gracias a los algoritmos, no logrando notar el tiempo que ha transcurrido dentro de la plataforma, así como el volumen y la diversidad de información que han recibido.

La popularidad de las cámaras de eco dentro de las diferentes plataformas sociales sienta las bases para la creación y difusión de las teorías de conspiración, la falta de autorregulación tanto de parte de los sitios, como de los usuarios permite que la información que ahí se comparte, se acepte como real y se difunda fuera de las mismas. Si bien existen plataformas sociales donde son los mismos usuarios los que se encargan de regular los comentarios o las publicaciones de otros miembros, es importante recalcar que, al estar dentro de cámaras de eco, su juicio puede estar sesgado por la información que ellos mismos crean poseer.

Durante los últimos años en Latinoamérica, la desconfianza que diferentes agencias gubernamentales han despertado en la población sienta las bases para la creación de diversas teorías de conspiración, donde los principales agentes son comúnmente estas mismas agencias gubernamentales que buscan, ya sea el causar un mal generalizado a la población o el controlar cada aspecto de la vida de esta. Una vez que estas teorías de conspiración llegan en forma de un video de formato corto a las diferentes plataformas sociales, éstas son compartidas y aceptadas por la población de una manera casi viral, pues presentan información novedosa y relevante que, , tiende a ser aceptada por usuarios que solo empleen una evaluación de información basada en la heurística.

En el caso de Latinoamérica, especialmente en México, donde la alfabetización informacional y la alfabetización digital se encuentran en constante evolución, sin haber superado del todo algunos conceptos obsoletos en cuanto a la evaluación de la información, es importante que los individuos cobren conciencia de las consecuencias que el sobreuso de estas plataformas sociales puede llegar a tener. También es relevante enfatizar la importancia de una correcta alfabetización informacional y la instauración del uso del pensamiento crítico desde edades tempranas, pues la edad de acceso a plataformas sociales ha ido disminuyendo, a pesar de que los términos y condiciones que dictan estas plataformas al crear una nueva cuenta de usuario señalan que solo personas de cierta edad pueden hacerlo.

Futuras líneas de estudio bajo la temática abordada en esta revisión podrían centrarse en el diseño y evaluación de intervenciones educativas orientadas a fortalecer el pensamiento crítico y la alfabetización informacional en contextos de sobrecarga informativa, especialmente entre usuarios jóvenes. También sería pertinente profundizar en el papel que juegan los algoritmos de recomendación y las cámaras de eco en la exposición, normalización y viralización de teorías de conspiración, así como explorar cómo estas dinámicas afectan la capacidad de los usuarios para evaluar críticamente la información que consumen en plataformas basadas en videos de formato corto.

6. Financiación y apoyos

Estudio financiado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), Ciudad de México, México. Bajo el proyecto Beca Nacional de Posgrado (Sistema Nacional de Posgrado)

7. Declaración sobre la contribución específica de cada una de las autorías, según la taxonomía CrediT

8. Declaración sobre uso de inteligencia artificial

Los autores declaran no haber utilizado inteligencia artificial en ninguna etapa de la investigación, ni en la realización de este artículo.

Semblanza de los/as autores/as

Diana A. Ruiz Gonzalez es investigadora mexicana y doctoranda en Educación, Artes y Humanidades, cuya labor se centra en el análisis del pensamiento crítico como herramienta para la detección de noticias falsas. Su trabajo se inscribe en una corriente de corte analítico, comprometida con los desafíos contemporáneos que plantea la circulación de la desinformación en la esfera digital. Su investigación explora no sólo los mecanismos de difusión de las noticias falsas, sino también las estrategias para su identificación y contención, contribuyendo así al fortalecimiento de una ciudadanía informada y consciente. Su enfoque conjuga claridad intelectual y sentido ético, rasgos esenciales en la construcción de una cultura crítica en el contexto actual.

Juan D. Machin-Mastromatteo es profesor en la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH, México) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel 2). Doctor en Ciencias de la Información y Comunicación. Especialista en alfabetización informacional, investigación-acción, evaluación de la producción científica, bibliometría, acceso abierto, bibliotecas digitales y en la edición de publicaciones científicas. Ha publicado más de 150 trabajos científicos entre artículos, libros, capítulos y notas editoriales. Ha participado en más de 140 eventos internacionales como ponente, panelista, organizador o moderador. Es editor en jefe de la revista científica Information Development (Sage) y editor asociado de la Revista Estudios de la Información (UACH). En Information Development, publicó de 2015 a 2020, la columna Desarrollando América Latina. En 2019 creó el Proyecto Juantífico: videos sobre información, investigación, publicación y divulgación científica. Desde 2022 es coanfitrión de InfoTecarios podcast. Desde 2023 publica la sección Escuela de Editores en la Revista Estudios de la Información.

Javier Tarango es profesor en la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH, México) y Miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (Nivel 2). Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Chihuahua, México (UACH); Grados de Maestría en Ciencias de la Información (Universidad de Guanajuato, México) y en Desarrollo Organizacional (Universidad de Monterrey, México). Profesor-Investigador de Tiempo Completo en la UACH desde 1996 en los programas académicos de Maestría en Innovación Educativa y Doctorado en Educación, Artes y Humanidades (ambos pertenecientes al Sistema Nacional de Posgrados [SNP] de la SECIHTI. Ha publicados 136 editoriales, artículos arbitrados e indizados, 24 libros de autoría y compilaciones, 46 capítulos de libro y ha dirigido 70 tesis principalmente de posgrado. Es líder del Cuerpo Académico Consolidado de Estudios de la Información. Es árbitro de más de 20 revistas internacionales y es editor en jefe de la Revista Estudios de la Información (UACH) y co-editor de Tecnociencia: Revista de Ciencia y Tecnología.

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